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	<title>Penúltimos Días &#187; historia y archivo</title>
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		<title>A propósito de un sueño llamado República</title>
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		<pubDate>Mon, 21 May 2012 18:40:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miriam Celaya</dc:creator>
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		<category><![CDATA[historia y archivo]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.penultimosdias.com/wp-content/uploads/2012/05/repu.jpeg"><img src="http://www.penultimosdias.com/wp-content/uploads/2012/05/repu.jpeg" alt="" title="repu" width="450" height="338" class="alignnone size-full wp-image-64847" /></a></p>
<p>A ciento diez años de aquel 20 de mayo de 1902, pareciera que la República es sólo una hermosa mujer de orgulloso porte, cubierta por una túnica griega, con larga cabellera rizada y tocada con un gorro frigio de color rojo y una resplandeciente estrella solitaria. O quizás, pensarán algunos cubanos acá, la República es una enorme estatua de bronce enclaustrada en un espacio demasiado pequeño de ese monumento a la vanidad nacional que conocemos como Capitolio de La Habana. En todo caso, el símbolo escultórico resulta incluso oportuno, porque República, hasta hoy, es una especie abstracción que siempre nos ha quedado grande.</p>
<p>Digo esto porque pasado más de un siglo la República sigue siendo un pretexto para la añoranza (¡la República que perdimos!), para la crítica (la República “mediatizada”), para la jactancia (en la República tuvimos la Constitución más avanzada de su época) o para la esperanza (¡Ah, cuando tengamos nuevamente una República!).</p>
<p>La República ha sido y es el referente obligado tanto para sus defensores como para sus detractores. En ese sueño breve de apenas 47 años se citan por unos u otros, según sea el discurso, tanto los mayores avances cívicos y económicos de Cuba como sus peores males sociales. Una y otra vez, cada 20 de mayo se reescribe la memoria y cada vez pareciera que la mejor representación de nuestra República es una pompa de jabón, así de frágil, etérea, efímera, inasible.</p>
<p>Y como todo sueño, la República perdida nació envuelta en una sucesión de mitos que hasta hoy se repiten y muchos creen: mitos que consagran la fatalidad histórica como un pesado fardo sobre nuestros destinos, el mito de la heroicidad, del sacrificio, de las revoluciones como vías para la redención.</p>
<p>Es por todas nuestras veleidades pasadas y presentes y por la mitomanía nacional que, a riesgo de granjearme la antipatía general, he decidido homenajear este nuevo aniversario republicano haciendo una declaración iconoclasta: yo no quiero de regreso la República que fue, con sus penas y sus glorias, que no nos pudo proteger de la barbarie. Quiero una nueva, en la que el podio lo ocupen los ciudadanos.</p>
<p>No pretendo renegar de la historia de mi país con sus gestas épicas, con sus tradiciones y sus semblanzas, pero prefiero pensar en los próceres como hombres y no como titanes. Los titanes fundan leyendas, no repúblicas, por eso las naciones prósperas llaman a sus fundadores HOMBRES, no titanes, apóstoles o mesías; y no llaman a sus hijos “soldados de la Patria”, sino ciudadanos.</p>
<p>Yo quiero una República, sí, pero no una que nazca de revoluciones fallidas y de la perpetuación de mentiras históricas mil veces repetidas por aquellos y estos dañinos mesías. Quiero una República en la que los cubanos no se sientan impelidos a inventarse héroes para vencer un ancestral y mal disimulado complejo de inferioridad, imaginándose herederos de un patrimonio de guerreros puros, desnudos y machete en mano sobre briosos corceles, que sacrificaron sus vidas o entregaron su sangre al altar de la Patria. No quiero una República que apele a madres que envían a sus hijos a guerras supuestamente santas, pero siempre guerras &#8212;suma de odio, muerte, violencia, saña&#8212; o que emerja de revoluciones “redentoras” que acaban arrebatando los derechos y perpetuando las injusticias; sino una que brote de la conciliación y la paz, de los consensos, de las inclusiones, del respeto: un espacio para ciudadanos. Deberá ser así, o nuevamente quedaremos huérfanos de República. Ahora mismo no se me ocurre mejor homenaje.</p>
<p><strong>Miriam Celaya</strong><br />
La Habana</p>
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		<pubDate>Sun, 20 May 2012 18:49:34 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Tersites, sobre el 20 de mayo, esa fecha iniciática en la historia cubana.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://tersitesexcathedra.blogspot.com.es/2012/05/un-espledido-futuro-profesia-del-20-de.html">Tersites</a></strong>, sobre el 20 de mayo, esa fecha iniciática en la historia cubana.</p>
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		<pubDate>Sun, 20 May 2012 16:47:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>pd</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Vaya lío retórico en que se mete Eusebio Leal a la hora de explicar la República cubana tratando de colocarse al margen del antinorteamericanismo militante y sus groseras simplificaciones, que han caracterizado la &#8220;historia oficial&#8221;.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Vaya lío retórico en que se mete Eusebio Leal <a href="http://www.cubadebate.cu/especiales/2012/05/20/eusebio-leal-no-podremos-entender-la-revolucion-sin-la-republica/">a la hora de explicar</a> la República cubana tratando de colocarse al margen del antinorteamericanismo militante y sus groseras simplificaciones, que han caracterizado la &#8220;historia oficial&#8221;. </p>
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		<pubDate>Fri, 18 May 2012 09:27:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>pd</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El País, sobre un curioso pintor modernista, Federico Beltrán, nacido en Güira de Melena.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/05/17/madrid/1337278345_007423.html">El País</a></strong>, sobre un curioso pintor modernista, Federico Beltrán, nacido en Güira de Melena.</p>
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		<title>Retrato del libro como cómplice</title>
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		<pubDate>Thu, 17 May 2012 10:40:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Vicente Echerri</dc:creator>
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		<description><![CDATA[A mi amigo Pedro Yanes, que me indujo a escribir esta historia. Por el tiempo en que me preparaba para ingresar en la universidad, en 1967, publicaron en Cuba la Historia de la literatura universal del belga Paul Van Tieghem, traducida y ampliada en español por Rafael Tasis. El libro, como cualquier otro de su...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.penultimosdias.com/wp-content/uploads/2012/05/Books.jpg"><img src="http://www.penultimosdias.com/wp-content/uploads/2012/05/Books.jpg" alt="" title="Books" width="450" height="319" class="alignnone size-full wp-image-64709" /></a></p>
<p style="text-align: right;"><em>A mi amigo Pedro Yanes, que me indujo a escribir esta historia.</em></p>
<p>Por el tiempo en que me preparaba para ingresar en la universidad, en 1967, publicaron en Cuba la <em><a href="http://www.penultimosdias.com/wp-content/uploads/2012/05/Book.jpg">Historia de la literatura universal</a></em> del belga Paul Van Tieghem, traducida y ampliada en español por Rafael Tasis. El libro, como cualquier otro de su clase, escrito con la ambición de darle cabida a todos los escritores y obras importantes desde la antigüedad, no dejaba de ser un catálogo de nombres y fechas en que se intercalaban las rotundas opiniones del autor. Sin embargo, para un adolescente interesado en el tema podría resultar un útil índice referencial. Servía también a los fines de un obligado canon de lecturas. Tal vez ése era su propósito.</p>
