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De la usura cubana en el Canto XII de Ezra Pound

  • Feb 06, 201416:28h
  • 9 comentarios

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I
Hace varios años, cuando leía los Cantares de Pound para buscar evidencias poéticas de su singular teoría económica (lo que luego terminó siendo un ensayo de mis Perfiles derechos) me llamó la atención un curioso episodio mencionado en el Canto XII.

Tal vez valga la pena traerlo a colación, ahora que Rafael Rojas ha encontrado tempranos vestigios de la obra de Pound traducida en Cuba, y mientras trato de dar forma definitiva a un poema-parodia que incluyo al final de este comentario. (Poema sobre la impronta poética del delirio, poundiano y cubano, al que estos comentarios servirán con suerte de nota al pie.)

La mayoría de los lectores recuerda esos dos grandes nodos retóricos de la teoría de Pound contra la usura: el Canto XLV y su secuela, el Canto LI. Menos conocido es, sin embargo, el Canto XII, estructurado como un trío de parábolas, no exento de episodios reales, para ilustrar maneras usureras o “desnaturalizadas” de multiplicar la riqueza. Es importante aclarar que para Pound la usura no es solamente el préstamo con interés, sino un tipo de perversión civilizatoria —o anticivilizatoria, según como se mire— en la que se pierde la relación entre dinero y trabajo. Los Cantares son precisamente la historia de esta perversión, de este pecado, a lo largo de cuatro mil años de civilización, no sólo occidental.

El primer episodio narrado en el Canto XII tiene a Cuba como escenario. Después de confesarse espectador de un nuevo circo romano, Pound escribe:

El calvo Bacon
compró todos los centavos de cobre en Cuba:
Un centavo, dos centavos,
dijo a sus peones que se los llevaran.
“Tráiganlos a la choza principal” dijo el Calvillo,
Y los peones los llevaron;
“a la choza principal se los llevaron”,
como hubiera dicho Henry.
Nicolás Castaño en La Habana,
también tenía unos centavos, pero los otros
tenían que pagar un porcentaje.
Porcentaje cuando querían centavos
Centavos públicos.
El interés del Calvillo
estaba en los negocios monetarios.
“Ningún interés en otros bisnes,”
dijo el Calvillo,
Durmiendo con dos negrones encadenados a él,
Guardia regia, encadenada a su cintura
Para que no se escaparan en la noche…

Baldy Bacon
bought all the little copper pennies in Cuba:
Un centavo, dos centavos,
told his peons to “bring ‘em in.”
“Bring ‘em to the main shack,” said Baldy,
And the peons brought ‘em;
“to the main shack brought ‘em,”
As Henry would have said.
Nicholas Castano in Habana,
He also had a few centavos, but the others
Had to pay a percentage.
Percentage when they wanted centavos,
Public centavos.
Baldy’s interest
Was in money business.
“No interest in any other kind uv bisnis,”
Said Baldy.
Sleeping with two buck niggers chained to him,
Guardia regia, chained to his waist
To keep ‘em from slipping off in the night;

Y prosigue el poema con la historia del tal Baldy Bacon, cuando “habiendo perdido su popularidad con los cubanos”, enfermó gravemente y regresó a Manhattan.

Francis S. Bacon fue un hombre de negocios norteamericano, con el que Pound mantuvo una larga amistad, al menos durante tres décadas. Según la información recopilada por su biógrafo Noel Stock y otros comentaristas, Pound conoció a Bacon en junio de 1910, durante un viaje que hizo a Nueva York. Había terminado su temporada de vagabundeo en Londres y quería dedicarse a ser un hombre de negocios, como su abuelo y su padre. A D. H. Lawrence, que lo fue a despedir, le confesó: “Habiendo tenido todas las experiencias posibles para un hombre pobre, debo proceder ahora a conquistar riquezas, y explorar el otro hemisferio”. Ya en Nueva York, presa de ese espíritu emprendedor, rimbaudiano, fue que se tropezó con ‘Baldy’ Bacon, que por entonces vendía seguros y tenía una oficina en el distrito comercial de New York. Este Bacon lo embarcó en una especie de “negocio” que William Carlos Williams narrará luego en tono jocoso:

“Me propuso…que compráramos una gran cantidad de ‘606’, el nuevo arsénico anti-sifilítico que Ehrlich acababa de anunciar al mundo, y que fuéramos inmediatamente con él a las costas del norte de África para venderlo. Entre nosotros, yo con mi título de médico y mi experiencia, y él con sus inclinaciones a la sociabilidad, podríamos, dijo, sacar limpio un millón de dólares tratando a los viejos ricachones —presumiblemente destruidos por la enfermedad— y retirarnos a nuestros disfrutes literarios en un plazo, como mucho, de un año”.

