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Dos poemas navideños de Brodsky

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    Editor Jefe
  • Dic 25, 201614:04h
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natividad

Una segunda Navidad a orillas
de este Ponto que no se congela.
La estrella de Reyes en la verja del puerto.
No puedo decirte que no vivo sin ti
pues sigo vivo. Como este papel muestra.
Existo, trago cerveza, ensucio las hojas
y piso la hierba.

En el café, donde una explosión sorda
nos lanzó al futuro de aquellos que gozan
de efímera dicha, huyendo hacia el Sur
ante el embate del feroz invierno,
ahora dibujo con los dedos tu rostro
sobre el mármol de los pobres,
mientras a lo lejos todas las ninfas saltan
con brocados recogidos hasta las caderas.

Pero entonces, dioses —si que esa
oscura mancha en la ventana los simboliza—:
¿qué trataban de decirnos?
El futuro ha llegado, y es algo soportable;
todo declina, se va el violinista, la música calla,
y el mar se arruga cada vez más,
como los rostros.
Aunque no haya viento.

Algún día será él —no nosotros, me temo—
quien cubra con sus olas el paseo,
y avance en contra de nuestros lamentos
levantando su cresta sobre las cabezas,
allí donde bebías vino,
en ese jardín donde antaño dormiste,
donde tu blusa al sol tendías,
—rompiendo las mesas,
preparándole el fondo
al futuro molusco.

Yalta, enero de 1971.

El original, en ruso, leído por el autor.

* * *

Imagina encender un cerillo esa noche
dentro de la caverna, servirte de las grietas
que hay en el suelo para sentir el frío,
apilar la vajilla para probar el hambre
y sufrir el desierto —que está en todas partes.

Imagina esa luz, la cueva a medianoche,
el fuego que perfila las sombras de las bestias
y las cosas… Imagina, en los pliegues
de esa misma toalla con que secas tu rostro,
al niño arrebujado, a José y a María.

Imagina tres Reyes que van hacia la cueva
en una caravana: tres rayos que se acercan
a la Estrella, crujidos de equipajes, cencerros…
(Porque este Niño aún no se ha ganado
el eco de campanas en el azul más denso.)

Imagina al Señor aquella vez primera:
en lo oscuro, varado, a una inmensa distancia,
reconociéndose en el Hijo sin techo,
yendo hacia Sí Mismo en el desamparado.

(1989)

El original, en ruso.

Joseph Brodsky

Versiones: Ernesto Hernández Busto.

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