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Ébola, embargo, editoriales

  • Oct 24, 201410:46h
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Ebola2

Primero fue el editorial pidiendo el fin del embargo, en el cual con una afectada pretensión de objetividad, se reunían unas cuantas verdades y otras medias verdades a modo de poner una de cal y una de arena. Lo erróneo no fue lo que se dijo, sino los vínculos que se establecieron entre los postulados y la conclusión traída por los pelos.

Pocos días después, para volver a tropezar con la misma piedra, sale el editorial sobre la presencia médica cubana en Africa para combatir el ébola, en el cual, para rematar, relacionaban la necesidad del fin del embargo con la ayuda de los médicos cubanos.

No es la primera vez que el New York Times se pronuncia disparatadamente con respecto a Cuba, ni la primera vez que los médicos cubanos son enviados en brigadas de ayuda médica a países del Tercer Mundo. Castro siempre ha utilizado la buena voluntad como moneda de cambio y de chantaje. Esto tampoco le resta importancia a este diario, probablemente el más leído y respetado en el mundo entero, con una reputación de periodismo agudo y cuestionador que se ha ganado, merecidamente, tras 163 años de publicación continua.

No me interesa disputar lo que se alega en los editoriales citados tanto como preguntarme las razones por las cuales lo hacen ahora. Cuál puede ser la oportunidad que se le ofreció al periódico y el pensado beneficio que obtendrá al publicar esa opinión en este preciso momento.

La prensa americana, plana y televisiva, siempre se ha vanagloriado de su objetividad, aunque este es un concepto a veces relativo y con fronteras que a cada rato se desplazan en diferentes sentidos. A diferencia de Europa, en donde muchos periódicos siempre han respondido a una línea partidista o a una bien definida línea política, en donde los lectores, siempre avisados, escogen sus medios de información según sus preferencias políticas e ideológicas, en los Estados Unidos ha existido muy poca diferencia entre la mayoría de los periódicos de peso nacional. Los matices se movían dentro de un espectro limitado.

Desde que apareció la prensa virtual, la blogosfera y la posibilidad de obtener información variada e inmediata a través de la internet, los diarios impresos (y los noticieros televisivos), para subsistir a la continuada pérdida de lectores que ha obligado a reducir presupuestos, cancelar servicios y cesantear periodistas, se han volcado a la opinión y al reforzamiento de la política editorial como atracción principal a sus lectores y a sus audiencias. Se han transformado un poco al viejo estilo europeo y ahora se han definido ideológicamente.

En la televisión la alineación político-ideológica está bien clara. Fox representa a la derecha y defiende ciegamente al partido Republicano. MSNBC es el paladín de la izquierda y defensor a ultranza del partido Demócrata. No se pretende objetividad, sino una postura política sin matices. CNN trata de mantener un frágil equilibrio para atraer al centro y a quienes no tienen una total definición partidaria.

Esto es un poco más pantanoso en la prensa plana, pero a medida que han perdido relieve nacional periódicos como Chicago Tribune y su ahijado The Los Angeles Times, el New York Times ha ascendido casi en solitario a acaparar el terreno del centro-izquierda y de la muy tímida izquierda convencional, que es más bien de limosina.

Su creciente radicalización se debe también a la necesidad de mantener una identidad en oposición a los otros tres diarios más leídos en el país: USA Today, The Wall Street Journal y The Washington Post. Los dos primeros hace tiempo que funcionan en la derecha. El último ha dado un giro tremendo en el último año, desde que pasó a manos de una corporación creada por Felipe Bezos, el creador, dueño y señor de Amazon. También ha formado alianzas temporales de colaboración con los principales diarios europeos de centro-izquierda como The Guardian, El País, Der Spiegel y Le Monde.

Dada la poca diferencia de principios ideológicos entre el establishment de izquierda y el de derecha, (más allá de las delirantes acusaciones de los extremistas de ambos bandos, todos están unidos en tratar de conservar el status quo), los políticos americanos se definen en base a poses o gestos que realizan con respecto a causas, hechos significativos y situaciones emergentes.

