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	<title>Penúltimos Días &#187; exilio</title>
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		<pubDate>Sat, 08 Jun 2013 08:08:43 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Martí Noticias: Exiliados cubanos ayudan a ancianos de Colón.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://www.martinoticias.com/content/cubanos-ayuda-desamparados-colon-exilio/23252.html">Martí Noticias</a></strong>: Exiliados cubanos ayudan a ancianos de Colón.</p>
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		<pubDate>Thu, 06 Jun 2013 09:36:16 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[La &#8220;buena vida feliz&#8221; de Adita, reseñada en el blog de Ichikawa.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La &#8220;buena vida feliz&#8221; de Adita, reseñada en <a href="http://eichikawa.com/2013/06/la-buena-vida-feliz-de-adita.html">el blog de Ichikawa</a>.</p>
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		<pubDate>Thu, 30 May 2013 22:17:09 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Diario Las Américas: Balseros cubanos en Bahamas se sellan los labiosen protesta contra golpizas y crueles condiciones de su detención.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://www.diariolasamericas.com/noticia/156852/45/cubanos-en-bahamas-se-sellan-los-labios">Diario Las Américas</a></strong>: Balseros cubanos en Bahamas se sellan los labiosen protesta contra golpizas y crueles condiciones de su detención.</p>
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		<pubDate>Thu, 30 May 2013 09:48:33 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Roberto Madrigal cuestiona el rescate que hace Carlos Velazco de la figura de Esteban Luis Cárdenas.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://rmadrigaldil.blogspot.com.es/2013/05/rescates-culturales-ii.html">Roberto Madrigal</a> cuestiona <a href="http://archdil1.blogspot.com.es/2013/05/esteban-luis-cardenas-pataki.html">el rescate que hace Carlos Velazco</a> de la figura de Esteban Luis Cárdenas.</p>
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		<title>Medio siglo</title>
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		<pubDate>Tue, 28 May 2013 22:15:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rebeca Barroso</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El momento del éxodo lo recuerdo todos los años como el mismo día en que ocurrió. Veo cada detalle, oigo lo que se dijo y se calló, toco en mi mente la mano temblorosa de mi padre que hasta aquel día no sabía que existía, huelo a mi madre y a mi abuela que jamás...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.penultimosdias.com/wp-content/uploads/2013/05/exilio.jpg"><img src="http://www.penultimosdias.com/wp-content/uploads/2013/05/exilio.jpg" alt="exilio" width="450" height="298" class="alignnone size-full wp-image-73862" /></a></p>
<p>El momento del éxodo lo recuerdo todos los años como el mismo día en que ocurrió. Veo cada detalle, oigo lo que se dijo y se calló, toco en mi mente la mano temblorosa de mi padre que hasta aquel día no sabía que existía, huelo a mi madre y a mi abuela que jamás volví a ver, siento de nuevo ese miedo que tendría muy poco tiempo para aprender a superar. Desde aquel momento hasta el presente, mi vida ha consistido en demasiado cortes y pocos empates en una película de largo metraje a medio hacer dirigida por un esquizofrénico.</p>
<p>El aniversario se marca año tras año en un interior que nunca he descubierto cómo exteriorizar, quizás porque hay ciertas heridas que cicatrizan mejor sin luz. Aquel triste día, el primer lunes del mes de marzo de 1962, perdí de golpe no sólo la totalidad de mi niñez e inocencia sino mi sentido de identidad, familia, comunidad y pertenencia en un mundo que dejó de darme protección.</p>
<p>Trato de recordar cómo fue que se llegó a la decisión que culminó en aquel 5 de marzo. La condena de la peregrinación sin habérmela buscado. Cargar con la etiqueta de extranjera por el resto de mis días. El intento eterno de ocultar explicaciones dolorosas a preguntas inocentes. La complicación de no poder responder en breve a la pregunta de dónde soy. La &#8220;salación&#8221; de un pasaporte que indica dónde nací.</p>
<p>¡Qué duro juzgué a mi padre por tantos años! Cuando vine a empezar a captar algo, él ya se había muerto de tristeza. Me imagino a mi padre examinando metódicamente todas las posibilidades para al final aguantar la respiración y lanzarnos hacia un abismo que él anteriormente había rechazado. Calculo que la única opción para mi madre fue la de estar de acuerdo.</p>
<p>Fuera de mis recuerdos he encontrado poco que me ayude a descifrar aquellas primeras semanas y meses del &#8220;exilio histórico&#8221;. No he encontrado la narrativa adecuada para mi visión interna de aquellos tiempos en un Miami sin economía, pero invadido a diario por otros 200 o 300 cubanos. Mi padre pasó hambre y sufrió lo indescriptible. Me aseguraba de vez en cuando, sin él creérselo, que pronto estaríamos con mi mamá.</p>
