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Cuba en el Consejo de DDHH: castigo y penitencia para la democracia

  • Nov 15, 201318:35h
  • 10 comentarios

The newly renovated Room XX is pictured after the unveiling ceremony at the European headquarters of the United Nations in Geneva

La reciente elección de Cuba para formar parte del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas por un período de tres años ha despertado posiciones contrapuestas en diversos sectores de opinión, tanto dentro como fuera de la Isla. No es para menos, habida cuenta que, por una parte, el hecho supone un reconocimiento a un gobierno totalitario que durante décadas ha coartado todas las libertades individuales y colectivas de los cubanos, y hasta hoy les niega derechos tan esenciales como el de asociación, el de libertad de prensa, de expresión y de información, por sólo mencionar algunos de los más evidentes.

Algunos optimistas, con exagerado candor, consideran que la presencia de los representantes del gobierno cubano —que no “de Cuba”— en el CDH podría ser positiva como elemento de presión sobre el gobierno, ya que las autoridades estarían sujetas a un mayor escrutinio del organismo y a cumplir obligaciones propias de los sistemas democráticos, lo que conduciría a una eventual flexibilización o transformación de la situación de los derechos humanos en la Isla.

Los más realistas, sin embargo, opinan que hasta el momento la pertenencia a organizaciones y comisiones internacionales que, al menos de jure y con mayor o menor éxito propugnan la defensa de avances económicos, políticos y sociales para la Humanidad, no ha sido elemento importante ni suficiente para promover cambios democráticos en Cuba. De hecho, y tal como se jacta la prensa oficial, “Cuba fue miembro fundador del Consejo, órgano en el que permaneció hasta el 2012 (…), por lo que retorna al foro después de un año como Estado observador” (Granma, 13 de noviembre de 2013, pág. 5) sin que ello incidiera en una mejoría sensible de los derechos humanos en la Isla.

Además de esto, en más de una ocasión el gobierno cubano ha recibido reconocimientos en esferas tan sensibles como la salud, la educación y la alimentación, a despecho del deterioro que han sufrido los dos primeros rubros y la crónica insuficiencia del tercero. Tantos reconocimientos son interpretados por muchos cubanos como una burla hacia la crítica situación en que viven, y constituyen una afrenta a décadas de resistencia, sacrificios y esfuerzos por parte de la disidencia interna, esencialmente pacífica.

Por supuesto, la prensa oficial anda de jubileo. Un editorial del Granma (13 de noviembre de 2013, primera plana), pregona la elección de Cuba al CDH como un “Derecho ganado” y “un rotundo reconocimiento a la labor desempeñada por nuestro país en esta materia”. Y para que no queden dudas de que el gobierno persistirá en aplicar los derechos humanos a su particular manera utilizando los mismos pretextos de siempre, el editorial de la página 5 de la citada edición reprodujo las palabras de Anayansi Rodríguez, embajadora del régimen ante los organismos internacionales con sede en Ginebra, quien declaró que esta “es una victoria del pueblo cubano que ha sabido resistir más de cinco décadas el bloqueo estadounidense”, y más adelante advirtió que “no hay sistemas únicos de democracia, cada pueblo tiene el derecho de determinar de manera soberana cuál es el sistema más conveniente para la plena realización de los derechos humanos”. Una frase ambigua que los cubanos sabemos interpretar claramente como que la castrocracia procurará seguir utilizando el acceso a los organismos internacionales como un recurso más de legitimar la dictadura más antigua que conoce (y aúpa) el mundo civilizado.

Nada nuevo bajo el sol, que a veces parece mostrar más manchas que luces, como lo demuestran otros oscuros miembros elegidos también en esta ocasión: Rusia, China, Vietnam, Arabia Saudita, Argelia, Marruecos, Sudáfrica, Namibia y México, países en los que, con independencia de los matices y gradaciones, la violación de derechos humanos forma parte de la realidad cotidiana. Obviamente, para las Naciones Unidas y sus diferentes foros, el precario equilibrio mundial requiere de ciertas concesiones, aun aquellas que laceran los valores democráticos.