<p>Cuando al año siguiente entré en prisión &#8212;que, en más de un sentido, sería para mí una valiosa academia&#8212; pedí que me llevaran el libro de Van Tieghem, el cual me acompañó todo el primer año que pasé en el llamado “plan de reeducación”. Al decidir extinguir mi sanción entre los “plantados”, dejé todos mis libros, por temor a perderlos, con uno de mis compañeros reclusos. No bien llegado al Centro de Seguridad No. 4 (que más de 40 años después sigue funcionando como establecimiento penal) y antes de entrar con mi nuevo uniforme amarillo en confinamiento solitario (donde pasé un mes de castigo por haberme declarado en rebeldía), pregunté qué libros me dejaban tener en mi nueva situación. No me olvido que el oficial a quien le hice la pregunta me respondió: “De todo, ¡hasta la Biblia!”.</p>
<p>Un mes después, en enero de 1970, me hacían llegar &#8212;no me acuerdo ahora por qué vías&#8212; los libros que había dejado en el reclusorio anterior. Entre ellos venía el texto de Van Tieghem, al que acudí muchas veces en busca de algún dato, en medio de las otras lecturas y estudios que emprendí en esos 18 meses que aún habría de pasar en la cárcel. De esa época son unos cuidadosos subrayados en rojo que hacía, auxiliado por una regla, de la información que quería destacar; por ejemplo, del más célebre de los poetas persas resalté lo siguiente: “La forma epigramática de las cuartetas, llamadas ruba’i, ha ganado celebridad universal en la obra de Omar KHAYYAM (?-1123), gracias principalmente a la traducción (o mejor re-creación, infiel en muchos aspectos al original) que de sus Rubaiyat dio el poeta inglés Fitzgerald en el siglo XIX”; o, en otro momento, sobre una de las características de la poesía china antigua: “Estas poesías de la época de Wu están recopiladas en gran parte en un libro, el Yo-fu, nombre que ha designado desde aquel momento a toda colección de poesías acompañadas de música. La tradición hace remontar a este reinado el origen de la poesía como género independiente”.</p>
<p>El último año, de relativo ocio, que viví en Trinidad luego de mi salida de prisión (de mayo de 1971 a mayo de 1972) comencé, por propia iniciativa y sin que mediara ninguna remuneración, mi trabajo de traductor. Me estrené en este oficio del que he vivido por los últimos treinta años con un libro sobre los rollos del mar muerto (<em>The Meaning of the Dead Sea Scrolls</em> de A. Pawell Davies, que puedo ver desde aquí, mientras escribo. La búsqueda de citas de Filón de Alejandría, Flavio Josefo y Plinio el Viejo (que ciertamente habían sido traducidas al español de sus lenguas originales hacía mucho y que quería glosar para mi traducción), me llevó a recurrir al prior de los dominicos en el convento de San Juan de Letrán en La Habana. En respuesta a mi solicitud, el P. Domingo Romero (áspero español de Zamora) me invitó buscar &#8212;en tanto la ordenaba&#8212; en lo que llamaba la “expoliada” biblioteca del convento, la cual llevaba más de una década cerrada.</p>
<p>Pasé todo el verano del 72 clasificando el polvoriento y derrumbado fondo de la biblioteca de los frailes dominicos por el método decimal de Dewey, que me era algo familiar y para lo cual, además, tomé un cursillo en la Biblioteca Nacional. Al cabo de tres meses &#8212;y luego de una vasta selección negativa&#8212; se alineaban alrededor de 5.000 volúmenes en una elegante estantería de caoba; pero sin que allí hubiera ni rastro de los textos que me interesaban. Mi trabajo de bibliotecario (casi más bien de arqueólogo) me consumía el día entero. Por la noche, en mi celda, le daba los toques finales a mi traducción sobre los rollos del Mar Muerto. Entre los libros que me acompañaban, junto con algunos diccionarios y unas cuantas novelas, estaba &#8212;ya pueden suponerlo&#8212; el libro de Van Tieghem.</p>
<p>En septiembre de 1972 ingresé en el Seminario Evangélico de Teología de Matanzas, con el devoto propósito de convertirme en sacerdote de la Iglesia Episcopal. El seminario (institución gobernada por presbiterianos, metodistas y episcopales) tenía un alto nivel intelectual, casi tan alto como la perversidad de algunos hijos de puta que lo dirigían. Allí, en mi cuarto del amplio pabellón de los alumnos solteros &#8212;que durante el primer año no compartí con nadie&#8212; seguía estando el ejemplar de <em>Historia de la literatura universal</em> que ahora se avecindaba a mi Nuevo Testamento en griego, a la gramática de esta lengua, a la <em>Historia de la Iglesia</em> de Williston Walker, entre unos cuantos libros, propios o prestados, que constituían los fundamentos de mi currículo.</p>
<p>A los pocos meses de estar en el seminario &#8212;exactamente en marzo de 1973&#8212; conocí a Roberto Valero, entonces un joven de 17 años que cursaba el pre-universitario. Recordaré siempre sus ojos deslumbrantes y su intensa curiosidad intelectual. La amistad entre nosotros prosperó pronto. Él tenía pasión por la naturaleza &#8212;las montañas, las cavernas, el mar&#8212; y una genuina vocación literaria. Solía venir a verme al seminario y dejaba flores silvestres en mi ventana cuando no me encontraba. Un día, de visita en mi cuarto, se puso a revisar mis libros de estudiante y reparó en el de Van Thiegem. Lo estuvo manoseando con vivo interés y, a la hora de volverlo a su puesto, me dijo:</p>
<p>&#8212;Sé que nunca me lo vas a prestar; pero si alguna vez te deshaces de él, acuérdate de mí. Ya es muy difícil conseguirlo.</p>
<p>En febrero de 1975, yo abandonaba el seminario luego de que la facultad me suspendiera por haber denunciado, desde el púlpito de la capilla, el horror del presidio político y el silencio cómplice de las iglesias. Me fui a vivir a La Habana, al Centro Diocesano de la Iglesia Episcopal, en cuyas instalaciones residí los últimos cuatro años que estuve en Cuba. Mi vocación religiosa, hasta entonces bastante firme, empezó a verse insidiosamente agredida por la literatura. Lo que yo tenía, desde niño, por una segunda naturaleza, comenzó a exigir mayores fueros. Escribir no era ya un quehacer subalterno, sino una tarea de primera importancia a la que sólo se oponía mi pereza. Mi estudio del Centro Episcopal no tardó en convertirse en una capilla literaria, frecuentada por escritores y aspirantes a serlo. Un día Roberto &#8212;que ya estudiaba en la Universidad de La Habana&#8212; me trajo a Reinaldo Arenas, a quien había conocido por unos amigos de Holguín. Arenas se hizo un <em>habitué</em> de este círculo literario (en el que nunca, acaso lamentablemente, tuvieron lugar las orgías frenéticas que él le adjudica en sus memorias a un personaje que se me parece). Los textos literarios fueron desplazando en mi interés a los tratados teológicos que me habían cautivado por los últimos años. Entre mis libros seguía estando la <em>Historia</em> de Van Tieghem que alguna vez me servía para apoyar un dato o una cronología.</p>
<p>Salí de Cuba para Madrid en octubre de 1979. Aunque Roberto me acompañó hasta el aeropuerto, días antes de mi viaje fui a Matanzas para llevarle algunos objetos personales, incluidos algunos libros, entre ellos el que me pidiera años atrás en mi cuarto del seminario. Poco más de seis meses después, y gracias a los sucesos que dieron lugar al puente marítimo Mariel-Cayo Hueso, Roberto y yo nos encontrábamos en Miami para luego terminar viviendo juntos por unos pocos meses en Nueva York.</p>
