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Durán, EPD

  • ene 06, 201302:05h
  • 27 comentarios

Lo vi durante años y años de movimiento browniano desquiciado en el corazón del Vedado. Cada cual afanándose en su propia ruina.

Él, cruzando la barrera de los ochenta, como un Castro de carretera (con su carácter ciertamente castrista pero no criminal), como un Cristo con traje y corbata de la República (aunque casi toda su carrera de Física ocurrió bajo las leyes lineales de la Revolución). Yo, cruzando la raya límite de la locura, de los treinta a los cuarenta, del Período Especial a los Años Cero (una década doble), tan viejo como “el profe” mismo pero con la mitad de su edad.

Caminaba con orgullo de caminante, con porte de ciudadano que se vale por sí mismo, sin patetismo quejoso de ninguna clase, el Ingeniero Durán. No se detuvo por más raídas que estuvieran sus ropas, por más que olieran a sudor de ser humano que ya no se sabe del todo asear (o que ya no vale la pena del todo perder el poquito tiempo que queda en eso). Yo lo veía desde taxis y guaguas, desde cines y citas, desde mi propio y pobre desasosiego que me reducía a un cero humano. Definitivamente patética mi mirada, al contrario que él, con lagrimitas incluidas que eran una especie de culpa en mis mejillas de un Orlando que también se iba quedando solo en medio del socialismo (los dos dejados atrás por la historia de una época que será, por suerte, la de la dispersión definitiva de nuestra nación).

Yo lo veía, como en un stop-motion ralentizado, y me tocaba por instinto en mis bolsillos. Cuando trabajaba para el Estado cubano, yo era un ser mezquino. ¿Qué podría ofrecerle al antiguo profesor de la facultad de Física? ¿Cien pesos cubanos (4 dólares), un tercio de mi salario revolucionario de profesional? La idea de entregárselo todo entonces no se me ocurría. Yo aún no había conocido ese tipo de solidaridad. Yo aún tenía pánico de salirme del sistema y “marcarme”. Pensaba que era posible acumular algo en Cuba y ser libre. Ignoraba que, en un cementerio, nuestras manos han de estar siempre radicalmente vacías. Ignoraba que la libertad, si no habita en tu alma, como dios, ningún policía o párroco te la puede insuflar (y mucho menos arrebatar).

El ingeniero Durán parecía libre. Me humillaba un poco su dignidad. Su coraje de no desmayarse, como a ratos siento en mi pecho yo.

Vivía en un palacete convertido en solar, por detrás de otro palacete privado devenido Museo Napoleónico, muy cerca de la universidad. Allí lo cuidaron hasta donde se dejó cuidar. Allí el vecinazgo sonreía a sus espaldas entre la sorna y la misericordia, susurrando que “el profe nunca había sido fácil”. Él los atacaba cuando podía y desconfiaba de ellos como si lo quisieran desvalijar de sus últimos bienes (también los quería, por supuesto, aunque ni en mil vidas Durán hubiera pronunciado eso en voz alta).

Su Departamento de Física intentó contratarlo justo hasta el final (hasta antier acaso), no tanto por el dinero y la comida, como para que no se convirtiera en otro mendigo por ahí, y para que siguiera siendo útil a sus pupilos más allá del retiro laboral y su pensión (sus pupilos, a los que ya él no tenía nada que enseñar excepto su biología de fierro, su experiencia recia de no dar jamás su testa a torcer). Parecía un vasco, un siciliano, un inmigrante de paso por este trópico donde todo flota violando la gravedad, mientras que él conservaba cierto empaque de criatura continental, de animal civil caído de otra Era Geológica.