De esta manera, para bien o para mal, la dictadura cubana tendrá otros tres años de gracia para intentar dinamitar esta organización internacional. Es sabido que, más allá del insignificante aporte financiero, material o humano de Cuba a la ONU, la misión principal de la diplomacia castrista es entorpecer el funcionamiento de todos los foros creados para la promoción de la democracia, enrareciendo los debates, desvirtuando las agendas, creando antagonismos, polarizando los ánimos y utilizando los espacios como tribunas para arremeter contra los gobiernos de las naciones libres, en especial EEUU, aunque ese país —por su propia voluntad— no pertenezca al CDH.

Poco o nada ganarán los sueños de democracia de los cubanos, huérfanos de derechos, con este espaldarazo a los Castro. El consuelo (de tontos) es que tampoco ganarán el CDH y los países democráticos con tan dudosa membresía. En alguna medida y salvando las diferencias, ellos y nosotros sufriremos castigo y penitencia.

Miriam Celaya
La Habana

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10 respuestas
Comentarios

  • Ulysses Alvarez dice:

    Lo que muchos analistas del problema cubano, incluyendo funcionarios procastristas y defensores de la revolución cubana no toman en consideración es que el gobierno vigente en Cuba está equivocado en lo fundamental de su ideología a un nivel infinitesimal, y pudiera decir con más exactitud a un nivel ínfimo. Tal equivoco sin embargo, tiene un impacto en la supresión de las libertades civiles en Cuba que no es nímio ni irrelevante.

    La importancia de hacer tal distinción entre lo ínfimo y lo nímio está en el hecho de que la distinción entre lo que es humano e inhumano en el mundo de hoy atraviesa por un entramado de interconexiones al punto de que muchos grupos (políticos, sociales o de cualquier otro tipo) tienen la osadía y algunas veces la buena voluntad de hacer pasar lo inhumano por humano y viceversa por medio de sofisticados aparato de propaganda y PR.

    En primer lugar, no se puede afirmar que la maquinaría política-ideológica del gobierno cubano no ha sido lo suficientemente sofisticada y efectiva en adoctrinar a los cubanos por décadas, aún a pesar de las carencias tecnológica que en contraste la maquinaria mediática de occidente posee.

    La realidad del equivoco ínfimo del gobierno cubano está en el hecho evidente de no haber producido en décadas líderes innovadores y radicales que fueran una continuación del proceso revolucionario, incluso que fueran una subversión del proceso revolucionario pero que produjeran cambios radicalmente positivos en el vivir y en la cultura cubana.

    En cambio, sólo han producido “copycats” cosméticos que han perpetuado la misma ideología y el mismo espíritu revolucionario, actualizado mucho más por medio de la memoria de hechos pasados que por un análisis profundamente crítico que pusiera el pensar revolucionario cubano a la altura de los intrincados problemas globales que muchos afrontamos como individuos en un planeta que atraviesa por crisis a todos los niveles.

  • Ulysses Alvarez dice:

    Un último punto:

    3- El Totalitarismo del gobierno cubano intenta a toda costa “aplicar” los atributos de la Democracia a su sistema Totalitario. Si se reemplazas la palabra Democracia por la palabra Totalitarismo en los dos puntos anteriores de mi comentarios, se podría tener una idea nítida y clara de los ardides y máscaras que usa el gobierno cubano para justificar su sistema Totalitario. Lamentablemente, el pueblo cubano aun es un gran benefactor de tal sistema, y aunque la oposición crece, tomara tiempo para que la gran mayoría de los cubanos se den cuenta de tales máscaras y actúen en consecuencia.

  • Ulysses Alvarez dice:

    Gabriel,

    Le dejo mi pensamiento al respecto:

    1- La Democracia, a diferencia del Anarquismo o el Comunismo, es mucho más que una idea. Por una parte es un conjunto de ideas en constante conflicto y evolución, por otra es una realidad que como realidad no tiene que satisfacer un ideal sino más bien extraer ese ideal de la propia realidad social en movimiento que siempre le dará resistencia. La Democracia no es un estado, es un movimiento, un proceso nacido en la aspiración de cada individuo por encontrar y manifestar su individualidad no como la suma de la voluntad de otros individuos, sino más bien como la vital resonancia de su propia voluntad y la de otros en el complejo ecosistema social.

    2- Si consideramos el Totalitarismo como una tendencia inevitable de la Democracia, sentamos las bases para corregir los propios extremos naturales que la práctica democrática genera en su implementación real.

