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Álgebra de libertad

  • ene 14, 201311:23h
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Entrar y salir del país, conservar la nacionalidad, son derechos a los que durante décadas no han podido acceder los cubanos a causa del sistema político y la teoría social imperante en Cuba. Una de las reformas emprendidas por Raúl Castro es la entrada en vigor de una nueva Ley Migratoria desde el próximo 14 de enero; que, no obstante, tampoco elimina el control gubernamental sobre el “permiso de salida”.

La mayoría de los cubanos vislumbra la salida a la crisis de derechos que afronta dentro de la Isla obteniendo una visa para establecerse en otro lugar. El éxodo no ha conseguido, sin embargo, que la situación interna de la Isla cambie en el sentido del reconocimiento por parte del Estado de esos derechos.

Los cubanos no protestan pero se van del país. Es un fenómeno que hay que observar con respeto, como el derecho a permanecer indiferente ante el presente y el futuro político del país natal. No es que los cubanos sean menos éticos por naturaleza. Vaclav Havel, quien ilustró la compleja situación en la que se halla el individuo en este tipo de sociedades, achacaba al advenimiento de la responsabilidad en la conciencia el paso determinante para derrocar este tipo de dictadura.

Mucho se ha escrito sobre los cambios que se producen en la naturaleza humana cuando ésta es sometida a la violencia, directa o solapada, de un sistema totalitario. Uno de los productos de esa violencia es la sumisión. La capacidad de intimidación del sistema totalitario que ha triunfado 54 años en Cuba ha sido revelada más por la sumisión de las masas que por la denuncia y la protesta de éstas. Como se trata de sobrevivir a cualquier precio, irse del país es la única salida que parece haber quedado a los cubanos.

Que la salida para el problema de Cuba sólo sea por mar o por aire es lo que parece corresponder a los cubanos en este momento. Las urnas electorales permanecerán cerradas mientras dure este silencio. No faltan alternativas como la Demanda Ciudadana por Otra Cuba o el Proyecto Nuevo País; apoyarlas es la mejor inversión para el futuro, que será más o menos inmediato dependiendo de nuestra participación.

Los seres humanos no renuncian a la libertad por voluntad propia, así como el régimen comunista no puede renunciar a la violencia. Irse del país debería ser tan sólo una retirada que no pusiera fin a la controversia. Mientras nos quede algo de perseverancia en esa índole originaria tendiente a la libertad estaremos condenando el régimen. Pero si cambiamos de tal manera que traicionamos hasta el olvido nuestra conciencia le estaremos regalando a nuestro principal agresor un triunfo perpetuo.

Lilianne Ruiz
La Habana

Foto: AP.

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