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Mis libros del 2012

  • dic 23, 201215:49h
  • 2 comentarios

Mi lista no llega a diez, son apenas siete libros para recordar, leídos o releídos este años que casi termina. La numeración de los títulos no indica un orden jerárquico ni preferencial.

1. Anthony Everitt: Hadrian; the Triumph of Rome (Random House, New York, 2009)

Una de las biografías más conmovedoras que he leído últimamente. Es el tercer volumen de una trilogía (los dos primeros narran la vida de Cicerón y Augusto, respectivamente). El rigor investigativo es apabullante, minucioso hasta la obsesión, pero Everitt no hace alarde alguno de sus esfuerzos en ese sentido, ni permite que la información reste vivacidad a su relato: se concentra, en cambio, en seducir al lector con su formidable evocación de la Roma imperial. Honestamente, con gran naturalidad, expone incluso sus dudas personales sobre el material expuesto. Por ejemplo, da varias explicaciones posibles para el famoso suicidio del joven Antinoo, el favorito de Adriano, pero no dice que una de ellas sea la más convincente; deja que el lector saque sus propias conclusiones, si lo desea; incluso deja abierta la teoría de que puede no haber sido un suicidio (porque… ¿cómo es posible que al favorito del emperador le fuera permitido pasearse por la orilla del Nilo solo, sin escolta?). Un libro monumental, inolvidable. Las escenas en que, al final de su vida, Adriano clama para que alguno de sus generales lo mate, están narradas con la habilidad de un novelista consumado.

2. Walter Isaacson: Steve Jobs (Simon & Schuster, New York, 2011)

El valor y el interés de este libro radican en la personalidad del personaje biografiado: Steve Jobs, el forjador de Apple Computers. En la estirpe de las mentes que cambian la mecánica cultural de una época y trazan nuevos derroteros para la capacidad que el ser humano tiene de crear fantasías y de convertir esas fantasías en los objetivos o adornos de la existencia, Steve Jobs ya tiene reservado un sitio destacado, junto a genios mayores como Walt Disney, Julio Verne, Federico Fellini, Ray Bradbury y otros, incluso soñadores anteriores a nuestra época, como Miguel de Cervantes y los autores de Las mil y una noches. Isaacson, que contó con la colaboración personal de Jobs para escribir este libro, no oculta los aspectos conflictivos, incluso delirantes o poco atractivos de su personaje; al contrario, presenta a un Jobs lleno de manías y de pobreza ética, lo describe como un hombre que tendía a abusar de los demás. A pesar de que expone por momentos un exceso de detalles técnicos sobre el proceso de invención de las computadoras Apple, este libro se deja leer con bastante fluidez.

3. Gabriela Mistral: Niña errante; cartas a Doris Diana (Lumen, Barcelona, 2010)

Para muchos será difícil adentrarse en las páginas de este libro, no por un prurito moral (porque en él se revelen detalles delicados de la vida personal de Mistral) ni porque esté escrito en un estilo intrincado, sino porque estas cartas, sobre todo las escritas por la propia Gabriela, resultan por momentos muy opresivas emocionalmente. En ellas, la destacada autora chilena expresa de manera franca y apasionada el amor que sentía hacia Doris. Y si bien en el volumen figuran también varias cartas de Dana, estas son generalmente breves, confusas o poco reveladoras; no hay duda alguna de que el valor extraordinario de este libro radica en la lucidez y la deslumbrante honestidad con que Gabriela expone sus propios sentimientos. La angustia y la desesperación que Mistral sintió ante los altibajos de su comunicación con Dana y ante las fluctuaciones de la relación afectiva entre ellas, que duró varios años, están expuestas sin rubor ni moralismos ridículos, descarnadamente, con extraordinaria capacidad analítica. Un testimonio estremecedor.

4. Jean-Baptiste del Amo: Une éducation libertine (Gallimard, París, 2008)

Del Amo nació en 1981 y esta fue su primera novela, que causó furor en Francia cuando apareció en 2008 (posteriormente la obra recibió varios premios, entre ellos el Goncourt du Premier Roman y el François Mauriac). Pero cuando empecé a leer este libro, sentí cierta decepción; pensé que Del Amo quería repetir la hazaña que el novelista alemán Patrick Süskind había realizado en 1985 con su obra maestra, El perfume: la acción ocurre en un escenario similar (París, segunda mitad del siglo XVIII) y presenta un personaje que nos seduce por su conducta insólita (el alemán nos hacía cómplices de un asesino adorable, el francés busca que aceptemos la lógica de un comportamiento libertino). Pero luego me di cuenta de que Del Amo alcanza sus propios méritos en esos ámbitos, sobre todo por la riqueza de su lenguaje y la intensidad con que describe el entorno orgánico, corporal, amoral, en que la acción ocurre. El alarde de reconstrucción histórica de los primeros capítulos me pareció demasiado premeditado y cartesiano, poco tangible; pero luego las pasiones ocupan el proscenio y la habilidad narrativa del autor termina por imponerse.

5. Jorge Luis Borges: Textos cautivos; ensayos y reseñas en “El Hogar” (1936-1939) (Tusquets, Barcelona, 1986)

Durante muchos años, jamás me he cansado de reabrir este libro y releerlo. Lo considero una joya y a menudo vuelvo a él en busca de buena lectura garantizada. Siempre he admirado la valiosa labor de los editores, Enrique Sacerio-Garí y Emir Rodríguez Monegal, que recogieron en este volumen los textos que Borges escribió para la revista “El Hogar”, de Buenos Aires, entre los años 1936 y 1939. Aunque ya se habían publicado varios de sus mejores libros (entre ellos, Inquisiciones, Evaristo Carriego e Historia universal de la infamia), Borges no había alcanzado aún la notoriedad que luego conquistó, y se podría pensar que sus dotes de crítico aún estaban definiéndose; pero este libro demuestra a las claras que él ya poseía a plenitud su talento crítico, agudo y escueto, siempre irónico y sorpresivo. Este libro contiene algunos de sus comentarios más simpáticos y afilados, como por ejemplo este: “las omisiones suelen constituir el encanto más indudable de las antologías…”

6. