- ene 26, 2013 • 13:28h
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Una buena entrevista a Octavio Armand, sobre Lezama Lima. A propósito de la frase escuchada y apuntada por Lezama (“Todo el que tiene novia china, tiene buena suerte”), la muy racional explicación de Armand (los trabajadores chinos, que llegaron a la isla a sustituir a esclavos negros, eran sólo hombres, “tener una novia china, pues, en aquella población de machos amarillos sin hembras del mismo color, es como tropezar con un girasol de Van Gogh en La ronda nocturna de Rembrandt”) desarma toda la parafernalia de otros exégetas lezamianos, que asocian la poética lezamiana al súbito destello de lo incomprensible o lo irracional.




Tanto “quien tiene novia china tiene suerte” como “tener una china equivale a encontrar un girasol…” son suficientes para explicarme por qué mi abuelo, un guajiro de origen asturiano que en pleno machadato abandonó Las Villas para correr suerte en La Habana, me contaba que en cuando pudo separar un dinero que no comprometía su sobrevivencia, decidió entrar en lo que consideró ser un prostíbulo chino.