<p>En octubre de 1980, él ingresó con una beca en la Universidad de Georgetown, en Washington, D.C., y su mujer en Cuba &#8212;con quien nunca volvería a reunirse&#8212; empezó a enviarle, con fidelísima dedicación, sus libros a Estados Unidos. Entre ellos vendría aquel ejemplar del libro que tan singular complicidad había tenido en mi vida y que ya no era mío. Alguna de las veces que visité a Roberto en Washington, en el nuevo hogar que había fundado con María Badías, debo haberlo visto entre sus anaqueles. No sé si alguna vez llegué a decirle que me habría gustado recuperar aquel libro que ya tenía para mí un valor puramente afectivo; no lo creo. Una sola insinuación me habría valido la más rotunda negativa. Debía entender que los regalos eran irrevocables.</p>
<p>Pasó más de una década. Roberto Valero falleció prematuramente &#8212;víctima del mal de la época&#8212; en 1994. Poco más de un año antes, como pude constatar después de su puño y letra, había comenzado una lectura rigurosa del libro de Van Tieghem, que conllevaba el ambicioso proyecto de leer muchas de las obras fundamentales que éste citaba y con las cuales se sentía en deuda. Son de entonces, calculo, algunos de los subrayados y anotaciones que aparecen en esa letra descuidada y algo infantil que nunca le abandonó; otras anotaciones más viejas se remontan sin duda a sus años de estudiante en Georgetown.</p>
<p>Pocos meses después de su muerte, fui a Washington a visitar a su viuda, con quien, a lo largo de los años, me ha unido una gran amistad. Fue una reunión triste, en una casa llena de recuerdos del desaparecido &#8212;que había sido como la encarnación de la alegría. Casi a punto de despedirme, María me señaló hacia la biblioteca de Roberto, investida ya de un aire de abandono, y me dijo.</p>
<p>&#8212;Si quieres llevarte algunos libros.</p>
<p>Yo pasé la vista sin propósito, movido más por el deseo de ser atento que por un auténtico interés y, de pronto, tropecé con el lomo marrón del libro de Van Tieghem.</p>
<p>&#8212;Éste tan sólo, que alguna vez fue mío.</p>
<p>Años después, le hice reparar cuidadosamente la encuadernación sin cambiarle las tapas originales. Ya nunca lo consulto, aunque alguna vez, como ahora, movido por una inefable nostalgia, lo abro y lo manoseo. Me doy cuenta de que hace mucho dejó de ser un libro para ser un objeto memorable que, calladamente, da testimonio de buena parte de mi vida.</p>
<p><strong>Vicente Echerri</strong><br />
Nueva York</p>
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		<pubDate>Wed, 16 May 2012 09:41:20 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Enrisco ha colgado una entrevista a Arsenio Rodríguez hecha por el periodista de Radio Caracol José Luis Logreya, en 1970.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://enrisco.blogspot.com.es/2012/05/entrevista-arsenio-rodriguez.html">Enrisco</a></strong> ha colgado una entrevista a Arsenio Rodríguez hecha por el periodista de Radio Caracol José Luis Logreya, en 1970.</p>
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		<pubDate>Mon, 14 May 2012 11:27:36 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[En Diario de Cuba, Vicente Echerri asegura que resulta exagerado llamar &#8220;tiranía&#8221; al último gobierno de Batista, y que la vigencia del batistato es &#8220;el logro mayor de la Revolución&#8221;. Dice muchas cosas ciertas, mi estimado Echerri, pero me temo que se equivoca en la conclusión: por supuesto que el segundo Batista era un tirano....]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En <strong><a href="http://www.diariodecuba.com/opinion/11075-vigencia-de-batista-logro-mayor-de-la-revolucion">Diario de Cuba</a></strong>, Vicente Echerri asegura que resulta exagerado llamar &#8220;tiranía&#8221; al último gobierno de Batista, y que la vigencia del batistato es &#8220;el logro mayor de la Revolución&#8221;. Dice muchas cosas ciertas, mi estimado Echerri, pero me temo que se equivoca en la conclusión: por supuesto que el segundo Batista era un tirano. Para entenderlo sólo hay que leer <a href="http://www.penultimosdias.com/wp-content/uploads/2012/05/DSCN4468.jpg">el final de la Segunda filípica</a> de Cicerón contra Marco Antonio.</p>
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		<title>Nostalgia for Batista?</title>
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		<pubDate>Sat, 12 May 2012 23:02:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Carlos Castillón</dc:creator>
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		<description><![CDATA[It’s odd, but after twenty years of living there, I don’t remember hardly any of Batista’s people in Miami. It must be because that New Year’s Eve, when the General left the Island, those who accompanied him were among the first exiles from Castro. And, in fact, I did brush shoulders with three or four....]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.penultimosdias.com/wp-content/uploads/2012/05/abril-1958.jpeg"><img src="http://www.penultimosdias.com/wp-content/uploads/2012/05/abril-1958.jpeg" alt="" title="abril 1958" width="450" height="301" class="alignnone size-full wp-image-64332" /></a></p>
<p>It’s odd, but after twenty years of living there, I don’t remember hardly any of Batista’s people in Miami. It must be because that New Year’s Eve, when the General left the Island, those who accompanied him were among the first exiles from Castro. And, in fact, I did brush shoulders with three or four. That is, three or four Batista supporters, not three or four who accompanied him, that New Year’s Eve night and in many other things. I vaguely remember having heard stories of fights between his main supporters, who followed the General, and the first Cuban exiles in Miami, who were there &#8212; and many people forget this &#8212; because they had fled from Batista. Something I also know about the differences between the first anti-Castro exiles and others later, from the Authentic or Orthodox parties, or apolitical or… what group hasn’t gone into exile? I remember even having seen some of the old Orthodox party members parading (with their trademark broom) in the anti-Castro demonstrations I attended, older in age, fewer in number, with respect to other groups, for example the Cuban American National Foundation. But I don’t remember seeing organized Batista supporters in these demonstrations. They were always the loose pieces in the mosaic of the Cuban exile.</p>
<p>I came to Miami like many Spaniards of my generation, unaware that between the partisans of Batista and those of Fidel there was an immense majority of Cubans who were against both. Despite all the pompous verbosity about the Mother Country where we can read about it, the Spaniards of my generation knew as little about Cuba as did Americans from North Carolina or Delaware. For many Spaniards it was very simple: Batista was like Franco &#8212; although Batista would have been anti-Franco at the time of the Spanish Civil War, so Franco never would have allowed him to settle in Spain – in the same way that Fidel seemed to us the anti-Franco par excellence &#8212; despite the fact that Franco never recalled any ambassador from Havana and mocked the U.S. embargo. </p>
