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En el Punto Cero de la represión

  • Abr 22, 201419:03h
  • 7 comentarios

cuesta morua

La primera vez que he puesto un pie en ese lugar terrorífico llamado Villa Marista, similar a la Lubianka en la felizmente desaparecida Unión Soviética, ha sido por mi propia voluntad. Acompañaba a Manuel Cuesta Morúa a buscar al instructor Yurisán Almenares, encargado de la Causa 5 de 2014 en su contra, luego de que fuera detenido arbitrariamente el 26 enero de este año para impedirle participar como organizador en el II Foro Alternativo a la Cumbre de la CELAC celebrada en la Habana.

La detención terminó 4 días después con la notificación de una medida cautelar que nunca le fue entregada pero le obligaba a ir cada martes a firmar dicho documento en una Estación Policial, por el supuesto delito de “Difusión de Noticias Falsas contra la Paz Internacional”.

Pero la notificación de medida cautelar no fue exhibida más que una vez ante los ojos del interesado: el 30 de enero cuando fue liberado. En la práctica, Cuesta Morúa estaba firmando un papel sin respaldo. La imprecisión caracterizó la situación desde el inicio. Los motivos de la detención y la causa que pretendían armar en su contra no tienen relación directa, lo cual indica que la vieja escuela mafiosa del castrismo sigue rigiendo en Cuba: estudian el Código Penal con la finalidad de destruir a sus adversarios, manipulan la ley hasta que el castigo encuentra su culpa.

En Villa Marista quería verle la cara a alguno de los que allí trabajan causando dolor a otros seres humanos. Castigándoles, no por violar la ley universal, que no podría exceder la medida del castigo, sino por no expresar fidelidad al régimen de Castro.

Por alguna razón me conectaba con la madre de Pedro Luis Boitel, a quien vi en el documental titulado Nadie Escuchaba. Ella decía que habiendo sido perseguido su hijo en tiempos de Batista, siempre encontró una puerta que tocar, una oportunidad de librarlo de la muerte. Pero en tiempos de Fidel Castro no fue así y Boitel murió tras una huelga de hambre, encarcelado en las más crueles y degradantes condiciones, en la prisión de La Cabaña. Eran los tiempos en que las izquierdas del mundo regalaron impunidad al gobierno cubano para que éste improvisara dentro de un amplísimo registro de violaciones de los Derechos Humanos. Y la sociedad cubana, aterrorizada, también miraba en otra dirección: la de escapar a los Estados Unidos, “hacerse el loco” hasta que se pone un pie en tierra de libertad. No es muy diferente ahora.

Villa Marista también está cerrada. No puede recibir la visita de un relator del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, ni de representantes de organizaciones de la sociedad civil —disidente y perseguida—, para velar por que no se practiquen contra los presos ninguna clase de tortura y se respeten todos sus derechos. El gobierno ha firmado algunos protocolos y se declara contra la tortura, pero no podemos creer en el gobierno y los que han pasado por las celdas de Villa Marista dan testimonio de que sí se tortura hasta la locura con la finalidad de destruir a la disidencia interna.

Y si alguien me acusara de no tener evidencia, les digo que ese es el punto, que es preciso que el gobierno cubano abra sus cárceles a la prensa, no la controlada por ellos, y a los relatores internacionales y de la Sociedad Civil independiente, porque lo que Castro presenta es fabricada por el propio régimen.

No sólo se tortura a la disidencia. Ni se sabe si sólo con “tortura blanca”, que no es menos tortura. También a los trabajadores que cometen un error y son acusados de sabotaje, sin que puedan reclamar sus derechos inalienables y defenderse de semejante acusación.

Me daban ganas de abrir puertas, de ser muy fuerte y patearlas todas. De encontrar un recurso legal para que el pueblo cubano pueda poner bajo investigación, y con derecho a la presunción de inocencia, a todos los que trabajan allí. Hasta los cocineros, responsables de haber servido coles con trozos de cucaracha a un familiar de un amigo, simple trabajador, que estuvo allí retenido largos días, inolvidables, y a quien, al modo de los inquisidores, interrogaban para arrancarle una falsa confesión. Tampoco lo dejaban dormir.

Pero he llegado sólo hasta el recibidor: pisos lustrosos, flores plásticas, expresiones kitsch para esconder la sordidez de los carceleros instruidos por el Ministerio del Interior. Villa Marista es una cosa por fuera y otra cosa por dentro, dice una voz popular.