A finales del 2012, cargué con un maletín de donaciones que el exilio cubano pone generosamente en las manos de muchos activistas libres dentro de Cuba (el exilio de los Estados Unidos de América, digámoslo con orgullo y sin resquemores). Medicinas y alimentos (temibles armas para tumbar al gobierno de La Habana). Todo de estreno, todo gratis. Y lo busqué, al Ingeniero. Hacía mucho que no coincidía con él por las calles. Nada más verlo, enseguida supe por qué. Durán estaba liquidado, el valiente guerrero. Su pecho hundido, la respiración a saltos, las mejillas huecas, los ojos alucinados, la ropa se le caía y mostraba con eso un pudor inviolable. Me dijeron que padecía no sé qué deficiencia respiratoria con complicaciones renales, pero eso es lo que dice nuestra medicina cuando no se molesta en diagnosticar lo obvio. Cáncer. Estoy seguro, es un deterioro tan típico. Y lo he visto en tanta gente buena a mi alrededor.

Le dije que el paquete se lo mandaban estudiantes suyos de medio mundo. No me creyó. Fui más específico en mi mentira. Le dije que eran dos o tres colegas que trabajaban en Suiza, en un ciclotrón, y me di cuenta que a partir de ese instante yo dejaba de ser Bioquímico y debía asumir su misma profesión. La palabra “ciclotrón” pareció iluminar su mirada. Le dije que nunca lo olvidaban, que muchos otros querían ayudarlo pero no sabían su dirección, que nunca lo había olvidado yo (a pesar de que apenas si recibí unas pocas Prácticas de Laboratorio de su mano, donde invariablemente él me suspendía con un reverendo 2, pero esto no se lo dije, claro, esto sólo lo sonreí para adentro mientras le ayudaba a ponerse la ropa después de hacer pis: con mi padre anciano nunca llegué a tanta intimidad durante su brevísima agonía).

Recuerdo un pujo que yo le hacía a mis hermanos del alma en la Facultad de Biología, a principios de los años noventa y de la barbarie. El Profe tenía una bata blanca en cuyo bolsillo decía ING DURÁN. Desde entonces ya era un cascarrabias insufrible. Y, en venganza, yo fabulaba para mis amigos y novias, tan jóvenes, casi adolescentes, que aquel membrete no quería decir INGENIERO DURÁN, sino que era una errata de IGNACIO DURÁN, que el Profe seguramente era un cocinero que se había colado, en pleno Laboratorio de Mecánica, desde el comedor de la universidad.

Y reíamos. Reíamos no porque fuéramos estúpidos (que lo éramos), sino porque estábamos todos muy tristes. Éramos tan frágiles y en el país se incubaba tanta muerte… Reíamos porque sabíamos que el tiempo de mirarnos a los ojos y amarnos se escurría a cuentagotas para nuestra generación.

Miré los ojos de Durán. Pregunté su nombre a la vuelta de un nuevo siglo y milenio. Me miró asombrado. Qué mala memoria la mía, Orlando. ¿Orlando? Orlando. Todo este tiempo el Profe se había llamado como yo, Orlando. Lo dejé pixelarse entonces entre mis lágrimas que no permití que él las notara. Me encargó bajar de su palomar rococó a comprarle un refresco gaseado en moneda nacional. Fui y viré. Me instruyó cómo reparar su agendita de papel, sobresaturada de contactos. Se la reparé lo peor que pude y la puse al sol, pues estaba mojada, no quise averiguar de qué. Tampoco me atreví a lavarme las manos.

Entendí que el Ingeniero Orlando Durán apenas si probaría una compota o media multivitamina Made in USA. Agradecí a las personas que lo rodeaban y les dije que, por favor, podían consumir lo que quisieran de ese paquete, dejando siempre la porción que el Profe necesitara (nada, a estas alturas él no necesitaba nada). La semana siguiente lo llevarían a un asilo médico gracias a una gestión con algunas monjas católicas, creí entender. Me colgué de su cuello y le aseguré que todo iba a estar bien, que no temiera, como hasta ahora, que pronto lo volvería a ver.

Hoy recibo un sms desde probablemente un ciclotrón de verdad, en Suiza. Su muerte me llega a varias veces la velocidad de la luz desde allí, desde un mundo donde la Física no depende de la Fidelidad. Adiós, Profe. Adiós, ING DURÁN (ingeniero o ignacio, ahora da igual). Adiós, Orlando.

Orlando Luis Pardo
La Habana

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27 respuestas
Comentarios

  • estrella dice:

    Me ha encantado!!