<p>La soledad y el vacío empezaron a ser los mejores y más seguros amigos en lugar de los queridos primos y tíos que siempre me habían rodeado para disminuir en algo las extrañezas de mi hogar. Los momentos de consentimiento para la hija única se evaporaron. Mi padre empezó a exigirme tragar en seco porque la supervivencia dependía de fortaleza que había que cultivar o por lo menos pretender que existía mientras que uno la forjaba. Aprendí rápido a conformarme con lo que fuera y no pedir ni quejarme de nada. Caminábamos horas para ahorrar los quince centavos que costaba la guagua. Íbamos a ver a cuanta persona pudiera echarle una mano a mi padre, pero las manos en aquellos tiempos estaban vacías. </p>
<p>El Refugio de aquel momento no era el mismo edificio que llegaría a ser un símbolo de algo años más tarde. Acudir a aquel lugar era para mi padre una humillación por encima de todas las otras que sufría a diario &#8212;por no tener ni trabajo, ni recursos, ni familia, ni nada. Tener que buscar allí entre la ropa bien usada qué ponernos, llevarnos algo de comida reciclada del ejército norteamericano y tener que aceptar como ayuda $100 USD mensuales eran vergüenzas indescriptibles dentro del marco de la ética personal de mi padre y su familia de origen.</p>
<p>Por mucho que quiero no puedo descifrar el contenido de las &#8220;diligencias&#8221; casi infinitas que ocupaban las horas y los días de mi padre, que ni dormía ni comía. Para alternar se sentaba en silencio durante horas, mirando intensa y fijamente algo que yo no veía. No me dejaba con nadie y, a pesar de valorar la educación formal, en aquellas primeras semanas en Miami mandarme a una escuela no fue parte de la programación. </p>
<p><em>Mejor irnos de Miami</em> &#8212;decía mi padre, explicando que allí yo no iba aprender un buen inglés y mi español iba a deteriorarse. Una vez que se decidió que tendríamos que irnos &#8220;al Norte&#8221; evitar el sol para blanquearnos lo más posible se convirtió en otra preocupación. Nuestro futuro inmediato se decidió un buen día en el Refugio al final de otra cola larga. Un oficial americano bilingüe y agradable le dio la opción a mi padre de relocalización en Los Ángeles con los episcopales o New Jersey con los presbiterianos. En lo que a mí me parecieron menos de treinta segundos, mi padre optó por New Jersey con los presbiterianos y así selló una buena parte de mi futuro y la totalidad de la vida que le quedaba a él. Quince años más tarde, el Miami tangible que conocí en aquellas primeras semanas había dejado de existir. Otra pérdida irremediable. </p>
<p>New Jersey. Un avión cargado de cubanos asustados en núcleos familiares completos (exceptuando a nosotros) rumbo a algo o la nada. El aeropuerto de Newark hace medio siglo era semejante al aeropuerto de lo que tiene hoy cualquier pueblo grande. Nos instalaron en un apartamento minúsculo y sin teléfono lleno de cosas usadas donadas para &#8220;los refugiados&#8221;. Otro episodio para mi padre en la mezcla de agradecimiento y humillación. </p>
<p>Al fin: ¡trabajo! en una fábrica a más de media hora de distancia por guagua y el turno de la noche. No se quejó: más íntegro y digno trabajar haciendo cualquier cosa que depender de la caridad del prójimo. Adaptación para un hombre que frisaba los cincuenta años sin la menor aptitud mecánica y sin haber hecho nunca ningún tipo de trabajo manual. </p>
<p>El regreso a la escuela&#8230; En aquel pueblito hasta ese momento no habían lidiado con un niño extranjero. El primer día me dieron un examen escrito para determinar mi inteligencia y el inglés que había aprendido con Miss Neska no dio para mucho. Me atrasaron un año y caí en el aula de los no muy inteligentes. Los adolescentes no son muy caritativos con los que no son miembros de su tribu y lo que me tocó no fue la excepción. </p>
<p>Cuando me iba para la escuela por la mañana, mi padre regresaba del trabajo. Por la noche, cuando estaba por acostarme a dormir, mi padre se iba para la fábrica. Si estaba horrorizado de dejarme sola noche tras noche en un lugar desconocido sin recursos para auxilio, no me lo demostró. A mí se me asignó no tener miedo porque no se permitía. </p>
<p>Un par de meses más tarde, mi madre llegó y todo empezó a mejorar. Mi madre era un ser mucho más suave, adaptable, hacendosa por esencia y no se abrumaba por lo que faltaba. Semanas más tarde, mi padre consiguió un trabajo como contador y pudo dejar de trabajar en la fábrica a cambio de un viaje más largo y complicado que le añadía tres horas a cada día laboral. El distrito escolar donde vivíamos tenía las mejores escuelas públicas de la zona y por lo tanto mudarse más cerca del trabajo de mi padre no era una opción dentro de la meta de mi adaptación. Este sacrificio no lo capté hasta años después de que fallecieran mis padres.</p>
<p>Mi supervivencia en un futuro incierto, peligroso y cruel se convirtió en el desvelo de mi padre. Todavía me parece oír sus advertencias convertidas en lemas para impulsarme a aprender, competir, superar y lograr: </p>
<p>&#8220;Aquí o te los comes o te comen&#8221;&#8230; </p>
<p>&#8220;Lo único que nadie te puede quitar es la persona que tú desarrollas dentro de ti misma&#8221;&#8230; </p>
<p>&#8220;Eres ya demasiado grande y siempre tu inglés tendrá un acento que te marcará como extranjera&#8230; tienes que desarrollar un vocabulario tan impresionante que nunca nadie se atreverá a discriminarte&#8221;. </p>
