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El reencuentro

  • Abr 28, 201311:42h
  • 3 comentarios

El jueves pasado he estado en La Habana, aunque sin moverme de Madrid. Gracias a la guitarra de Boris Larramendi me di un saltico por la Isla. Un breve –pero intenso- regreso, sólo a golpe de acordes y de buena música. En un local de la capital española nos encontramos un grupo de amigos, algunos graduados de la Facultad de Artes y Letras, pero también antiguos asistentes a cuanta peña musical existió en los años noventa en Cuba. Me sentí como en casa, pues justo en la sala de nuestro apartamento tuvimos una de aquellas tertulias que antenoche hemos recordado. Evocamos nuestra infusión de caña santa y ese poco de azúcar con el que recuperábamos las energías después de subir las bicicletas 14 pisos por la escaleras. Pero sobre todo hemos rememorado las buenas canciones que se escuchaban allí, el espacio de libertad que lográbamos crear al menos por unas horas.

Más allá de los estribillos y el arroz con frijoles, disfruté especialmente el reencuentro con estos compatriotas. Muchos de ellos tratan todavía de abrirse camino en una España azotada por la crisis económica y los cuestionamientos políticos. Algunos desempleados, otros ilegales, varios con hijos nacidos aquí que no conocen el país de sus padres; todos pendientes de lo que ocurre en Cuba. Boris cantó hasta quedarse ronco, las palmas de las manos se nos enrojecieron por acompañarlo con aplausos y —ya pasada la medianoche— el humor brotó, los chistes nos acompañaron.

En una pared un televisor mostraba imágenes grabadas en las calles habaneras. El malecón y la esquina de 23 y L, quedaban como fondo audiovisual que acompañaba nuestra “guaracha” improvisada alrededor de dos mesas. En un momento me percaté que aquella grabación que pasaba en la pantalla era de una cámara de seguridad policial. De manera que allí estaba aquel material de vigilancia filtrado y convertido en mero video de divertimento en un espacio recreativo. La banalización del ojo oficial; el control convertido en frívolo reporte de la cotidianidad. Pero ni siquiera eso nos distrajo de lo más importante que estaba ocurriendo en aquella sala: la confluencia. Estábamos encontrando el punto en común después de una larga travesía y de una prolongada separación. Éramos más libres que en cualquier tertulia habanera y no obstante seguíamos siendo el fruto de todas aquellas tertulias habaneras. Bendito pasado que nos ha esperado en este mañana.

Yoani Sánchez
desde Madrid

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3 respuestas
Comentarios

  • fernanfern69 dice:

    hola yoani
    me alegro que estes por madrid y espero que en algun momento te traslades a catalunya para ver si los de aca del tro lado de españa podemos contactar contigo.
    tambien me alegro por boris que estudio conmigo en la primaria aunque nuestros caminos cogieron diferentes derroteros.el siguio para la lenin y yo para una esbu en mi habana vieja de antaño.si me hubieran dicho que aquel chico brillante se iba a convertir en un musico tan bueno no lo hubiera creido pero me alegro por el.
    un saludos para todos los cubanos de aqui y en especial para boris que esta guapeando en madrid.

  • Armando López dice:

    Yoani regresará a su país cuando lo estime conveniente y nadie tiene derecho a impugnarle absolutamente nada por sus decisiones personales, como ser humano libre y autónomo que es.
    Ocúpese cada cual de sus asuntos y dejen de entrometerse en la vida ajena. Ese es uno de los defectos más grandes del cubano, que ha cargado con el mismo a donde quiera que ha ido y es una de las causas de que la situación en Cuba haya llegado a lo que es hoy, y que se mantendrá así mientras el criollo siga siendo tan arrastradamente envidioso y celestinamente entrometido.

  • José Julian dice:

    Chico, ven acá, y Yoani cuando es que recurva pal patio?