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¿Qué inquietó al campo literario cubano en 2013?

  • Ene 01, 201402:06h
  • 6 comentarios

Si bien es cierto que podría desplazarme hacia lecturas hechas este año de libros anteriores, prefiero nombrar, aunque no en base al ansia de actualidad, algunas obras que también fueron publicadas durante el 2013. Lo que me mueve a este gesto es la interrogante acerca del estado de nuestro campo literario en lo que a políticas editoriales se refiere. También, y en esto coincido con Google, el deseo de conocer en cuáles aventuras se enrolaron nuestros escritores durante el ciclo que ya nos deja.

Uno de los libros que más puede contribuir a nuestra comprensión del campo literario cubano contemporáneo es la edición facsímil de la revista Diáspora(s)(1997-2002). Creo que ha sido un trabajo notable, más que de edición, de rescate cultural llevado a cabo por Jorge Cabezas Miranda. El libro reproduce los números antes digitalizados de la revista habanera y suma los números restantes. Haber reunido en un volumen una colección que era difícil de encontrar por investigadores, críticos o simples lectores dentro y fuera de Cuba es ya meritorio. Sin embargo, el impacto de la antología es mayor al incluir testimonios de personas cercanas al grupo de escritores —y otras no tan cercanas, pero cuyo valor consiste en aportar una mirada ajena a los vicios del afecto y la historia personal compartida— y entrevistas a los propios autores del proyecto. Con textos críticos de ensayistas de distintas generaciones se completa una visión somera o un “asomarse” como alude el mismo Cabezas en el prólogo a lo que fuera hasta hace poco todavía un “territorio íntimo” (Cabezas Miranda 16).

Únicamente quisiera agregar a esta somera valoración de la importancia del proyecto editorial que cierta mirada distanciada o escéptica quizás sea la contribución que puede hacer el lector en su rol de receptor del artefacto literario. No hay que creerle a los autores al pie de la letra. Pero sobre todo, no hay que creerles al pie de la letra cuando hablan sobre sí mismos y sus proyectos. Las entrevistas, citadas en el prólogo como la fuente más fidedigna para el posible relato del fenómeno cultural que fue Diáspora(s), son también una suerte de invención, una suerte de literatura. Un escritor no sólo suele crear su propia tradición literaria, sino también su propia historia dentro de los tortuosos caminos de la literatura. Leyendo las revistas Diáspora(s) o a sus autores uno puede entender que la literatura se trata aquí de “estrategia” de guerrilla avant la lettre.

Creo que va siendo hora de sopesar desde la crítica el lugar del género revista literaria dentro del contexto nacional. Tan o más importante que la publicación de libros propios para establecer coordenadas estéticas, legados deseados o posturas lectoras, lo ha sido el participar, crear o incluso el hablar mal de alguna revista del patio. No por gusto una de las genealogías complejas que establece Diáspora(s) y su generación literaria es el par antagónico Lezama-Virgilio, que estableció sus identidades en reverso y sus manifiestos estéticos desde el podio de varias publicaciones e incluso desde la enumeración de entidades culturales que no eran otras que revistas literarias de grupos o tendencias ad usum. Así, según Piñera, en su editorial a la revista Poeta en 1942: “El desarrollo es como sigue: del síntoma (Verbum) se origina el sentimiento (Espuela); de este surge el disentimiento (Clavileño, Nadie Parecía, Poeta). El resultado es riquísimo, no mensurable. Pero con todo se puede ir hablando ya de esa ‘excepcional generación de 1936’.” Resulta notable que dos de los autores de Diáspora(s), quienes fueron el rostro visible de la revista en Cuba a finales de los años noventa e inicios del siglo XXI, Pedro Marqués de Armas y Carlos A. Aguilera, hoy se arriesgan en nuevos proyectos revisteros. Uno desde su deseo de incidir sobre la sociedad civil, a la cual el autor cree “se puede llegar de manera estética, e incluso filosófica” (Cabezas Miranda 106), colabora con el crítico de arte Héctor Antón, la también licenciada en Historia del Arte Jazmín Valdés Ramos y la cabeza del proyecto Cristo Salvador Galería, Otari Oliva, en el fanzine artístico Carne Negra; Pedro Marqués de Armas, por otro lado, se ha enfrascado en un proyecto más modesto, que denomina “doméstico” y que hace junto a la poeta Dolores Labarcena bajo el título de Potemkin Ediciones. Es interesante comprobar cómo ambos proyectos son antitéticos. Mientras que para Marqués de Armas Potemkin Ediciones es una “revistilla doméstica, sin mucho énfasis público, un tanto esquizoide. De ahí que se llame Potemkin, lo que resulta una declaración de debilidad” (comunicación personal), el colectivo detrás de Carne Negra afirma que la revista “querría ser (dramáticamente) terrorista, cosa que, como se dijo una vez, no hará daño a la Nación” y afirma acto seguido, con ese tono tan cercano a Diáspora(s): “O tal vez sí”. A mi modo de ver, la publicación de estos facsímiles de Diáspora(s) pudiera traernos más relatos de continuidades y lecturas acerca del presente que una mera evocación del pasado.