<p>Pasé un par de años muda en la escuela. No tenía nadie con quien hablar español fuera de mis padres. Los maestros se referían a mí como &#8220;la extranjera&#8221; y enfocaban mi educación como un proyecto experimental. Los muchachos se burlaban de mí la mayoría del tiempo y cuando me ignoraban yo consideraba que casi me estaban tratando bien. Al final del noveno grado, nos pusieron un surtido de exámenes de inteligencia y conocimientos generales. De un día a otro, pasé de ser considerada algo un poquito más adelantado que una retrasada mental al grupo de los más avanzados de mi clase. ¡Mis compañeros de ambos grupos nunca me lo perdonaron!</p>
<p>Mientras tanto, aunque a los otros adolescentes se les permitía o por lo menos se les toleraba las idioteces que acompañan la edad, a mí no se me permitía ninguna actividad extracurricular fuera de estudiar. Mi padre exigía que me adaptara al mismo tiempo que quería amarrarme de pies y manos a aquellas partes de lo cubano que él juzgaba como superior: ¡la imposibilidad más monumental de las imposibilidades que me rodeaban!</p>
<p>Listas interminables de palabras por aprender. Cada palabra se buscaba primero en el diccionario, se escribía diez veces, y se terminaba usándola en una oración. Sin educación, mi futuro, de acuerdo con mi padre, sería tétrico. No había dinero para costear mi educación universitaria y las únicas becas que existían no tomaban en cuenta mis desventajas.</p>
<p>Aprendí el vocabulario y la gramática hasta poder superar a los más aventajados, competí contra mis compañeros que no necesitaban de las becas sin las cuales yo no podría continuar mis  estudios, superé los obstáculos dentro y fuera de mi hogar, y logré entrar a la universidad con becas que cubrieran todos mis gastos justo cinco años después de haber cruzado el charco. Mi segundo idioma se había convertido en algún momento en mi mejor idioma. En otro momento impreciso mi metamorfosis sociocultural se había consumado: exteriormente parecía más norteamericana que cubana. </p>
<p>Salí de la casa de mis padres y me incorporé a un mundo totalmente norteamericano aún más lejos de la diáspora cubana. Con dieciocho años, traté de dejar atrás mis raíces amargas y olvidarme lo más posible de lo que me diferenciaba de quienes me rodeaban. Todo lo que me ataba a mi cultura de origen dolía, ardía y no lo entendía. Traté pasar como miembro del montón y a veces casi lo logré. Durante mucho tiempo logré permanecer anestesiada. Me dediqué a cultivar mi vida externa sin mirar mucho hacia dentro. Durante años de años opté por usar el español lo menos posible. El tema de Cuba y lo cubano me hacía sentir extremadamente incómoda y &#8212;viviendo bien &#8220;al Norte&#8221;&#8212; logré evitarlo.</p>
<p>Las diferentes décadas de la vida que he forjado han tenido sus propios temas. Estudié, me incorporé a la contracultura de los sesenta, volví loca a mis padres, me casé, tuve un hijo, me divorcié, mi padre falleció, me volví a casar, tuve una hija, estudié un poco más, me volví a divorciar, trabajé a veces haciendo cosas que cuadraban con mi educación y otras no, volví a estudiar, mi madre falleció, seguí estudiando&#8230; Al final, logré todo lo que mi padre se había propuesto y quizás hasta un poco más.</p>
<p>El regreso al terruño también fue traumático. Aquello parecía una película extranjera con subtítulos en un idioma desconocido. Lo que yo podía entender de lo que estaba viendo era mucho menos de aquello que me resultaba totalmente ajeno. La discriminación contra mí en el lugar donde había nacido fue inesperada y penetrante. Podía ver pero no tocar: como las vidrieras cuando era niña. Me percaté de que mucho de lo que hasta ese momento creía que era mi &#8220;personalidad&#8221; tenía mucho más que ver con mi cultura de origen. Cuarenta años más tarde, todos mis tíos, exceptuando a uno, habían ya fallecido o estaban muertos en vida. Mis primos seguían siendo mis queridos primos de nuestra niñez pero todos nuestros puntos de referencia se encontraban en el pasado sin presente ni futuro. Los senderos se habían bifurcado demasiado.</p>
<p>Medio siglo después no sé si me llevaron o me fui, me trajeron o llegué. La dualidad consume la totalidad de lo que he sido y soy. La distancia entre lo que gané y lo que perdí no se puede medir. Me ha tocado vivir dentro de un capítulo de una de las recurrentes tragedias humanas. Rehúso ser víctima y por lo tanto también excluyo a los verdugos como parte de mi historia. Soy extranjera, pero en mi ámbito nadie me discrimina. Hay veces que puedo pensar en dos idiomas, pero cuando me aturdo no me salen palabras ni en un idioma ni en el otro. Me cuesta trabajo leer y escribir en español. No pudiera haber escrito esto sin la ayuda de un diccionario grueso. No pertenezco ni a Miami ni a La Habana ni a Cárdenas donde nací. La rara vez que me doy el lujo de &#8220;sentir en cubano&#8221;, lloro. Puedo vivir sin el español con mucha más facilidad que sin el inglés. Aunque lo disfruto cuando lo tengo presente, no extraño ni la comida ni la música y mucho menos la algarabía del cubano. No se me olvida que soy cubana, pero hay veces que pasan días y hasta semanas sin percatarme de ello. Paso largos periodos de tiempo sin ver a ningún cubano y no lo extraño. No añoro vivir en Cuba ni en ninguno de los enclaves de la diáspora. </p>