Al parecer, el plan de Pound para hacerse millonario no funcionó, ya que el 22 de febrero del 1911 se embarcó de vuelta a Londres. Pero la figura del negociante Frank S. Bacon, y lo que éste representaba en su “idea del mundo”, siguió presente en su vida. Además de aquellas reuniones en la Calle 47 Este, Pound y Bacon se volvieron a encontrar en París en julio de 1922, y en Rapallo a finales de los años 20. A pesar de su apariencia de demonio menor dentro de un gran esquema de malignas fuerzas usureras, en realidad trató de ayudar a Pound desde sus negocios de papelería y sus relaciones comerciales. De aquellos encuentros, de aquella amistad con reparos habría surgido la anécdota cubana que aquí se narra.

En The Pound Era, Hugh Kenner vincula el cobre de esos centavos cubanos con el oricalco homérico, ornamento de Afrodita, presente en el primer Canto (sobre aquel tiempo en que el cobre y el oro eran semejantes), y define a Bacon como “another tricksome Odysseus who had discovered that currency might be something to monopolize”. Sobre la estancia real de Baldy en Cuba poco se sabe. Un registro migratorio de Ellis Island lo muestra de vuelta a EE UU, como pasajero del Morro Castle, el 11 de septiembre de 1906.

El otro personaje citado al comienzo del Canto XII, Nicolás Castaño Capetillo (1836-1926), es bastante más conocido: a comienzos del siglo XX, fue el hombre más acaudalado de Cuba. De origen vasco, llegó a la isla en 1849 y desde 1851 trabajó en Cienfuegos como dependiente de bodega, vendedor ambulante y empleado de Esteban Cacicedo, hasta establecerse por su cuenta en una fábrica de velas y una tienda mixta que perdió en un incendio. Con un socio fundó la Castaño Intriago, casa comercial y bancaria que duró hasta 1888. Mediante créditos llego a ser acreedor de algunos de los principales negocios de la ciudad, y propietario de varios centrales. Años después, su fortuna se unió familiarmente con la de los Falla, otra de las más ricas familias cubanas. Según algunos historiadores cubanos, en el origen de su inmensa fortuna están las confiscaciones a los cubanos condenados por sus ideales o acciones separatistas, bajo el control de una Junta de Bienes Embargados. Castaño, teniente del Batallón de Voluntarios de Cienfuegos, fue miembro de una de esas comisiones. Al parecer, por esa vía muchas de las propiedades enajenadas a los patriotas cayeron en sus manos.
Algo que, por supuesto, tampoco hubiera aprobado Pound.

II

Los conspiradores

………………….The gentle reader has heard this before.

………………………………………Ezra Pound, Canto XXXVIII

 

“¿Sabe cómo se las arreglaron
los alemanes
para hacer tantas guerras sin petróleo?
Proceso Fisher-Tropsch: esa es la clave.
Y los americanos luego se llevaron
a los científicos que hicieron esas plantas
para los nazis,
y los pusieron a trabajar en silos.
Pero en mil novecientos cincuenta y tres
lo detuvieron todo:
a las petroleras no les convenía.
Y lo mismo pasó con ese Meyer,
el inventor del coche que funciona con agua
sin cambiar el motor
—¿se lo imagina usted?—
ya estaba listo para la producción en serie
y se negó mil veces a venderlo
a las corporaciones
que por supuesto hubieran archivado su invento.
Por eso lo mataron en el noventiocho.
Y con el coche eléctrico, lo mismo:
no les conviene que la cosa se extienda.
Ni los americanos ni los árabes quieren,
en eso sí que se ponen de acuerdo.
Pues como dijo Adam Smith,
esos del mismo gremio
nunca se juntan si no es para jodernos.”

Así habló mi taxista,
y luego se puso a silbar.
De vez en cuando volteaba la cabeza
para hacerme un guiño cómplice,
la seña oculta de Monsieur Brisset,
Prince de Penseurs.
Esa noche soñé con Fisher-Tropsch
—los reactores plateados, infantiles,
como en un comic—
y conversé con Meyer para que me explicara
los ingenuos misterios de su alquimia,
y allí en mi sueño estaban,
por desgracia,
los dos malditos belgas que lo envenenaron
muy pálidos,
de manos elegantes y ojeras azulosas,
con el sombrero puesto,
al borde de una mesa.
En aquellos momentos yo parecía entender,
ver la historia del mundo sin sus velos
(Paranoia is a form of awareness… —y todo eso)
y por allí también vagaba el viejo Pound
que como buen poeta conspiró
contra el injusto monopolio de la realidad.
Escuché entonces la conversación
de Pound y mi taxista,
a esa hora tardía tan locuaces,
orgullosos de sus respectivas
patentes no estafadas (ni vendidas):

“Yo tuve un gran amigo viviendo allá en la isla
se llamaba Frank Bacon, un demonio,
trató de acaparar los centavos de cobre
y le hizo competencia al banco de Castaño:
gran usura cubana, damn good fellow
cegado por su gesta de oricalco.
Pero acabó en Manhattan
por la 47, donde me contó
cómo se iba a dormir con una guardia regia
de dos cabrones negros
chained to his waist
to keep ‘em from slipping off in the night

Pero eso es otro poema, por supuesto.
.