Sigo con la más polémica de mis lecturas de 2013: el libro Utopía, distopía e ingravidez: Reconfiguraciones cosmológicas en la narrativa postsoviética cubana, de Odette Casamayor Cisneros. Publicado por Nuevos Hispanismos, el libro intenta ser una lectura desde la perspectiva ética, y auxiliandose de los estudios culturales, de la literatura cubana reciente. Además de su particularidad (leer desde lo que pretende ser un estudio serio de la eticidad de estas narrativas, dejando a un lado la lectura desde la fenomenología de lo social en algunos casos, y de lo moral, en otros), este libro ha llamado mi atención al incluir en un mismo corpus analítico figuras disímiles, cronológica y estéticamente. Así tenemos, en el capítulo de apertura, a Virgilio Piñera y Lezama Lima, un dúo que ya viene siendo familiar, pero que la autora lleva a lugares inéditos de análisis cuando los compara con Alejo Carpentier atendiendo a su cosmovisión entre literatura e Historia. El segundo capítulo aún nos depara asombros: Leonardo Padura, Abilio Estévez, Senel Paz, Abel E. Prieto, Marylin Bobes, Antonio José Ponte y Alexis-Díaz-Pimienta. En una lista que estoy segura ha dejado incómodo a más de uno, Casamayor Cisneros busca nuevamente los rasgos en común, las simpatías ideológicas de un conjunto cuyo sino, dice Cisneros, es plantearse la isla como un no lugar al que se sobreponen otros espacios imaginarios, en suma, como heterotopia. El tercer capítulo se acerca a Reinaldo Arenas y el cuarto a Pedro Juan Gutiérrez; ambos tratan lo que la autora denomina “la caída”, una distopía que desfigura los discursos de lo nacional. El capítulo quinto, apenas unas notas (siete páginas en total) habla de un estado más que de algún autor en particular. Interroga la cuestión de la dialéctica entre lo que ella nomina como modernidad y postmodernidad, y su objetivo fundamental es trazar la transición del cambio de siglo, según mi opinión, que va del capítulo precedente y los autores discutidos en el libro hasta el momento hasta el capítulo sexto y último, donde se da entrada a Ena Lucía Portela, Pedro de Jesús, Gerardo Fernández Fe, Yohanna Depestre, Wendy Guerra y Orlando Luis Pardo Lazo. Dicho sea de paso, la autora ha declarado en el prólogo que no trabaja con la idea de generación literaria, aunque reconoce su utilidad epistemológica. Una lectura que se traslada en el tejido frágil de la temporalidad insular, y que habla de la diáspora como parte intrínseca de lo nacional además de suspender la “cubanidad” colocando entre signos de interrogación la palabra Cuba, es, cuanto menos, un gesto sin poses de postcrítica cubana con el que sería conveniente comenzar a dialogar.

Otro libro interesante de resaltar, también en tanto fenómeno que reflexiona el campo literario, es el poemario Chicle, de Legna Rodríguez Iglesias. Publicado en México, es uno de los libros de la autora en el que se observa un trabajo del conjunto desde la estructura, desde la urdimbre de tramas internas que viajan elásticamente de un poema a otro. Hay otros libros de la autora que son más compilaciones, trabajo con el archivo personal para armar exhibiciones de textos independientes que conjuntos cocidos bajo la misma receta. Es esta una de las características fundamentales de Chicle que agradece el lector: la posibilidad de aprehender un mismo aliento durante la lectura de 79 páginas de poesía. En este poemario, Legna, haciendo gala de su contemporaneidad, utiliza el motivo de la metaliteratura como autoreflexión escritural, pero también, como medio de interrogar a la literatura misma en tanto institución dentro del contexto global, pero más que nada, nacional:

“no digas nada porque cualquier cosa que digas
estará mal dicha
no entres al bosque
porque el bosque también tiene una fractura
cada palma tiene una tilde
en cada hoja de cada penca
y eso se transmite
de palma en palma
de generación en generación (41)”.