<p>The first of Batista’s supporters I met, and the only one I had anything to do with on a regular basis, was my landlady, to whom, in her day, I dedicated a column. An inland woman who was assimilating the poverty and hunger of the Machado years, in which she had grown up, and the times of Fidel, in which she had seen members of her family imprisoned and persecuted by the new regime. In contrast, she associated prosperity, hard won a daily basis, with the Batista years. I doubt my landlady undertook great political analyses and for her Batista was synonymous, first, with the end of the chaos that followed the expulsion of Machado in the thirties, and later the sugar boom, a time when Cuba remained on the sidelines of World War II and the country, for better or worse, grew and prospered in a perhaps unfair and unequal way (but when she was growing up how else had she known the Island to be?). In some way, all these differences between the first Batista, progressive, a friend of Alicia Alonso, praised by Neruda, and the second Batista, the one who carried out the coup, were lost on her. For her, Batista was the one who had seized power and put an end to the shoot-outs between the so-called <em>Abecedarios</em> &#8212; formally the A.B.C. Revolutionary Party &#8212; and the Communists in 1933; or the one who, in 1952, ended the violence of the so-called <em>bonchistas</em>, the thugs, who had taken over the student government of the University of Havana. For her, Batista was a politician who had left her alone to work in peace &#8212; and from a politician, you couldn’t ask for anything more.</p>
<p>My landlady never stepped foot in my workplace, where she would have been able to fight with Maria, my first co-worker at the bookstore where I was employed, who had fought against Batista from the ranks of the “26.” In the Vedado cell to be exact. However, Maria got along fine with Ruben, Batista’s son, and with Guillermo de Zendegui, who “was Batista’s man but a decent and cultured person.”</p>
<p>In reality, it was hard not to get along with Batista’s son because he was a kind man, honest and generous, who never inherited the political ambitions of his father, just as he never tried to excuse his father’s mistakes. Ruben Fulgencio Batista was quiet and polite. He regularly bought the books that appeared about his father, even those that spoke ill of him. I remember <em>Angelic Republic</em>, a book published in Cuba by Rolando Rodriguez, who seemed, in his description of “the sergeants’ rebellion,” objective and well informed despite the leftist bent of the author. Once he was about to bump into Fidel’s “rebellious daughter” in the store. This is what happens in a bookstore in a city with almost no bookstores.</p>
<p>I served Guillermo de Zéndegui as a customer for years. He published a book at the publishers where I worked, and distributed his book about Havana with us, and, in fact, did the catalog for an exhibition on Havana at the Cuban Museum of Arts and Culture in Miami. Zendegui was a gentleman of the old style, correctly dressed (always with a tie), even in the long Miami summer. I spent too many years in that job, and over time I developed enough confidence in him to repeat a joke people were making at his and the Batista people’s expense.</p>
<p>“Do you know the story they tell about you and Batista?” I asked, one day when the store was empty. No one in Miami likes this beginning to a conversation, but he was nice enough to hear me out. It was an old joke in which Zendegui toured a modern art exhibition in Havana, prompting Batista in a whisper, telling him what he should say about each piece until, looking at an abstract painting, Zendegui whispered, “How fun is this&#8230;” and Batista, speaking up, repeated, “How fucked is this?” </p>
<p>After a moment of doubt, truly brief, Zendegui burst out laughing and said to me, “Are they really saying that about us? Boy, Cubans are the devil&#8230;” Although it’s possible Zendegui may have given Batista more than one art lesson, to judge by the collection he left at Daytona, including pieces by Víctor Manuel, Amelia Peláez, Mario Carreño, René Portocarrero and Daniel Serra-Badué, among others.</p>
<p>My other “Batista person” was the guard at the bank where I cashed my checks. An older gentleman, spending his final working years waiting for Medicare. He worked for the Ventura agency and wore on his hand a large ring with an Indian head. (This was specifically a tribute to Batista, who was Oriental, and some called him “the Indian,” though it was also a reminder of the strange syncretism that appeared in the early 20th century between cardekiano and some forms of Cuban Santeria). I never asked him, but if he was a police officer in Havana I’m sure it was at the Quinta Station. I went at odd times, when the place was half empty, and sometimes drank with him, one of those regenerative coladas that I still miss.</p>
<p>Anyone else? Anyone else &#8212; who also dictates the politics of exile? No. At least not in Miami that I remember. But I recognize there could be more in Miami and mine is not the only possibility. I can’t verify any resurrection of the Batista regime in exile, beyond the provocative, and always highly intelligent, articles of Néstor Díaz de Villegas.</p>
<p>All this comes to mind thinking about <a href="http://elpais.com/elpais/2012/04/24/opinion/1335266262_858634.html">the supposed historical nostalgia for Batista</a>, which hasn’t resulted in the reappearance of the Progressive Action Party &#8212; yes, that was the name of “el Hombre’s” party&#8212; nor anything like a manifesto. It seems the General, in reality a shorthand clerk in the army, has risen on the wings of nostalgia more vital than political, identifying him less with his politics than with his glamourous environment: Havana before Castro’s Revolution, with years of progress that would have been the same under any other government, Orthodox or Authentic, leaving the commercial class in peace, but that coincided in time with his second term.</p>
<p>The great failure of the Cuban “strong men” is not knowing when to retire. If Machado had not been reelected in spite of the Constitution, there would be many who would remember him as the best builder of Cuba; if Fidel had called elections in the seventies everything would have been forgiven; if Batista hadn’t taken power illegally for a second time, he would have been remembered as a progressive leader, a supporter of the New Deal, who applied in Cuba the same policies as Franklin D. Roosevelt was applying in the United States. We talk now about the differences between the first Batista who took power in the thirties, progressive, a friend of the United States and the New Deal, legalizer of the Communist Party, who even appointed a Communist among his ministers (one who, we all know, later returned to be a minister under Fidel), and was honored by a good share of the island’s intellectuals; and a second Batista, who seized power on March 10, fatter, more rapacious, more conservative, friend of Senator McCarthy, anti-Communist in a country of strange and bourgeois Communists. Personally I don’t think there would be many.</p>
<p>Nostalgia for Batista? It is understandable that there is for his era. Because when someone, even a sympathizer of Fidel (or an enemy of Batista), wants to fictionally portray in the movies or on TV a glamorous and prosperous Havana, or at least one without ruins on every corner, they always go back to those last years of the General &#8212; forgive me, the stenographer turned General. So we might conclude that the supposed nostalgia for Batista is in reality a nostalgia for a Havana that built great skyscrapers, hosted luxury tourism, where men wore the highest quality drill-weave linen suits, where the best dance music in the world was created, and the latest American cars arrived before they made it to many of the cities in the United States. Its the inverted mirror of a prosperity that Cubans continue to long for, among the ruins.</p>
<p>Nostalgia for Batista? Well, yes. But we must see exactly what it consists of. <em>Magic City</em> has just premiered on American television, a series that plays on the nostalgia of the period. It’s the same kind of nostalgia that was tapped into ten years ago when they reprinted the 1959 Havana phonebook, a repetitive book with no plot, it became a bestseller in Miami. And the same could be said of facsimiles of the <em>Libro del Siglo y Cuarto</em> del <em>Diario de la Marina</em>, which a member of the Rivero family decided to reprint. It’s unfair to compare the two editions because some of the best journalists of the Island collaborated on the Diario de la Marina, but with both the reason to buy them was to see the ads, to revive the Havana of the late fifties. A lost city, as Cabrera Infante knew well.</p>