<p>Fuera de mi trabajo como profesional, mis hijos adultos y nietos son el enfoque principal de mi vida. Soy la matriarca de una familia diminuta de la que fue hace medio siglo una familia grande en otro planeta. Mis hijos no hablan español ni se definen como cubanos, pero les gusta tanto la comida como la música cubana. Sin darse cuenta, viven muchos de los valores de la cultura cubana y de mi familia en particular. </p>
<p>Estoy satisfecha con la vida que he logrado. Agradezco la riqueza de lo intangible que mis padres me dieron en abundancia. Tengo muy buenas amistades que son como familia. Mi trabajo me llena. La trayectoria y la tristeza infinita de esta familia cubana que se convirtió en cubano-americana se acaban conmigo. El aislamiento, el silencio y la soledad me dan amparo. Cuando me muera, pido que lleven mis cenizas a Cárdenas donde mi apellido significa algo.</p>
<p><strong>Rebeca Barroso</strong><br />
Minnesota</p>
<p><em>Foto: José Alberto Figueroa</em></p>
<p><em>* Este testimonio quiere ser el primero de una serie de experiencias de exilio, narradas por personas comunes, que de otra manera quedarían archivadas en el anonimato. Ojalá los lectores que llevan años fuera de Cuba se animen a enviarnos sus relatos a ehbusto@gmail.com.</em></p>
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		<pubDate>Tue, 28 May 2013 10:13:47 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[El Mundo: Un estudio de Alejandro Portes muestra la progresiva polarización económica del exilio cubano en Miami: &#8220;Han pasado a ser un grupo (de inmigrantes) latinoamericano cualquiera&#8221;.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://www.elmundo.es/america/2013/05/24/estados_unidos/1369417636.html">El Mundo</a></strong>: Un estudio de Alejandro Portes muestra la progresiva polarización económica del exilio cubano en Miami: &#8220;Han pasado a ser un grupo (de inmigrantes) latinoamericano cualquiera&#8221;. </p>
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		<pubDate>Fri, 10 May 2013 13:10:19 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Diario de Cuba: Berta Soler y Gloria Estefan conmemorarán el 20 de mayo en la Torre de la Libertad.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://www.diariodecuba.com/cuba/1368177694_3188.html">Diario de Cuba</a></strong>: Berta Soler y Gloria Estefan conmemorarán el 20 de mayo en la Torre de la Libertad.</p>
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		<title>Mi padre y Berlín</title>
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		<pubDate>Thu, 09 May 2013 16:22:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Yoani Sánchez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Un tren retumba a través de la ventana. En Berlin siempre hay un tren que suena en algún lugar. Me asomo y veo una realidad bien diferente a la que observó mi padre en aquel 1984 cuando llegó por primera vez a esta ciudad. Maquinista de trenes, había ganado &#8212;a golpe de horas voluntarias y...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.penultimosdias.com/wp-content/uploads/2013/05/muro.jpg"><img src="http://www.penultimosdias.com/wp-content/uploads/2013/05/muro-450x302.jpg" alt="muro" width="450" height="302" class="alignnone size-medium wp-image-73517" /></a></p>
<p>Un tren retumba a través de la ventana. En Berlin siempre hay un tren que suena en algún lugar. Me asomo y veo una realidad bien diferente a la que observó mi padre en aquel 1984 cuando llegó por primera vez a esta ciudad. Maquinista de trenes, había ganado &#8212;a golpe de horas voluntarias y mucho trabajo&#8212; un viaje al futuro. Sí, porque en aquella época la RDA era el horizonte al que muchos cubanos aspiraban a acercarse algún día. Así que a aquel hombre de la locomotora y las mano llenas de grasa, le dieron también un bono para que comprara algo de ropa antes de su salida a Europa. Le tocó un juego de chaqueta y pantalón, además una maleta inmesa en la que mi hermana y yo jugábamos a escondernos. Llegó a Alemania del Este en pleno invierno y se quedó solo dos semanas en una visita guiada, cuyo objetivo principal era demostrarle a los afortunados viajeros las ventajas de aquel modelo. Y mi padre regresó convencido.</p>
<p>En el aeropuerto, a la vuelta, venía con una sonrisa de oreja a oreja y con una bolsa de mano. En el interior un par de zapatos para cada una de sus hijas, que resultaron ser la mejor posesión alcanzada en aquel viaje. Eso y los recuerdos. Durante décadas nos ha estado contando su estancia en la RDA. Agregando detalles cada vez, hasta convertirla en casi una leyenda familiar que debemos oír al reunirnos para alguna conmemoración. A la luz de hoy el asombro de aquel maquinista se resumen en el hecho de que en Berlín había podido sentarse en una cafetería y pedir algo para beber sin hacer una larga cola, le había comprado unos regalos a sus pequeñas sin mostrar una libreta de productos racionados y logró darse una ducha de agua caliente en el hotel donde estuvo hospedado. Estaba sorprendido ante cada pequeña cosa.</p>
