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Tres poemas de Valerio Magrelli

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    Editor Jefe
  • May 26, 201612:36h
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MilenaBarberis

La edad del cepo

………………..Sobre una fotografía de Milena Barberis

Primero he visto tres muchachas,
luego intuí que sólo era una
multiplicada.
Hasta que comprendí que cada muchacha
contiene en sí a otras dos,
flor con tres corolas, ecuación de tres incógnitas.
Tener esa edad significa pararse ante una encrucijada:
de un lado está el pasado inmediato,
del otro, un doble futuro —elección,
desvío, sexo, tijeras.
Quien crece y adolece se divide,
para poder seguir debe amputarse
como hace la zorra, que corta su pata
atrapada en el cepo.

.

L’età della tagliola

……………Su una fotografia di Milena Barberis

Per prima cosa ho visto tre ragazze,
dopo ho intuito che era una soltanto
moltiplicata.
Finché ho capito che ogni ragazza
ne contiene altre due,
fiore con tre corolle, equazione a tre incognite.
Avere quell’età, significa sostare innanzi a un bivio:
da un lato sta il passato appena prossimo,
dall’altro un futuro duale — scelta,
biforcazione, sesso, forbice.
Chi cresce, chi adolesce, si divide
e per andare avanti deve amputarsi
come fa la volpe, che stacca la sua zampa
presa nella tagliola.

* * *

Fina como un cabello
puede verse tan sólo a contraluz,
apenas, pero se ve (¿se ve?)
la cicatriz que otra estudiante,
compañera de mi hija, trazó en su mejilla.

Continuamente, mi mirada la sigue,
la busco, con la esperanza de no encontrarla,
la encuentro, con la culpa de haberla buscado,
pero es más fuerte que yo, la misma fuerza
irreprimible de los celos, fuerza del organismo

que nutre su mal: el conocer. ¡No es gran cosa!, me digo,
y mientras, escruto ávidamente para rastrear
la curva, signo y surco irreversible.
¿Por qué la miro? Sólo para repetirme que el Tiempo
ha transcurrido allí, confiándole el saludo a un rasguño.

.

Fine come un capello,
si vede solamente controluce,
a malapena, ma si vede (si vede?),
la cicatrice che una compagna
tracciò sopra la guancia di mia figlia.

La seguo di continuo col mio sguardo,
la cerco, nella speranza di non trovarla,
la trovo, col rimpianto d’averla cercata,
ma è piú forte di me, è la stessa forza
insopprimibile della gelosia, forza dell’organismo

che nutre il suo male: conoscere. Che sarà mai!, mi dico,
e intanto frugo avidamente per rintracciarne
la curva, segno e solco irreversibile.
Perché la guardo? Solo per ripetermi che il Tempo
lí è trascorso, affidando il saluto ad un’unghiata.

* * *

La curva

En la curva, la misma, en la montaña,
bajándose del coche,
mi hija, pequeñita,
vomitaba, por el camino, todos los años.

Ya la conocía:
como en nuestro santuario, nos parábamos
a consolar sus llantos, limpiarla y pasear
por la curva cerrada del amanecer.

Otras vacaciones, nosotros viejos, ella ya crecida,
pero aquella parada sigue allí en mi mente,
ojo de aguja de nuestra familia
en su fuga a Egipto.

Cada familia está en fuga,
sólo su Egipto cambia.

.

La curva

Nella curva, la stessa, in montagna,
scendendo dalla macchina,
mia figlia, piccolina,
vomitava, per strada, tutti gli anni.

Ormai la conoscevo
come al nostro santuario, ci fermavamo
per consolare i pianti, pulirla e passeggiare
lungo il tornante dell’alba.

Altre vacanze, noi vecchi, lei è cresciuta,
ma quella sosta mi rimane in mente,
cruna della nostra famiglia
nella fuga in Egitto.

Ogni famiglia è in fuga,
solo l’Egitto cambia.

Valerio Magrelli

Versiones: Ernesto Hernández Busto

* Estos poemas forman parte de la sección “Piccole donne” (Mujercitas) del último libro de poemas de su autor, Il sangue amaro (La amarga sangre), Einaudi, Turín, 2014). La ilustración es la foto de Milena Barberis a la que se refiere el primer poema.

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