El instructor Yurisán Almenares no dio la cara. Quizá no estaba listo para que lo fueran a buscar los propios perseguidos. No tenía respuesta, porque estos tipos no pueden improvisar. Deben consultar a sus superiores, no a las leyes ni a su propia conciencia. Una capitana sonriente nos hizo pasar a una salita y allí nos explicó, casi apenada, que el Instructor no estaba y que ella tomaría nota de lo que demandaba Manuel. Así que vi como trazaba cuidadosamente las palabras que él iba pronunciando. Queríamos obtener la notificación del sobreseimiento de la causa. No hay medida cautelar; ergo, no debe haber causa pendiente. Eso para no decirles que era insostenible tanto la presunta causa como la medida cautelar. Viviendo en Cuba resulta imposible sustraerse a la realidad del poder, por absurdo y kafkiano que sea. Sería como patear las puertas de las celdas tapiadas de Villa Marista.

Recordemos que el delito tenía un nombre tan estrambotico como el de “Difusión de Noticias Falsas contra la Paz Internacional”. Y que las supuestas noticias falsas trataban el tema del racismo en Cuba, donde el gobierno enseña en las escuelas la discriminación por motivos políticos, y presenta el tema de los derechos raciales, no como derechos ingénitos, sino como una concesión emanada de la dictadura del Estado; y administrada en la medida en que puede luego utilizarse en la propaganda revolucionaria. Pero el racismo sigue ahí, arraigado en la sociedad como un error de base que se manifiesta en fenómenos cotidianos que tampoco escandalizan a todo el mundo. Creciendo, junto a otras formas de discriminación, y enmascarado bajo la cínica sonrisa del poder.

Manuel Cuesta Morúa lo sabe bien porque ha dedicado su vida a registrar ese fenómeno en la historia y actualidad cubanas. Así que ha escrito en innumerables ocasiones sobre el tema y se responsabiliza de cada una de sus palabras.

Nos fuimos de allí sin obtener respuestas. En mi mente el recuerdo de esas personas que no conozco y que están encerrados, medio olvidados por todo el mundo, con el pánico de sus propios abogados.

Una cosa podemos prometer a los gendarmes de Villa Maristas y a sus jefes máximos, donde quiera que se escondan: algún día abriremos todas esas puertas, y después de juzgar con garantías del debido proceso a los que nos oprimen, el lugar formará parte de los proverbios populares en una nación celosa de la libertad de sus ciudadanos.

Lilianne Ruiz
La Habana

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7 respuestas
Comentarios

  • Yuslier el saludeño dice:

    Algún día si los cubanos seguimos luchando desde la no violencia seremos libres. Invito a visitar el blog Yuslier el saludeño.wordpress.com

  • Cagüentó,Ptolomeo e Intransigente dice:

    Bien dicho este articulo que aparece hoy 4/24/14 en El Pais de España:

    http://elpais.com/elpais/2014/04/23/opinion/1398249580_265048.html
    COLUMNA
    Escritores

    “¿Cuándo se jodió el Perú, Zavalita?” Es una de las frases más recordadas en la literatura de Mario Vargas Llosa, el más grande de los que quedan vivos de los escritores latinoamericanos de los siglos XX y XXI. Han quedado por el camino otros como Octavio Paz, Jorge Luis Borges, José Saramago, Guillermo Cabrera Infante, Julio Cortázar y, ahora, Gabriel García Márquez.

    A todos ellos les unió el amor a la lengua. Y a todos ellos les afectó de manera importante la existencia de un hombre como Fidel Castro. Unirles no les unió, sino todo lo contrario, creó en muchas ocasiones una hostilidad que se contagió a sus lectores.

    Todo empezó (si es que hay un comienzo claro para cosas como estas) con el caso Heberto Padilla, un poeta cubano disidente que fue encarcelado por Castro y humillado por su régimen, que le obligó a escribir una repugnante retractación pública de sus opiniones.

    El caso Padilla dividió desde 1971 a toda la intelectualidad occidental. Muchos seguidores de aquellas luminarias optaron enardecidos por un escritor u otro en función de su postura hacia el castrismo. Leer a Cabrera Infante fue, durante mucho tiempo, un síntoma de rendición al imperialismo. Y no digamos a Vargas Llosa, al que se le han regalado todo tipo de insultos por su continua defensa de la libertad como un bien inalienable.

    Con Mario Vargas afortunadamente vivo, y con las cenizas de Gabo recién distribuidas entre sus dos patrias, es un buen momento para apreciar lo baldío de la pelea. Todos ellos son grandes, muy grandes. A todos ellos se les puede leer con un deleite que nos aparta de la pelea externa al arte.

    Fidel Castro, un liberador que se trocó en tirano, no podrá cambiar nada de eso.

    “¿Cuándo se jodió la exultante, la gozosa lectura de nuestros genios, Zavalita?”.

    La pregunta es ya irrelevante.