  • alar dice:

    Yo también recibí sus prácticas de laboratorio en la facultad de biología y también me suspendía soberanamente, pero en cambio fue mucho lo que aprendí con él. todavia me acuerdo de los cuentos q me hacia de sus viajes a estados unidos en los precarios “constellations”. yo siempre le dije q era un superviviente nato porque era una época en la que los constellations llovian del cielo y el simplemente reia. Descanse en paz, profe.

  • José Julian dice:

    Advil,
    por qué habría de darme vergüenza algo en lo que no he tenido participación alguna? Yo no he ayudado a nada a la supervivencia del régimen?
    Ni tampoco me vanaglorio. Si se fija usted, digo que me parece un excelente récord de supervivencia, lo que no quiere decir que esté bien. Pero de que es un récord, lo es, y muy envidiable. Será que no sabe usted leer?
    Me refería al hecho de que aquel hombre se equivocara tanto en su vaticinio. Cuarenta años no son moco de pavo.

  • ADVIL PM dice:

    Jose Julian, no te da verguenza ese record de supervivencia que mencionas de la revolucion?

    No se como alguien con decoro puede vanagloriarse de de una dictadura familiar que tiene a todo un pueblo en la miseria, en las carceles o en el exilio!

    Jose Julian, esclavo nacistes y esclavo te quedas! Socotroco!!!!

  • Quovadis1959 dice:

    OLP usted es capaz de emocionar con el retrato de vida, con ese regalo Se nace no Se crea, usted seguira regalándonos esa bella prosa, tuve maestros en mis a?os formativos que aún viajan como sí fuese ayer, como fray Luis de León después. De regresar de la inquisición y decirles a los alumnos como decíamos ayer.

  • anonimo. dice:

    Jose Julian por que no fries esparragos.

  • José Julian dice:

    Oye, Yo mismo, me gusta eso de “a callar, perros inertes” me suena a frase de “Las aventuras” (las que ponían a las siete). El tipo de frasecita que un-explotador-amo-esclavista-español podía gritarle a los esclavos: “a callar perros inertes”, etc.
    Te quedó volá.

  • Todos atesoramos el recuerdo de los profesores duros, porque fueron ellos quienes nos hicieron lo algo que somos. Un hermoso tributo que te ennoblece, en tiempos en que honrar es sinónimo de adular

  • Yo mismo dice:

    Y para todos los insensiblses imbeciles que toman esta bella nota de Orlando y la convierten en un burdo forum de griteria inutil y poco sana: A callar perros inertes, respeten la memoria de un gran hombre! Basta de especulacion mediocre con tonterias que ni valen la pena!

  • Yo mismo dice:

    Bello, bello, bello…
    Gracias Orlando como siempre por esa mirada tuya. El profe Duran, tan duro como era y tan gentil, maestro de maestros.
    Mi respeto para el en la eternidad, y para el ojo de Orlando, que no dejo escapar su triste final hacia el olvido.

  • José Julian dice:

    Así que habla usted el inglés con acento, Caguentó? Gracias por ese otro dato. Sus comentarios me son de mucha ayuda porque con ellos voy llenando poco a poco el expediente que le hemos abierto.
    Por otra parte, me llama la atención algo que usted menciona: cuándo el desafecto contador publico decía en 1967 que “esto va acaba mal” a qué plazo se refería? La Revolución sigue allí más de cuarenta años después, lo que me parece un excelente récord de supervivencia a pesar de los pesimistas augurios de personas como ese contador amigo suyo. No le parece?

