Penúltimos Días

Febrero 8, 2010

Capitol Hill Cubans comenta un artículo del columnista Peter Hitchens del Daily Mail sobre el viaje a Cuba del líder tory William Hague.

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Febrero 8, 2010

Leo con retraso el post de Fernando Ravsberg, corresponsal de la BBC en Cuba, en el que narra cómo fue víctima de un operativo policial por conversar con un estudiante de Periodismo.

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Febrero 8, 2010

ArtDaily: Pop Art from the Collection of Valencia’s IVAM Travels to Cuba.

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→ Sin Comentarios En Cuba

Boogalu Productions

Febrero 8, 2010

Recomendable: la serie de videos donde Ricardo “Santa Cruz” Gómez interpreta cantos folklóricos.
También tienen un canal en Youtube.

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→ Sin Comentarios música cubana

Amistades peligrosas

Febrero 8, 2010

El suplemento dominical del ABC (XLSemanal) ha dedicado un dossier a Adolfo Suárez, que incluye referencias sobre su viaje a Cuba y a las opiniones de Fidel Castro sobre Franco:

Cuando Suárez aterrizó en Cuba, sólo un dirigente occidental (el primer ministro sueco Olof Palme) había visitado el régimen castrista, así que era de esperar sorpresas. Y las hubo, como la pistola, cargada, que se le cayó a Castro del cinturón; los micrófonos que se encontraron en la Embajada española o el paseo en coche que Castro insistió en dar a su invitado… con él al volante. Aun con esto, lo que dejó boquiabiertos a todos fueron las palabras del comandante al despedirse: «El pueblo cubano no podía olvidar que España y el anterior jefe del Estado habían sido solidarios con Cuba…». Sí, Castro estaba piropeando a Franco. Sorprendente fue también la visita a España del feroz dictador rumano Nicolae Ceaucescu, quien había jugado un papel clave en la reunión de Don Juan Carlos con Carrillo en la que los comunistas se comprometieron a no mover un dedo hasta que fuese rey. Muchos vieron en la visita una muestra de agradecimiento. El programa siguió la agenda habitual, pero las maneras, casi medievales, del dictador, sorprendieron a todos: traía un catador que probaba sus comidas antes que él y en el palacio de Aranjuez, donde se hospedaron, pidieron que el servicio fuese descalzo.

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→ 2 Comentarios España-Cuba

Febrero 8, 2010

RIA Novosti: Rusia y Cuba cooperarán en energía, nanotecnología y educación. Se planea firmar un convenio sobre la convalidación recíproca de los títulos universitarios, incluyendo los títulos de los cubanos que estudiaron en la antigua URSS.

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→ 1 Comentario Cuba soviética

Febrero 8, 2010

El Gobierno cubano estudia condicionar la entrega a los campesinos de combustible subsidiado, a la producción que vendan al Estado, a fin de reanimar al sector agrícola y aumentar la disponibilidad de alimentos para la población.

PD: En The Guardian Marc Frank comenta sobre algo que se parece mucho al llamado “Cordón de La Habana”. Ahora van a probar en Camagüey…

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→ 6 Comentarios En Cuba, economía

Repensando la Historia (Introducción)

Febrero 8, 2010

La historia sólo puede escribirse bien en una sociedad libre.
Voltaire

Esta sección estará dedicada a documentar varios eventos importantes realizados en nombre de una revolución democrática, inspirada en la prédica de José Martí. Esa revolución fue traicionada, incluso antes de tomar el poder. La historia fue entonces escrita por los vencedores. Los artículos son el resultado de un proyecto de investigación de más de veinte años sobre el período insurreccional de 1952-1959 en Cuba, realizada por el Dr. José Álvarez, profesor emérito de la Universidad de la Florida. Los resultados muestran el lado oculto de la revolución que tomó el poder el 1 de enero de 1959. La página web del proyecto se titula “Repensando la Rebelión Cubana de 1952-1959”. Los párrafos siguientes explican las razones y los objetivos de ese proyecto.

