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Traduciendo a Gregor von Rezzori en su propia casa (III)

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    Editor Jefe
  • Jun 07, 201400:03h
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Mediterranean_Cypress

por José Aníbal Campos

Un viaje en tren de Pontassieve a Arezzo. Ante el cristal de la ventana pasan, en ráfagas violentas y cegadoras, las manchas de color, las franjas y las estrías del paisaje cercano, ráfagas que, en una paulatina disminución de aceleraciones, devienen poco a poco el trote sosegado de flâneur del horizonte. En un pasaje de “Afanjáuer”, el relato que ahora traduzco, Rezzori describe un paisaje italiano similar con estas palabras: “…und darin eingezeichnet, das mediterran schwärzliche Spinatgrün der Schirmpinienkronen und die Disziplin der steilen Zypressen”. Cobro conciencia, de repente, de mi error en la primera versión que he esbozado en español de esta escena. He usado, en un acto mecánico, la palabra disciplina.

Rezzori es un maestro del trazo rápido, del esbozo (de hecho, era un dibujante formidable). Como un Arcimboldo de la escritura, le basta un breve arreglo de apetitosos frutos verbales para crear un rostro, para describir un paisaje. Hay una materialidad en sus metáforas que remiten de inmediato a la plástica, a los golpes del cincel sobre la piedra o a los dulces arañazos de la gubia sobre la madera, con sus pétalos de astillas.

Pero hay también en Rezzori, a veces en un nivel metatextual, constantes referencias a ese contraste que tanto marcó su vida, la más íntima y personal y su carrera como escritor: el contraste entre la sensualidad de su mundo perdido, el de la Bucovina (universo más tarde recuperado parcialmente en Italia), y la adustez de su formación germánica. En pueblos como los latinos, tan dados al desorden, para los que el conflicto entre ligereza y severidad se dirime con el trámite dominical de la confesión y la acogida alborozada del comestible sacramento, la palabra disciplina puede tener connotaciones positivas que no están en la mente de Rezzori al establecer este contraste entre el “mediterráneo verde espinaca de las umbelas formadas por las copas de los pinos y la ¿disciplina? de los erguidos cipreses”. Para Rezzori, esa Disziplin germánica alude directamente a lo prusiano, a una —tantas veces— odiosa y obstinada rectitud del carácter que deviene fácilmente dogmatismo. Pensar en todo esto me hace reconsiderar mi primera traducción de esa breve frase que, para añadir dificultad a mi labor, contiene un aliterado juego con las sonoridades de la S antepuesta en alemán (ese Sch-Sp-Sch) y las de las dos zetas posteriores, la agazapada en Disziplin y la mayúscula Z que preside, como un cisne mal dibujado, el desfile casi aerodinámico de la palabra Zypress.

Decido entonces que mi versión habrá de quedar, por ahora, de este modo: “…y esbozado en medio de todo ello, el mediterráneo verde espinaca, algo negruzco, de las umbelas que forman las copas de los pinos y la formación marcial de los adustos cipreses”.

Intento (vano consuelo) sustituir el juego de sonoridades de las eses teutona (las SS) por el de unas M en medio y mediterráneo, por el casi sensual de las copas y los pinos (¿o pensé en los vinos?), y, al mismo tiempo, dejo mi siempre sucia conciencia de traductor con el sosiego (pasajero) de haber hallado, quizás, una manera que pálidamente establezca ese contraste, tan grato al autor, entre las formas sensuales de una sombrilla (tan parecidas a las de una falda levantada al completo por una bocanada de aire), la nutriente y esperanzada alusión al verde de la espinaca y la severidad militar de unos cipreses en posición de firme, como lanzas de un ejército vencedor en Breda y sus calvinistas reverberaciones en la mente ya nada virginal de un lector de este siglo XXI.

Continuará…

Primera parte

Segunda parte

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