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Luis Pavón: queda escrito

  • May 29, 201318:06h
  • 11 comentarios

Pavonenverdeolivo

Los hubo peores que Luis Pavón, pero pocos dejaron un testimonio tan explícito de su condición miserable. Por ejemplo, casi nadie menciona a José Martínez Matos, delator y testigo en procesos penales contra otros escritores, y cuyo nombre aparece incidentalmente en algún documento de ignominia. Pero al comisario Pavón es fácil ilustrarlo, pues cada artículo suyo (publicados en la revista Verde Olivo, usando el seudónimo “Leopoldo Ávila”) ha sido archivado y expuesto por gente memoriosa, que se sirve de ellos para demostrar los límites a que llegaba el estalinismo cultural de entonces.

Ahora que Pavón ha sido enterrado por segunda vez, y agotada en parte la ira de sus antiguas víctimas, se le ha querido añadir una dosis de ternura al candente obituario no oficial. Norberto Fuentes se sopla los mocos con un par de esquelas gratuitas, y a Silvio Rodríguez se le ocurre rastrearlo por Google y copiar versos de tan mal gusto como estos:

“Entonces,
me veo allí,
sentado sobre la hierba,
con los pies desnudos y sucios
rascándome una nigua.”

Y efectivamente, no será la imagen del poeta rascándose una nigua la que perdure, sino la del teniente redactor de crítica terrorista, ya fuese bajo seudónimo o firma propia, amenazando a quien se desviase del patrón rítmico impuesto desde las alturas. Habría que decir que el encargo fue cometido con toda la saña posible, y nada mejor para demostrarlo que una colección de sus mejores momentos.

Sobre Cabrera Infante: “Fue este Mr. Kein el primero en abrir el cauce al individualismo, la vanidad, la superficialidad y la extravagancia en el arte. Contaminó a más de un trepador que aún sigue dando guerra. Pero es útil analizar este caso y observar cómo siempre actitudes como las suyas terminan en el basurero de la contrarrevolución.”

Y esto otro sobre Lino Novás y el propio Cabrera Infante: “Levantarle aquí monumentos a un Lino Novás Calvo, por ejemplo, o a Caín, sería peregrino. Llorar como magdalenas sobre sus recuerdos, es arbitrario y poco masculino.”

Sobre Dos viejos pánicos de Virgilio Piñera: “Nada más lejos de la Revolución que esa atmósfera, sin salida posible, en que Virgilio Piñera ha volcado sus pánicos”.

Sobre Heberto Padilla: “Se las ingenia, eso sí, para permanecer en el candelero publicando, de tarde en tarde, un poema en alguna revista o levantando el periscopio con algún viejo poema en antologías seleccionadas por algún amigo o por él mismo.”

Y además: “del joven y prometedor poeta de antes sólo queda una caricatura, bastante lamentable por cierto, clownesca; decidor obstinado de frases supuestamente brillantes, hiriente, anacrónico personaje salido de alguna mala comedia de finales de siglo.”

Y también: “Escribe en busca de un cartelito en el extranjero que le permita satisfacer su vanidad. Para lograrlo, nada mejor que hacerse el conflictivo, el perseguido, en una sociedad donde, de veras, muy poca gente piensa en él.”

Sobre una obra de teatro de René Ariza: “A Ariza le repugna, por ejemplo, el Servicio Militar, que es, en la obra, sólo un medio por el que el carácter impositivo de uno de los padres frena al hijo, ni más ni menos que una escuela de curas. Pero sucede que el autor es cubano y que la obra no está escrita ni se representa, ni surge ni se premia en Constantinopla. Y aquí el Servicio Militar es una necesidad que nuestra juventud acepta y en la que participa con entusiasmo. Estamos levantando y defendiendo un pequeño país revolucionario muy cerca del más taimado, cruel y criminal de los enemigos. ¿No es claro que nuestros jóvenes y no sólo ellos, todo el pueblo, tiene que aprender a defenderlo?”

Y contra Antón Arrufat se envalentonaba: “Llegó al colmo cuando dio a conocer el poema “Envío”, de José Triana cuyo contenido era la inversión sexual descrita en sus detalles más groseros. (…) Si en algún momento ha intentado publicar otras cosas contra-revolucionarias, siempre alguien —con buena intención, a ver si Antón cambiaba— le aconsejaba amistosamente. Y Antón guardaba su poemita. Pero ahora por su cuenta y riesgo se va a la guerra con armadura y todo. A la guerra contra la Revolución. Y ahí sí que no. Ni grupitos que lleven la obra al extranjero con dinero de la Revolución ni vuelos a capitales europeas. Aquí no celebramos las insolencias aunque vengan de un señor tan mínimo. Aquí no aplaudimos la infamia, porque la Revolución se hizo contra la infamia. Aquí no levantamos pedestales a la mentira, porque la Revolución se hizo con la verdad. Y además, no desprecie tanto al pueblo, no crea que el pueblo no va a entender sus ataques groseros y aristocratizantes. El pueblo los entiende y los rechaza. No van a pasar inadvertidas sus insolencias mientras él se ríe del pueblo detrás de la cortina. Eso no va a volver a pasar.”

