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La frágil condición del disidente

  • Feb 18, 201405:17h
  • 5 comentarios

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Se requiere vocación para ser disidente. También coraje o irresponsabilidad, quizá un poco de ambas. Es el hartazgo del ilustrado. Es una condición frágil e ingrata. Se habla en beneficio de muchos, pero lo aprecian solamente unos cuantos.

El disidente pide libertad de prensa, el derecho a viajar, a la pluralidad política, al acceso a la internet y a la libre expresión individual. Todos son derechos importantes para la fundación de una sociedad en la cual se respeten los principios democráticos y cada ciudadano, dentro de ciertas limitaciones, pueda decidir su futuro. Pero a la masa eso le suena hueco. La gran mayoría, sobre todo en países como Cuba, quiere soluciones inmediatas al problema de la comida, de la vivienda o de la ropa. La apertura de una nueva cafetería es mejor recibida que la inauguración de un museo.

Hace muchos años, cuando el discurso ideológico estaba de moda y se construía la narrativa de la épica revolucionaria, recuerdo que cada vez que me metía en problemas en mi centro de estudio o de trabajo, el consejo de algunos amigos y enemigos era, siempre: “para qué te metes en política”. Yo trataba de hacerles entender, inútilmente, que no era yo quien me metía en la política, era la política la que se metía conmigo. Pero es que la mayoría prefiere guardar silencio, esconder sus opiniones. Y eso que en Cuba no hay avestruces (aunque esa actitud no es patrimonio de los cubanos). Hoy en día, ya sin épica ni discurso, la actitud mayoritaria es mucho más pasiva.

El mensaje del disidente resulta atractivo a quienes viven fuera de su realidad mientras estos se mantengan allá. Una vez que viajan, su mensaje pierde validez al cabo de los días. En Cuba apenas se les conoce o se les ignora a propósito. Pero el poder siempre mantiene su vigilancia. Mientras su mensaje quede en ideas abstractas, todo va bien, pero si se deciden a manejar temas concretos entonces se desata la violencia contra ellos. Están indefensos.

Un tema cada vez más explosivo es la creciente desigualdad social. No me cabe la menor duda de que hoy en Cuba existe una situación económica mejor que la existente hace treinta años. La diferencia es que mientras antes había una igualdad en la miseria (aunque por supuesto, no todos éramos igualmente iguales, ya que ellos no espaguetizaban), hoy en día se hace más obvio que las ventajas son para el goce de unos pocos. La ostentación ha regresado a la calle (algo que durante la épica era anatema) y eso provoca molestias.

Las grandes desigualdades sociales son peligrosas porque fermentan el odio y la envidia, esas características tan propias de los seres humanos, que tienen más fuerza motriz que la compasión y los ideales de libertad. Los estómagos vacíos, ante la vista de otros estómagos repletos, causan más enardecimiento que los cerebros clausurados.

Los mítines de repudio, el acicate a la masa enardecida son las formas de desviar esos instintos por caminos controlables y utilizables contra aquellos que proclaman la necesidad de establecer derechos civiles. Son la incivilidad organizada y manipulada.

Uno de los mayores combustibles para la envidia que pudiera ser nociva al gobierno es el enriquecimiento de individuos que no tengan que ver con el gobierno. Es por ello que limitan el horizonte de los negocios privados y que crean instituciones encaminadas a controlar el trasiego comercial para que quede en manos de los fieles al poder, como la corporación GAESA, o el conglomerado CIMEX, quienes controlan casi el ochenta por ciento de la economía cubana. Los cuentapropistas no son más que modestos buhoneros. También para prevenir el descontento entre los fieles, se construyen urbanizaciones cerradas como el “Proyecto Granma”, que ofrecen comodidades insospechadas para la mayoría de los cubanos, a los militares de medio y alto rango. En definitiva, quienes poseen las armas tienen la última palabra en un momento de caos.

Los disidentes cubanos operan en solitario. Al menos, visto desde afuera, hay muy poca coordinación entre los diferentes grupos, muy poca solidaridad. Para colmo, en los lugares en los cuales se escucha su mensaje, están expuestos a las críticas (bien y malintencionadas) de quienes difieren de sus puntos de vista, en sociedades en las cuales la libre expresión es un derecho asentado. O sea, se les victimiza en las sociedades como las que aspiran a crear.

Este año se cumplirán veinticinco años de la caída del Muro de Berlín y la desaparición del bloque socialista, incluyendo, un poco después, la Unión Soviética. Sin embargo, en países en los cuales hubo grupos de destacados disidentes como Sharansky, Sozhenitsyn, Michnik y Havel, existieron movimientos literarios como el Samizdat, y en los cuales existió una respetada tradición cultural mucho más antigua que la nuestra, todavía existe una actitud y una claustrofilia mental que no se aleja mucho de la que existía entonces.

Los gobiernos totalitarios sólo caen por explosiones internas o por movimientos violentos. Estas dos situaciones son generalmente promovidas por la desigualdad económica y social. Para ello los gobernantes cubanos toman medidas a diario, con promesas de cambio económico, con migajas para sus siervos y con sus tropas de choque asaltando la calle. Mientras tanto, frágilmente, el disidente debe continuar su trabajo, con su cabeza entre el hacha y el denuesto.

Roberto Madrigal
Cincinnati

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5 respuestas
Comentarios

  • Cagüent?2, Ptolomeo e Intransigente dice:

    Que ejemplo de valor demosrado por este muchacho:

    http://www.youtube.com/watch?v=EsLqAigwtTw#t=119

  • conico dice:

    no hay solucion con esta partida de biranitas con sed de poder y expolio……la patria esta condenada a a ser la finca de estos abusadores que creo un espanol malnacido y que tuvimos la mala fortuna de que fuera a cuba de soldado real……. desgracia del destino que no lo mando a la conchinchina a cumplir su asqueroso servicio militar……..

  • Cagüentó, Ptolomeo e Intransigente dice:

    Entrevista a Padura en Miami. Sigue de equilibrista jugando con la cadena sin molestar al mono.

    http://www.elnuevoherald.com/2014/02/17/1682570/leonardo-padura-tengo-la-posibilidad.html

  • Gabriel dice:

    ¿Qué tiene que hacer el disidente?:

    Muy sencillo, comportarse como si ya existiese libertad, contar su opinión en cuanto foro le sea posible, bien alto y claro, con sosiego y firmeza. De ese modo actúa como una guía y ejemplo para el resto de la sociedad que observa hasta donde se puede llegar, porque el disidente tiene que ocupar todos los espacios de libertad y empujar el muro para que esos espacios se amplíen.

    Sin disidentes el cambio es inalcanzable.

  • Gabriel dice:

    La desigualdad social en Cuba es muy grande y se puede medir con el índice de Gini. Cuanto mayor es este, mayor desigualdad. A continuación pongo un listado de índices de Gini por desigualdad creciente:

    Noruega: 0,226
    Alemania: 0,283
    Media Zona Euro: 0,305
    Francia: 0,305
    Reino Unido: 0,330
    España: 0,340
    India: 0,368
    Japón: 0,376
    Vietnam: 0,378
    Uruguay: 0,379
    Cuba: 0,380
    Venezuela: 0,390
    Argentina: 0,411
    Rusia: 0,417
    Estados Unidos: 0,469
    China: 0,474

    Resumiendo: Cuba es un lugar con mucha desigualdad, mucha más que en Europa, pero no tanta como en China.

    Es rotundamente falso que el comunismo conduzca a una mayor igualdad social. Los países más igualitarios están en Europa Occidental.