<p>How can one not feel nostalgic for that Cuba? How can its leader not be assimilated into that in some way? Even if the only good thing that can be said about Fulgencio Batista with regards to economic policy is that he didn’t have one and he allowed sugar to continue in the hands of the sugar barons like Lobo, tobacco to continue in the hands of the tobacco barons, and rum in the hands of Pepin Bosche, because our “man” believed there were no better hands for it.</p>
<p>Nostalgia aside, I think Batista will not return, as the white linen suits will not return, nor the Indian-head rings, nor the decade of the fifties. What may come, with another name, in other ways, is a new dictatorship, more intelligent than Batista or Fidel A dictatorship without doctrine, without ideological beliefs that would prevent it from adapting itself to reality. A dictatorship where the dictator doesn’t seem to be one, through the simple system &#8212; which Batista already knew and which Fidel despised &#8212; of allowing people to get rich, within certain limits. The modern world already knows other countries where there is capitalism without liberalism, capitalism without democracy, and even capitalism with the Communist Party as the only owner of power (as is the case in the People’s Republic of China). Who knows if the next dictator of Cuba &#8212; whom we hope will never arrive &#8212; will be sufficiently ready to permit a Cuban liberalization, a carnival of all the desires for prosperity accumulated over five decades of socialism with partying and capitalism as coarse euphemisms. Everything is possible and I fear there will be many who might see this coming of a dictator, who will simply limit politics but liberalize the economy, as a liberation.  </p>
<p><strong>Juan Carlos Castillón </strong><br />
Barcelona</p>
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		<pubDate>Fri, 11 May 2012 10:09:54 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Jueza deniega desclasificación de documentos sobre Bahía de Cochinos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Jueza <a href="http://www.abc.es/agencias/noticia.asp?noticia=1165020">deniega desclasificación</a> de documentos sobre Bahía de Cochinos.</p>
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		<title>Los presos cubanos y el trabajo esclavo</title>
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		<pubDate>Thu, 10 May 2012 06:59:53 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Cuba soviética]]></category>
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		<description><![CDATA[El Nuevo Herald: El contrato para usar mano de obra penitenciaria cubana para hacer muebles para IKEA fue parte de un acuerdo más amplio entre firmas controladas por los servicios de seguridad de Cuba y Alemania Oriental, que incluía además antigüedades, tabacos y armas cubanas, según investigador en Berlín. PD: Ojo: en los documentos encontrados...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.penultimosdias.com/wp-content/uploads/2012/05/firmas1.jpg"><img src="http://www.penultimosdias.com/wp-content/uploads/2012/05/firmas1.jpg" alt="" title="firmas" width="423" height="414" class="alignnone size-full wp-image-64409" /></a></p>
<p><strong><a href="http://www.elnuevoherald.com/2012/05/09/1199120/policia-politica-de-cuba-y-alemania.html">El Nuevo Herald</a></strong>: El contrato para usar mano de obra penitenciaria cubana para hacer muebles para IKEA fue parte de <a href="http://media.elnuevoherald.com/smedia/2012/05/09/22/23/sURey.So.84.pdf">un acuerdo más amplio</a> entre firmas controladas por los servicios de seguridad de Cuba y Alemania Oriental, que incluía además antigüedades, tabacos y armas cubanas, según investigador en Berlín.</p>
<p>PD: Ojo: en los documentos encontrados en archivos <a href="http://verbindung-ostberlin-havanna.blogspot.com.es/">por Jorge Luis García Vázquez</a> están todos los datos (y nombres) para una eventual demanda legal. Ricardo Cabrisas Ruiz es hoy, si no me equivoco, Vicepresidente del Consejo de Ministros. Y del general Santiago Borges, que se encargaba de la economía y las reservas del MININT cuando lo de Ochoa, qué será. Porque fue él la &#8220;eminencia gris&#8221; detrás de esta opción del trabajo esclavo de los presos. En fecha tan lejana como 1994 la periodista cubana Lissette Bustamante <a href="http://www.penultimosdias.com/wp-content/uploads/2012/05/pagina-3.pdf">denunció en <em>ABC</em></a> que ese señor ofreció a un empresario español &#8220;la posibilidad de convertir un pequeño taller que existía en la cárcel de mujeres &#8216;Nuevo Amanecer&#8217;, en La Habana, en una fábrica de instalaciones para cocinas&#8221;. </p>
<p>PD2: <strong><a href="http://www.cubaencuentro.com/cuba/noticias/ex-funcionario-aporta-datos-sobre-la-posible-participacion-de-presos-cubanos-en-la-fabricacion-de-muebles-de-ikea-276534">Cubaencuentro</a></strong>: Ex funcionario aporta datos sobre la posible participación de presos cubanos en la fabricación de muebles de IKEA.</p>
<p>PD3: El general Santiago Borges Rodríguez fue entre 1990 y 1995 el director de PROVARI (contracción de Producciones Varias), un organismo del MININT que se ocupa de &#8220;rentabilizar&#8221; el trabajo de los presos cubanos. En el 2010 <a href="http://www.cihpress.com/2010/08/reos-utilizados-como-manos-de-obra.html">Hablemos Press denunciaba</a> este negocio, que incumple acuerdos de la Organización Internacional del Trabajo para no utilización de población penal como mano de obra. PROVARI existe todavía, <a href="http://www.guerrillero.cu/index.php?option=com_content&#038;view=article&#038;id=8097:variedad-y-calidad-binomio-de-provari&#038;catid=40:variados&#038;Itemid=60">según parece</a>.</p>
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		<title>Batistianos (y nostalgias)</title>
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		<pubDate>Tue, 08 May 2012 19:11:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Carlos Castillón</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Es curioso, después de veinte años de residir allí, no recuerdo apenas batistianos en Miami. Debía de haberlos porque la noche de fin de año, cuando el General se fue de la Isla, quienes lo acompañaron estuvieron entre los primeros exilados del castrismo. Y de hecho conocí y traté mínimamente a tres o cuatro. Quiero...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.penultimosdias.com/wp-content/uploads/2012/05/abril-1958.jpeg"><img src="http://www.penultimosdias.com/wp-content/uploads/2012/05/abril-1958.jpeg" alt="" title="abril 1958" width="450" height="301" class="alignnone size-full wp-image-64332" /></a></p>
<p>Es curioso, después de veinte años de residir allí, no recuerdo apenas batistianos en Miami. Debía de haberlos porque la noche de fin de año, cuando el General se fue de la Isla, quienes lo acompañaron estuvieron entre los primeros exilados del castrismo. Y de hecho conocí y traté mínimamente a tres o cuatro. Quiero decir, a tres o cuatro batistianos, no a tres o cuatro acompañantes de Batista, aquella noche de fin de año y tantas otras cosas. Y recuerdo vagamente haber oído historias de peleas entre los primeros batistianos que siguieron al General y los primeros exilados cubanos de Miami, que estaban allí &#8212;y mucha gente lo olvida&#8212; porque habían huido de Batista. Algo sé también de las diferencias entre estos primeros exiliados anticastristas y otros posteriores, auténticos, ortodoxos, apolíticos o… ¿qué grupo no se ha ido al exilio? Recuerdo incluso haber visto a algunos viejos ortodoxos desfilar (escoba incluida) en las concentraciones anticastristas a las que acudí, mayores en edad, menores en número, con respecto a otros grupos, por ejemplo la Fundación. Pero no recuerdo haber visto batistianos organizados en esas concentraciones. Siempre fueron piezas sueltas en el mosaico del exilio cubano.</p>
