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Libros electrónicos y libros para cubanos

  • abr 24, 201323:45h
  • 1 comentarios

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Con ocasión del cierre de la Librería Universal, en la que por cierto trabajé durante un tiempo, se ha producido uno de esos habituales intercambios de correo en los comentarios, donde se comienza hablando sobre el tema central del artículo y se acaba cuestionando la sinceridad o la inteligencia del que no opina como uno. Por supuesto, es algo que he visto en toda clase de foros, ya sea que hablen sobre el cierre de una librería o sobre una serie televisiva. Y estas peleas son mínimas comparadas, por ejemplo, con las del foro de Spartacus: war of the damned

Habiéndonos salido ya del tema central del artículo de Ernesto sobre el cierre de la Universal me creo obligado a especificar tres puntos, no sobre el artículo sino sobre las respuestas de sus lectores:

1-El editor intelectual sí existe.

Se ha dicho en ese debate que el editor intelectual es una entelequia, algo que sólo existe en los sueños de los intelectuales. Que el único motivo para publicar es ganar dinero. Admito que se publique para ganar dinero, e incluso que ese sea uno de los motivos básicos para iniciar una empresa editorial, pero rara vez es el único. Y publicar por dinero no significa necesariamente publicar de forma mezquina, recortando gastos, evitando dar los pasos necesarios para editar correctamente…

Cualquiera que viva en España sabe que el buen editor sí existe. Anagrama y Tusquets empezaron como editoriales intelectuales con editores intelectuales que sabían lo que publicaban y velaban por su producto. Esas dos editoriales han cuidado sus catálogos y están donde están por ello: en lo más alto y con editores que son respetados por sus autores y por sus lectores.

Y no son las únicas. De memoria y sin entrar en tamaños me vienen a la cabeza los nombres de Seix Barral, Debate, Caballo de Troya, Destino, Lumen, Alpha Decay, Barril & Barral… hay docenas de otras editoriales que sin ser necesariamente independientes (varias de las que he citado pertenecen a grupos editoriales mayores) han logrado equilibrar comercialidad y ventas, con calidad y respeto al autor y al lector.

Y diréis que “¡Ah! Ese es el truco, pertenecer a un grupo editorial mayor. Ser la sucursal culta de un grupo groseramente materialista…” Y la respuesta es que no necesariamente. Alpha Decay, por ejemplo, es completamente independiente, trabaja desde un piso pequeño en el que apenas caben sus cuatro colaboradores habituales y ha logrado publicar, de forma tradicional, libros interesantes de una gran calidad editorial, buen diseño gráfico, sin erratas… con dos editores que aún no llegan a los 30 años y además parecen divertirse en su trabajo.

2-Las nuevas tecnologías no son tan caras ni tan difíciles de controlar.

Conozco dos editoriales digitales: Linkgua y Los libros de la voragine. He publicado con ambas y no es más difícil ni complicado que con una editorial tradicional. En ambas editoriales hay un equipo de gente que puede trabajar, de hecho trabaja, sin apenas estructura editorial, sin almacenes, con oficinas mínimas, pero sabe trabajar. En ambos casos se trata de gente joven pero de amplia experiencia editorial en el mundo del libro en papel que sabe la importancia de cuidar los detalles y los cuida. Porque cuidar los detalles, esto puede sorprender, no cuesta dinero.

Pasar del papel a lo digital no es difícil. La misma computadora que puede producir un texto listo para imprenta puede preservar ese texto en forma de PDF para su venta o distribución electrónica. Un libro para Kindle puede hacerse ahora mismo con programas ya disponibles comercialmente.

De hecho es más fácil y bárato editar y distribuir libros electrónicos que físicos. La distribución deja de depender del correo o de UPS, se pueden descargar directamente del website de la editorial o recibirse por correo electrónico, pueden distribuirse por Amazon.com sin problema alguno.

El libro digital libera a las editoriales de las tiradas mínimas cuando pasa a los libros impresos. No es imposible pasar del libro digital al impreso y se pueden imprimir cinco o diez ejemplares de un libro, print on demand, sin que la baja tirada afecte al precio final. No es necesario tener grandes almacenes llenos de libros invendidos, no hay devoluciones, se abaratan costos… Las nuevas tecnologías como excusa para el fracaso de los editores tradicionales son eso: una excusa, nunca una explicación. Yo he hecho libros en PDF para amigos, por gusto, para pasar el rato, con una computadora vieja y dos programas gratuitos bajado de la red. Y se que funcionan porque mi hermano tiene varios de ellos en su Kindle y funcionan sin ningún problema.

