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Delirios de Labrador Ruiz

  • Ene 12, 201402:13h
  • 3 comentarios

Enrique Labrador Ruiz

Revisando pacientemente la papelería de Labrador Ruiz en la indispensable Cuban Heritage Collection de la Universidad de Miami, me pongo a pensar en ese delirio silencioso —delirios en archivo—, del escritor cubano en el exilio. Labrador figuró, durante bastante tiempo en las filas del canon insular (ediciones, premios, autoridad), y luego desapareció durate casi 40 años en un exilio sin mayor lustre literario. ¡Qué lastima que nunca llegó a escribir sus memorias! Lo que se anuncia en un fragmento titulado “¿Los errores tienen infancia?” es magnífico —aquí un trozo donde pasa revista sin tapujos a vicios de escritores que conoció muy bien—, y hay también un estilo peculiar en muchas de sus delirantes “cartas a la carte” (un estilo “gasiforme” parecido, por cierto, a las “prosas” de Lorenzo García Vega), o en los textos críticos que publicó en periódicos y revistas menores —el dedicado a Borges, por ejemplo, es muy bueno.

Labrador Ruiz es un caso notable de escritor cubano “atormentado” por el exilio, hundido en el ostracismo bilioso del perdedor. El odio también es un factor literario. Basta ver sus tachaduras, las de alguien que se “reconcome” pero no se atreve a hacer plenamente visible su bilis en la escritura. En un artículo suyo sobre el destierro, la patria y la nostalgia se menciona una causa posible de esa especie de locura asociada a la impotencia literaria: perder una patria es también perder un lenguaje; se ensancha el espíritu, sí, pero a costa de anular “los diálogos posibles” que un escritor lleva en su cabeza y con los que arma su estilo. Esas “cartas” desesperadas (“Al ego que me huye”, “Al horno pineal”, “Al jardín de las pirañas”, “A la cartacuba”…), esas misivas que “no llegarán jamás”, son soliloquios que describen un mundo y un lenguaje perdidos. Al mundo arrebatado corresponden estos arrebatos íntimos. Habla Labrador, en ese texto rarísimo y definitivo que es “Bajo el puente”, de una suerte de ejercicio espiritual, del sufrimiento de quien apenas puede ya leer, del escritor que abandona y escribe sin fe unas cartas de naúfrago. Un escritor que ha optado por su “lente de silencio” y el “soliloquio de madrépora”.

Ernesto Hernández Busto

Foto: Mario García Joya.

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3 respuestas
Comentarios

  • Miguel Iturralde dice:

    De acuerdo Marcelo.

    Uno se cuestiona si la intelectualidad es el fin y no un medio. Parece ser que el exilio cubano es el que más ha cobijado escritores y periodistas per cápita, y toda su creación exclusivamente para el propio exilio, la más de las veces con efecto discorde.

    Quizás este rasgo de que las mejores mentes no puedan transmitir efizcamente sus ideas sea la razón primordial por la que muchos países, con la excepción de EE.UU. y sabemos muy bien porqué, nos vean con apatía. Todo lo contrario sucede en el ámbito empresarial, o por lo menos era así hasta hace unos cuantos años.

    Saludos.

  • Marcelo Salas Plana dice:

    Disculpa desentonar, pero los intelectuales cubanos me tienen cada vez más en el límite. Se que generalizaciones suelen estar llenas de errores e injusticias, pero dan una idea del conjunto.

    Y es que no entiendo esa manía que tienen los escritores cubanos de escribir con infinitos juegos de palabras que le dan vueltas a un tema sin llegar a afirmar o negar nada específico, en muchos casos ni siquiera mencionan el sujeto de lo que escriben, suponiendo que el lector completará la idea genial que no acaban de plasmar en el texto. Nada contra experimentos o estilos literarios, es que Cuba necesitó y continua necesitando escritores fuertes en sus ideas, claros en su estilo, focados en valores universales. Los que tuvimos en las últimas décadas no le hicieron ni una rayita en la piel a la barbarie comunista, y en esos fragmentos de texto vemos por qué.

    Con esa élite de intelectuales no asombra ver que un grupito de animales encabezado por los castro consiguió apropriarse del país con mentiras usando el camino fácil de callar, asustar y confundir a la población. Si los que tenían que enfrentárseles con ideas y difundiendo valores piensan de forma tan confusa y rocambolesca, entonces debe haber sido más fácil engañar y someter a un país.

    Nuevamente disculpa, es que me cansa leer filigranas estilizadas sobre una tragedia tan burda y completa como es la historia de los últimos 50 años de Cuba.