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El discurso de Padura

  • feb 19, 201311:56h
  • 19 comentarios

En su discurso del pasado domingo, al recibir el Premio Nacional de Literatura en Cuba, Leonardo Padura ha invocado el espaldarazo de otro escritor de su generación, Abilio Estévez. Gesto curioso, porque Estévez hace una literatura muy diferente a la suya, y vive desde hace años en el exilio.

Sin embargo, hay también en ese mismo discurso algunos molestos asertos que creo conciernen más al deplorable estado actual de nuestra crítica literaria que a la discusión sobre ideología.

La cita de André Gide que invoca Abilio Estévez para elogiar a su amigo Padura no encaja demasiado bien en el contexto. Más allá del despropósito mismo de invocar un gran nombre de las letras francesas para aludir a nuestra decrépita República literaria, resulta equívoco usar ese pasaje para defender las virtudes de cierto voluntarismo literario, que Padura comparte con varios escritores de su generación. Gide nunca defendió Paludes como ilustración de la teoría del martillo y el yunque. Más bien, al contrario, al aludir a su trabajo en ella rompía lanzas por la rareza, la excentricidad como prueba de escritura. Un libro que no quería ser “interesante”. Un libro que sólo podía escribir él:

“Tiens, tu travailles ? -Je répondis : “J’écris Paludes.” – Qu’est-ce que c’est ? – Un livre. – Pour moi ? – Non. – Trop savant ? – Ennuyeux. – Pourquoi l’écrire alors ? – Sinon qui l’écrirait ?”

Hay una gran diferencia entre el elogio de la constancia en el trabajo literario y el elogio de lo excéntrico necesario en la escritura. No tengo nada personal contra Padura, pero como lector hace mucho tomé distancias con lo que escribe. Es más o menos correcto, pero de un registro limitado. Sus últimas incursiones voluntaristas en la novela histórica me parecen una búsqueda de “universalidad” desde un punto de vista demasiado local, como si se llevara el provincianismo en los ojos, y se usara ese “universo” para decir algunas cosas por trama interpuesta. Elogiadas también como libros políticamente valientes (el traslape entre el mundo colonial y el revolucionario en su novela sobre Heredia, La novela de mi vida, o la crítica del estalinismo que se desprende de El hombre que amaba a los perros, resultan fabricaciones premeditadas y sin el vuelo de las grandes novelas históricas. En realidad, lo que me molesta de sus libros es la consideración ramplona de la ficción, que es un asunto que comparte con varios de sus compañeros de generación literaria, muchos devenidos (y no es un accidente) comisarios culturales.

No tengo nada personal contra Padura, y veo con simpatía su indudable triunfo en el mercado editorial europeo. Pero como lector uno tiene todo el derecho a pedir más a la literatura —y a un Premio Nacional sucesivamente demeritado por politiquerías de todo tipo. La simpatía de la carta de Abilio Estévez que cita Padura en su discurso no oculta el hecho, escandalosamente evidente, de que Abilio merece más ese premio que él. Y es un hermoso gesto de amistad esa exaltada carta de felicitación, pero no es, a mi juicio, un gesto de crítica literaria que pueda colocarse a la misma altura.

Hay un dejo incómodo de falsedad en todo ese discurso y una confusión de planos en esa carta: cierto elogio del stajanovismo (Padura como campeón del duro trabajo literario), cuando en realidad se trata de una obra que justamente no trabaja en lo literario, es decir, que no ha conseguido construir desde el estilo una visión del mundo, y en ese sentido la alusión a Paludes, tal vez la obra más singular del corpus de Gide, vuelve a resultar chocante. Gide fue durante toda su carrera un gran voluntarista, pero trabajó sobre la escritura a otros niveles. Y por mucho que un escritor como Padura “golpee el yunque” no producirá alquimias gideanas: su concepción de lo literario es otra, la de un realismo agostado que en sus peores momentos se convierte en provincianismo endémico. Mucha gente descubre en su novela sobre el asesino de Trotski lo que está mucho mejor escrito en toda la bibliografía de no ficción sobre el estalinismo; el efecto de “denuncia” o de “emoción literaria” pasa aquí por la trampa de darle a la novela encargos vicarios. Y en su literatura más o menos de barrio, con policías “complejos” y dramas insulares, hay falta de originalidad, ausencia de reto y una concepción del mundo extraída de la masticación apresurada de los códigos de la novela negra. Los diálogos y descripciones de Padura (voy a ahorrarme ejemplos) son muchas veces desmañados, torpes, simplones. Y en su dramaturgia novelesca hay demasiado cine negro y frases hechas. Un gran escritor debe aspirar a más, tiene que crear un mundo, no aplicar herramientas vicarias a ese mundo. Y ese “mundo” no es tanto una geografía, sino un estilo.