Y era capaz de soltar cosas como esta: “Por el camino del ablandamiento ideológico, de la despolitización absoluta se llega a la tontería, pero, a veces, a la contrarrevolución.”

Para si existen dudas, este otro fragmento lo publicó con su nombre, y usando los mismos términos de “Leopoldo Ávila”:

“En teatro, es sabido lo mal que andamos. Entre un Piñera que se repite hasta la monomanía y un Arrufat que repite a Piñera con mayores oscuridades, reticencias y anfibologías (por otra parte, tan transparentemente hostiles a la Revolución), nuestro teatro parece desembocar irremediablemente a la tontería.”

Podrá descansar en paz, y podrán perdonarlo aquellos a quienes martirizó, pero ahí quedan sus palabras.

Manuel Sosa
Atlanta

Foto: Luis Pavón y un cake, en la revista ‘Verde Olivo’. Tomada del blog de Silvio Rodríguez, “Segunda cita”.

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11 respuestas
Comentarios

  • oscar canosa dice:

    Hay muy pocos Guajiros revolucionarios.

  • oscar canosa dice:

    Silvio Rodriguez es un resentido social. Nada de extra~o en eso. Nacio en mi barrio, al cual conozco bien. Pero lo peor, es un arrastrao.

  • cepilloRojo dice:

    podemos contar con un joputa menos…..

  • Gabriel dice:

    Cubanito,

    Respecto a la respuesta de Silvio, por un momento podemos dejar a una lado lo del maltrato a Padilla en la cárcel, aunque Padilla en su biografía “Mala Memoria” da una descripción muy gráfica de las torturas, que fueron corroboradas por su esposa Belkis Cuza Malé y por el hecho de que le tuvieron que hospitalizar antes de su famosa autocrítica.

    Por otra parte el resto de las suposiciones de Silvio son claramente falsas por que no se corresponden en absoluto con los hechos.

    Es demencial sostener que la autoinculpación de Padilla no fue lograda bajo una presión fuertísima. Padilla salió del hospital de la cárcel directamente a la UNEAC sin apenas pasar por su casa. La seguridad del estado ya había organizado la “ceremonia” mientras Padilla estaba encarcelado. Antes de salir de la cárcel ya circulaba por La Habana una copia de la autoinculpación, naturalmente obtenida en la cárcel bajo una presión fuertísima.

    Lo de una maniobra de otros escritores envidiosos tampoco es creíble. De hecho el gran problema que tuvo Padilla fue que le dieron el premio de la UNEAC por su libro de poesía “Fuera de Juego” en una decisión tomada por unanimidad por el jurado. Probablemente si el libro no hubiese sido premiado jamás habrían encarcelado a Padilla.

  • Raulmanny dice:

    Quinquenio gris? o mas de medio siglo negro? Estas referencias a Pavon sin señalar la naturaleza “intrinsecamente perversa” (para prafrasear a Pio XI) del sistema comunista que sufre Cuba, alfa y omega de todo lo malo que ha pasado y pasa.

  • oscar canosa dice:

    Desde muy lejos, Nosotros, los ni~os y adolecentes en 1959, estamos en contra de la Venganza y solo hacia los Castro.

  • Cubanito dice:

    Y espero que no hayas pasado por alto esta joya escrita en los comentarios por este GHDP de Silvio..

    “Silvio dijo…
    Gabriel Aulaga, conozco al menos a una persona a quien Padilla -a quien siempre he admirado como poeta- le dijo que era falso que lo maltrataran físicamente.

    Ignoro si Pavón era Leopoldo Ávila. Lo que sí pienso es que el caso Padilla empezó por rivalidades entre escritores, no por política, y devino en algo lamentable y mal manejado por las autoridades.

    Yo creo que la autoinculpación en la UNEAC fue un acto consciente de Padilla, que conocía los procesos de ese tipo en la Unión Soviética y sabía como se iba a ver todo aquello a la larga.

    Siempre he pensado en lo distinto que hubiera podido ser todo si Padilla hubiera reclamado su derecho a escribir como le diera la gana y no hubiera hecho el paripé del arrepentimiento. La historia fuera otra”

    para que lo cites cuando se muera el calvo!

  • Kurt Turing dice:

    El negro que esta a su izquierda tiene la misma cara que el caballo de la novela de Orwell Rebelión en la Granja.
    Gracias Silvio, chivato confeso, por recordarme esto.

  • scrutinizer dice:

    Si el Pavón ese era un ser despreciable, el Fuentes y el Rodríguez no se quedan atrás.

  • La loca del blog dice:

    Por que siempre esa sumisa y catoliquera manera de hablar bien de los muertos? Luis Pavon fue y seguira siendo un HP, y si esta muerto pues bien muerto esta, y que le den pison.

  • Jorge Luis Diaz dice:

    muy oportunas y reveladoras las citas; porque si nos quedamos nada mas que con los infames obituarios de los camaradas Fuentes y Rodriguez, vamos a terminar sintiendo lastima por el personaje