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La ‘extraña indulgencia’ de Laurent Fabius

  • Abr 11, 201406:44h
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Laurent Fabius quien, después de haber sido Primer ministro y presidente de la Asamblea nacional francesa, había vuelto a ser simple diputado, escribía la sentencia siguiente, en un texto titulado “La extraña indulgencia”, publicado en la revista Le Nouvel Observateur el 19 de junio de 2003:

“Cuba, la isla de nuestros sueños, se ha vuelto la de todas nuestras pesadillas. Hace menos de dos meses, 75 opositores pacíficos —intelectuales y activistas que reclamaban un plebiscito para efectuar reformas constitucionales— han sufrido condenas de hasta veintiocho años de cárcel.”

Otra vez esa idea de los “sueños” que han encantado a la izquierda, particularmente la francesa, durante décadas. Para Fabius como para tantos, se habrá tenido que esperar hasta 2003 para constatar cómo se desbarataban esos “sueños”, que ya eran desde hacía tiempo “pesadillas” para la mayoría de los cubanos. Tal vez hubiera sido mejor indignarse desde los inicios de las ejecuciones, de los juicios expeditivos, de las olas masivas de exilio, pero más vale tarde que nunca… Con la condición expresa de que la realidad se imponga por fin y que la crítica no sea tan pasajera como las ilusiones y desilusiones nocturnas. Fabius no vacilaba entonces en hablar de “terror” para calificar los procesos “sumarios” y las condenadas pronunciadas en contra de los disidentes durante la “primavera negra”. Y agregaba:

“Sólo faltaron hasta ahora la parodia de las confesiones y las autocríticas “espontáneas” (…) Las actas de acusación han tenido que elaborarse con rapidez, sin poder recurrir a las técnicas sofisticadas heredadas por ejemplo de la policía de Alemania del Este. Y todo eso, por supuesto, bajo los colores de la bandera de la revolución y del socialismo.”

Fabius no era (desde hace mucho tiempo) un admirador incondicional del Máximo Líder:

“Fidel Castro, quien reclama insistentemente el reconocimiento de la comunidad internacional, es simple y llanamente un dictador.”

Y, más adelante, sin dejar de referirse a Chile y a Sudáfrica, “países por los cuales hemos luchado”, precisaba:

“Las dictaduras no son ni de derecha ni de izquierda: son simplemente infames.”

A la vez que llamaba a manifestarse cada semana ante la embajada de Cuba, actos en los cuales él mismo participó, al lado de varias personalidades de ambos bandos, incluyendo entre otros a Jean-François Deniau, otro exministro de Exteriores, Fabius proclamaba su solidaridad con el disidente Oswaldo Payá, pidiendo para él, aparte del premio Sajarov concedido poco antes por el Parlamento europeo, la atribución del premio Nobel de la paz:

“A nivel diplomático, Francia debería emprender al menos dos acciones: apoyar la candidatura del disidente Oswaldo Payá al premio Nobel de la paz; pedir la liberación inmediata e incondicional de todos los presos políticos.”

Ya es imposible: Oswaldo Payá murió en circunstancias extremadamente sospechosas. Francia, de la que Laurent Fabius es ministro de Relaciones Exteriores desde mayo de 2012, se ha negado a apoyar a la familia del disidente, que reclama una comisión de investigación sobre las condiciones en que se produjo el “accidente” de tráfico en que falleció, junto con Harold Cepero, en julio de 2012.

Peor aún: Francia, al recibir al canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, ha tomado el relevo de España que, en tiempos del Gobierno socialista de Zapatero (hasta 2011), no había logrado imponer su punto de vista. Desde entonces se ha vuelto la puerta de entrada de Cuba en la Unión Europea, reclamando una revisión de la “posición común”, que subordina el levantamiento de las sanciones europeas impuestas contra el régimen castrista al respeto de los derechos humanos.

Releyendo ahora el texto firmado en 2003 por Laurent Fabius (que había sido elaborado por algunas personalidades francesas y por exiliados cubanos), resulta por lo menos sorprendente la evolución en la postura del ministro. ¿Qué ha cambiado en Cuba? Claro, Fidel Castro, enfermo de gravedad pero aún dispuesto, cuando su salud se lo permite, a recibir a sus huéspedes más ilustres, ya no ocupa el mando supremo. Pero fue su hermano Raúl quien se ha encargado de implementar una “sucesión dinástica” que pocos han tenido el valor de cuestionar. Es cierto que los “75” presos políticos de la “primavera negra” han sido puestos en libertad pero la mayoría de ellos ha tenido que exiliarse, a cambio, primero a España, luego a Estados Unidos. Y los opositores siguen siendo objeto de una represión, menos visible seguramente, pero tan violenta como antes o más, como lo demuestra el caso de Oswaldo Payá.