<p>Llegué a Miami como muchos de los españoles de mi generación, ignorante de que entre los partidarios de Batista y los de Fidel había una inmensa mayoría de cubanos que estuvieron en contra de ambos. A pesar de toda la prosopopeya verbosa sobre la Madre Patria que pueda leerse al respecto, los españoles de mi generación sabíamos de Cuba tan poco como cualquier norteamericano de North Carolina o Delaware. Para muchos españoles, de forma simplista, Batista era como Franco &#8212;aunque Batista hubiera sido antifranquista en tiempos de la Guerra Civil, por lo cual Franco nunca le permitió instalarse en España&#8212;, de la misma manera que Fidel nos parecía el anti-Franco por excelencia &#8212;a pesar de que Franco nunca retirase ningún embajador de La Habana y se burlara del embargo norteamericano.</p>
<p>La primera batistiana que conocí, y la única que traté de forma regular, fue mi casera, a la que en su día dediqué <a href="http://www.penultimosdias.com/2010/02/15/necrologicas-comunes/">una columna</a>. Una mujer de tierra adentro que asimilaba la pobreza y el hambre con los tiempos de Machado, en los que le había tocado crecer, y los tiempos de Fidel, en los que había visto a miembros de su familia ser encarcelados y perseguidos por el nuevo régimen. Por el contrario, vinculaba la prosperidad, duramente ganada día a día, con los años de Batista. Dudo que mi casera hiciera grandes análisis políticos y para ella Batista fue sinónimo primero del fin del descontrol que sucedió a la expulsión de Machado en los años treinta y después de aquel tiempo de bonanza azucarera en que Cuba permaneció al margen de la Guerra Mundial y el país, bien que mal, creció y prosperó de forma quizás injusta y desigual (pero ¿cuándo había crecido de otra manera la Isla tal y como ella la conocía?). De alguna manera, todas esas diferencias entre el primer Batista, progresista, amigo de Alicia Alonso y elogiado por Neruda, y el segundo Batista, el del golpe, se perdían para ella. Para ella tan Batista era el que había tomado el poder y acabado con los tiroteos entre &#8220;abecedarios&#8221; y comunistas en 1933, o el que había acabado con la violencia <em>bonchista</em> en 1952. Para ella Batista era el político que la había dejado trabajar en paz &#8212;y a un político no se le podía pedir nada más.</p>
<p>Mi casera nunca pasó por mi lugar de empleo, donde se hubiera podido pelear con María, mi primera compañera de trabajo en la librería en que estuve empleado, que sí militó contra Batista desde las filas del “Veintiséis”. En la célula del Vedado, para ser más exacto. Sin embargo, María se llevaba bien con Rubén, el hijo de Batista y con Guillermo de Zéndegui, que “fue batistiano pero es una persona decente y culta”.</p>
<p>En realidad era difícil llevarse mal con el hijo de Batista porque era un hombre amable, honrado y generoso, que nunca heredó las ambiciones políticas de su padre, de la misma manera que nunca trató de excusar sus errores. Rubén Fulgencio Batista era tranquilo y educado. Compraba regularmente los libros que aparecían sobre su padre, incluso cuando hablaban mal del mismo. Recuerdo que <em>República angelical</em>, un libro publicado en Cuba por Rolando Rodríguez, le pareció, en su descripción de &#8220;la rebelión de los sargentos&#8221;, objetivo y bien informado a pesar de la inclinación izquierdista del autor. Una vez estuvo a punto de coincidir con la &#8220;hija rebelde&#8221; de Fidel en la tienda. Es lo que tiene estar en una librería en una ciudad en la que apenas hay librerías.</p>
<p>A Guillermo de Zéndegui le traté como cliente durante años. Publicó un libro en la editorial donde yo trabajaba, y distribuyó con nosotros su libro sobre La Habana, en realidad el catálogo que hizo para una exposición sobre la Habana del Museo Cubano de Arte y Cultura de Miami. Zéndegui era un señor a la antigua, vestido correctamente (de corbata) incluso dentro del largo verano miamiense. Estuve demasiados años en aquel trabajo y a la larga desarrollé con él la suficiente confianza como para repetirle un chiste que habían hecho a expensas suyas y de Batista: “¿Conoce usted la historia que cuentan sobre usted y Batista?” &#8212;le pregunté un día que la tienda estaba vacía. A nadie en Miami le gusta ese comienzo de conversación, pero él fue lo bastante amable como para oírme hasta el final. Era un chiste viejo en el que Zéndegui recorría una exposición de arte moderno en La Habana, asesorando en voz baja a Batista, indicándole qué decir ante cada pieza, hasta que llegan frente a un retrato abstracto, y Zéndegui susurrando, le indica, “Qué cara, qué gesto,” y Batista, en voz alta repite “¿Qué carajo es esto?” Tras un momento de duda, realmente breve, Zéndegui se echo a reír y me dijo: “¿De verdad cuentan eso de nosotros? Chico, los cubanos somos del diablo…” Aunque es posible que Zéndegui sí hubiera dado más de un consejo de arte a Batista a juzgar por <a href="http://www.moas.org/cuban%20art.html">la colección que éste dejó en Daytona</a>, y que incluye piezas de Víctor Manuel, Amelia Peláez, Mario Carreño, René Portocarrero y Daniel Serra-Badué, entre otros. </p>
<p>Mi otro &#8220;batistiano&#8221; fue el <em>security</em> del banco en el que cambiaba mi cheque. Un señor ya mayor, acumulando sus últimos años de trabajo en espera del Medicare y el Medicaid. Trabajaba para la agencia de Ventura y llevaba en la mano un gran anillo con una cabeza de indio. (Lo cual era en homenaje precisamente a Batista, que era oriental, y al que algunos llamaron &#8220;el Indio&#8221;, pero también un recordatorio del raro sincretismo aparecido a principios del siglo XX entre espiritismo cardekiano y algunas formas de la santería cubana). Nunca se lo pregunté, pero si fue policía en La Habana seguro que estuvo en la Quinta Estación. Yo iba a deshoras, cuando aquello estaba medio vacío y a veces tomé con él una de esas <em>coladas</em> regeneradoras que todavía extraño.</p>
<p>¿Alguien más? ¿Alguien más &#8212;que además dicte la política del exilio? No. Al menos en el Miami que yo recuerdo. Pero reconozco que puede existir más de un Miami y que el mío no es el único posible. No constato ninguna resurrección del batistato en el exilio, más allá de los artículos provocadores, y siempre inteligentísimos, de Néstor Díaz de Villegas.</p>
<p>Todo esto viene a cuento ante <a href="http://elpais.com/elpais/2012/04/24/opinion/1335266262_858634.html">la supuesta nostalgia histórica de Batista</a>, que no ha traído consigo ni la reaparición del Partido Acción Progresista &#8212;sí, ese era el nombre del partido del &#8220;Hombre&#8221;&#8212;, ni nada parecido a un manifiesto. Al parecer el General, en realidad suboficial taquígrafo del ejército, ha resucitado en alas de una nostalgia más vital que política, que lo identifica menos con su política que con su glamoroso escenario: la Habana anterior a la revolución castrista, con unos años de progreso que hubieran sido iguales bajo cualquier otro gobierno, ortodoxo o auténtico, que hubiera dejado en paz a la clase comercial cubana, pero que coincidieron en el tiempo con su segundo periodo.</p>
