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Calixto, el plantado

  • abr 24, 201321:29h
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El pasado 9 de abril las autoridades cubanas finalmente reconocieron el derecho de Calixto R. Martínez Arias a salir en libertad, después de haber cumplido más de 6 meses en prisión, inicialmente por el delito de “desacato a las figuras de los líderes de la revolución”. No tuvo juicio previo.

Martínez Arias realizó en dos ocasiones lo que se conoce en la historia del presidio político cubano —posterior a 1959— como “plantarse”: se declaró en huelga de hambre. En la primera, permaneció 33 días sin ingerir alimento; en la segunda, 22. Hasta que, al cabo de la segunda huelga, le fue comunicado por la Seguridad del Estado que su caso había sido revisado y habían “comprendido” su demanda de libertad.

—La primera huelga de hambre, la inicié protestando por mi estadía en la prisión Combinado del Este -explicó Martínez Arias-. También estaba negado a usar ropa de preso. Cuando un preso se declara en huelga de hambre, los guardias utilizan muchos métodos para hacerlo desistir. Lo primero que te dicen es que estás cometiendo una indisciplina, que te perjudica para obtener derechos, tales como el derecho a la libertad condicional, el derecho a recibir visitas familiares y conyugales. Y por último, te llevan a la enfermería, donde la doctora te toma los signos vitales y te adjunta un papel que se llama “apto celda”, que significa eso mismo: que estás apto para ser llevado a las celdas de castigo.

—La celda de castigo mide unos 2 metros de ancho, por 2,50 metros de largo. No tiene luz. Tiene un baño llamado “turco”, y una pila de agua donde puedes abastecerte dos veces al día, cuando los guardias la ponen. Hubo días en que me negaron el agua, porque un capitán —que decía ser el segundo jefe del edificio 3, donde yo me encontraba recluido—, aseguraba que yo no podía tomar agua y me la quitaba… Por el día tienes que estar tirado en el piso o mantenerte de pie. Con ese objetivo, ellos te retiran el colchón. A mí me dejaron vestido, pero me quitaron cualquier cosa con la que poder cubrirme. Pasé días muy fríos, sobre todo en la primera huelga. Esas celdas son muy húmedas y muy frías, porque están preparadas para eso. Hubo momentos en que tuve que dormir sentado en el piso, tirado contra la pared, porque los guardias llegaban muy tarde a darme el colchón. Acostarse en el piso es coger una enfermedad pulmonar segura, por el frío y la humedad. El piso está muy sucio porque las celdas no se limpian. Hay muchos insectos: ratas grandísimas, cucarachas por montones. Es un sacrificio que uno tiene que pagar convencido de que todo eso está diseñado para torturarte sicológicamente.

—En la segunda huelga de hambre, a los 16 días, me llevaron a lo que ellos llaman el área de “la incrementada”, que es de mayor rigor. Luego me sacaron de allí, al cabo de un día, y me llevaron a una celda de más rigor aun. Allí las condiciones son más severas. Tienen hasta una cámara para vigilarte todo el tiempo. Ahí no te apagan la luz.

En la segunda huelga de hambre, Martínez Arias comenzó a sangrar abundante de las encías y empezaron a caérsele los dientes. Perdió más de 20 kilogramos de peso. Pero asegura: “Me hice mucho más fuerte”.

El Órgano Oficial del Partido Comunista de Cuba, Granma, el pasado miércoles 10 de abril, publicó la versión de las “buenas condiciones” en que viven los presos en las cárceles cubanas. Al respecto, Martínez Arias expresó:

—Esto es un absurdo; puedo asegurar que desde el mes de diciembre esto se venía preparando. En diciembre, a nosotros se nos informó de que periodistas de la prensa nacional y extranjera acreditada en Cuba iban a visitar la prisión Combinado del Este. El mayor Rodolfo, que es el que dirige el edificio donde yo me encontraba, un edificio para “pendientes”, nos explicó que a esa visita no se le iba a dar acceso al edificio de nosotros por las pésimas condiciones del lugar. Los presos conviven allí en estado de hacinamiento, porque todos los días entran muchos presos “pendientes”.

