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Lecturas cubanas del 2013

  • Dic 20, 201317:54h
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muroberlin

Supongo que fue por coincidencia, pero varios libros de autores cubanos que leí este año los tuve que cerrar después de avanzar apenas unas decenas de páginas. No me había pasado antes con tanta frecuencia, pero de todos modos leí varios libros de gran interés como para poder escoger mis tres favoritos.

El libro que más me interesó este año, muy por encima de los demás, fue El comunista manifiesto. Leer un libro de Iván de la Nuez siempre es un placer para mí, pues admiro su ironía y su manejo del lenguaje, la forma en que enlaza la “alta” cultura con la popular y la forma en que establece contextualizaciones coherentes entre las más diversas formas artísticas, así como la manera que las articula con la filosofía. Iván siempre asombra por su cosmopolitismo y por su habilidad de evitar caer en la pedantería o el academicismo, a pesar de su uso erudito de referentes. Este libro no es excepción. Aquí analiza los efectos que tuvo la caída del comunismo a ambos lados del Muro de Berlín, diseccionando con precisión las acrobacias y perspectivas de la izquierda occidental y del capitalismo poscomunista. Es un texto que cuesta trabajo soltar una vez que se inicia su lectura.

A pesar de ser una obra incompleta, la publicación póstuma de Mapa dibujado por un espía, de Guillermo Cabrera Infante, me resultó de sumo interés. Aunque La Habana por primera vez no es personaje y toca un momento histórico durante el cual yo era muy joven, pero del cual tuve muchas resonancias, me hizo rememorar el periodo inmediatamente posterior al que narra, el de la Ofensiva Revolucionaria, que desgraciadamente me tocó vivir a una edad formativa y el cual fue un resultado de las maniobras políticas y las intrigas palaciegas que narra Cabrera en Mapa. En parte me ayudó a completar partes de un inmenso rompecabezas de la vida intelectual de aquella época que por lo general han quedado desperdigados en diferentes documentos y escritos y que, peor aún, se han convertido en rumores legendarios narrados por quienes tienen intereses en tergiversar la realidad o por quienes no tienen la menor idea de lo que están hablando.

Finalmente, aunque no me gusta pecar de sociolista y trato de leer los libros de viejos amigos como secreto personal, no puedo evitar incluir el ensayo La cárcel letrada, de Rafael Saumell. El autor, mi amigo, fue capaz de interesarme en un tema del cual tengo bastante desconocimiento y con el cual nunca me había involucrado. Su revisión de la narrativa carcelaria, desde Juan Francisco Manzano hasta Reinaldo Arenas, me pareció no solamente bien escrito, sino muy informativo y apoyado en una sólida base investigativa. Hace pensar que sobre este tema se debiera escribir mucho más y que es una gran ausencia en la literatura cubana.

Curiosamente, ninguno de los autores reside en Cuba.

Roberto Madrigal
Cincinnati

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