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Mis discos del 2013

  • Dic 23, 201319:26h
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Chucho Valdés and his Afro-Cuban Messengers: “Border-free”

Para decirlo rápido y desde mi más estricto gusto personal, es el mejor disco que le he escuchado a Chucho desde la desaparición de Irakere. Y es que siempre he preferido cuando el pianista pone su enorme talento al servicio de las bandas que construye a partir de una sección rítmica tupida, sólida, deslumbrante. Los Afro-Cuban Messengers del disco “Border–free”, a diferencia del disco anterior “Chucho’s Steps” se presentan con un saxo de menos y un percusionista más y eso debe tomarse como una declaración de principios en un disco donde la sección de metales se reduce al trompeta Reynaldo Melián Alvarez con apariciones ocasionales del saxo de Branford Marsalis casi siempre discretas. (En sus presentaciones en vivo durante su gira norteamericana prescindían completamente de los metales con resultados iguales si no superiores). Esto le permite a Chucho y los suyos (Dreiser Durruthy Bombalé, en el batá Rodney Barreto Yllarza en la batería, Yaroldy Abreu Robles en las congas y Ángel Gastón Joya Perellada en el bajo) concentrarse en búsquedas rítmicas jugosísimas en piezas como “Congadanza”, “Afro-comanche” o “Abdel”, dejar que la melodía haga el trabajo de hilo conductor mientras el ritmo, ese concentrador de tiempo, se enseñoree de todo. Y el resultado es sorprendentemente fresco como si Valdés no llevara decenas de discos a cuestas o como si hubiese conseguido liberarse de ellos a través de un conveniente ataque de amnesia y el resultado fuese al mismo tiempo parecido y distinto al siempre venerable “Live at Ronnie Scott’s” de Irakere. Y es así que, a través de esos despojos, de esas sucesivas liberaciones no teniendo que demostrar nada Chucho lo demuestra todo.

Paquito D’Rivera y el Trío Corrente: “Song for Maura”

No es un capítulo más de la radionovela “El romance de Paquito D’Rivera con la música brasileña” aunque lo parezca. O sí, pero sobraría el “más” porque, aunque contando con elementos parecidos, el resultado está lejos de ser previsible en los detalles, que es lo que más importa. Digamos que es un capítulo importante: ese en que la maldad de la madrastra es por fin descubierta o en el que el héroe rescata a la heroína de las garras de algún desalmado. Esta vez se hace acompañar con un trío de músicos brasileños, el trío Corrente (Fabio Torres, piano, el bajista Paulo Paulelli y Edu Ribeiro en la percusión). Aunque un verbo como acompañar resulta engañoso. Hablar de enfrentamiento por otro lado resultaría exagerado pero a ratos se siente la tensión que uno podría percibir en una partida de póquer. Sin embargo, pronto uno descubre que los jugadores son amigos y que más allá del resultado de la partida y de a quién vayan a parar las cantidades apostadas se trata de una celebración del simple acto de estar juntos. De una conspiración entre iguales donde Paquito pone el saxo, el clarinete y una composición dedicada a su madre, precisamente la que da título al álbum mientras que el pianista Fabio Torres aporta sus piezas “Saldera” y “Paquito” y el percusionista Ribeiro su “Cebola No Frevo”. El resto pueden ser clásicos de toda la vida como el “1 X 0” de Pixinguinha, “Tem Do” de Baden Powell, “Ceu e mar” de Johnny Alf y “Sonoroso” de K-Ximbinho o un clásico reciente como “Recife Blues” que deja la grabación original de McCoy Tyner y Claudio Roditi como apenas un boceto. Ah, y se me olvidaba —aunque los finales no se deben contar… al final Paquito vuelve a conquistar a su amada, pero asumo que eso ya lo sabían.

Ogguere: “Solar”

Aunque “Solar”, su último álbum, ganó el premio a mejor grabación en la categoría Rap Hip Hop la propuesta de Ogguere viene más funky que nunca. No hay que dejarse distraer por el rapeo de los cantantes o por títulos como “No dejes que la rumba se te acabe”: “Solar” es el producto más consciente y acabado de lo que las futuras enciclopedias musicales podrían llamar “funk cubano” sin remordimientos. Y no lo hace desde una perspectiva unidireccional y machacona destinada a instituir una modulación local de un género demasiado establecido en otros sitios sino que lo empuja para sacarlo de quicio, averiguar qué más puede dar de sí. Desde el soul, el jazz, la rumba o el mambo pero sobre todo desde el perfecto acoplamiento de los músicos. (El funk no es, después de todo, terreno para virtuosos aunque en “Solar” se dejan escuchar agradecibles solos de trompeta —cortesía de Alexandre Abreu— o de trombón). Es un disco —y esto es algo que se puede decir de pocas grabaciones actuales— que se deja oír de principio a fin sin impaciencias aunque haya piezas que destaquen del resto como “Mi chocolate caliente”, el homenaje a Chano Pozo que es “Llegó la manteca a Santos Suárez”, “Mataron a Freddy” o la musicalmente apabullante “Voy a hablar con Fidel”. No es un disco perfecto porque allí además de hacer muy buena música se cantan unas letras tan ridículas que si se toman sin pedanterías pueden resultar divertidísimas. Debo advertirle a los puristas del idioma —de cualquier idioma— que en “Solar” se intenta la complicada rima de “caliente” con “caliente” (“mi chocolate caliente/ para que tú te caliente(s?)) pero también se consigue rimar con todo éxito “así” con “éxtasis” (hacerlo así/ en el sofá/ siempre es más/ un extasí”) o “Hemingway” con “everyway” (“yo quiero ser libre como Hemingway/ viajar a everyway). Y todo esto se le perdona a los cantantes —supongo— porque alguien tiene que salir en las portadas de los discos, o en los videoclips bailando con chicas en tangas, o dejarse reconocer en la calle por los fans y firmar autógrafos, hacer el trabajo duro del grupo, en suma. El resto es música.

Otros discos que he escuchado este año y que a mi entender merecen atención especial son el “Sió” de Alejandro Frómeta, “Today’s Opinion” de Yosvany Terry, “La cibertimba y el bárbaro” de Boris Larramendi, “Mi bajo danzón” de Yunior Ferry, “Brooklyn Nights” de Roberto Poveda y la reveladora labor arqueológica de la antología “Cuban Rumba, Swing y Bebop, Vol. 1”.

Enrique del Risco
New Jersey

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