<p>Ahora soy yo la que estoy en Berlin. Pensando en que mi padre no reconocería esta ciudad, no alcanzaría a conciliarla con aquella otra que él visitó en un año tan orwelliano como su número lo indicaba. Del muro que la dividía en dos solo queda un trozo museable pintado por varios artistas; el hotel donde él estuvo probablemente se demolió y el nombre de la mujer que le traducía y lo vigilaba &#8212;para que no escapara hacia Occidente&#8212; no aparece en la guía telefónica. La maleta tampoco existe más, los zapatos nos duraron sólo un curso escolar y las fotos de tono rojizo que se tomó en la AlexanderPlatz ya están tan manoseadas que ni se ven. Sin embargo, estoy segura que al regreso mi padre intentará explicarme Berlín, decirme cómo entró a una panadería y logró comerse una empanada sin presentar la cartilla de racionamiento. Me reiré y le daré la razón, hay sueños que después de tanto tiempo no vale la pena romper.</p>
<p><strong>Yoani Sánchez</strong></p>
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		<pubDate>Mon, 06 May 2013 16:27:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>pd</dc:creator>
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		<description><![CDATA[AP, sobre la campaña &#8220;Por otra Cuba&#8221; y la presentación de Estado de SATS en Miami.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://www.washingtonpost.com/entertainment/through-posters-by-artists-in-cuba-and-abroad-a-dialogue-about-the-islands-future/2013/05/05/c4bb3b5c-b5bc-11e2-b568-6917f6ac6d9d_story.html">AP</a></strong>, sobre la campaña &#8220;Por otra Cuba&#8221; y la presentación de Estado de SATS en Miami.</p>
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		<pubDate>Sun, 05 May 2013 10:31:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>pd</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En ENH, Roland J. Behar sobre la presentación de Antonio Rodiles en Miami: Rodiles sostiene que la historia ha demostrado que el gobierno cubano siempre ha utilizado los fondos disponibles para cualquier propósito, menos para el mejoramiento de la calidad de vida de la población, ni el desarrollo del país. Rodiles recordó que en la...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En <strong><a href="http://www.elnuevoherald.com/2013/05/03/1468833/roland-j-behar-estamos-en-sats.html">ENH</a></strong>, Roland J. Behar sobre la presentación de Antonio Rodiles en Miami:</p>
<blockquote><p>
Rodiles sostiene que la historia ha demostrado que el gobierno cubano siempre ha utilizado los fondos disponibles para cualquier propósito, menos para el mejoramiento de la calidad de vida de la población, ni el desarrollo del país. Rodiles recordó que en la era del subsidio soviético, este se empleó en la subversión en todo el orbe y no en crear una base industrial y productiva. También anotó que fue en los 90, luego de la desaparición de la URSS, que el embargo realmente tuvo algún efecto, que se reflejó en concesiones que, ni aún hoy en esta época de “aperturas” existen y que, tan pronto Chávez comenzó a cooperar, dichas “aperturas” fueron eliminadas culminando en la horrible Primavera Negra del 2003. Mandó un mensaje muy claro a los que desde la comodidad de Miami abogan y coinciden con el gobierno cubano en que se relajen las medidas económicas contra el gobierno de Cuba, señalándoles su responsabilidad en que una vez que dicho gobierno vuelva a sentirse económicamente estable lo primero que hará será encarcelar a todos los que se le oponen.</p></blockquote>
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		<title>El reencuentro</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Apr 2013 09:42:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Yoani Sánchez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El jueves pasado he estado en La Habana, aunque sin moverme de Madrid. Gracias a la guitarra de Boris Larramendi me di un saltico por la Isla. Un breve –pero intenso- regreso, sólo a golpe de acordes y de buena música. En un local de la capital española nos encontramos un grupo de amigos, algunos...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><iframe width="450" height="253" src="http://www.youtube.com/embed/qWKrCPn2iXI" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>
<p>El jueves pasado he estado en La Habana, aunque sin moverme de Madrid. Gracias a la guitarra de Boris Larramendi me di un saltico por la Isla. Un breve –pero intenso- regreso, sólo a golpe de acordes y de buena música. En un local de la capital española nos encontramos un grupo de amigos, algunos graduados de la Facultad de Artes y Letras, pero también antiguos asistentes a cuanta peña musical existió en los años noventa en Cuba. Me sentí como en casa, pues justo en la sala de nuestro apartamento tuvimos una de aquellas tertulias que antenoche hemos recordado. Evocamos nuestra infusión de caña santa y ese poco de azúcar con el que recuperábamos las energías después de subir las bicicletas 14 pisos por la escaleras. Pero sobre todo hemos rememorado las buenas canciones que se escuchaban allí, el espacio de libertad que lográbamos crear al menos por unas horas.</p>
<p>Más allá de los estribillos y el arroz con frijoles, disfruté especialmente el reencuentro con estos compatriotas. Muchos de ellos tratan todavía de abrirse camino en una España azotada por la crisis económica y los cuestionamientos políticos. Algunos desempleados, otros ilegales, varios con hijos nacidos aquí que no conocen el país de sus padres; todos pendientes de lo que ocurre en Cuba. Boris cantó hasta quedarse ronco, las palmas de las manos se nos enrojecieron por acompañarlo con aplausos y &#8212;ya pasada la medianoche&#8212; el humor brotó, los chistes nos acompañaron.</p>