  • Gabriel dice:

    Ulysses,

    Te resumo mi opinión:

    1- la Democracia es una idea, igual que el Anarquismo o el Comunismo. Sirve para guiar nuestros actos, que ya es mucho. Como ideal es tan inalcanzable como cualquier otro ideal.

    2- Si confundimos la Democracia con el Mayoritarismo, sentamos las bases para justificar la tiranía.

  • Ulysses Alvarez dice:

    Gabriel,
    Nuevamente, gracias por su contribución.
    Hay muchas cosas que deberían ser esclarecidas si tus tesis de partida son:
    1-“La democracia es el gobierno del pueblo.”
    2- “El pueblo se gobierna a sí mismo.”
    3- “El pueblo contrata a unos funcionarios.”
    4- “El pueblo es el ente superior director de la sociedad.”
    5- “El pueblo no es más que la suma de millones de individuos.”
    La primera pregunta general a la cual tus tesis me somenten es:
    ¿Es la democracia definida en tus tesis lo que la democracia debería ser o es como se ha manifestado históricamente, y si fuera lo último sería esclarecedor algunos ejemplos?
    ¿Si siguiendo tus afirmaciones, un pueblo no es una entidad universal, y tampoco es una entidad individual, cómo la suma de sus partes (individuos) puede asimilarse individualmente por cada ciudadano cuando cada ciudadano individualmente no es, como individualidad, la suma de millones de otros individuos? Un entendimiento entre lo “uno” y lo “multiple” se hace necesario de tu parte mucho antes de derivar la relación entre el individuo y el pueblo.
    Por otra parte, si un pueblo puede gobernarse por sí mismo, por medio de “contratar”, habría que dejar bien claro las diferencias entre “gobernarse a sí mismo” y “contratar” a otros individuos en calidad de “funcionario”. ¿Significa “gobernarse a si mismo” que cada cual legisle la voluntad del “pueblo” o que el “pueblo” delege en otros la legislación de su voluluntad? Y si fuera esto último, no es legislar en términos prácticos la function gubernamental de esos que el “pueblo” ha contratado como “funcionarios”?
    Si el “pueblo” es el “ente” superior director de la sociedad, “ente” es algo concreto, determinado (individual en otro plano de analisis), por tanto habría que deslindar cómo tal “ente” se manifiesta determinada y concretamente por medio de una legislatura gubernamental que solo los “funconarios” pueden materializar. En tal sentido, tanto el pueblo como “ente” y los “funcionarios” como legisladores son directores de la sociedad y eslabones fundamentales del contrato social.
    Por ultimo, el pueblo tiene que ser mucho más que la suma de millones de individuos para que cada individuo pueda asimilar humana e individualmente su responsabilidad moral y spiritual con la sociedad.

  • Gabriel dice:

    Ulysses,

    Democracia del griego: demos= pueblo y kratos= gobierno.

    La democracia es el “gobierno del pueblo,” no el gobierno de una minoría que representa a una mayoría del pueblo. El pueblo se gobierna a sí mismo, sin necesidad de representantes, mediante sus actos. Vuelvo al ejemplo de los sombreros: cada cual elige su sombrero y ese es es el pueblo en acción gobernándose a sí mismo. Eso es la democracia.

    Por otra parte el pueblo contrata a unos funcionarios —los políticos— para que protejan su derecho a gobernarse a sí mismo. Los políticos están contratados, por ejemplo para garantizar la paz y la ley, imprescindibles para que los derechos estén protegidos. El pueblo es el ente superior director de la sociedad, una dirección que no es más que la suma de millones de actos libres realizados por millones de individuos.

    En cuanto admitimos que quienes dirigen la sociedad son una minoría elegida por una mayoría, sentamos las bases para la deriva totalitaria.

    Niego la mayor: el llamado gobierno de la nación no debe gobernar sino proteger el derecho del pueblo a gobernarse a sí mismo.

    El pueblo no es más que la suma de millones de individuos y la llamada voluntad popular no es más que la suma de millones de voluntades que actúan de millones de formas distintas. Los derechos del pueblo no son más que la suma de millones de derechos individuales, porque el pueblo como abstracción singularizada no tiene derechos; son los millones de individuos que lo forman quienes tienen derechos. Por eso se habla de Derechos Humanos Individuales, porque los Derechos Humanos Colectivos no existen.