-o-o-o-

El día que Fulgencio Batista tomó el poder por la fuerza en la madrugada del 10 de marzo de 1952, yo tenía once años de edad y era un estudiante de sexto grado, interno en un colegio católico de Santiago de Cuba. Cuando la noche cayó sobre la ciudad, ya en manos de los usurpadores, me encontraba observando el Parque Céspedes desde una de las ventanas del dormitorio, preocupado por el futuro de Cuba. Me involucré en la lucha contra la dictadura, especialmente después de fundarse el Movimiento 26 de julio en 1955. Cuando Batista huyó el primero de enero de 1959, yo había acabado de cumplir 18 años. El tiempo entre esas dos fechas estuvo lleno, primero, con las acciones de un niño que fingía ser un adolescente y después con las de un adolescente que pretendía ser un adulto. Después de casi siete años de lucha, me sentí como Baudelaire: “Tengo más recuerdos que en mil años de vida”.
La felicidad fue compartida por casi todo el mundo. Todos fuimos testigos del deseo del pueblo de construir un país mejor, de fortalecer la nación cubana. Esa unidad no duró mucho. La lucha con mi familia, algunos de mis amigos, y mi fuero interno duró casi tres años.
El sueño estaba intacto, pero la realidad golpeaba duro; yo estaba preocupado por una serie de medidas implementadas que eran contrarias a la agenda revolucionaria, tal como la habíamos entendido durante la rebelión: las elecciones prometidas fueron suspendidas indefinidamente, la toma de los sindicatos por dirigentes comunistas era sancionada por el gobierno, la nacionalización del sistema educacional, la confiscación de la propiedad privada independientemente de la probidad de su origen y la denigración de quienes se negaban a seguir apoyando al régimen, incluso aquellos cuyas credenciales revolucionarios eran incuestionables, como era el caso del comandante Huber Matos y otros en un número cada vez mayor. Íntimos amigos comenzaron a abandonar el país o regresaban a la lucha armada, ahora contra el gobierno revolucionario; la mayor parte de los últimos terminaban en la cárcel o frente al pelotón de fusilamiento.
Busqué y encontré la tranquilidad en mi fe inquebrantable en que los sacrificios del pasado no podían haber sido en vano. ¡Mis compañeros muertos habían dado mucho más que dinero! Las injusticias individuales tenían que considerarse en contexto, como pequeñas imperfecciones o manchas temporales en el sol. La realización del proyecto revolucionario de Cuba compensaría con creces los inevitables errores cometidos ante los enormes desafíos.
Ese era mi estado mental hasta la primera noche de diciembre de 1961. Dirigiéndose a todo el país, Fidel Castro proclamó el carácter comunista de su revolución y confesó que había sido comunista durante la mayor parte de su vida. La “revolución insospechada” tocó a su fin. El indecente desviste ideológico de Castro, lleno de oportunismo, fue la gota que derramó la copa de mis desacuerdos ocultos. No hay peor muerte que el fin de la esperanza, y no había ya esperanza alguna para que la revolución volviera a su curso original. Resultaba obviamente doloroso que Fidel Castro estaba decidido a ir tan lejos como fuera necesario, y a hacer lo que fuera necesario —mentir parecía algo normal en él— para mantener el poder absoluto que había adquirido.

Llegaba así el final de mi lealtad al régimen de casi tres años. Las playas de la Habana del Este ofrecieron sus arenas a un hombre roto una semana antes de cumplir 21 años. Mi análisis de los últimos acontecimientos, junto con el comportamiento de Castro, me llevaron al convencimiento de que en realidad Castro no estaba confesando su fe en el comunismo sino que proclamaba una nueva: el castrismo —lo cual hacía la situación aún peor, porque el país quedaba a su merced.
Después de mucho reflexionar encontré fuerzas para volver a casa y enfrentan al mundo y a mi familia. Contrario a mis expectativas, encontré amor y comprensión en casa, pero lo opuesto fuera de ella. Durante más de siete años antes de que finalmente pudiera abandonar el país, fui condenado al ostracismo, rechazado y discriminado, principalmente por oportunistas que ni siquiera habían participado en la lucha.
Desde entonces, me interesó saber CUÁNDO la revolución se había desviado de su curso original. Luego me pregunté QUÉ había realmente sucedido. Quería averiguar qué o quién me había quitado la juventud y había robado la vida de tantos amigos y conocidos. Había más. Estaba consciente de que la necesidad de buscar la verdad no era una empresa individual. Era un esfuerzo colectivo, una motivación de los miembros de mi generación y otras generaciones. Necesitábamos averiguar. La experiencia de la década de 1950, y su secuela, habían abrumado a mi pueblo, y todavía estábamos buscando una explicación y una salida.
Necesitaba saber la verdad, no la interpretación política que ambos lados cambian con los vaivenes de los vientos, o que brotaban de profundas heridas que obstaculizan una evaluación objetiva. Salí en busca de la verdad total, llana y real, sin importarme cuán dolorosa o cuán alejada de mis creencias anteriores o actuales o de las interpretaciones históricas pudieran resultar. Y busqué la verdad con la misma pasión de antes. Lo que pudiera esperarme no me preocupaba. Demasiados años, la mayoría de ellos fuera de la isla e inmerso en la vida de una universidad liberal estadounidense, me habían dado la facultad de analizar los hechos con cierta distancia. No iba a experimentar de nuevo la debacle que siguió a la confesión de Castro en 1961. Y aquí necesito agregar una advertencia: la liturgia no incluiría un exorcismo de mi pasión por Cuba. “Cuba es —en palabras de Guillermo Cabrera Infante— un paraíso del que huimos tratando de regresar” y todavía no sólo amo sino que tengo fe en Cuba y los cubanos.
Por último, hubo un motivo más personal para emprender este proyecto de investigación: mis padres. Quería decirles cuánto sentía haber sido parte de la convulsi?ón histórica que arruinó su fortuna y la felicidad de nuestra familia y la de todas las familias cubanas.
Tener una suscripción y el hábito de la lectura diaria del Diario de la Marina no hizo reaccionarios a mis padres. Ganar dinero trabajando horas interminables en un negocio honesto e invertir los retornos sabiamente no era un crimen contra la clase trabajadora. Mi capacidad para analizar lo que consideraba la realidad cubana en aquel momento, fue el resultado de los estudios en las mejores escuelas pagadas por mis padres. Quiero decirles cuánto les debo.
Mis padres no leerán estos libros. Mi padre murió de tristeza a los 68 años, dos años después de su llegada a los Estados Unidos en 1969, cuando se dió cuenta de que el retorno iba a tomar mucho tiempo. Inmigrante español, amaba tanto a Cuba que no podía vivir lejos de ella. Mi madre murió recientemente, a los 94, y estaba incapacita para leerlos. Poco antes de su muerte, durante una de mis visitas que le hice en Gainesville, Florida, en uno de esos momentos cortos de lucidez que tenía le dije que yo estaba reuniendo personas que querían volver a Cuba. “¿Deseas volver?”, le pregunté. Sus ojos brillaron y tuvo la oportunidad de abrir su boca para decirme convincentemente: “¡S?í!” La abracé llorando y ella lloraba, y me di cuenta de cuánto ambos amábamos a Cuba y cuánto y por cuánto tiempo habíamos sufrido por ese amor, y porque un dictador despreciable había engañado a nuestro pueblo. Al cerrar esta Introducción y este capítulo de mi vida, que he compartido con los lectores para que comprendan parte del drama cubano, quiero decirles a mis padres que, además de las razones que he explicado anteriormente, me comprometí en este proyecto de investigación porque, después de tantos años, creo sinceramente, como Javier Cercas en su Anatomía de un instante, haber comprendido que yo no tenía tanta razón y ellos no estaban tan equivocados; que no soy y nunca fui mejor que ellos, y que no puedo serlo ya.