Una literatura se hace con muchos escritores, pero no hay que hacer pasar una cosa por otra. Es fácil tildar de cainitas a los críticos, poniendo el parche antes de que aparezcan en la escena, pero un buen lector sabe que la literatura, la gran literatura, corre por otros cauces, y además del martillo constante existen otras maneras de sacar sus mejores chispas.

Hay derecho a pedirle más a Padura y a su literatura —y eso no tiene que ver necesariamente con la envidia, como se deduce de la correspondencia entre Estévez y Padura. Las novelas de Padura son parte legítima de lo literario, pero hay todo el derecho a valorarla, sobre todo cuando se sube al podio de la escena nacional. Porque la literatura cubana fue siempre más que las sagas de “mariocondes”.

Ver la crítica negativa como puro cainismo es reducir lo literario a una lógica nacionalista-familiar —o a la del club deportivo—, para no pensar realmente en lo que se hace más allá del amiguismo. Da un poco de pena ajena toda esa pompa de clan generacional, todas esas palmaditas en la espalda, pero supongo que es una forma fácil de consuelo para no amargarse el triunfo en un camino definido como “pletórico de escollos” —una frase de Padura que realmente lo deja a uno pensando.

Luego está, en otro orden, pero que difícilmente pueda ignorarse, el asunto político. Este es el discurso de un “buena gente”, y no dudo que Padura lo sea; rezuma modestia y nostalgia, y eso siempre queda bien. Pero no deben usarse esas virtudes ni la faible socialidad del “cubaneo” para falsificar en perspectiva una trayectoria. Ese recuento de sus años 80, presentado un poco como a contracorriente, disfraza el hecho de que Padura siempre ha sido un escritor “integrado” —sobre todo a partir de su “curso de castigo” en el periodismo oficialista. Resulta estimulante que el escritor libre defienda la no pertenencia a capillas, y tenga gestos más o menos valientes como sin duda los ha tenido Padura (compensados, eso sí, con otros de ceguera militante) pero no hay que olvidar que todo esto sale de la boca de un escritor que hasta cierto punto ha consagrado las dudosas virtudes del “modelo UNEAC”. Que Padura venga a estas alturas a hacer un ditirambo de la editorial UNION, por ejemplo, sólo porque saca todas sus novelas, resultará ofensivo para varias personas. Hay que ser más serio y tener un mínimo de perspectiva histórica: la editorial UNION, que en efecto, saca las novela de Padura, también ha censurado a troche y moche.

En fin, que en la lectura de este discurso con que recibe el Premio Nacional de Literatura se hace evidente un Padura tironeado por la necesidad de confesarse libre y, al mismo tiempo, legitimar una trayectoria y un contexto que durante demasiadas décadas han representado todo lo opuesto de la libertad. Las contradicciones están a la vista, para cainitas, críticos y lectores, presente y futuros.

Ernesto Hernández Busto
Barcelona

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19 respuestas
Comentarios

  • Anónimo dice:

    Esto se aplica a Padura:

    “Todo escritor que adopte el punto de vista totalitario,
    que acepte la falsificación de la realidad y de las persecuciones, se destruye a sí mismo instantáneamente”

    George Orwell.

  • A.S. (de Cuba, por email) dice:

    Acabo de leer la buena crítica a Padura de Ernesto Hernández Busto, que me enviaste. Con un alto vuelo de recursos críticos, el autor ha calado bien a ese farsante. Ahora entiendo con argumentos bien pensados todo lo que el simple instinto me dejaba de mal olor en la obra de este novelista, lo que en definitiva basta para saber detectar la mierda. Los libros de ese hombre son falsos como una mala moneda. He discutido al respecto con [...] un brillante editor, el que me señala como algo portentosos la denuncia antiestalinista de El hombre que amaba a los perros. Pero te confieso que la encuentro manipuladora y poco sincera. Y así encuentro toda la altisonante obra. El libro se me cayó de las manos transcurridas las primeras veinte páginas y no me interesa volver a retomarlo. No pude con un lenguaje altisonante y falso. No hay honestidad en su obra, sino prudente oficio. No creo que con el tiempo su obra perdure. Se le van a ver las grietas a tanto maquillaje.

