
Los Angeles Times: “Fidel Castro, Internet junkie”.
PD: Traducción al español, de Rolando Cartaya:
Fidel Castro, adicto a Internet
Resulta que el ex gobernante cubano adora la Web, aunque la mayor parte del pueblo cubano todavía no tiene acceso a ella.
Los Angeles Times, 4 de septiembre de 2010
Fidel Castro ha vuelto (según sus propias palabras) de entre los muertos, y ha reencarnado como un adicto a Internet. No sólo es un prolífico blogger en la versión digital del diario cubano Granma, sino que resulta que a sus 84 años este anciano de barba gris consume de la Web entre 200 y 300 noticias al día, y se declara fascinado con el sitio Wikileaks, con su tesoro de 90.000 documentos estadounidenses sobre las operaciones militares en Irak y Afganistán, que por un tiempo fueron secretos.
El “resucitado” revolucionario es más bajito y más frágil de lo que era antes de la complicación intestinal que le obligó a entregar el poder a su hermano menor en 2006, pero no menos verboso. Habló con la directora del periódico mexicano La Jornada cinco horas, durante las cuales alabó el profundo impacto de la Web. “¿Te das cuenta, compañera, de lo que esto significa?” —le preguntó, como una especie de Rip van Winkle que despertara en el siglo XXI. “Se acabaron los secretos, o al menos eso pareciera. Estamos ante un ‘periodismo de investigación de alta tecnología’, como lo llama el New York Times, y al alcance de todo el mundo”.
Bueno, no todo el mundo. Cuba, por ejemplo, tiene el nivel más bajo de penetración de Internet en el hemisferio, además de severas restricciones y una censura que afecta a quienes sí tienen acceso. Un informe del Instituto Brookings calcula que Cuba cuenta con 1,3 millones de usuarios, el 13% de la población, según estadísticas del gobierno cubano, o alrededor del 2,6%, de acuerdo con estimaciones internacionales. De cualquier manera, eso es inferior incluso al 23% en el empobrecido Haití.
En la entrevista, Castro culpa al embargo comercial estadounidense por negar acceso a Cuba a un cable de fibra óptica submarino, lo que habría obligado a la isla a descansar en el costoso acceso satelital, con un precio al consumidor de alrededor de 5 dólares la hora, o un tercio del salario medio mensual cubano. El presidente Obama emitió el año pasado una directiva que permite a los proveedores de telecomunicaciones concertar acuerdos para extender el cable a Cuba, aunque sólo hasta la costa, no dentro de la isla. Una empresa de un tercer país o el propio gobierno cubano tendría que terminar el trabajo Por esa razón, o posiblemente porque las empresas americanas desconfían de la economía cubana controlada por el Estado, nada se ha concretado. Es probable que Venezuela proporcione a Cuba el acceso por cable a la Web antes que Estados Unidos.
Mientras tanto, las limitaciones tecnológicas y los altos costos, así como el embargo comercial de Estados Unidos, han servido al interés político del gobierno cubano en mantener su control sobre los medios de comunicación e información, por lo cual la entrevista con Castro ofrece una deliciosa ironía. Él llamó a la comunicación vía Internet “el arma más poderosa que haya existido” y ensalzó su poder para romper el dominio absoluto sobre los medios de comunicación “del imperio” (que significa, por supuesto, los Estados Unidos) y de “ambiciosos grupos privados que han hecho uso y abuso de él”. Pero es precisamente el hecho de que sea un arma tan poderosa la razón de que el acceso irrestricto para todos los cubanos no le pase por la mente al Gran Hermano Fidel.
Su hermano menor, Raúl Castro, empezó a permitir en 2008 que todos los cubanos pudieran comprar computadoras personales, pero una conexión privada a Internet requiere autorización del gobierno, que no la concede tan fácilmente, y la mayoría de las personas sólo tienen acceso a una Intranet cubana, un sistema nacional de correo electrónico con sitios y publicaciones Web autorizadas. En la World Wide Web, los cubanos se encuentran con filtros y bloqueos de cualquier información entrante o saliente que pueda considerarse poco amigable con el gobierno de la isla.
Además de Fidel Castro, Cuba tiene unos 300 bloggers. De ellos cerca de 100 no están autorizados, incluidos varios que son fuertes críticos del gobierno. Se las ven negras para comunicarse con el mundo y tienen que recurrir a todo tipo de trucos para sortear las barreras gubernamentales, uno de ellos, dictar por teléfono la información a amigos en el extranjero para que se publique en servidores fuera de Cuba.
El blog más famoso es Generación Y de Yoani Sánchez, que acumula más de un millón de visitas al mes y está disponible en casi todas partes menos en Cuba, lo que podría explicar por qué no la han amordazado a ella. Otra razón puede ser que critica por igual a Estados Unidos y su embargo comercial. (Ella, no obstante, ha sido golpeada, y su esposo, otro blogger, atacado por turbas). Sánchez ayudó a, Orlando Luis Pardo y otros a establecer Voces Cubanas, un sitio independiente con unos 30 bloggers que escriben con palabras e imágenes la crónica de las pruebas, las privaciones y la belleza de la vida cotidiana en Cuba.
Las leyes cubanas prohíben usar Internet para difundir información contraria a lo que el gobierno considera interés social, normas de buena conducta, integridad de las personas o seguridad nacional. Esto está en consonancia con otras políticas dirigidas a sofocar la libre expresión.
Este año, el gobierno anunció la liberación de 52 presos políticos, pero hasta ahora sólo cerca de la mitad han sido excarcelados y enviados al exilio. No hay indicios de que la tolerancia del Estado hacia la disensión haya aumentado, o de que aquellos que expresen opiniones contrarias a la voluntad del gobierno vayan a escapar del acoso y los arrestos en el futuro. Por el contrario, cinco disidentes fueron detenidos el mes pasado, después de una rara protesta en la Universidad de La Habana en la que gritaron “¡Abajo los Castro!”.
Fidel Castro no se pronunció al respecto. En realidad, tuvo su propio mitin en la Universidad la semana pasada, vestido por primera vez en años con su característico uniforme militar. Curiosamente, sin embargo, no les dijo nada a los estudiantes sobre la libertad en la Internet y las maravillas de la Web.