<p>El gran fallo de los &#8220;hombres fuertes&#8221; cubanos es no saber retirarse a tiempo. Si Machado no se hubiera hecho reelegir a despecho de la Constitución, serían muchos los que lo recordarían como el mejor constructor de Cuba; si Fidel hubiera convocado elecciones en los años sesenta todo le habría sido perdonado; si Batista no hubiera tomado el poder ilegalmente por segunda vez sería recordado como un dirigente progresista, partidario del New Deal, que aplicó a Cuba las mismas políticas de Franklin D. Roosevelt en Estados Unidos. Se discuten ahora las diferencias entre el primer Batista que tomó el poder en los años treinta, progresista, amigo de la Norteamérica del New Deal, legalizador del Partido Comunista, que incluso sentó a un comunista entre sus ministros (a uno que, todos lo sabemos, después volvió a ser ministro con Fidel) y fue homenajeado por buena parte de los intelectuales de la isla; y un segundo Batista que tomó el poder el 10 de marzo, más gordo, más rapaz, más conservador, amigo del senador McCarthy, anticomunista en un país de raros y aburguesados comunistas. Personalmente, no creo que sean tantas.</p>
<p>¿Nostalgia por Batista? Es comprensible que la haya por su época. Porque cuando alguien, incluso un simpatizante de Fidel (o un enemigo de Batista), quiere retratar en la ficción cinematográfica o televisiva, una Habana glamorosa y próspera, o al menos sin ruinas en cada esquina, siempre vuelve a los últimos años del General &#8212;perdón, del sargento taquígrafo devenido General. Por lo que podríamos deducir que la supuesta nostalgia por Batista es en realidad una nostalgia hacia una Habana que construía grandes rascacielos, recibía turismo de lujo, donde los hombres vestían dril cien, se creaba la mejor música bailable del mundo y los carros americanos del año llegaban antes que a muchas ciudades del interior de Estados Unidos. Es el espejo invertido de una prosperidad que el cubano sigue anhelando entre sus ruinas. </p>
<p>¿Nostalgia por Batista? Pues sí. Pero habría que ver en qué consiste exactamente. En la televisión norteamericana se acaba de estrenar <em>Magic City</em>, una serie que juega con la nostalgia del periodo. Es el mismo tipo de nostalgia que provocó que cuando hace diez o doce años se reimprimió la <em>Guía telefónica de La Habana en 1959</em> este libro, de trama insignificante y lectura repetitiva, fuese todo un <em>best seller</em> en Miami. Y lo mismo pudo decirse del ejemplar facsimilar del <em>Libro del Siglo y Cuarto</em> del <em>Diario de la Marina</em>, que un miembro de la familia Rivero decidió reimprimir. Es injusto comparar las dos ediciones, porque en la del <em>Diario de la Marina</em> colaboraron algunos de los mejores periodistas de la Isla, pero en ambas el motivo de la compra fue volver a ver los anuncios, revivir la Habana de finales de los cincuenta. Una ciudad perdida, como bien sabía Cabrera Infante.</p>
<p>¿Cómo no sentirse nostálgico de aquella Cuba? ¿Cómo no asimilarla de alguna manera a su líder? Incluso si lo único bueno que puede decirse de Fulgencio Batista en cuestiones de política económica es que no tuvo ninguna y permitió que el azúcar siguiera en manos de magnates azucareros como Lobo, el tabaco en manos de los tabaqueros y el ron en las manos de Pepín Bosch, porque nuestro &#8220;hombre&#8221; creía que en mejores manos no podían estar.</p>
<p>Nostalgias aparte, creo que Batista no va a volver, como no volverán el traje dril cien, ni los anillos en forma de cabeza de indio ni la década del cincuenta. Lo que sí puede llegar, con otro nombre, con otras formas, es una nueva dictadura, más inteligente que la de Batista o la de Fidel. Una dictadura sin doctrina, sin credos ideológicos que le impidan adaptarse a la realidad. Una dictadura donde el dictador deje de parecerlo por el simple sistema &#8212;que ya Batista conoció y Fidel despreció&#8212; de permitir que la gente se enriquezca, dentro de ciertos límites. El mundo moderno ya conoce otros países en los que hay capitalismo sin liberalismo, capitalismo sin democracia, e incluso capitalismo con Partido Comunista como único usufructuario del poder (el caso de la República Popular China). Quién sabe si el próximo dictador de Cuba &#8212;que esperemos nunca llegue&#8212; sea lo suficientemente listo como para permitir un destape cubano, un carnaval de todas las ganas de prosperidad acumuladas en estas cinco décadas de socialismo con pachanga y capitalismo (vulgar) con eufemismos. Todo es posible y me temo que serían muchos los que podrían ver ese advenimiento de un dictador que simplemente limitase la política pero liberalizase la economía como una liberación. </p>
<p><strong>Juan Carlos Castillón</strong><br />
Barcelona</p>
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		<title>De la muerte a la muerte</title>
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		<pubDate>Mon, 07 May 2012 09:20:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Orlando Luis Pardo</dc:creator>
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		<category><![CDATA[En Cuba]]></category>
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		<description><![CDATA[Fue una generación muertera. Pusieron por delante su propio cuerpo y, por supuesto, también el cuerpo impropio de los demás: esa masa amorfa, el pueblo o como se le quiera demagógicamente invocar&#8230; En Cuba la acción social, a favor o en contra de nuestra patria tan pétrea, siempre se ha vinculado al gesto patético de...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.penultimosdias.com/wp-content/uploads/2012/05/diazlanz.jpeg"><img src="http://www.penultimosdias.com/wp-content/uploads/2012/05/diazlanz.jpeg" alt="" title="diazlanz" width="450" height="349" class="alignnone size-full wp-image-64257" /></a></p>
<p>Fue una generación muertera. Pusieron por delante su propio cuerpo y, por supuesto, también el cuerpo impropio de los demás: esa masa amorfa, el pueblo o como se le quiera demagógicamente invocar&#8230; En Cuba la acción social, a favor o en contra de nuestra patria tan pétrea, siempre se ha vinculado al gesto patético de perecer.</p>
<p>Un piloto y guerrero mítico cubano, un hombre de revoluciones tomar, Pedro Luis Díaz Lanz, se mató con 81 años en la pobreza atroz de Miami, en una esquina de esa Cuba criminal que nos acompaña a todos hasta el camposanto.</p>
<p>No será ni el primero ni el último (en su familia y en su país hay una sabrosa tradición luctuosa al respecto). Lo mismo historiadores que protagonistas de la historia. Lo mismo machos que mujerongas. Jóvenes o vejestorios. Enfermos terminales o atletas sanos. Locos o cuerdos de remate. En circunstancias oscuras (sospecha de asesinato mafioso o estatal o ambos) o en el medio de la cosa pública (acaso cosa pútrida). Lo cierto es que, después de matar hasta donde nos sea posible matar en vida, tarde o temprano los cubanos cómplicemente nos matamos.</p>
<p>Una generación muertefílica. De mentes en son de muerte. Todo embalado en la discursiva distinguida de la democracia por venir o en la retórica rabiosa de una Revolución retro. Un asco.</p>
<p>Ese es el verdadero mensaje a las nuevas generaciones: mata o mátate antes de que sea tu compatriota prójimo el que te mate.</p>
<p>Por suerte, por azar inexplicable de dios o su ausencia crónica, la mayor parte de esas nuevas generaciones no escucha, no lee, no recuerda ya nada de sus mayores matones. Esa desmemoria es el primer paso hacia una vida verdadera, sin inmolaciones inútiles que cada cual ha manipulado cómplicemente a conveniencia. Ese estado de ignorancia es como un período transitivo hacia la salvación de los cuerpos cubanos, que hace ya bastante nos merecemos un buen rato de placer sin patria, sin sepultureros de prosapia política.</p>