En los recientes esfuerzos de algunos grupos de cabildeo contra el embargo, cuyas voces han alcanzado más resonancia, en las encuestas realizadas en el sur de la Florida sobre la posición actual de la comunidad cubana con respecto al embargo y en los recientes cambios de la Unión Europea con respecto al comercio con Cuba, el New York Times ha visto una oportunidad para expresar una posición que lo mantenga como una presencia importante para el público liberal y de izquierda. La prensa no hace política, se beneficia de ella mediante la influencia que tenga sobre sus lectores.

Se ha dicho que el responsable de estos editoriales fue el periodista Ernesto Londoño. No lo sé, aunque sí firmó el comentario a la respuesta de Fidel Castro al primer editorial. Londoño es colombiano. Vino a Estados Unidos en 1999 a cursar estudios de periodismo y de asuntos latinoamericanos a University of Miami, donde fue galardonado por su labor periodística en el periódico de la universidad. Cubrió noticias locales para Dallas Morning News y luego pasó a The Washington Post, de donde se despidió hace dos meses para pasar a la junta editorial del New York Times. Tiene gran experiencia reportando desde Kabul, Baghdad y El Cairo, en donde ha sido ubicado en medio de los conflictos. Sin embargo, más allá de ser colombiano, de sus estudios universitarios y de su posible interacción con miembros de la comunidad cubana miamense, su experiencia con respecto a Cuba se limita a cubrir la prisión de la base de Guantánamo. Pero como todos los gatos latinoamericanos somos pardos ante la mirada anochecida de los americanos, pues un colombiano debe ser, en consecuencia, un experto en Cuba.

Quizá su desconocimiento lo llevó a redactar sus paniaguados argumentos que le valieron unos pescozones editoriales del mismísimo Fidel Castro. Quizá por ello también se le olvidó mencionar que es claro que el de Cuba es el único gobierno que puede decidir enviar centenares de médicos en una misión internacionalista, porque es el dueño de sus destinos y los profesionales no tienen alternativas. No se cuestionó como un país en el cual los pacientes tienen que llevar sábanas limpias y bombillos a los hospitales, puede decidir en unas horas el envío de médicos a otro continente.

Más allá que el envío de personal calificado de las fuerzas armadas, los Estados Unidos y otros países no tienen poder para decidir a dónde van los médicos. Esto se hace mediante organizaciones no gubernamentales y la participación voluntaria de los especialistas de la salud. Para que estos trabajen hombro con hombro junto a los cubanos en una situación de emergencia no hace falta, ni la ha hecho en el pasado, ningún cambio político.

De todos modos, Cuba no es más que una oportunidad de alineamiento ideológico para el New York Times, lo cierto es que Cuba y los cubanos le importan bien poco al diario y al gobierno americano. Nunca han abandonado el concepto que expresara en 1946 el entonces embajador americano en Cuba, Henry Norweb, sobre los cubanos: “ …poseen el encanto superficial de niños listos mimados por la naturaleza y la geografía, pero bajo esa superficie combinan las peores características de una desafortunada mezcla e interpenetración de las culturas española y negra: son vagos, crueles, inconstantes, irresponsables y de una deshonestidad innata”.

Nada molesta más al hombre y al intelectual condescendiente del primer mundo que a quienes percibe como indios con levita, calificación que se dice nos endilgó como pueblo Sara Bernhardt en 1887. Pero de entonces a estas fechas los cubanos hemos perdido la levita y nos hemos convertido en objeto de interés folclórico. Resulta irresistible tomar la pose de defender a esa pequeña islita, enfrentada al gigante que la bloquea, poblada de andrajosos que enarbolan sus fusiles y levantan sus puños para defender su patria y su anacrónico sistema de gobierno. No importa que ya nadie se lo crea. Vestimos bien a los paternalistas.