El libro versa, en gran medida, sobre la imposibilidad de escribir. No la imposibilidad de escribir como un tropo romántico, donde el autor sujeta su propia dignidad desde la narrativa de la literatura como un gesto heroico o de resistencia. En el caso de Legna, la imposibilidad de escribir es un tropo que cuestiona precisamente a la literatura. Nos habla de la imposibilidad de continuar con la postura digna, cuasi ridícula, frente a la página en blanco. Con gesto brechtiano, Legna advierte en la página 38 de Chicle que su estatuto de autora no añade o quita nada a la experiencia del lector: “Esto que estás leyendo / no está pasando ahora en ningún lado”. Convenientemente situado en la página que sigue a este poema, hallamos un texto que equipara el acto de mascar chicle con el acto de escritura: “Para escribir un libro tendría que / (…) y eliminar el libro por accidente / y no encontrarlo ni en la papelera de reciclaje / y halarme los pelos, comerme un chicle, botarlo” (39). Esta relación chicle-literatura se hace más tensa cuando en la página 47, la poeta escribe, en un texto que comienza con el motivo “Al censar todos los chicles que me he comido”:

que con cada uno de ellos he inflado
como mínimo diez globos.
También me doy cuenta
de que he estado perdiendo el tiempo
dándole a la mandíbula
dándole más
y más.

Hay algo de la manera de incluir al cuerpo en el texto que merece la atención de lectores y críticos, pero me contengo. Mucho más se pudiera decir sobre quien pide que se le “deje en paz” en un poema epílogo que cierra Chicle. Me contengo, no por hacerle caso a la autora cuando dice “te pido / que no interpretes / los ámbitos culturales”, sino porque la extensión de este ya excedido comentario me obliga a cesar la lectura. Dejo este resumen de 2013 y me voy a desenterrar mi propio hueso. Algo que bien entendería “la perra dócil de la poesía cubana” (88).

Lizabel Mónica
Princeton

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6 respuestas
Comentarios

  • Anónimo dice:

    Que DIASPORAS no ha dejado obra? ?!!
    Pero el anterior opinante está soñando o delirando?

    Dan risa estas intervenciones ridiculas
    Que se ponga las gafas y LEA ese viejito o viejita, pues lo mejor de DIASPORAS es lo PUBLICADO! Y de la revista ni hablar. Una bomba en medio de aquel circo

  • Agapito dice:

    Estoy completamente de acuerdo con Mirindanga y tendré cuidado para que Ernesto no me censure porque creo que lo importante aqui es dar una opinion:

    1 Qué cosa es “campo literario”? Hay que empezar por la nocion misma…o se utiliza eso pa’darle la vuelta a “literatura cubana”?

    2 El contenido de la seleccion deja que desear. No diré lo que pienso de “Diaspora” porque fue un gesto necesario aunque no ha dejado obra.
    El libro de Odette Casamayor (alguien lo ha leido?) esta muy pero mul mal escrito, sin hablar del contenido. La descripcion lineal que hace la comentarista es de muy mal gusto, por cierto.

    3 “La prosa de la “critica” es rocabomlesca. Practica el arte del enredo para pretender decir cosas profundas algo aprendido en la isla. El dejo con esta perla y si alguien me puede traducir la frase, le doy las gracias por adelantado.
    Anoten ahi:

    “Únicamente quisiera agregar a esta somera valoración de la importancia del proyecto editorial que cierta mirada distanciada o escéptica quizás sea la contribución que puede hacer el lector en su rol de receptor del artefacto literario”

    Ñóóóó…mi poca inteligencia no merece tanto esperpento

  • Mirindanga dice:

    Estos son los libros que “inquietaron” el campo intelectual cubano o los que tiene Lizabel en su casa?
    ?Que polemica causo el libro de Odette Casamayor si a esta seniora no la conocen ni en los centros espiritistas?
    Diasporas “inquietando” en el 2013!
    Que horror!
    (A ver Ernestico si no me censuras ahora!) Le estoy tirando suavesito, para no darle ni con el petalo de la rosa.

  • Gracias a ti, Mirta, y muy feliz 2014 para los dos. También leí tu lista y me encantó el mapa que dibujas.

  • mirta dice:

    Gracias Lizabel por tus sugerencias. El gesto-libro de Cabezas es fundamental, casi lo incluyo en mi lista!