José Álvarez
Wellington, FL.

Nota: Esta introducción y todos los acontecimientos que se irán cubriendo a lo largo de esta semana aparecen originalmente en inglés en Cubanology. El autor y los gestores de ese sitio han querido que la versión en español aparezca en este blog.

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→ 10 Comentarios José Álvarez, historia y archivo

Por qué Raúl Castro fracasará en su empeño

Febrero 7, 2010

El 4 de febrero pasado, en Panamá, en un seminario convocado por el Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos de la Universidad de Miami para discutir el tema “Cuba; sucesión o transición”, dije lo siguiente, que aquí resumo, porque no escribí mi ponencia:
1) Fidel ejerció lo que Max Weber llamaba el poder carismático.
2) Su hermano Raúl, que recibió la autoridad en el 2006, y que es y se proyecta de manera diferente sobre los cubanos, incluida la cúpula dirigente, intenta transformar el poder carismático en poder racional (sigo con la definición de Weber), revitalizando al PCC y convirtiéndolo en el organismo que gerencia al Estado y organiza la transmisión de la autoridad de acuerdo con las reglas del centralismo democrático que dicen practicar.
3) El problema que se encuentra es que a) el PCC ha perdido toda carga de legitimidad como consecuencia del fracaso material de medio siglo de pésima administración y b) la juventud cubana ya no tiene el menor contacto emocional con el discurso revolucionario.
4) Fidel Castro les impuso a los cubanos su lectura de la realidad a la sociedad, arcaica visión que data de mediados del siglo XX, y no ha permitido que las generaciones posteriores examinen críticamente el entorno, construyendo su propia narrativa, lo que ha provocado la alienación casi total de ese 70% de la población nacida después de 1959.
5) El resultado de esa ruptura emocional e ideológica es que la distancia que hoy existe entre el país real y el país oficial ya es insalvable, como saben, incluso, los que se llaman “revolucionarios”, muchos de ellos vinculados al PCC, pero totalmente desengañados con relación a las virtudes del sistema. Ellos constituyen los reformistas in pectore, quienes están a la espera de poder comenzar un proceso de cambios que terminarían por enterrar un modelo político y económico en el que ya muy poca gente cree.
6) El punto final de este triste episodio llegará como un acuerdo entre los demócratas de la oposición y los reformistas provenientes de la dictadura, como pasó en varios países de Europa del Este. Entonces se iniciará la transición.

