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Una carta de Virgilio Piñera a su hermana

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    Editor Jefe
  • May 10, 201315:02h
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idakar virgilio

Buenos Aires, agosto 31 de 1947

Mi querida hermana, ayer recibí carta de casa. Imagina todos mis sentimientos y pesares, ese extraño momento que vivo, o más extraño que los ya vividos, o extraño porque lo vivo ahora, o a lo mejor que me parece que es extraño. Bien, siempre para uno en frases más o menos… Pero, con todo, y aunque formalmente, he sufrido un cambio. Te digo formalmente, porque estos cambios no cambian la condición humana de uno. Yo creo que sólo podría llamarse cambio a, por ejemplo, pasar del estado mortal al inmortal, etc. Aclarado esto, sí puedo hablar de cambio: salí del paisaje habanero, del Andino, del don O, de las intriguitas, del hambre, de los harapos. No quiero decirte que lo que ahora vivo sea mejor (nadie sabe qué es mejor o peor), pero al menos experimenté una traslación. Hasta físicamente he cambiado: ahora estoy muy grueso y hasta te podría anunciar que tengo vientre y redondeces. A veces me creo que no volveré, a veces doy por seguro que para enero estaré en ésa (tal como pensaba en agosto del año pasado). A lo mejor me pasa lo que a esos tipos, que salen de su país, están ausentes dos años, retornan, y el resto de sus días se la pasan rumiando los laureles del viaje. Usted ha salido del país, ¿no? Sí, viví en X dos años, a mí no me hablen de viajes, aquí se vive muy bien, etc., etc.

Ahora sabes que me renovaron la beca seis meses más, y para colmo con aumento de cien argentinos. Parece un sueño que ya haya renovado la beca dos veces y la obtuviera una. Quiero decir, que ha pasado tanto tiempo como para que haya podido obtener la beca, renovarla y volverla a renovar. ¿Qué te parece? No en balde cumplí en agosto 35 años. Te quiero decir esto: no estoy frente a los hechos afortunadamente que experimento ni más optimista ni más pesimista. Para mí, la vida no es mejorar o empeorar… Es solamente pasar, ser, asistir, comprendiendo nada del mundo porque creo que la vida no tenga nada que haya que comprender, ni que tenga un sentido directo. No hay una vida mejor que otra; lo que hay es un baño mejor que otro, una comida mejor que la otra, y en este sentido es el único en que la persona puede sentirse más afortunada o más desvalida. ¿No lo crees tú así?

Ahora te voy a decir, dentro del terreno práctico, lo que este exilio me ha enseñado: pues he aprendido a “moverme”. Qué cosa más rara, hasta que salí de Cuba no sabía cómo desempeñarme. Puedes tener la seguridad que si fracaso de ahora en adelante será por otras causas menos por no haber sabido moverme a tiempo. He aprendido que viajar no es tan difícil, y que lo más importante de un viaje es su carácter improvisado, fortuito, es decir, que para una persona que no dispone de medios mayores, viajar tiene que ser una aventura, en todo el sentido de la palabra. Por ejemplo, para mí, antes de este viaje, tú sabes que ir a Varadero era una empresa: pensaba en todas las eventualidades que se me podían presentar en los modestísimos, cortos 200 kilómetros de carretera; en que si me podía quedar sin un centavo, en que no llevaba ropa adecuada, en todo. Hoy, te digo, la consigna es salir como quiera y volver como quiera. Yo te digo sinceramente que tú no has venido a Buenos Aires porque no has aprendido esta lección. Te quiero decir que no te reprocho nada; tu caso es la eterna falta de técnica frente a las cosas y los hechos. Pensar demasiado en una cantidad de hechos importantes pero no esenciales que te van avasallando y terminan por anularte. Por ejemplo, no dejar la familia, pensar en la posible pérdida del puesto, imaginar que te puedes quedar sin dinero en el barco o en el avión, no dar de lado a ciertos estados sentimentales, en fin, la escuela burguesa. Recuerdo un poco en esto a nuestra prima Olga, que decía que ella no podía ir a la temporada de playa porque no tenía un equipo correcto… Yo te digo esto: si es verdad que Orlando y Damián vienen al fin, acaba de decidirte y lía el petate… Mira, hermana, es mejor agarrar un barco vestida de buhonera que quedarte en el Malecón con un vestido de El Encanto, toda jodida, contemplando cómo se aleja el barco y soltando lagrimitas y hablando de lo desgraciado que es uno… Tú no tienes que pensar si no tienes para el regreso, si acá tendrás frío, etc. Piensa que pase lo más malo: que llegues aquí y hasta hambre pases, y también frío, pero piensa igualmente que cuando se está frente a situaciones parejas de hambre material y espiritual, por lo menos hay la novedad de cambiar de miseria y de decorado.

Nada más puedo ya aconsejarte. No eres una niña, y creo que debes estar más allá de las tristes ideas de desamparo, de familia alejada y todas esas cosas, que son muy buenas, excelentes, pero que no queda más remedio que pasar por encima de ellas, so pena de perecer. A mí me ha dolido mucho alejarme, estar separado de todos ustedes, pero quedarme también habría significado, tengo por seguro, mi suicidio (material o mental, qué importa, siempre sería suicidio), pues yo estaba ya confinado con la nada, con la desesperación, y lo que es peor, con la nada y la desesperación de lo banal, de lo irrisorio, nada del Andino y de Prado número 2.

Entre otras cosas, te diré que ya te he enviado la novela de Gombrowicz: Ferdydurke. Perdona que no vaya dedicada, pero como la editorial fue la encargada de remitirla no me dio tiempo a firmar el ejemplar. Pienso publicar ahora Electra; estoy en eso y creo que para fines de octubre te podré enviar, esta vez por avión, un ejemplar. Anoche fuimos a una comida cubana: frijoles negros, arroz blanco, plátanos fritos y picadillo, en casa de Pepito y Lolita. La cocinera fue una señora venezolana que ha vivido veinte años en La Habana. La pasamos muy bien y de ahí nos fuimos a la una al Moulin Rouge, una boîte de los muelles. Muy agradable el ambiente y la infinita comprensión de la música ligera… ¿Qué pasó con Natalio? ¿Qué? Por Dios, no niego que tengas tus razones, pero hay afectos con los cuales uno no rompe, Luisa, porque se quieren más que se odian. Vuelve a esa amistad, que tú sabes que Natalio nos quiere mucho. Humberto te manda un saludo muy afectuoso, un abrazo. Te dedicará uno de sus cuentos. Ahora empieza a publicar, así que verás tu nombre en una revista. Qué me dices de Óscar. Viejo muere el cisne…este es el título de una novela de Huxley y no una alusión. La Argentina rica en ovejas… Son unos animalitos insignificantes. Prefiero los toros Hereford y los caballos Aberdeen. Bueno, hermana, creo que te he puesto los puntos sobre las íes… Escríbeme de verdad, no diciendo que me escribes y sin hacerlo efectivamente.

* Esta carta aparece incluida en el tomo Virgilio Piñera, de vuelta y vuelta. Correspondencia 1932-1978, Ediciones UNION, La Habana, 2011.

Foto: Ida Kar.

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