castrismo Cuba soviética Cubazuela Cultura DD HH deporte disidencia economía EE UU-Cuba En Cuba España-Cuba exilio historia y archivo Internet & ITC

PD

Sábados en PD

PD en la red

Traduciendo a Gregor von Rezzori en su propia casa (II)

  • pd
    Editor Jefe
  • May 13, 201410:45h
  • + comentarios

Rezzori

por José Aníbal Campos

He venido hasta aquí en busca de la imagen del hombre oculta entre el grano diminuto de la letra. El retrato sólo conocido hasta ahora gracias a las palabras se amplía aquí, de un modo extraño, para dejarme a la vista el grano grueso y esencial del hombre enmascarado tras el autor. Del marcial hormigueo de la línea impresa entresaco escuadras enteras de insectos de tinta y las voy depositando sobre los folios transparentes del entorno, con la esperanza de conseguir una fotografía más acabada que la imagen de trazo desvanecido en el retrato hablado de mis pesquisas literario-detectivescas. A esa imagen añadiré luego la banda sonora con la voz del propio Rezzori (que oigo por primera vez en unos viejos videocasetes que me presta B.), con las voces de las personas que lo conocieron. Una de ellas es T., su médico, que ahora me cuenta una anécdota: en una ocasión, hablando con “Grisha” (como llaman todos aquí a Gregor von Rezzori) de la catástrofe ecológica hacia la que avanzaba la humanidad, su gran amigo, lo scrittore, quiso aplacar el tono indignado de T. con una frase que reconozco de un pasaje de La muerte de mi hermano Abel, donde se dice que el hombre es “una especie de microbio cósmico, un bacilo o un virus que tiene la misión de destruir el planeta Tierra y, con ello, quizás no sólo el planeta”.

Las palabras que emplea T. son casi las mismas del libro, pero él añade ahora la coda con la que Grisha quiso corregirlo: “De modo que no te acalores tanto, mi querido T., estamos tan sólo haciendo nuestro trabajo”. T. me dice entonces que con Grisha muchas veces no se sabía si hablaba en serio o en broma. Es lo que tiene “el funambulismo de la ironía”, que —como sabía el propio Rezzori— camina por una cuerda floja y, si no sabe dónde y cuándo usarla, corre el riesgo de despeñarse en la nada, en un vacío de sentido o, en todo caso, en una ambigüedad que absorbe la médula de los significados, dejando detrás unos huesos de sonido hueco que, a lo sumo, sirven para marcar —como claves macabras— el ritmo de una danza solitaria sobre la bruñida lápida de un amasijo de palabras. Para mí (el amanuense con funciones de exégeta), la charla de sobremesa con T., a la hora del pranzo, me sirve para redondear el pasaje que debo traducir y despojarlo de aquel tono algo más dramático de la primera versión (y que se corresponde más con cierto patetismo de mi expresión, con cierta pose operática de mis ademanes verbales). Con algunos giros distintos, resalto ahora la ironía de todo el pasaje:

Con la cautivadora bondad que aflora siempre en él cuando se trata de corregir la ignorancia de la juventud, el tío Ferdinand respondería que, el caso del hombre, por desgracia, no es igual que el de nuestros animales favoritos, los perros: a éstos se los cría hasta conseguir razas destinadas a desempeñar ciertas funciones, de modo que las cualidades desarrolladas en ellos, tanto las físicas como las relacionadas con el carácter, no mengüen nunca y se hereden, a ser posible, incrementadas […] El hombre, en cambio, parece encarnar una especialidad desarrollada al máximo y destinada a cumplir una función que él, probablemente, aún no ha comprendido del todo, pero que empieza a prefigurarse de un modo cada vez más inquietante: la de ser una especie de microbio cósmico, un bacilo o un virus universal, cuya expresa misión es la de destruir el planeta Tierra, y quizá no sólo el planeta.

Continuará…

Fotos: Von Rezzori señala con expresión irónica el sitio donde quería que lo enterraran. Y donde efecto, fueron esparcidas sus cenizas. © De la foto Fondazione Santa Maddalena. © De la traducción: José Aníbal Campos / Editorial Sexto Piso.

PD: Traduciendo a Gregor von Rezzori en su propia casa (I).

Publicado en
0 respuestas
Comentarios