—Tiene además muchas filtraciones, y los baños están en condiciones de insalubridad extrema. El edificio está apto para declararlo inhabitable. Allí él explicó que no se iba a llevar a los visitantes, por esas condiciones, y que esta decisión no era mala porque, y casi lo puedo citar textualmente, “cuando una visita va a la casa de uno, uno trata de enseñarle lo mejor a la visita y no las partes malas”. Que para eso, dijo, se iba a reparar un ala del edificio No. 1. La prensa extranjera no debe tener acceso a las celdas de castigo. De hecho, en ninguna de las fotos que ellos hicieron públicas se ven dichas celdas.

En Cuba, el ejercicio del derecho que tiene toda persona a investigar y recibir información, así como el de difundirla, sin limitación de frontera, por cualquier medio de expresión —según consta en el artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos—, puede ser considerado un delito. Sin embargo, en ocasiones, para llevar a un periodista independiente a la cárcel, como ha sido el caso de Martínez Arias, las autoridades le imputan delitos comunes, para desviar el carácter político de la detención.

El día 16 de septiembre de 2012, Martínez Arias había estado averiguando en las inmediaciones del aeropuerto internacional José Martí —con algunos trabajadores de la terminal— acerca de un lote de ayuda médica, proporcionada por organizaciones internacionales humanitarias, para enfrentar el brote de cólera y de dengue y que, por un mal manejo oficial, se habría echado a perder.

A la salida del aeropuerto, mientras él y otras personas se cobijaban de la lluvia, subidos en los bancos de la parada de la guagua para evitar los charcos, un carro patrullero llegó y les puso multas a todos; pero Martínez Arias fue trasladado a la unidad de policía de Santiago de las Vegas, en principio por estar “ilegalmente” en La Habana, teniendo una dirección de la provincia de Camagüey. Martínez Arias alegó en su defensa que “los hermanos Fidel y Raúl Castro eran oriundos de la provincia de Oriente”.

—Inmediatamente —describe el propio activista— los policías me esposaron, me condujeron a un pasillo oscuro y me golpearon fuertemente.

Los policías que le detuvieron y golpearon, lo acusaron entonces de “desacato a las figuras de los líderes de la Revolución”. Fue automáticamente trasladado a la prisión de Valle Grande, y de allí, como castigo por haber continuado denunciando a través de sus colegas los abusos de los derechos humanos a la población penal, fue llevado a la prisión Combinado del Este, de máximo rigor.

En el transcurso de la primera huelga de hambre, la Seguridad del Estado comunicó a Martínez Arias que la petición fiscal había quedado en “desacato” y “resistencia”, por haber ofendido a un policía.

—Si yo hubiera reaccionado durante la golpiza que me propinaron, esquivando un golpe, o lanzando otro golpe defensivo al policía que me estaba dando la paliza, hubiera sido acusado de “atentado” —comentó Calixto—. La policía en Cuba puede sentirse “ofendida” y “agredida” si no se reacciona con absoluta pasividad ante la arbitrariedad y la brutalidad, y luego realiza la acusación de “desacato” y “atentado”, respectivamente, que conduce al detenido a la prisión.

Martínez Arias está convencido de que la visibilidad que le otorgó haber sido declarado preso de conciencia por Amnistía Internacional, unida a la solidaridad de activistas de derechos humanos, periodistas independientes dentro de la Isla, y muchos medios extranjeros con la participación de cubanos en el exterior, consiguieron enviar el mensaje al gobierno de Raúl Castro de que una persona encarcelada por ejercer su derecho a la libertad de expresión no está sola; y no será posible mantenerla en la cárcel sometida a tratos crueles, inhumanos y degradantes sin un costo político muy alto que le resta espacio a la impunidad.

Lilianne Ruiz
La Habana

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3 respuestas
Comentarios

  • Ima dice:

    impresionante testimonio

  • Gabriel dice:

    Este es el tipo de denuncias —concretas, con hechos— que hay que repetir mil veces.

  • // Parece que hay otras maneras //

    “…la visibilidad que le otorgó haber sido declarado preso de conciencia por Amnistía Internacional … la solidaridad de activistas de derechos humanos … y muchos medios extranjeros … consiguieron enviar el mensaje al gobierno de Raúl Castro…”

    ¿Y solamente sometiéndose al trato cruel que tuvo podía haber obtenido ese apoyo? ¿Es que no hay otras maneras de obtener apoyo como ese o mayor y mayores resultados, sin provocar ser maltratado más que lo usual?

    Parece que sí.