Carlos Alberto Montaner
Miami

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Febrero 7, 2010

El País entrevista a Arturo Valenzuela, Secretario de Estado Adjunto de EE UU para América Latina:

P. ¿No hay decepción en Washington ante la falta de respuesta del Gobierno de Cuba a las aperturas de Obama?

R. Hemos revertido la política anterior de congelar muchos de los intercambios entre las sociedades para permitir una mayor conexión. Y estamos dispuestos a recuperar incluso más que antes un diálogo directo con el Gobierno de Cuba en temas afines. Hemos tenido conversaciones sobre temas migratorios y habrá otros en la agenda. Pero es cierto que lo que se requiere es un diálogo con respuestas, y eso hasta la fecha no se ha visto. Probablemente tiene que ver con algunos cambios internos en Cuba en los que no está claro hacia dónde va la situación.

P. ¿Cree que la UE debería cambiar la Posición Común sobre Cuba, en vigor desde 1996, que exige al Gobierno de la isla avances en democracia y derechos humanos?

R. Éste es un tema que concierne a la UE y no a EE UU. Dicho esto, no nos queda claro cómo la intención de cambiar la Posición Común llevaría a un cambio significativo en la situación del respeto por los derechos humanos del pueblo cubano. Por nuestra parte, al querer profundizar un diálogo con Cuba lo hacemos conscientes de que éste se debiera realizar teniendo en cuenta nuestro acérrimo compromiso por esos derechos y por la liberalización del régimen cubano.

P. Entonces, con Cuba, ¿diálogo a cambio de libertad? ¿Y cambiar la Posición sólo por razones de peso?

R. Así es.

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De Cubazuela

Febrero 7, 2010

—Joaquim Ibarz en La Vanguardia.

—Ludmila Vinogradoff en ABC.

—Casto Ocando en El Nuevo Herald.

— Valentina Larez en El Tiempo.

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Sin rumbo

Febrero 7, 2010

Nos habituamos a las cifras engordadas, al secretismo cuando algo iba mal y a un producto interno bruto que nunca reflejaba el contenido de nuestros bolsillos. Por décadas, los informes económicos tuvieron la capacidad de esconder, tras páginas llenas de números y análisis, la gravedad de los problemas. Entre los licenciados en la ciencia inexacta de las finanzas, hubo algunos que se atrevieron a desenmascarar la falsedad de ciertos números —como Oscar Espinosa Chepe— y fueron penalizados con un “plan pijama” de desempleo y estigmatización.
Esta semana, la lectura del análisis —serio y bien argumentado— publicado por el presbítero Boris Moreno en la revista Palabra Nueva ha aumentado mi nerviosismo sobre el colapso que se nos avecina. Con el sugerente título de “¿Hacia dónde va la barca cubana? Una mirada al entorno económico”, el autor nos alerta de una caída —en picada— del estado material y financiero de la Isla. Palabras que deberían aterrarnos, si no fuera porque los oídos se nos han vuelto un tanto impermeables a las malas noticias, de tanto zambullirnos en las aguas de la improductividad y la escasez.
Concuerdo con el Máster en Ciencias Económicas en que la primera y más importante medida a tomar es “el compromiso formal del gobierno en reconocer la capacidad de opinar de todos los ciudadanos sin que esto implique represalias de ningún tipo. Deberíamos eliminar de nuestros entorno los calificativos que restringen el intercambio de ideas y opiniones”. Después de leer esto, me figuro a mi vecina, contadora retirada, diciendo en voz alta sus criterios sobre la necesidad de permitir la empresa privada sin que esto le granjee un mitin de repudio frente a su puerta. Cuesta trabajo proyectar algo así, ya lo sé, pero acaricio la idea de que algún día —sin el temor a que los acusen de “mercenarios a sueldo de una potencia extranjera”— miles pasarán a hacer sus señalamientos y a plantear soluciones. ¡Qué capital enorme recuperará Cuba!
Aunque las arcas no van a colmarse sólo con propuestas y razonamientos, nuestra experiencia nos señala que el voluntarismo y las exclusiones sólo han contribuido a vaciarlas.

Yoani Sánchez
La Habana

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Febrero 7, 2010

ABC: Juan Francisco Alonso, sobre Claudia Cadelo y la plataforma Voces cubanas.

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Febrero 7, 2010

AFP: El presidente de Ecuador, Rafael Correa, planea viajar a Cuba el próximo jueves para someterse a una segunda cirugía en la rodilla.

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“Avatar” en la Película del Sábado

Febrero 6, 2010

En flagrante —aunque no exclusiva— violación de los derechos de autor, la TV cubana trasmitirá esta noche en “La película del sábado” el filme Avatar, de James Cameron.

H/T: Ariel Cubano, en Facebook.

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Febrero 6, 2010

EFE: El ballet Bolshoi regresa a Cuba luego de treinta años de ausencia.

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