3-La aparición del libro electrónico no significa la desaparición del interés acerca del libro sobre temática cubana.

Si la Universal ha sido barrida por las nuevas tecnologías, ¿dónde están los libros creados con esas nuevas tecnologías que han desplazado a los de la Universal dentro del mercado dedicado a la temática cubana? Yo no los conozco y aunque ya no estoy tan encima del libro cubano como solía me imagino que me habría enterado.

El libro cubano no tiene por qué quedarse dentro del ambiente cubano. El libro cubano puede ser tan universal (no pun intended), como cualquier otro libro escrito en lengua española. El caso de Cuba interesa a todo un continente y son bastantes los autores cubanos o cubano americanos que han obtenido lectores en todo el mundo. Para ello bastaba con salir del ghetto y sobre todo la mentalidad de ghetto. Ghetto es una palabra que no me gusta y suelo evitar pero que aquí tengo que usar porque no me refiero a un barrio sino a una forma de ver las cosas.
Autores como, por ejemplo, Pedro Juan Gutiérrez demuestran que ni siquiera el empleo del slang estrictamente habanero hace imposible que un autor cubano sea leído fuera de los ambientes cubanos. Si el libro es bueno se venderá y no sólo a la gente del mismo grupo étnico o la misma cultura nacional… siempre que haya la voluntad de venderlo y uno este dispuesto a ir a por todas.

La mejor descripción de una vanity press que he visto nunca está en las páginas de El péndulo de Foucault de Umberto Eco, que conoce y describe tan bien lo que es y cómo trabaja que uno tiene que sospechar que ha conocido a algún editor como el descrito en sus páginas. La gran desventaja de publicar en una editorial tipo vanity press no es que publique mal, es que incluso cuando publica bien no tiene que esforzarse para ganar dinero con la venta de libros: ya lo ha ganado simplemente publicándolos. Y así, nunca se va a por todas.

Juan Carlos Castillón
Barcelona

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1 respuestas
Comentarios

  • EL BOBO DE LA YUCA dice:

    El cierre de La Universal, como el cierre de cualquier otra editorial o empresa, no debe ser
    encarado necesariamente como una cuestión de
    calidad.

    Existen empresas “valiosísimas” que
    producen y venden sólo porquería, porque existen
    millones de compradores para las porquerias que
    producen. (China, que se cita constantemente como
    ejemplo de éxito, probablemente sea el campeón
    mundial de producción de porquería: muñequitos
    plásticos totalmente inútiles, paraguas que duran un par de lluvias leves… etc, etc.)

    Quien tuvo en sus manos alguno de los primeros
    libros de Virgilio –pagados por Rodriguez Feo–
    o de Lezama, sabe que La Universal, aún con sus
    horrores editoriales citados, evolucionó graficamente y comparativamente era el paraíso.
    Claro que, considerando la calidad implícita de
    los dos autores antes mencionados, estaríamos
    dispuestos a perdonar cualquier error editorial.
    Pero esas editoriales publicaban cualquier cosa, y
    ciertamente las tiradas menores eran las de
    Virgilio o Lezama: a veces no pasaron de 200
    ejemplares.

    No conozco los detalles para juzgar el fin de la
    La Universal en los términos que debe ser juzgado
    el fin de una empresa de tantos años: porque si logró existir fue debido a que se tornó necesária para los compradores que la hicieron posible.

    Lo más fácil es suponer que sus dueños no
    supieron, no pudieron o no quisieron adaptarse a
    una nueva realidad tecnológica.
    Si fuera así, La Universal no ha muerto por
    cuestiones de calidad, sino porque los avances
    tecnológicos erosionaron sus bases fundacionales
    (antaño legítimas, de la que se aprovechó su
    fundador) y su modelo de negocio: un modelo probablemente extorsivo, dependiente de que “linotipos, imprenta, diseño… y en último lugar edición” era un proceso sumamente complejo y por tanto caro, que La Universal facilitó durante todos estos años pero que ya hoy no es necesário.

  • matronize