Roberto Madrigal
Cincinnati

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6 respuestas
Comentarios

  • Francotirador dice:

    Asi que 137 años de continua publicacion? Que bueno. Y durante ese tiempo el Walter Durantyu, alabador y defensor de Stalin nos decia en la decada de los 30 del Siglo pasado que los sovieticos todos amaban a Stalin mientras millones perecian en el Gulag. Despues al final de la decada de los 40 el NYT nos decia que Mao Tse Tung en una reformador agrario y un democrata para después ignorar el hambruna donde perecieron millones de personas causada por su heroe chino. Y despues al final de la decada de los 50 y principios de los 60 tambien Herbert Matthews nos decia que el heroe democratico cubano Fidel Castro no era comunista y lo presentaba como un reformador. Tremendo record para informar sobre las revoluciones tiene el NYT.

  • fguy dice:

    ”…son vagos, crueles, inconstantes, irresponsables y de una deshonestidad innata…” mmm la traicion de Maria le dolio bien profundo a Henry Norweb…

  • Luis Saltiel dice:

    Gracias por expresar en términos mucho más coherentes que los míos la misma perplejidad y frustración que siento al leer ya tres editoriales (firmados por toda la plantilla editorial del New York Times) exigiendo el fin del embargo, sugiriendo al presidente Obama cómo hacerlo esquivando el Congreso y cantando las alabanzas del fraude que Fidel y hoy Raúl venden al mundo como las maravillas educativas y sanitarias de su finca particular.

    Igual que usted, he pensado en la necesidad del NYT de renovar su “branding” de “prensa progresista”, pero me parece que esta urgencia del tema cubano en sus primeras planas responde además a agendas más turbias. Con la continuidad del subsidio venezolano cada vez más incierta, Raúl necesita dinero como sea, y qué mejor fuente de apoyo que uno de los diarios más influyentes del mundo para cargarle las maletas. Un diario que le reclama a un presidente cumplir promesas queridas a la izquierda de aire acondicionado. Promesas que se han quedado sin tiempo ante la aparente escalada republicana en el Congreso dentro de unos días.

    También creo que detrás de esto hay gente que espera forrarse de dólares en tratos post-embargo con una familia de dictadores que escriben, tachan y vuelven a escribir las leyes según su necesidad inmediata, en una isla donde no hay estructuras jurídicas sólidas. Estos individuos y empresas serán los primeros en cabildear en Washington contra todo lo que amenace la estabilidad de la dictadura cubana y por ende, sus intereses comerciales. Este puede ser el mejor seguro de perpetuidad de los Castros presentes y futuros.

    Finalmente, veo reflejada la hipocresía paternalista que usted indica en las decenas de comentarios de lectores ignorantes o ilusos que apoyan relaciones abiertas e incondicionales con los Castro, citando los cansados mantras de “no nos amenazan”, “su miseria es consecuencia directa de nuestro bloqueo criminal”, “si los inundamos de Walmarts y McDonalds, aquello cambiará”, “si comerciamos con China y Vietnam, ¿por qué no con Cuba?” “ojalá tuviéramos su “health care and education”, “nuestra política exterior no puede ser impuesta por cuatro viejos fanáticos de Miami” (porque dos viejos fanáticos de Cuba no tienen nada que ver) y demás ingenuidades de personas que no se dejarían atrapar ni muertas en un sistema como el que nos recomiendan, con todo el paternalismo de los que creen que pasamos de indios a pordioseros, incluyendo un lejano período en que éramos lo mismo con la salvedad de que toda la isla era un inmenso casino-prostíbulo, propiedad de algún mafioso de Chicago.

    ¡Que Dios nos ayude!

  • cumbreBorrachosa dice:

    Iwo la prensa es independiente, pero cada periodico responde a un dueno o una ideologia o un grupo de interes, de ahi a que TODA la prensa este controlada por la misma gente, como sucede en cuba, va medio mundo. un concepto tan sencillo de entender y a los rojos les cuesta tanto procesarlo.

  • cumbreBorrachosa dice:

    el final es espectacular

  • Iwo Rivera dice:

    Ahhhhh! Yo que pensaba que la prensa occidental era democráticamente INDEPENDIENTE!
    Merde alors!!!!

    Madrigal, que envejecido está tu Hard Drive. Te equivocaste igual que se equivocó Henry Norweb.
    Eres tú quien bien viste a los paternalistas!