<p>Descanse en paz, Pedro Luis Díaz Lanz y todo un ejército de condenados al cadalso de morir la vida. Yo, desafortunadamente, todavía recuerdo la eufonía terrorífica de tus apellidos en las conversaciones durante las comelatas en familia de mi infancia. Eran los años setenta en una Cuba comunista, rural, rasa y rusificada. Y aquellos vuelos de volantes y anti-aéreas y desembarcos y fusilados y ametrallamientos y la calamidad o el crimen de Camilo y los condenados de La Cabaña y envenenamientos y analfabetos con grados y sabotajes y las boronillas del techo de tablas cayendo sobre la comida cuando la explosión de La Coubre (lo contaba mi mamá, con el mismo entusiasmo con que mi abuelo narraba la debacle del Maine) eran parte de nuestra atroz cotidianidad.</p>
<p>Yo tenía seis o siete años, no más. Y juré que escaparía de semejante parafernalia de puerco con cervecita y cadáveres humanos. Perdónenme, no lo he logrado.</p>
<p><strong>Orlando Luis Pardo</strong><br />
La Habana</p>
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		<pubDate>Sat, 05 May 2012 13:11:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>pd</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Emilio Ichikawa, en su blog: &#8220;El Dr. Finlay, Cuba y los EE UU: Un &#8216;modelo&#8217; de intercambio académico-cultural&#8221;.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Emilio Ichikawa, en <a href="http://eichikawa.com/2012/05/el-dr-finlay-cuba-y-los-eeuu-un-modelo-de-intercambio-academico-cultural.html">su blog</a>: &#8220;El Dr. Finlay, Cuba y los EE UU: Un &#8216;modelo&#8217; de intercambio académico-cultural&#8221;.</p>
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		<pubDate>Sat, 05 May 2012 12:45:01 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[El País: Iván de la Nuez, sobre el &#8220;regreso&#8221; de Batista.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://elpais.com/elpais/2012/04/24/opinion/1335266262_858634.html">El País</a></strong>: Iván de la Nuez, sobre el &#8220;regreso&#8221; de Batista.</p>
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		<title>Rapsodia en plomo</title>
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		<pubDate>Wed, 02 May 2012 10:24:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Magdiel Aspillaga</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Madelaine se había encontrado con muchas personas que decían haber conocido a Camilo Cienfuegos. Entre ellos, Lorenzo, un plomero que fue a arreglarle el baño del piso que rentaba. Lorenzo se jactaba de ser saxofonista y era cierto porque le había dado una tarjeta de muchos colores del bar donde él tocaba los fines de...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.penultimosdias.com/wp-content/uploads/2012/05/camilo.jpeg"><img src="http://www.penultimosdias.com/wp-content/uploads/2012/05/camilo.jpeg" alt="" title="camilo" width="450" height="317" class="alignnone size-full wp-image-64125" /></a></p>
<p>Madelaine se había encontrado con muchas personas que decían haber conocido a Camilo Cienfuegos. Entre ellos, Lorenzo, un plomero que fue a arreglarle el baño del piso que rentaba. Lorenzo se  jactaba de ser saxofonista y era cierto porque le había dado una tarjeta de muchos colores del bar donde él tocaba los fines de semana.</p>
<p>Lorenzo le contó que en aquellos primeros años de la Revolución tocaba su saxofón en un cabaret exclusivo de Guanabo, donde acostumbraba a ir gente de dinero y muchas prostitutas. Una noche, ya avanzada la madrugada, aparecieron cinco convertibles de lujo llenos de rebeldes barbudos vestidos de uniforme verde olivo y se regó entre los presentes el comentario de que allí estaba el comandante Camilo, cosa que sucedió minutos después. Camilo entró, puso su ametralladora sobre la mesa, y enseguida vino un camarero. Varias mujeres iban riendo con él mientras lo besaban por turnos, se hizo silencio y todos los presentes se pusieron de pie y aplaudieron a Camilo, al &#8220;Señor de la Vanguardia&#8221; que honraba aquel lujurioso cabaret con su presencia, entonces la banda comenzó a tocar más fuerte que de costumbre y Lorenzo se quedó atrás luciendo los talentos que poseía con su instrumento. Hubo un descanso en que se le acercó a Lorenzo uno de los barbudos que acompañaba a Camilo y le dijo que debía acompañarlos. El músico le explicó que aún no terminaba su función, pero el barbudo enojado le dijo que eran órdenes directas del comandante Camilo, que tenía que irse con ellos si no quería pasarla mal. Lorenzo continuaba narrando en lo que cambiaba el tubo del inodoro como sintió mucho miedo cuando lo montaron en uno de los convertibles donde casi lo llevaban encañonado, eran seguidos por el auto de Camilo quien iba tomando de su botella y besando desenfrenadamente a todas las mujeres que lo acompañaban llenas de lentejuelas y vestidos ajustados.</p>
<p>Avanzaron buen tramo en la remota noche, su mente comenzó a pensar mil cosas de una manera muy rápida, estaba seguro de que lo habían confundido con alguien, que estaban en un error y aunque trató de expresarlo la respuesta venía envuelta en la amenazadora mirilla de un arma. En aquellos primeros meses de la revolución ser fusilado por sospechas de contrarrevolucionario no era nada raro. En medio del miedo, las dudas y lo surreal de la noche, llegaron a un lugar apartado en medio de una desierta carretera y comenzaron a avanzar monte adentro. Camilo y las mujeres, que no paraban de reír, iban detrás. Lorenzo estaba seguro de que había llegado su hora, poco antes estaba en el escenario club tocando su saxofón de y ahora dispuesto a pagar por algo que no hizo. Se detuvieron en un monte lleno de árboles y le dijeron a Lorenzo que caminara un tramo hasta alejarse del grupo. Lorenzo sentía que Camilo se paraba frente a el y rastrillaba su ametralladora.</p>
<p>¡Saca tu instrumento muchacho! &#8212;le dijo uno de los barbudos&#8212; ¡Dale!</p>
<p> Lorenzo muerto de miedo y nervios ensambló su saxofón.</p>
<p>&#8212;¡Ahora toca, toca! &#8212;le volvió a decir.</p>
<p>Y comenzó Lorenzo a tocar en entrecortados soplos su saxo seguro que era la última vez que lo hacía.</p>
<p> Una ráfaga eléctrica cruzó a su lado, los plomos encendidos alumbraban la manigua creando centelleantes caminos en la noche. Camilo disparaba con su ametralladora a la nada mientras reía desaforadamente:</p>
<p>&#8212; ¡No pares de tocar hasta que el comandante diga! ¡No pares!</p>
<p>Y seguía Lorenzo con su saxo convencido de que era el mejor músico sobre la tierra que hasta el mismo comandante Camilo Cienfuegos lo había buscado para que le tocara en lo que el lanzaba las  valientes y únicas ráfagas de su ametralladora al cielo en medio de un alocado rapto. “Rapsodia en plomo” podría llamarse su pieza, de pronto en un arpergio raro se detuvo todo.</p>
<p>Regresaron en silencio, a él lo dejaron en una parada de ómnibus en las afueras de Santa María.</p>
<p>&#8212; Es que el comandante cuando estaba en la Sierra soñó que estaba disparando mientras alguien tocaba el saxofón &#8212;le dijo al regreso el mismo guardia que lo amenazó dándole unas palmaditas en la espalda.  &#8212;Tranquilo y no le cuente nada a nadie, ya sabe.</p>
<p>Y Lorenzo asintió muy frío y tranquilo, como sacado de un profundo accidente.</p>
<p>Madelaine quedó dormida y soñó que su avión caía al mar.</p>
<p><strong>Magdiel Aspillaga</strong><br />
Miami</p>
<p>© Este fragmento pertenece al libro inédito REQUIEM EN BETA. No puede ser reproducido en ningún otro sitio, salvo con autorización de su autor.</p>
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		<pubDate>Mon, 30 Apr 2012 18:01:29 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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		<description><![CDATA[Vintage Cuban Book Covers (H/T: Julia Cooke).]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://50watts.com/Lizards-Don-t-Eat-Cheese-Vintage-Cuban-Book-Covers">Vintage Cuban Book Covers</a> (H/T: Julia Cooke).</p>
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