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Dos poemas a partir de Ovidio

  • pd
    Editor Jefe
  • Abr 16, 201310:30h
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LA CASA DEL RUMOR

a partir de Ovidio

Hay un lugar en el centro del mundo,
entre la tierra y el cielo y el mar,
en que todo sonido puede oírse,
donde todo se ve.
Aquí vive el rumor,
que en lo alto de un monte hace morada.
Es una casa abierta
noche y día: un domo de aberturas
y ventanas dispuestas
como un millón de ojos que observan
fijamente, sin parpadear,
sin puerta ni cerrojo en sitio alguno.
Tienen oídos sus paredes.
Son oídos. La casa,
hecha toda de bronce
en finas hojas resonantes,
zumba incesantemente con palabras
que se repiten y replican, vuelta
y vuelta y vuelta y una vez
y otra vez en la baja
murmuración, la voz que se hace eco.
No hay lugar en silencio,
solo el murmullo de las voces
como olas susurrantes o apagado
rodar del trueno en su último desplome.
Casa tomada por las sombras
en la que van y vienen los fantasmas,
es huésped el rumor y la mentira
y la verdad se mezclan:
palabras, frases, hechos y ficciones,
fabricaciones, todo confundido.
Una historia se esparce a cada vuelta
y crece y cambia y cada quién la cuenta
poniendo a lo que oyó de su cosecha.
Todo aquí se vigila y se intercepta:
una legión de ángeles lo graba.
Viven aquí Credulidad y su imprudencia,
el temerario Error
y la Dicha insensata. Los Susurros
tienen aquí su casa y lado a lado
la Sedición de pronto, el Miedo trémulo.
El Rumor mismo
oye todo y ve todo
lo que ocurre en los cielos,
en el mar o en la tierra;
Guardia, vigía, cámara de ecos,
no olvida nada,
no olvida a nadie mientras barre el mundo.

THE HOUSE OF RUMOUR

after Ovid

At the world’s centre
between earth and sky and sea
is a place where every sound can be heard,
where everything is seen.
Here Rumour lives,
making her home on a mountain-top.
This house stands open
night and day: a dome
of apertures and windows set
like a million eyes at gaze,
steady, unblinking,
no doors or shutters anywhere.
Her walls have ears.
They are ears. The whole house
made from thinly-beaten,
resonating bronze, hums
constantly
with words repeating back to themselves
round and round, again
and again: the low susurration
of echoing sound.
No silence anywhere,
just the murmur of voices
like whispering waves
or the last low rolling crush of thunder.
The house is haunted by shadows,
ghosts that come and go, a host of rumours,
the false mixed with the true,
words and phrases, fact, fictions,
fabrications, all confused.
At every turn, a story spreads
and grows and changes, each new teller
adding on to what they’ve heard.
Here is surveillance, interception;
a multitude of recording angels.
Here lives rash Credulity, reckless Error,
groundless Joy. Whispers
make their home here, alongside
sudden Sedition, tremulous Fear.
Rumour herself
hears everything, sees
everything that happens in the heavens,
in the sea or on the earth;
invigilator, sentinel, echo-chamber,
she misses nothing
misses no one as she sweeps the world.

* * *

LA CUEVA DEL SUEÑO

a partir de Ovidio

Guarda el monte desierto una caverna
por los rayos del sol jamás tocada;
la tierra en torno
exhala
nubes de niebla
en un ocaso interminable,
la secreta morada
del dios del Sueño ocioso.
No hay ningún gallo que convoque al alba,
no hay gansos, perros ni animal alguno
que interrumpa el silencio, no hay ni ramas
por la brisa agitadas. Quietud sólo
y, muy bajo, el murmullo del distante
Leteo y los guijarros que a su paso
mueve mientras susurra: duerme, duerme.
Afuera, exuberantes amapolas;
hierbas que sueltan en la noche jugos
e infunden en la tierra su indolencia,
su tibia gravedad.
No hay puertas: chirriarían las bisagras;
no hay guardián a la entrada.
En una plataforma en mitad de la cueva
hay una cama de ébano, abultada
de sábanas oscuras y negros almohadones
donde yace el dios mismo,
en qué lánguida paz hundido.
Por todos lados sueños vacíos lo rodean,
incontables igual que en la cosecha
los granos de maíz, las hojas en los árboles
del bosque, las arenas de la playa.

