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La precipitada fuga de Lord Jim

  • Dic 06, 201323:10h
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El argumento de Mapa dibujado por un espía, está claramente esbozado en la primera respuesta que escribe Cabrera Infante a Tomás Eloy Martínez en lo que ya se conoce como la famosa “entrevista a Primera Plana”. Esta entrevista es la que inicia la colección de artículos que Cabrera Infante recopiló en Mea Cuba y en el prólogo del libro están las alusiones a su complejo de Lord Jim. La novela que ahora presenta la editorial española Galaxia Gutenberg es una crónica detallada de estos hechos, con detalles de nombres y lugares, pero sin salirse de los límites del esquema. Uno de los capitanes que lanzó al agua la nave de la revolución, repasa ahora, tras breve ausencia, el estado de su embarcación y de sus tripulantes. Debe tomar de prisa una decisión muy personal que tendrá graves consecuencias para muchas personas. Pero es un hecho inevitable.

Tras accidentalmente escapar de una muerte accidental el primero de junio de 1965, El (como mayormente es referido el personaje en el libro, otras veces es Cabrera), es notificado unas horas más tarde de que su madre se encuentra grave y que debiera ir a La Habana de inmediato. En las próximas pocas horas en las cuales gestiona los pormenores de su viaje, todavía antes de partir, es informado que ella se agravó de repente y ha muerto. Un día después parte de Bruselas, donde funge como agregado cultural de la embajada cubana, y no regresará hasta el tres de octubre, último día en que verá La Habana, y no la hará ya como diplomático. Lo acontecido en esos cuatros meses, encuentros y desencuentros, cotilleos y admoniciones, así como aventuras sexuales y hasta amorosas, conforman la trama de este libro.

La muerte de la madre, que sirve como detonador de la historia y catalizador de la decisión, ocupa un lugar relativamente pequeño en la obra. Sus consecuencias emocionales conciernen poco al autor, pero es que la introspección no es el fuerte de la escritura de Cabrera Infante, quizá por eso su personaje más fuerte es la ciudad. Curiosamente, en este caso, La Habana no destaca como personaje, sino como telón de fondo. Quizá se deba a que tras tres años de ausencia, la encontró dilapidada, fantasmagórica, triste y en pleno proceso de decrepitud. Lo cierto es que el personaje apenas se atreve a regresar a sus lugares habituales de antes, a pesar de que les ronda de cerca. Aquí aparecen varios de los tigres que rugían impenitentes en su primera novela, pero esta vez apenas maúllan.

A veces crónica personal, a veces ajuste de cuentas, a veces novela de intrigas y finalmente folletín sentimental, la novela (y resulta novela desde el momento en que el autor narra en tercera persona y se convierte en su alter-ego) es inclasificable, como siempre se ufanó Cabrera Infante que eran sus obras, a las que prefería denominar “textos”, pero esta vez por una supuesta razón mayor: se nos presenta como una obra inconclusa que estuvo engavetada por muchos años. De ella, y de diferentes maneras y con diferentes títulos habló Cabrera Infante a lo largo de los años, siempre previniendo de su próxima publicación. Argumentalmente está bien construida y finalizada. Es cierto que, dados ciertos descuidos de estilo, parece una obra a la cual el autor puso a un lado para después realizar los arreglos finales de lenguaje, forma y redacción, o sea, le falta el pulimiento literario. Es por ello que sería injusto un enjuiciamiento crítico del libro desde este punto de vista.

Cabrera (el personaje) se encuentra con viejos amigos del inicio de la utopía, sufre el abuso de los burócratas, transita diferentes maniobras palaciegas, conversa con sus amigos de entonces, muchos de los cuales no serán los de siempre y como mecanismo de compensación, siempre se da a la gimnasia pélvica con diferentes mujeres, que no serán otra cosa que curiosos objetos de su deseo hasta que al final parece enamorarse de una y entra en una relación que de antemano sabe no llegará a ninguna parte. Las utiliza para evadir la realidad. A veces llega a ser molesto, a los efectos de la trama este aspecto del personaje como seductor irresistible. La distraen de otros aspectos que se quedan en la superficie, como su relación con la desbandada tripulación de Lunes.

