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Matrimoniarse pa’emigrar

  • May 22, 201410:24h
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Boda

Me cuenta una amiga, que ha tenido que servir de testigo en los respectivos matrimonios de dos hermanos cubanos amigos suyos con dos desconocidos extranjeros, “recomendados” por otras personas, que ya han utilizado esta tortuosa vía para viajar, la siguiente historia:

El primer enlace se realizó entre la cubana y el extranjero; el segundo entre el hermano de ésta y una extrajera, de más edad que él. Mi amiga, que ha sido testigo y partícipe en ambas ocasiones, también, por cuestiones de solidaridad se ha visto involucrada en los preparativos “escenográficos” de ambos himeneos: la presentación de más de cincuenta fotos, incluyendo las de los festejos de las nupcias, para lo cual se vieron en la necesidad de armar tremenda “escenografía y atrezzo”, ya que la novia y el novio pertenecen a una religión que les prohíbe beber alcohol —aunque, al parecer, no prohíbe mentir—, por lo que tuvieron que darse a la tarea de conseguir latas de cerveza vacías y rellenarlas con agua, así como comprar dos panetelas, unirlas con un poco de merengue casero y ponerle encima la “parejita de muñequitos”, a fin de decorar la mesa para las fotografías que presentarán como pruebas.

También ella me cuenta que, como estos hermanos no disponían de dos casas para realizar las fotos familiares, cuando escenificaron la segunda boda se vieron obligados a pedir prestados a los vecinos algunos de sus muebles a fin de redecorar la sala, además de mover adornos y cuadros del dormitorio para ésta, con el objetivo de que parecieran dos casas diferentes.

Además de todo este teatro (estamos en Mayo Teatral), me platica sobre el dineral que ambos hermanos han tenido que soltar en la Notaría Internacional, donde conocen perfectamente de estos trucos y hasta les ofrecen algunas “sugerencias” a los clientes. Además del “platal” (todo en CUC y dólares) que tienen que seguir soltando al respectivo dúo de extranjeros que se han prestado para este negocio, corren el riesgo que la Embajada del país en cuestión no “se trague” todo este embrollo y les niegue la tan anhelada visa.

Este no es más que uno de los tantos sainetes en que se ven envueltos la mayoría de los cubanos que aspiran a “escapar” por un tercer país, arriesgando una enorme cantidad de dinero, producto casi siempre de la venta de sus hogares y, en el peor de los casos, hasta la vida, con la meta final de pisar, a cualquier precio, el “territorio enemigo” antes que quiten la Ley de Ajuste Cubano, comentario que se ha convertido ya en un rumor nacional.

Rebeca Monzó
La Habana

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