  • Ulysses dice:

    Hola Gabriel, gracias por tus comentarios. Me cuesta trabajo deslindar claramente las disticiones que haces, pero intentaré responder en el afan de esclarecer mis comentarios.
    Si las tendencias totalitarias que se manifiestan en sociedades no totalitarias tú prefieres llamarlas Mayoritarismo, no creo que estemos en tan desacuerdo (relativamente, es solo semantica). Sin embargo, lo que sucede a nivel corporativo, digamos desde los tiempos de Henry Ford (y su modelo T de linea de ensamblaje) incluyendo tambien el modelo corporativo de Apple, sus aficionados militantes y la relación de sus empleados con Steve Jobs. Todo ello va más allá de la dimensión política de lo que nominas como Mayoritarismo para devenir un fenómeno cultural nato al propio sistema democrático.

    Si en tu explicación el Mayoritarismo es una manifestación perversa de la democracia y no una tendencia totalitaria inevitable del mismo sistema democrático es fácil ver bajo tales premisas que la democracia es solo un ideal y no un “trabajo en progreso” con propenciones naturales al equívoco.

    Por otra parte definir a la democracia como “el poder del pueblo” a mi parecer es muy abstracto porque ese poder siempre ha sido representativo (representado por UNOS pocos) a menos que hablemos de anarquismo o populismo, los cuales nunca han podido articularse consistentemente desde un punto de vista político.

    Lo que tú consideras como anti-democracia yo más bien lo veo como tendencia totalitaria inevitable del propio sistema democrático, y no precisamente una perversión del mismo. Llamarlo perversión me parece utilizar de manera inversa la misma intensidad de la palabra “contrarevolucionario”, asociada por el gobierno totalitario Castrista con todos aquellos que pervierten los ideales revolucionarios.
    No se si logro entender muy bien la explicación de cómo lo anti-democratico toma lugar y se hace idea y practica dominante. En mi opinión lo anti-democrático no comienza con una imposición, ya sea que venga de una mayoria o de esos pocos que la representan. Lo anti-democrático comienza cuando una idea innovadora es tomada por asalto por UNA mayoria y luego después de consolidarse y hacerse status quo comienza a declinar pero recibe una resistencia herculiana por parte de eso pocos que antaño UNA mayoria le concedio poder para representarlos. La imposición comienza en esta fase de declive, no al principio.

    No dudo quel el Mayoritarismo en el sentido politico en que lo usas significa la imposicion de una mayoria representada en el poder por unos pocos sobre ciertas minorias. Pero pienso que hay in tipo de mayoria que evoluciona a traves de in tipo de consenso economico y de consumo que diferente a los procesos politicos que usted explicaba.

  • Gabriel dice:

    Ulysses,

    Casi todo el mundo confunde Democracia con Mayoritarismo, con resultados peligrosos, porque el Mayoritarismo es la perversión de la Democracia. Me explico:

    La Democracia, tal como la palabra indica, es el poder del pueblo. Supongamos un grupo de gente —el pueblo— quiere ejercer su poder poniéndose el sombrero que más el gusta; entonces el pueblo —cada persona— se pone el sombrero que más le gusta y por la calle vemos miles de sombreros distintos. Esta es la democracia; la voluntad del pueblo en acción. Porque el pueblo no necesita representantes para expresar su voluntad.

    Ahora supongamos que a alguien se el ocurre la antidemocrática idea de que una mayoría de ciudadanos le pueda imponer su opinión a la minoría. Entonces se elige a un representante que impone un modelo de sombrero a todos. Esos es Mayoritarismo, la mayor perversión de la democracia, porque se alimenta de la misma lógica que las tiranías. En Cuba desde el régimen nos dicen que solo hay un partido porque es el deseo del pueblo; es decir, de la mayoría, porque siempre que nombran pueblo se refieren a la mayoría.

    Frente a este planteamiento se me dirá que inevitablemente hay que tomar ciertas decisiones colectivas, como cuando hay que elegir si circular por la derecha o por la izquierda, con lo que no queda más remedio que aplicar el Mayoritarismo. ¡Correcto! pero para preservar la Democracia —la voluntad del pueblo— el Mayoritarismo hay que aplicarlo solo cuando sea estrictamente necesario, no vaya a ser que nos pasemos y acabemos en la Tiranía.