<p>En una pared un televisor mostraba imágenes grabadas en las calles habaneras. El malecón y la esquina de 23 y L, quedaban como fondo audiovisual que acompañaba nuestra “guaracha” improvisada alrededor de dos mesas. En un momento me percaté que aquella grabación que pasaba en la pantalla era de una cámara de seguridad policial. De manera que allí estaba aquel material de vigilancia filtrado y convertido en mero video de divertimento en un espacio recreativo. La banalización del ojo oficial; el control convertido en frívolo reporte de la cotidianidad. Pero ni siquiera eso nos distrajo de lo más importante que estaba ocurriendo en aquella sala: la confluencia. Estábamos encontrando el punto en común después de una larga travesía y de una prolongada separación. Éramos más libres que en cualquier tertulia habanera y no obstante seguíamos siendo el fruto de todas aquellas tertulias habaneras. Bendito pasado que nos ha esperado en este mañana.</p>
<p><strong>Yoani Sánchez</strong><br />
desde Madrid</p>
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		<pubDate>Sun, 21 Apr 2013 15:06:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>pd</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El súper cumple 35 años, y lo reestrenan el día 26 en Miami. Myriam Márquez, en The Miami Herald, recuerda la aventura de la primera película independiente hecha por exiliados cubanos.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>El súper</em> <a href="http://www.ivandelanuez.org/?p=2650">cumple 35 años</a>, y lo reestrenan <a href="http://www.elsuperthefilm.com/">el día 26 en Miami</a>. Myriam Márquez, en <strong><a href="http://www.miamiherald.com/2013/04/21/3356267/el-super-explains-cuban-exiles.html">The Miami Herald</a></strong>, recuerda la aventura de la primera película independiente hecha por exiliados cubanos.</p>
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		<pubDate>Sun, 21 Apr 2013 14:59:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>pd</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Wilfredo Cancio en Café Fuerte: Historia inconclusa: Perfil del nuevo estafador cubano en Miami.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Wilfredo Cancio en <strong><a href="http://cafefuerte.com/miami/noticias-de-miami/sociedad/2787-historia-inconclusa-perfil-del-nuevo-estafador-cubano-en-miami">Café Fuerte</a></strong>: Historia inconclusa: Perfil del nuevo estafador cubano en Miami.</p>
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		<title>Venganzas del hambre</title>
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		<pubDate>Sun, 21 Apr 2013 14:35:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Armando Valdés-Zamora</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El sol hace huir de sus propias sombras a las palomas que merodean por la terraza del restaurante. Creí por un momento que vendrían a comer migajas dispersas entre mis pies, pero no es así: todavía no he empezado a cortar las rebanadas del pan que me ha puesto el camarero para darme tiempo de...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.penultimosdias.com/wp-content/uploads/2013/04/Hambre.jpg"><img src="http://www.penultimosdias.com/wp-content/uploads/2013/04/Hambre.jpg" alt="Hambre" width="450" height="338" class="alignnone size-full wp-image-73201" /></a></p>
<p>El sol hace huir de sus propias sombras a las palomas que merodean por la terraza del restaurante. Creí por un momento  que vendrían a comer migajas dispersas entre mis pies, pero no es así: todavía no he empezado a cortar las rebanadas del pan que me ha puesto el camarero para darme tiempo de elegir qué voy a almorzar.</p>
<p>La carta es extensa y con complicados títulos de platos que muchas veces &#8212;los estudiantes de mis cursos lo saben&#8212; debo traducir al francés: única solución si quiero poder imaginarlos con todos sus aromas ante mí. Al volver a pasarlos al castellano comprendo que algunos platos son los que mencionaba mi madre durante mi infancia. Mi madre, cocinera durante años de un asilo de monjas españolas en Marianao, que se derrumbó de tanta ruina a fines de siglo.</p>
<p>He comenzado a beber una sangría con hielo y hojeo el periódico <em>El País</em> con mis lentes de lectura, a pesar de que preferiría ajustarme unas gafas oscuras de tanto resplandor. En París esta primavera hasta hemos tenido nieve. Sigo con la vista a grupos de turistas y de endomingados sevillanos que parecen saltar de regocijo entre las plantas del jardín de Catalina de Ribera, por este contundente primer día de legítima primavera.</p>
<p>Temeroso de los efectos de la luz sobre mis ojos, leo varias veces el titular del artículo del periódico para creérmelo. Busco un poco de contención ahora para ser lo más fiel posible a la versión del diario, dice: los rigores que impuso el Período Especial a los cubanos en los años 90, son un modelo a seguir &#8212;según reputados científicos&#8212; para evitar la obesidad e innumerable cantidad de enfermedades. Las cifras, los gráficos, los cálculos y los argumentos no faltan para convencer al lector que suspenda sus comodidades y se imponga una dieta de mendigo.</p>