  • Excelente artículo. Cyril Connolly dijo que “Los críticos que ignoran el estilo están expuestos a englobar a buenos y malos escritores en apoyo de unas teorías preconcebidas”. Esto se olvida casi siempre.

  • Redel Frometa dice:

    Afuera llueve. Dentro del granero, juntos, los gallos de pelea. Cuba, Cuba.

  • Anónimo dice:

    Excelente crítica, de eso carece el panorama artístico cubano, seriedad, compromiso con el arte y no con los creadores. Eso es lo que hace a EHB y a PD prestigiosos, adjetivo casi en desuso en el ambiente cubano. Esa es la verdadera libertad de opinión, y no la manipulación constante del compromiso con la amistad. Gracias Ernesto por la lección.

  • Jaime Blas dice:

    Con los libros de Padura tengo la misma sensación que con la raspadura. Comienzo a “mordisquearlos”, pero son tan dulces que nunca logro terminar.

    Jaime Blas.

  • Veroco dice:

    Wao… es difícil imaginarse una diana más fácil que Padura al agradecer un premio del gobierno, y PD se baja con este bolero no te odio aunque seas mala te perdono tu perfidia eres una flor de fango que nunca me besaraaaaaaaaá…

  • Anonimo dice:

    Seguro que cuando Abilio Estévez y Padura hablan de “cainita” se refieren a Ponte, que hace unos años publicó una reseña devastadora de “El hombre que amaba a los perros”.

  • ADVIL PM dice:

    Quien me iba a decir que algun dia tendria puntos en comun con Jose Julian?

    JJ, ya pedistes asilo? jajaja…

  • RC dice:

    No estoy de acuerdo con todo lo que dice Busto aquí, y hay temas que merecerían ser mejor debatidos. Pero esa carta de Abilio Estevez me parecio francamente patética…

  • menendag05 dice:

    SOBRE LA CRÍTICA AL DISCURSO DE PADURA POR EL PREMIO NACIONAL
    DE LITERATURA. (Hernández Busto). Febrero 2013

    Hacer una” buena literatura”, lógicamente es más fácil en el exilio. Hacerla dentro
    del marco estrecho y represor donde florece es seguramente un poco más difícil. Razón
    de peso para reconocer los valores de su obra, que en mi modesto juicio de lector sin pretensiones de crítico o literato, es muy buena.
    Nuestra crítica interna adolece, obviamente, de la posibilidad de evaluar con objetividad
    y libertad las creaciones que surgen, por cuanto la transgresión de las normas oficiales, y sus consecuencias, limita y coarta su dictamen. El hecho de la otorgación de un premio y la decisión de recibirlo no necesariamente compromete al autor que tiene todo su derecho a aceptarlo, pues en su caso la opinión de esa crítica interna, coincide con la de la notable cantidad de lectores que disfrutan su literatura.
    Resulta curioso que el autor de esta crítica repite, casi a cada párrafo o afirmación, que
    no tiene nada personal contra Padura. En ocasiones da la impresión, no concluyo que así sea, solo que impresiona como tal, quizá cierto prurito malsano por los éxitos editoriales del escritor analizado.
    El hecho de que se trate de “un Premio Nacional sucesivamente demeritado por politiquerías de todo tipo”- no necesariamente impone esta mediatización en un caso
    particular, ni excluye la opción de que el autor lo reciba, por cuanto no de manera
    obligatoria esto le impone la condición.
    El realismo y el provincianismo no necesariamente tienen porque estar reñidos con
    los términos clásicos que definen la calificación de una buena literatura. Pueden ser simplemente un estilo y un mecanismo para acercarse a un medio determinado en un lenguaje específico.
    Las sagas de “Mariocondes” son parte de su obra. Tienen su singularidad y dibujan
    el contexto en que se mueven los resortes de un detective que investiga delitos, en
    una cotidianidad criolla convencional y que forma cuerpo con un mundo estereotipado
    y dogmático, y reúne un toque de originalidad aparejada a la condición propia del género.
    No creo que el discurso contribuya a legitimar ninguna contradicción. Simplemente es
    expresión del libre albedrío de un escritor, editorialmente exitoso y que no tiene temor
    a que le confundan con un apologista del sistema, simplemente por aceptar una distinción, merecida y sancionada por la aceptación popular.