  • Cagüento, Ptolomeo e Intransigente dice:

    @Armando, antes de pasar a Recursos Humanos trabaje el Dpto. de Suministros de la UH y se de la abundancia y despilfarro de recursos que alli se almacenaban. Tambien recibi tremendas lecciones practicas de Contabilidad de un antiguo contador de apellido Sparza mejores que las teoricas recibidas en la Escuela de Comercio. En ese entonces, nos daban a los alumnos de la UH buenisimos libros fusilidados de universidades de los EE.UU. cagandose en los derechos de autor por supuesto, todos en Ingles. Eso me valio para aprender al idioma muy rapidamente una vez aqui aunque no entendia ni papas al principio porque carecia de la fonetica. Eso si todavia hoy tengo mejor spelling que los que lo hablan sin acento. Yo calculo hoy que solamente en libros, cada agno los universitarios recibiamos mas de $500.00 dolares. Sumale eso en todas las carreras donde cada agno se matriculaban miles de alumnos y se pueden calcular los enormes gastos que se incurrian. Es por eso que en 1967, los bolos dicen dejen la boberia del Che y a contar los pesos que Uds. nos estan saliendo muy caros y se volvio a utilizar el costo de los recursos en la contabilidad y no solo la cantidad de articulos como queria el asesino argentino. Sparza confidencialmente me decia esto va a acabar mal porque el despilfarro y falta de control conduce irremediablemente a la ruina.
    Que en paz descansen el Ingeniero Duran y el Contador Publico Sparza que ambos eran de la vieja guardia formados antes de ese maldito experimento.

  • anonimo. dice:

    Si ya estoy convencido que el el mismo Duran. Siempre vestia de traje, y estoy hablando del los anos 1970, 71, 72

  • ARMANDO dice:

    ¡Qué bella despedida al Ing. Durán! Lo conocí cuando trabajaba de almacenero en la Universidad de La Habana y el nos visitaba a menudo para identificar el berenjenal de instrumentales y artilugios que había almacenado en abarrote y sin mucho sentido la solidaridad siempre eterna y el dinero por tuberías de la URSS en este colmenar de abejas rumberas y sin mucho sentido del orden. Sin saber bien cómo llegamos a tal punto, hablamos en inglés varias veces y estando en esas me preguntó si leía en ese idioma. Le dije que no porque con muchas palabras no sabia su significado y que era una jodienda ponerse a buscar un diccionario para poder leer y no avanzar en el libro. Entonces me dejó caer sobre la frente en palmada genial una muestra de una sabiduría pragmática aprendida en Angloxajonia ( pues había estudiado su carrera en Boston). Me dijo que el sentido de la palabra que no entendiera o supiera lo deduciría por la frase y el contexto donde se desarrollara. Y tenía razón. Esa fórmula la practiqué con el francés, el portugués y el italiano y funcionaba cada vez más suave. ¡Mi eterno agradecimiento! ¡Qué le vaya bien en el otro mundo, Ingeniero! Yo también me despido de usted

  • julio ayala dice:

    Muy buen articulo en memoria del profesor Duran. Soy bioquimico y me dio praticas de laboratorio de fisica siendo muy anciano ya, pero como bien dices se aferraba a eso que era lo unico que le quedaba. siempre vestido de traje y corbata como para recordar los timpos en que los profesores se vestian asi antes del triunfo de la involucion en el 59. Tengo entendido que se graduo en una universidad de EU.
    En cualquier pais civilizado lo hubieran cuidado en un nursing home para que no deambulara por ahi muy sucio como estaba la mayoria de la veces el pobre.

  • anonimo. dice:

    Yo especificamente recuerdo eso porque yo precisamente era una de los ayudantes en las noches de ese profesor que no recuerdo exactamente si se llamaba Duran. Por la noches se impartia laboratorio de Fisica a algunos grupos que propiamente no eran de la carrera de ciencias sino de carreras como agronomia. Jose Antonio Fraga Castro que es sobrino que Fidel asistio a esas clases y recuerdo perfectamente que era muy mediocre en lo que a conocimientos se refiere.

  • Cagüentó, Ptolomeo e Intransigente dice:

    Max, esta Ud. parcialmente acertado en cuanto a la ubicacion de la Escuela de Fisica. Entre los años 1967 y hasta 1970 cuando me mandaron para el SMO por haber presentado para irme del pais, trabaje en los bajos de ese edificio que mantenia el nombre original a relieve como los otros colindantes a la escalinata. En el primer piso radicaba la Direccion de Recursos Humanos de la Universidad donde yo trabaje y en los altos todavia existian algunos laboratorios donde se impartian algunas clases, se hacian una pocas investigaciones pero mayormente estaba subutilizado. Es cierto que cuando se inauguro la CUJAE, la Escuela de Fisica paso al antiguo edificio de Tecnologia que menciona Ud.