<p>¿Quiere decir que es conveniente el hambre?, me pregunto. Y me molesta mi absurda perplejidad  porque viví esos años 90 en Cuba, y no va ser un intelectual de laboratorio quien va a venir a convencerme de la utilidad de aquella desesperación.</p>
<p>El camarero vuelve para que pase mi pedido. Dudo. Le pido boquerones fritos como entrada. ¿Qué me recomienda usted como segundo plato?, le pregunto. Me expone una lista y le interrumpo. Me acuerdo de mis dos amigas gallegas de París (Beatriz y Eva), porque he visto un plato en la lista: Pulpo a la gallega, y nunca lo he probado.</p>
<p>(Con el tiempo he ido degustando los platos que antes sólo había visto en las películas, o en elementales libros de enseñanza del español para extranjeros).</p>
<p>Bebiendo a lentos sorbos la sangría helada trato de leer el estudio del British Medical Journal que comenta <em>El País</em>. Se dice que los cubanos en los noventas consumíamos menos calorías que las de otros países occidentales, y por falta de transporte hicimos mucha actividad física. Todo esto provocó que las personas perdieran peso y se redujeran la diabetes y las enfermedades cardiovasculares. Nos ayudó el hambre, la falta de electricidad y de transporte, nos advierten estos masoquistas.</p>
<p>(Por un momento me veo de nuevo escalando en agosto la loma del río Almendares, casi parado por el esfuerzo sobre mi bicicleta china, mientras maldigo con rabia esas torturas cotidianas que, sin saberlo, me libraban del riesgo de infartos y de obesidades).</p>
<p>Widel-Jarlsberg, el narrador de la novela <em>Hambre</em> de Knut Hamsum, cuenta en un pasaje el contraste entre la esplendidez del sol una tarde de verano en Cristianía y los retorcijones de hambre de su estómago. Se entiende: el sol en Oslo debe ser como la nieve en La Habana, pero tener la barriga vacía provoca los mismos efectos en cualquier geografía. Muchas veces en Cuba recordé bajo un sol abrasador este pasaje, y me arrepentí de haberlo leído pasando el Almendares en bicicleta.</p>
<p>El camarero me ha traído los boquerones y lo acompaño (ahora sí) con rebanadas de un pan que se moja de aceite de oliva. A pesar de esto no vienen a mis pies las palomas que ya imagino calcinadas. Parecen mansas esas palomas soleadas. En la Cuba de los noventas (de la cual hablan esos sajones eruditos) no hubieran sobrevivido a unas buenas pedradas y a un caldero, como ocurrió con miles de gatos de La Habana.</p>
<p>Las parejas han venido esta tarde a festejar la víspera de la Feria anual de la ciudad,  y sonrientes beben cerveza bajo los parasoles de color blanco roto. Las veo pasar, a las muchachas, de dos en dos o en breves grupos, siempre bronceadas y con una pulcritud que imagino poseída por ese olor a azahar que viene de los jardines acompañado de algún que otro soplo de brisa.</p>
<p>Cuando me preguntan por qué me fui de Cuba casi siempre respondo que por la falta de almuerzos. Me digo que un país debe evaluarse por la posible calidad de sus almuerzos. Y me doy cuenta que este almuerzo en Sevilla ocupa hoy en realidad el lugar del desayuno.</p>
<p>Esta madrugada he vagado con un mapa hasta el amanecer y me he ido después a dormir al hotel. Atravesé varias veces ese jardín de enfrente, seguí por callejuelas empinadas del barrio de Santa Cruz, y el recuerdo de las luces de la catedral, las sombras de palmeras y  los muros del Alcázar, me permiten imaginar el perfume de las muchachas que pasan sonrientes a mi lado.</p>
<p>Casi sin darme cuenta retomo la lectura del artículo sobre las virtudes del hambre cubana. Veo que nada dicen estos genios de las consecuencias que trajo para muchos de nosotros la carencia de vitaminas, de productos lácteos, incluso de las frutas inexplicablemente desaparecidas por la pésima administración de la agricultura. De la polineuritis que ante el asombro de todos dejaba inválida a personas hasta entonces normales. Mucho menos de la falta de higiene, de agua, y los desequilibrios que aún nos dura cuando se interrumpe la electricidad sin previo aviso.</p>
<p>Me sirven el pulpo a la gallega en su típico plato de madera. Cierro los ojos y para que no me tomen por un loco, me pongo las gafas de sol. Trato de responderme si he comido pulpo en Cuba, y sólo recuerdo unos estupendos probados en Siracusa hace dos años. Compruebo al terminar que sigue intacto el sol radiante, que en Francia (dice el periódico) hay todavía lugares con nieve, y que me quedan aún unos días de viaje por Andalucía.</p>
<p>Y recuerdo también que al final de la novela de <em>Hamsum</em>, el desdichado Widel-Jarlsberg sale huyéndole al hambre en un barco que se va a buscar carbón a Cádiz.</p>
<p><strong>Armando Valdés-Zamora</strong><br />
París</p>
<p><em>Ilustración: &#8220;Hambre&#8221; de Lino Eneas Spilimbergo.</em></p>
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		<title>Cerró la Universal</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Apr 2013 22:33:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ernesto Hernández Busto</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ha cerrado la librería &#8212;y editorial&#8212; Universal, en Miami. Leo las reseñas sobre esta “pérdida” y no puedo dejar de pensar en cómo los cubanos tenemos una tendencia casi natural a la exageración y los falsos prestigios. Nadie que tenga una relación medianamente normal con la cultura puede alegrarse del cierre de una librería. Mucho...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.penultimosdias.com/wp-content/uploads/2013/04/salvat-ENH.jpg"><img src="http://www.penultimosdias.com/wp-content/uploads/2013/04/salvat-ENH-450x297.jpg" alt="salvat ENH" width="450" height="297" class="alignnone size-medium wp-image-73196" /></a></p>