    Porque el Mayoritarismo —con su parafernalia de votaciones, parlamentos, leyes, elecciones y partidos políticos— en el fondo representa la antítesis de la Democracia, porque socava la voluntad del pueblo.

    Hay quedan mis reflexiones libertarias.

  • Ulysses Alvarez dice:

    Democracia no es ni nunca ha sido libertad de expresión para todos. Democracia en los mejores casos es y solo ha representado mayor libertad de expresión para UNA gran mayoría, en tanto esa mayoría es y ha sido representada por UNOS pocos. Es por ello que la democracia no es ni nunca ha sido un sistema socio-político que ofrece o ha ofrecido plena libertad de expresión a todos sus individuos. Aun así, aspirar a ofrecer plena libertad de expresión a todos y cada uno de los individuos siempre ha sido y continua siendo su fracasada pero digna ambición. En tal sentido, la democracia más bien es y ha sido “un-trabajo-en-curso”. Este “trabajo-en-curso”, aunque en ocasiones llega a serlo, no es un sistema sofisticado de justificaciones para mantener y garantizar el poder de UNOS pocos. El hecho mismo de que la democracia esta representada por UNOS pocos y al mismo tiempo representa a UNA mayoría, genera dos de sus males inevitables, los cuales la mantienen en un continuo estado de reparación. El primero es que los UNOS pocos que representan a UNA mayoría pueden y terminan por representar sus propios intereses y los de aquellos cercano a sus estilos de vida. Sin embargo, esos pocos se resisten a toda costa a aceptar que tal es y será el caso. El segundo es que UNA mayoría representada en un pueblo también puede y termina por equivocarse. A menudo tal equivoco se origina en la creencia colectiva de ser totalmente representados por UNOS pocos.

    Son precisamente estos dos males inevitable de la democracia los que generan tendencias totalitarias en la misma médula del sistema democrático, el cual incluso aunque se manifiesta cómo cumpliendo sus reglas a nivel político, a nivel económico-corporativo puede estar implementando las más draconianas leyes totalitarias.

    Algo diferente sucede cuando un sistema político se convierte en totalitario y a partir de tal estado hace del totalitarismo un “trabajo-en-curso”, y esto después que UNOS pocos deciden tomar el poder para representar a UNA mayoría que tiene la voluntad para creerse representada completamente por esos pocos. Así, mientras la sociedad democrática ofrece mayor libertad de expresión a la mayor cantidad de individuos con diferencias, al mismo tiempo que está afectado por tendencias totalitarias inevitables, en la sociedad totalitaria los UNOS pocos que representan a UNA mayoría ofrecen libertad de expresión a es mayoría en tanto esa mayoría es homogénea y las diferencias entre los individuos es mínima, al mismo tiempo que tal sociedad totalitaria esta afectada por tendencias democráticas inevitables como resultado de su propio mal funcionamiento.

    Ahora pudiera verse bien claro que sucede con el régimen totalitario cubano el cual predica ser democrático y humanitario, cuando en realidad lo democrático y humanitario es una tendencia inevitable de su mal funcionamiento. Entonces que puede ser más humano y civilizado, darle diferentes opciones de expresión a UNA mayoría de individuos que son heterogéneos o darle una opción única de expresión a UNA mayoría de individuos que se presentan como homogéneos? Si la mayoría de cubanos dentro de Cuba son más homogéneos que heterogéneos, el totalitarismo es el sistema político que la mayoría de los cubanos han permitido y prefieren mantener en el poder. Entonces, si UNOS pocos cubanos (que representan las fuerzas de oposición) no logran representar a UNA mayoría y esa mayoría no esta dispuesta a ser representada por esos pocos, las posibilidades de una transición a la democracia en Cuba son bastante escasas no importan cuan desastroso sea el sistema Castrista.

  • Gabriel dice:

    El listado de “oscuros miembros” de Miriam no coincide exactamente con el mío. Mezcla dictaduras perfectas con democracias imperfectas. Pone en la misma lista a China y a México.

    A pesar de todo es un buen artículo.