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  • emilio catasus dice:

    yO PASE POR ESA TRISTE VILLA MARISTA SOLO FUE UN NOCHE PERO QUE CON UN DELIRIO DE PERSECUSION QUE ME COSTO TRABAJO LIBERARME.GRACIEAS A MIS AMIGOS QUE E AYUDARON A SALIR DE ESA PSICOSIS.

  • OLPL dice:

    Valiente, Lili! Valiente, Cuesta Morúa!

  • Cagüentó, Ptolomeo e Intransigente dice:

    Ernesto, no te has pronunciado en referencia a la muerte del colombiano escritor. No obstante aqui te copio algo que recibi y que comparto completamente que espero lo aceptes y publiques:

    GARCÍA MÁRQUEZ, CHIVATO Y CÓMPLICE DE LOS CRÍMENES DE FIDEL CASTRO
    Posted on April 18, 2014 by Nuevo Accion

    Por Armando Valladares (Exclusivo para Nuevo Acción)

    Todos los dictadores y asesinos de sus pueblos han tenido defensores a ultranza; los tuvo Stalin, Hitler y también Fidel Castro.

    Quizás los más abominables en esa fauna que respaldan dictaduras, son los escritores, los poetas, los artistas.

    Llevo décadas diciendo que un intelectual honesto tiene un compromiso con la sociedad: decir la verdad, luchar por el respeto a la dignidad humana y no utilizar el privilegio de poder llegar a millones de personas, para mentir, para escamotear la realidad histórica.

    Este es uno de los más grandes crímenes y es el caso del fallecido Gabriel García Márquez. Puso su pluma al servicio de la tiranía de Fidel Castro apoyando las torturas. los crímenes, los campos de concentración. Los fusilamientos.

    Solía decir que el único país del continente americano que respetaba los Derechos Humanos era Cuba.

    Recuerdo que hace muchos años, rescaté al secretario personal de García Márquez en Cuba, que estaba escondido en Colombia y buscado por la Policía para devolverlo a la Habana. El actual Comisionado y entonces alcalde Xavier Suarez me acompañó al aeropuerto a recibirlo.

    Nos contó cómo era la vida del escritor colombiano en Cuba. Vivía en una casa de protocolo con Blanquita, su amante adolescente, con edad para ser su nieta. Vimos las fotos. Se movía en un Mercedes Benz blanco, también regalo del dictador.

    A cambio de eso defendía a ultranza la dictadura cubana y a su amigo Fidel Castro mientras se rasgaba las vestiduras denunciando a Pinochet.

    Llegó a ser delator, informante de la Policía Política. Hace muchos años, allá en la Habana el disidente y activista por los Derechos Humanos Ricardo Bofill, logró que el entonces reportero de la agencia Reuters, Collin McSevengy lo entrara a un hotel donde estaba García Márquez tomando unos tragos. En un aparte, con absoluta discreción, Bofill entregó a García Márquez una serie de documentos y denuncias de la situación de varios intelectuales en Cuba…

    Unas semanas más tarde cuando la Policía Política arrestó a Ricardo Bofill (foto) alli, sobre la mesa del interrogador estaba abierta la denuncia que él le había entregado a García Márquez.

    El 13 de Octubre de 1968 el Diario ABC y el Diario 16 de Madrid, España, publicaron la denuncia enviada por Bofill relatando estos hechos y señalaban que: “La delación de García Márquez ha supuesto la encarcelación de numerosos escritores y artistas cubanos” (Textual). La cortesana de Castro- como lo llamó Vargas Llosa -y chivato de Castro agrego yo.

    Algunos de sus amigos que lo defienden, han dicho que intercedió por mi libertad. ABSOLUTAMENTE falso. Toda un falsedad. Tengo suficiente honradez moral (que él no tenía) como para haberlo admitido si hubiese sido cierto. Aquella versión fue una maniobra de sus amigotes, para capitalizar en su favor, la simpatía internacional que produjo mi liberación. Lo que hizo fue utilizar la entrega del Premio Nobel, para repetir las acusaciones de Castro contra mí, lo cual motivó una carta recriminatoria del Pen Club francés que me había adoptado como miembro de honor.

    García Márquez si logró la libertad y salida de Cuba de un prisionero político. Un chivato como él, y que delató a noventa y nueve conspiradores. Era el líder del movimiento MRP el despreciable Reynold González

    García Márquez apoyó las torturas, los fusilamientos, los asesinatos de mis compañeros en las prisiones…si yo fuera un cristiano puro tendría que decir: ¡que el SEÑOR lo reciba en sus brazos…! pero como no lo soy, como no llego a ese nivel de perfección espiritual, deseo que se achicharre eternamente en las pailas del Infierno.

  • yiyo dice:

    clase e timbalua la chiquita esta !!!!