<p>Ha cerrado la librería &#8212;y editorial&#8212; Universal, en Miami. Leo las reseñas sobre esta “pérdida” y no puedo dejar de pensar en cómo los cubanos tenemos una tendencia casi natural a la exageración y los falsos prestigios. Nadie que tenga una relación medianamente normal con la cultura puede alegrarse del cierre de una librería. Mucho menos tratándose de una de las pocas de Miami con un surtido de libros en español. Pero en el caso de la Universal, la palinodia colectiva debería venir acompañada de ciertas notas al pie. Corriendo el riesgo de ser la voz discordante, recordemos algunas cosas.</p>
<p>La librería que ahora quiebra siempre fue la caricatura de una verdadera librería de libros cubanos que nunca ha existido en la llamada &#8220;capital del exilio&#8221;. A pesar de los esfuerzos que hizo Juan Carlos Castillón durante la época en la que trabajó allí como librero, Salvat nunca ha tenido mucha idea de libros ni de qué es una librería como institución cultural. Se trata, para decirlo rápido, del raro caso de una editorial mantenida por un editor semianalfabeto, listo para publicar a cualquiera que tuviera la chequera pronta. </p>
<p>Varios de los libros académicos que aparecen en su catálogo no son malos, y algunos de sus autores (los menos) han sido importantes. Pero incluso a los buenos les hizo pagar &#8212;en vez de pagarles. La Universal era como la famosa posada española de la que habla Dumas en uno de sus cuadernos de viaje, en la que podías comer de todo… lo que tú mismo llevases. Si el autor era un buen vendedor, vendía. Si sabía de corrección de galeradas o conocía a alguien que supiera corregir tenías un texto sin erratas. Si podía pagar una buena portada conseguía una buena portada; si no, era tristona y fea. Universal era una editorial sin editor y sin oficio, donde los errores eran habituales. Una buena antología de la literatura negra en América Latina se estropeó porque el editor no se molestó en corregir la portada y el subtítulo en vez de decir &#8220;Una antología de autores hispanos de origen africano&#8221; decía &#8220;Una antología de autores hispanos de origen hispano&#8221;. En su edición de un libro de Orestes Ferrara la foto de contraportada presentaba a éste, vestido de mambí, con el absurdo pie: &#8220;En Tampa a su llegada a Cuba&#8221;. La novela de Benigno Nieto, <em>Los paraísos artificiales</em>, en el lomo decía <em>Los paraísos articiales</em>. Uno de sus primeros libros salió con el título <em>Los pobresitos pobres</em>. Debió haber sido, por supuesto, “Los pobrecitos pobres” pero el editor tuvo la ocurrencia de solucionar la errata en portada con una banda superpuesta que decía &#8220;SON TAN POBRES QUE NO TIENEN NI ORTOGRAFÍA&#8221;. Tacañería con sentido del humor. </p>
<p>Salvat continuó en el exilio la triste tradición cubana de la <em>vanity press</em>: casi nunca publicó a nadie que no pagase &#8212;excepto a Lydia Cabrera, creo. Sacó una gran historia de la arquitectura colonial, bien editada hasta donde llegaba la responsabilidad de los autores, que revisaron a fondo fotos y textos. Desgraciadamente, dejaron en manos del editor, los pies de foto, gracias a lo cual podemos ver fotos de la casa de los &#8220;marquezes&#8221; de Jaruco, más castizos de lo normal. Su edición de los poemas póstumos de Sarduy, <em>Epitafios</em>, con portada de Ramón Alejandro, ve saltar su numeración de forma inexplicable y siendo un libro de menos de 70 páginas la paginación llega hasta la 132. </p>
<p>Son apenas algunos de los ejemplos que recuerdo. Cosas que le pasan a cualquiera, dirán quienes no saben mucho del arte de editar y ahora parecen dispuestos a convertir a Salvat en “víctima de las nuevas tecnologías que han provocado que descienda la lectura de los libros impresos” y a la Universal en un “bastión cultural”. Pero la verdad es que las Ediciones Universal son un compendio de chapucería, donde todo se hacía mal para abaratar costos y ganar hasta en lo mínimo. Lo dice alguien que se gastó bastante dinero en sus libros, y se tomaba el trabajo de leerlos. Creo que fue Juan Abreu quien lo retrató (en clave) en una de sus noveletas, donde lo llama “El Flaco” y alude a las condiciones leoninas de sus contratos (con cláusula para editar en Cuba “después de la liberación”). </p>
<p>Ahora que la Universal se retira, a lo mejor Miami encuentra finalmente el espacio necesario para que aparezca una buena editorial cubana en el exilio, esa que los lectores de la comunidad se merecen. </p>
<p><strong>Ernesto Hernández Busto</strong><br />
Barcelona</p>
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		<pubDate>Wed, 17 Apr 2013 09:17:21 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[TV Martí, sobre el caso de Fernando Delgado, cubano en Austria que no puede entrar a Cuba a ver a su hija:]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>TV Martí, sobre el caso de Fernando Delgado, cubano en Austria que no puede entrar a Cuba a ver a su hija:</p>
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