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Una versión

  • Dic 29, 201318:25h
  • 1 comentarios

lighght

Un buen ejercicio, o al menos uno bastante didáctico, para ejemplificar la manera en que la traducción no tiene que ver exclusivamente con el sentido o con el sonido de las palabras sino con el efecto del sonido/sentido que de ellas proviene —ese “efecto” que es antítesis de “efectismo”: recupera la palabra como objeto esencial— sería intentar la versión al español del famoso y brevísimo poema de Aram Saroyan.

lighght

En inglés, la partícula gh es muda, y es esa mudez lo que pretende resaltar el poeta. Al redoblarla nos obliga a sentir el lenguaje más allá del uso corriente y nos devuelve su más estricta materialidad, que es al mismo tiempo —suprema paradoja— una suerte de “explicación” mística. O en palabras del propio Saroyan: “El meollo del poema es tratar de convertir lo inefable, la luz, que sólo conocemos porque ilumina algo más —en una cosa.”
(Es de esa materialidad conceptual de donde proviene buena parte del interés del arte contemporáneo por la poesía como objeto.)
Replicar este efecto en nuestro idioma significaría irnos, no por el camino de la sílaba muda sino por la grafía fonética y su ambigüedad:

luss

La “errata”, el error redoblado, el (d)efecto, es ahora lo que nos acerca a la materia y nos devuelve la luz como cosa. Ese bisbiseo que nos interpela y, al mismo tiempo, nos pide que hagamos silencio.

Ernesto Hernández Busto

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1 respuestas
Comentarios

  • Gabriel dice:

    Para quienes no pronunciamos la zeta como una ese, la traducción a luss no funciona.

    Por otra parte en el pasado esa gh del inglés se pronunciaba, y todavía se sigue pronunciando en algunos lugares de Escocia. Se pronunciaba como la ch de la correspondiente palabra alemana Licht, es decir de forma similar a la jota española. A su vez ese sonido tipo jota se derivó del sonido ka, que todavía se conserva en el latín lux.

    De modo que light, luz, Licht y lux son palabras con el mismo origen.