Por sus páginas desfilan Rine Leal, Juan Blanco, Luis Agúero, Walterio Carbonell, Marta y Sara Calvo, Lisandro Otero, Alberto Mora, Carlos Franqui, Oscar Hurtado, Tomás Gutiérrez Alea, Heberto Padilla, Nicolás Guillén, Antón Arrufat, Virgilio Piñera, Alejo Carpentier, Enrique Oltuski, Ingrid González, Raúl Martínez, Cecilia Guerra, Felito Ayón, Héctor Pedreira, Ambrosio Fornet, Martha Frayde, Carlos Rafael Rodríguez y muchos otros políticos defenestrados. Unos más protagónicos que otros. Muchos están desarrollados a partir de lo que conocemos de ellos, por lo que el libro le interesará a quienes estén interesados en saber algo de estos personajes y el periodo, pero no creo que trascienda a quienes no les interese el tema. Tampoco existe ninguna revelación, a no ser que el lector se desayune a esta hora de que la salida de Cabrera Infante de Cuba se debió a la intervención de Carlos Rafael Rodríguez y Osvaldo Dorticós, a solicitud de Alberto Mora.

El grupo vive aterrorizado acerca del futuro de la vida intelectual en Cuba mientras se reúnen en los dos Carmelo, en los cines, a la entrada de los teatros y en sus casas. No se ve a nadie sufriendo ningún castigo (de nuevo, a no ser que el lector conozca bien el destino de los personajes). Todos se debaten entre las tres opciones que Cabrera Infante le señalaba al intelectual cubano en aquel momento: la complicidad, el silencio o el exilio. La única en estas páginas, que llama a una actitud militante de oposición, es la recientemente fallecida Martha Frayde. Al resto los paraliza el pavor (y más adelante el Pavón).

Las pinceladas del deterioro de la ciudad son más bien esporádicas aunque precisas y agudas. No hay afán abarcador ni de monserga. Hay mucha nostalgia de lo que ya no está y un poco de nostalgia anticipada, pero sin sentimentalismo. Su relación con “Silvia” la casi adolescente de la que se enamora al final del libro, es bastante predecible en su desenvolvimiento de folletín, pero gracias al estilo de Cabrera Infante, uno se ahorra el sentimentalismo barato.

Tampoco se ven aquí los juegos de palabras típicos de la literatura de Cabrera Infante. El lenguaje es directo, casi hemingweyano, despojado de lirismo y concentrado en la eficiencia de la narración, la cual está bien lograda. El desarrollo es lineal y la lectura fácil y amena. Creo que es un acierto la edición de este libro, siempre y cuando sea cierto, como advierte en el prólogo el editor Antoni Munné, que “el trabajo editorial se ha limitado a transcribir al máximo su literalidad, a pulirlo en lo que se refiere a la ortipografía y a ponerlo en condiciones de ser llevado a la imprenta” (aunque asusta un poco que luego añade: “además…de alguna que otra coma añadida”, lo cual siempre hace suponer que el autor se hizo “comprensible” cuando a lo mejor quería permanecer “incomprensible”), ya que llena un vacío editorial creado por expectativas alentadas durante muchos años por el propio autor. Es fundamental para los estudiosos de Cabrera Infante, ya nos vendrán las exégesis, y de interés para quienes como yo, han sido aficionados a su obra sin ningún interés académico. No creo que resuene más allá de este ámbito.

Cada cual hará la lectura a su manera, toda obra tiene muchos niveles de lectura. A mi, al final de este episodio de un Lord Jim tropical que sabe dejará la nave a la deriva, que mueve todos los resortes posibles para conseguir su deserción, con sus escapadas eróticas, me comenzó a recordar la canción de Johnny Mercer, “One For My Baby (and One More for the Road)”, en la interpretación de Sinatra, y al igual que El en un momento de la trama, echar mano de un añejado escocés para meditar sobre el asunto.

Mapa dibujado por un espía. Autor: Guillermo Cabrera Infante. Círculo de Lectores, Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2013. 396 páginas.

Roberto Madrigal
Cincinnati

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