Ernesto Hernández Busto
Barcelona

Publicado en
9 respuestas
Comentarios

  • Al Ánimo dice:

    “La mayoría de los lectores recuerda esos dos grandes nodos retóricos de la teoría de Pound…”

    WTF??!! ¿La mayoría de los lectores”?!! No lo creo :=)

    Y chico, Rra-Rro, como siempre… Dropping names… No tiene remedio. Our biggest and most celebrated name dropper…

  • Miguel Iturralde dice:

    Excelente trabajo, Ernesto. Hablando de la usura y fortunas amasadas a costa del infortunio… los dueños de fincas desplazados por la reconcentración de Weyler que gravaron sus propiedades para subsistir, y al final de la guerra fueron despojados de las mismas por los fiadores. Saludos.

  • NDDV dice:

    No Ernesto, no es parodia de acento judío. “Bisnis” lo dice cualquiera en jodedera, es una manera vulgar de pronunciar la palabra, y se usa en los momentos en que quieres hacer énfasis en el carácter paródico de lo que estás expresando. Puedes añadirle las eses si quieres, pero no creo que sea necesario.

  • pd dice:

    Gracias, Néstor. Me quedó la duda en ese verso, sí, de si se refería a una persona inculta o parodiaba el acento judío. Pero no hay problema: puedo poner “bissnesss”…

  • NDDV dice:

    Excelente. Ernesto en su mejor forma. Solo que la traducción de “other kind of uv bisnis”, debe ser, por supuesto “otro tipo de bisne”, en realidad la solución de añadir eses al final de las palabras castellanas no da el tono de slang de la palabra “bisnis” cuando es pronunciada por una persona inculta. La palabra “bisne” existe en nuestro dialecto, especialmente en el contexto cubano del pasaje citado. El poema de Ernesto es excelente.

  • Rafael Rojas dice:

    Hola, Ernesto, las notas que estoy publicando en mi blog son, precisamente, eso, notas, para un ensayo donde me ocuparé de las políticas de traducción de la poesía norteamericana en Cuba, entre los 20 y los 60. No es una cuestión meramente cronológica la que me interesa
    Si relees el ensayo “Vanguardismo” (1927) de Mañach, que apareció en uno de los primeros números de Avance, y que sirvió en buena medida como editorial del proyecto estético de esa publicación, encontrarás esas ideas sobre una “vanguardia clásica”, de la que hablo. El latinismo de Pound estaba, además, en sintonía con el arielismo de Mañach.
    Coincido contigo en que el encuentro de Pound con Lezama es de mayor densidad poética. Pero a Pound no se le tradujo en Orígenes, como sí a Eliot, a Stevens, a Williams o a Dylan Thomas. José Rodríguez Feo, en su ensayo “George Santaya: crítico de una cultura”, que resume el proyecto de traducción de literatura norteamericana en Orígenes, habla de Pound como un “exiliado” de Estados Unidos en Europa, como Eliot mismo, pero lo descarta porque ha tomado la “menos sana opción del fascismo”.
    La idea de la “función social de la poesía” de Mañach, por cierto, no era ajena al modernismo norteamericano, a Pound, quien en “How to Read” habla precisamente de eso, o a Eliot, quien le dedicó todo un ensayo, bastante enjundioso en 1945.

  • Rolando Sanchez Mejias dice:

    …que eran alternancia o variaciones de temas y tonos en unos poemas-rios.
    Seria decir que el Paraiso de Dante sobra por ser menos intenso que el Inferno. Y cosas asi.
    Rolando Sanchez Mejias

    Gracias pues

  • Rolando Sanchez Mejias dice:

    Ernesto, muy interesante.
    Como ya sabes desde hace tiempo, en mi modesta opinion, Pound es junto a Stevens (solo hablo en los limites de la lengua inglesa), mucho mas que Eliot, y sus Cantos o Cantares son increibles. En un libro sobre Octavio Paz y otros modernos que acabo de terminar, precisamente critico a Paz.un poquito al decir que a los Cantos le sobraban poemas, precisamente muchos de ellos los dedicados a la “usura” y la politica. Lo mismo. dijo del libro-poema “Paterson”, de William Carlos Williams, pasando por alto, Paz,