    Pericles

  • Corazón dice:

    No lo puedo creer, pero estoy de acuerdo con JJ en esta. A Padura se le da lo policial como a Corín Tellado se le daban las novelitas de amor.

  • José Julian dice:

    Mara, su análisis hace aguas y va a pique en este punto: califica usted a Padura de “escritor modesto”. Yo me pregunto, qué es eso de “un escritor modesto”? Donde ha visto usted a escritores modestos? Los escritores no son modestos por definición, si lo fueran, no serían escritores. Se requiere una muy alta dosis de inmodestia para ser escritor. Se lo digo yo que he conocido a muchos. Ni Lezama ni Carpentier, ni Cabrera ni ninguno de los grandes escritores cubanos eran “modestos”, todo lo contrario, eran irreverentemente inmodestos, indecentemente inmodestos, horriblemente inmodestos. Y eso era lo bueno en ellos. Que Padura sea como usted dice “un escritor modesto” es el meollo de la cuestión, en eso radica el problema. Ha dado usted en el clavo. JJ

  • José Julian dice:

    Creo que nadie mejor que Padura entiende la ilegitimidad de su premio. Imaginan a un Carpentier, a un Lezama hablando de los “cainitas” y demás nimiedades en su discurso de aceptación de un premio, citando en extenso la carta de un amigo que le dice que es buen escritor? Es impensable.

    Padura se ha traicionado con ese discurso. Es el discurso de alguien que se sabe culpable en varios frentes. Su culpa se transparenta en todo lo que dice. Por otra parte, no aporta ninguna reflexión sobre el país, sobre la situación política que vive la isla hace años, no se vale “criticar” la Rusia de Stalin y guillarse con lo del patio.

    Sus novelas policíacas son esos, novelas policíacas. Ni más ni menos. No es gran literatura ni merecedora de un Premio Nacional. Que se lo hayan dado señala la indigencia literaria en la que sumida la mayor de las Antillas. Eso PD lo deja muy claro en su texto.

    El análisis de PD es brillante y tan solo por un texto como éste es fácil ver porque es el mejor blog cubano de lejos: nadie tiene ni la audacia ni la brillantez ni el nivel intelectual de PD en toda la blogosfera, incluyendo a la muy socorrida Yoani que, por cierto y en una muestra clara de lo poco que entiende de literatura, califica a Padura del mejor escritor cubano, etc.

    Ah, y no, no soy un troll. Aunque yo no usaría la palabra inglesa, sino su versión castellana, que la tenemos y no es menos bella ni sonora: trasgo. Eso, no soy un trasgo. JJ.

  • Artemisia Gentileschi dice:

    ¡Bien por Mara! Has resumido con minuciosidad el pensar de mucha gente. No hay que perderse en disquisiciones inútiles, en filosofías redundantes o rimbombantes. Evitemos caer en la maniquea maña de etiquetar a toda costa y criticar a rueda libre por fuerza. Puede que Padura no entre en la lista de los excelentes, pero es buen escritor. Su elección de vida en Cuba no puede ser leída como comodidad rutilante. Hay personas que de Cuba a pesar de los pesares no quieren irse y viven allí contra viento y marea. Hay personas también que han emigrado y se encuentran malísimo donde se han establecido, viviendo en la nostalgia de la tierra (no es mi caso, pero los conozco). El hecho de ser “escritor emigrante” no puede constituir un valor añadido, igualmente no lo puede ser el hecho de ser de izquierdas o de derechas. La historia está llena de escritores con obras sólidas, reconocidas de una orilla o de la otra.
    En todo caso lo que cuenta es la obra dejada, leída, editada y re-editada. Mueren y la obra sigue ahí.
    No me parece que Padura haya tomado partido por los Castro quedándose en Cuba (¡o aunque así fuera!). ¡Por favor! No nos reduzcamos a este tipo de análisis.