Penetra el mensajero de la diosa en la cámara,
le sacude los sueños que le cierran el paso.
La luz de su vestido va inundando la cueva,
y ya empieza a agitarse el Sueño, lucha
por levantar los párpados, en pesado letargo.
Lo intenta una y otra vez, y retrocede,
y hunde en el pecho la cabeza. Al fin
despierta, parpadea, abre los ojos
y, apoyado en un codo,
mirando a la mujer, sonríe.

THE CAVE OF SLEEP

after Ovid

Deep inside a hollow mountain there’s a cave
where the sun’s rays never reach;
the earth around it
breathes out
clouds of fog
into this endless twilight,
this secret dwelling-place
of the god od idle Sleep.
There is no cockerel to summon the dawn,
no geese, no dogs, no beasts of any kind
to break the silence, not even branches
stirring in the breeze. Only stillness here,
and the distant murmur far below
of the River Lethe moving pebbles
as it goes, whispering sleep, sleep.
Huge lush poppies stand in rows outside;
herbs steep their juices in the night,
infusing the ground with a slow release,
a mulled gravity.
There are no doors, in case a turning hinge
might creak, and no guardian at the gate.
On a platform in the middle of the cave
is a bed of ebony
thick with dark linens, soft black pillows,
where the god himself
lies, deeply, languidly, at peace.
Around him, on all sides, are empty dreams,
countless as ears of corn
at harvest-time, leaves on the forest trees
or grains of sand along the shore.

The messenger of the goddess enters the chamber,
brushing aside the dreams that stand in her way.
The brightness of her robes begins to fill the cave
and Sleep starts to stir, struggling
to lift his eyelids, heavy in slumber.
Over and over again he tries, then falls back,
head sinking into his chest. At last
he wakes, blinks open his eyes and
hoisting himself up one elbow,
looks at the woman and smiles.

Robin Robertson
Versiones de Aurelio Asiain.

* * *

Ovidio, Metamorfosis, Libro XII (39-63)

Orbe locus medio est inter terrasque fretumque
caelestesque plagas, triplicis confinia mundi;
unde quod est usquam, quamvis regionibus absit,
inspicitur, penetratque cavas vox omnis ad aures:
Fama tenet summaque domum sibi legit in arce,
innumerosque aditus ac mille foramina tectis
addidit et nullis inclusit limina portis;
nocte dieque patet: tota est ex aere sonanti,
tota fremit vocesque refert iteratque quod audit;
nulla quies intus nullaque silentia parte,
nec tamen est clamor, sed parvae murmura vocis,
qualia de pelagi, siquis procul audiat, undis
esse solent, qualemve sonum, cum Iuppiter atras
increpuit nubes, extrema tonitrua reddunt.
atria turba tenet: veniunt, leve vulgus, euntque
mixtaque cum veris passim commenta vagantur
milia rumorum confusaque verba volutant;
e quibus hi vacuas inplent sermonibus aures,
hi narrata ferunt alio, mensuraque ficticrescit,
et auditis aliquid novus adicit auctor.
illic Credulitas, illic temerarius Error
vanaque Laetitia est consternatique Timores
Seditioque repens dubioque auctore Susurri;
ipsa, quid in caelo rerum pelagoque geratur
et tellure, videt totumque inquirit in orbem.