Más, todavía: Laurent Fabius viaja a Cuba a partir del 12 de abril de 2014. Se trata de su primera misión oficial desde que ha sido confirmado en sus funciones por el presidente François Hollande quien, por su parte, había escrito, cuando sólo era primer secretario del Partido socialista, en una tribuna publicada el 27 de febrero de 2003 también por Le Nouvel Observateur: “La hermosa revolución se ha convertido en una pesadilla.”

El Gobierno socialista francés pretende legitimar de esa manera a un régimen al que calificaba otrora de “dictadura”, en los términos empleados a la vez por Hollande y por Fabius. Ningún canciller francés había ido a Cuba desde hace varias décadas. La vía había sido abierta, durante sus innumerables estancias en la isla, por el actual presidente del Senado, Jean-Pierre Bel, quien ha anunciado hace poco su decisión de abandonar su puesto, en un gesto aparentemente desinteresado, que oculta apenas su deseo de ser nombrado embajador en algún país latinoamericano (¿por qué no Cuba?). Más allá de la normalización de las relaciones con el gobierno de los hermanos Castro, el objetivo proclamado es respaldar a los hombres de negocios franceses que adoran la isla, después de la aprobación de una ley que autoriza oficialmente las inversiones extranjeras, tras medio siglo de rechazo a las influencias exteriores.

Francia será, por cierto, la invitada de honor de la Feria internacional del Turismo, que tendrá lugar en mayo. A las autoridades francesas les gustan los honores: en 2002, la República era también la invitada de honor, esta vez de la Feria internacional del Libro. En las dos ocasiones, la Feria ocupa el recinto de la fortaleza colonial de La Cabaña, hoy día considerada como un lugar emblemático del turismo de masas pero que otrora, desde los inicios, en 1959, de la “hermosa revolución” con la que han soñado tantos políticos, servía de marco a los juicios sumarios de los opositores, que concluían casi siempre con ejecuciones nocturnas, supervisadas por el comandante mítico cuyo rostro sigue adornando las camisetas y los posters de los simpatizantes de la revolución: Ernesto Che Guevara.

El periodista y poeta Raúl Rivero, figura emblemática de los “75” presos políticos de la “primavera negra” de 2003, puesto en libertad en 2004 y exiliado desde entonces en Madrid, al que Laurent Fabius había “apadrinado” simbólicamente, en un gesto de solidaridad con las víctimas de la represión en Cuba, le recuerda al ministro francés, en un artículo publicado por el diario El Mundo el 20 de marzo de 2014, la posición que había tomado en aquel entonces:

“Es siniestro que el canciller Laurent Fabius sea el designado por la UE para llevar adelante el diálogo de recomposición de los contactos. El reconocido socialista galo escribió un artículo, en 2003, cuando la razia policial contra 75 opositores y periodistas cubanos, en el que se quejaba de «la extraña indulgencia» con la que su país trataba al «dictador» Fidel Castro.”

Raúl Rivero subraya justamente la “amnesia” de Laurent Fabius. El olvido podría ser considerado como una traición o al menos una falta de constancia respecto a los que siguen padeciendo el exilio por todas partes del mundo y la represión dentro de la isla.

Laurent Fabius concluía el texto redactado en 2003, con las palabras siguientes:

“Tenemos que actuar a favor de la solidaridad y de los derechos humanos. La izquierda —la verdadera— saldrá engrandecida de ello.”

Habría sido mejor para Fabius y para la izquierda, ahora en el poder, que esas palabras no hubieran sido escritas y, sobre todo, que no volvieran a surgir años más tarde. Ni él ni la izquierda saldrán engrandecidos de ello, por lo menos para los exiliados y los disidentes cubanos.

Jacobo Machover
París

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2 respuestas
Comentarios

  • Sergio dice:

    Francia, la UE, Estados Unidos, hoy en dia todos son lo mismo. No es cuestión de izquierda o derecha. La UE hace lo que a USA no le conviene hacer con su propia cara.

  • Miguel Iturralde dice:

    Así son estos personajes de la belle gauche, donde dije digo, dije diego; y allá en la Isla les perdonan sus pequeñas desviaciones. Saludos.