  • pd dice:

    Bueno, estoy de acuerdo con que todo es arrogancia o vanidad de vanidades, pero también a veces hay que pensar y decir lo que realmente se piensa, ¿no crees?
    La referencia de Abilio dice textualmente:

    “No es difícil adivinar que ahora serás aún más la diana de los ataques de los cainitas cubanos, que se dan como la verdolaga. Pero eso se resuelve con la fórmula de André Gide: ‘Que digan lo que quieran, mientras tanto yo escribo ‘Paludes’. Y a ti eso de encerrarte a escribir se te da maravillosamente”.

    La fórmula de Gide no aplica aquí. Porque lo que defiende el francés en este caso es “yo voy a escribir lo que quiero, aunque a la gente le parezca un libro raro o excéntrico”. La literatura de Padura, a quian antes, en efecto, Abilio ha exaltado por su constancia o productividad, no tiene nada de rara ni de excéntrica.

    Y de por sí, creo, citar a Gide en este contexto es todo un despropósito. Literario y político, por cierto, que Padura aún no ha escrito, que sepamos, ningún “Retour de L’Havane”. Se vale dar coba en carta privada, pero la crítica literaria tiene que ser más seria. Eso es todo lo que trato de decir.

  • Pepe el Globero dice:

    [...] savons-nous quelles sont les choses importantes ? Quelle arrogance dans le choix !, dice el personaje de Hubert en “Paludes”, Ernesto.
    Si, en cada eleccion hay una arrogancia, como en tu caso sobre lo que criticas de Padura, y como en todos los casos.
    En cuanto a tu critica de la referencia a Paludes, no es correcta porque la sacas del contexto del mensaje de Abilio Estévez.
    Estévez utiliza la imagen del yunque y DESPUES cita a Gide. Aqui la cita de Gide es consecuencia si se critica el trabajar como un herrero. Paludes no es el ejemplo de la insistencia, sino la critica (o la metafora) practica a quienes critican tanto en nuestro medio, los éxitos ajenos.
    Y que conste: a mi tampoco me convence la literatura de Padura, eh.
    Para MARA: el éxito de Padura no se debe ‘obligatoriamente) a ser un gran escritor. No. Y aqui tomo el riesgo de ser acusado de paranoico. No, el éxito de Padura TIENE MUCHO QUE VER con el hecho de vivir en Cuba. Padura es el escritor comodo para el intelectual de izquierda de USA y de Europa, para el profesor que tiene que hablar de Cuba. Como Wendy Guerra y Gutierrez, solo que Padura es superior a estos dos y mas presentable. Algun dia se sabran mejor esas cosas. En Literatura no existe (tampoco) la justicia: Abilio Estévez merece mucho mas ese Premio Nacional, pero él tiene otros que estan a siglos luz de poder ser alcanzados por los burocratas cubanos.

  • mara dice:

    1.Es sabido que Abilio no puede recibir ESE premio por razones de exilio –como bien apunta Padura-, al menos mientras exista ESE régimen.
    2.Recomendable no buscar “el pelo dentro del huevo”. La literatura no puede ser catalogada “buena o mala” según parámetros personales, es fácil establecer criterios propios.
    3.Dejémos atras las criticas inútiles y Zoeces, no sirven para nada.
    4.No todos los escritores poseen o elaboran la tan reclamada erudición del mismo modo.
    5.Y no todos los lectores necesitan leer eruditos. En tiempos de menguadas lecturas, llegar a ocupar un puesto en estantes de medio mundo es un buen average.
    6.Padura es leído y apreciado en todo el mundo, más allá de nuestras preferencias. Razones habrán.
    7.Comprensibles las diversas lecturas del asunto, pero seguramente el Premio es muy merecido.
    8.Después, existe el democrático derecho a tener y exponer sus personales impresiones.
    9.Una pequeña reflexión (lejos de la animosidad)
    10.Felicitaciones a Padura, un escritor modesto y agradecido (no como un perro, parafraseando la literatura, visto que está de moda).

  • Gabriel dice:

    Pero Ernesto, no te metas tanto con Padura, que cuando llegue el momento se desmelenará y dirá lo que piensa de verdad sobre la situación política cubana.

    Te seguro que es un amigo de la libertad de los cubanos.