Metamorfosis, Libro XI (592-620)

Est prope Cimmerios longo spelunca recessu,
mons cavus, ignavi domus et penetralia Somni,
quo numquam radiis oriens mediusve cadensve
Phoebus adire potest: nebulae caligine mixtae
exhalantur humo dubiaeque crepuscula lucis.
non vigil ales ibi cristati cantibus oris
evocat Auroram, nec voce silentia rumpunt
sollicitive canes canibusve sagacior anser;
non fera, non pecudes, non moti flamine rami
humanaeve sonum reddunt convicia linguae.
muta quies habitat; saxo tamen exit ab imo
rivus aquae Lethes, per quem cum murmure labens
invitat somnos crepitantibus unda lapillis.
ante fores antri fecunda papavera florent
innumeraeque herbae, quarum de lacte soporem
Nox legit et spargit per opacas umida terras.
ianua, ne verso stridores cardine reddat,
nulla domo tota est, custos in limine nullus;
at medio torus est ebeno sublimis in antro,
plumeus, atricolor, pullo velamine tectus,
quo cubat ipse deus membris languore solutis.
hunc circa passim varias imitantia formas
Somnia vana iacent totidem, quot messis aristas,
silva gerit frondes, eiectas litus harenas.
Quo simul intravit manibusque obstantia virgo
Somnia dimovit, vestis fulgore reluxit
sacra domus, tardaque deus gravitate iacentes
vix oculos tollens iterumque iterumque relabens
summaque percutiens nutanti pectora mento
excussit tandem sibi se cubitoque levatus,
quid veniat, (cognovit enim) scitatur, at illa:

NOTA:

Los dos poemas reproducidos forman parte del libro más reciente del poeta escocés Robin Robertson, Hill of Doors (una buena reseña puede leerse aquí). Fueron publicados juntos, hace unos años, en el London Review of Books.

La descripción de la casa de la diosa Fama, ese misterioso “lugar en el centro del mundo”, es uno de los pasajes más célebres de las Metamorfosis de Ovidio. Fama, diosa del rumor y representación de la voz pública, nunca duerme y en su mansión se oye todo lo que se habla en el mundo; un vocerío infinito, del que a veces se filtran voces individuales hacia algunos oídos que, sin embargo, no consiguen determinar su origen. Casa de sombras y fantasmas, donde la Verdad se confunde con la Mentira, y los hombres son cortejados, simultáneamente, por la Credulidad, el Error, la Alegría, los Temores, la Sedición y los Susurros, atrio barroco que reaparecerá, de una u otra forma, en casi toda la literatura occidental.

Como dato curioso, agreguemos que el emblema de la “Casa de la Fama” o la “Casa del Rumor” ha servido al arquitecto e informático Ivan Redi o al novelista Jake Arnott para evocar un ortloss o espacio-sin-lugar, un infoespacio o arquitectura de información universal en red —que puede asociarse a una somera definición de eso que hoy conocemos como internet.

iris+and+somnus

Otro célebre pasaje del libro XI de las Metamorfosis es la descripción que hace Ovidio de la gruta de Sueño (Somnus, en latín; Hipnos, en griego), adonde acude, enviada por Hera, la ninfa Iris para despertar “al más gentil de los dioses” y, obligándolo a “sacudirse de sí mismo” (excussit tándem sibi se), le pide de favor que use a su hijo Morfeo para comunicarle en sueños a Alcíone la noticia de la muerte de su esposo Ceix, rey de Tesalia.

Despertar al Sueño de su sueño, sacarlo de sí mismo, es una curiosa descripción que evoca un estado de conciencia paradójico, una presencia-ausencia que algunos exégetas emparentan con la pasión de la propia Alcíone por su su esposo; viva y sin embargo, muerta de dolor, zombi, perdida junto a Ceix en su naufragio.

Por órdenes de Sueño, Morfeo se anuncia mientras Alcíone duerme; encarnado en el rey muerto, empieza por negar que sus palabras sean rumores, habitantes de la Casa de la Fama. La diferencia entre las imágenes verdaderas y falsas, la confusión entre sueño y vigilia, la cuestión de la autoría y la autoridad, las percepciones y visiones oníricas que Ovidio emparenta con cualquier relato, mitológico o histórico, son algunos de los temas trenzados en estas líneas. El otro es el estatus metamórfico de la Poesía, condenada a usar imágenes, a rebasar la conciencia, a habitar en una tierra de nadie. La Casa del Rumor y la Caverna del Sueño, la mansión del permanente ruido mundanal y la gruta del silencio perfecto, son así dos espacios paradigmáticos, arquitectura doble de una palabra poética siempre renovada. (EHB)

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