  • anonimo. dice:

    Efectivamente la escuela de Fisica estaba donce ud. dice. Lo que estaba a la derecha subiedo por la Escalinata era ese laboratorio donde trabajaba la persona a que hago referenica pero que no estoy seguro ( son mas de 40 anos) si se trata del Ingeniero Duran.
    Creo recordar que tenia el pelo rojizo y era “stocky”, si es la misma persona entonces deberia tener casi 90 anos al menos pues yo tengo 63

  • Max dice:

    Sr Anónimo de 21:28. La Escuela de Física, subiendo la escalinata el último edificio a la derecha, funcionó como tal solo hasta la terminación de la CUJAE. Entonces ocupó el edificio que quedó vacío de la Escuela de Ingeniería y Arquitectura. El último al final, frente a los pabellones del Hosp Calixto García. Me imagino que es en ese lugar donde funcionó el Ing Durán.

    El artículo de OLPL es una joya literaria.

  • anonimo. dice:

    Mi memoria me falla, pero me parece que el laboratorio de Fisica , el que estaba a la derecha subiendo por las escalinatas es el lugar donde trabajaba un ingeniero, pero no estoy seguro del nombre. Me parece que se apedillaba Duran y el nombre no lo recuerdo. Era un hombre ya en los cuarentas y tantos alla por el ano 1971. Ademas una vez me dijo que habia estudiado en Batoun Rouge, LA. Sera esa la persona a que se refiere Orlando? Yo debia pensar que ese senor habia muerto hace muchos anos. Que edad tenia entonces? Si es el mismo al que se refiere Orlando yo afirmo que era muy buena persona. En el grupo de ayudantes que el tenia en el laboratorio habia un muchacho que se iba para los Estados Unidos y segun los comentarios que hacia Duran, el no era lo que llaman revolucionario ni nada de eso. Bueno, si se trat a de la misma persona. Alguien me podria aclarar eso.

  • Juan palito dice:

    Epd el ing duran,este si q me gusto,estas madurando

  • Pepe el Globero dice:

    Excelente otra vez OLPL, por esa mezcla brillante de exceso y de sinceridad de su prosa.
    Lo que nos cuenta aqui es otro ejemplo de los genios que trago el castrismo y sus miserias.
    Dificilmente exista una escritura en Cuba tan auténtica como la de OLPL. Pero el paga un precio demasiado alto por tanto esplendor.

  • El Lapón Libre dice:

    Simplemente BELLO. Gracias OLP por esta dosis de; aún irónica, pero muy agradecida sensibilidad. Desde algún punto de la relatividad de esta dimensión -de disparate verde olivo- donde vivimos. El profesor Durán te sonríe probeta en mano y te dice !Eureka! en nombre de la más secreta y porfiada forma de callar !Gracias!

  • Carlos Tellez Gil dice:

    Yo lo conocí. Que en paz descanse. Que triste final para alguien tan dedicado.

  • Max dice:

    Muy sentido artículo de OLP. Triste caso. Pero cuando se llega a viejo y enfermo, sin recursos, y sin familia que quiera ocuparse del sufrido suceden estas cosas, tanto allá como aquí, en el país de la abundancia, pero donde también muchos hijos se olvidan del sacrificio que por ellos hicieron esos viejos a quien hoy abandonan,
    Me ha entristecido el relato. Conozco tantos casos, demasiado cercanos algunos. Tan cercanos que casi se confunden con mi persona.

  • Laz dice:

    tristisimo. como tantos casos. por estos dias le dieron algun premio a la dra. vigil. recuerdo perfectamente al ing. duran del laboratorio de mecanica donde implacablemente nos hacia repetir una y otra vez los experimentos que corroboraban las leyes de newton con carritos de madera construidos por el mismo. con el empece a entender la importancia de los “detalles” que tanto menosprecian los portadores del gen de la indigencia conceptual concreta.

  • matronize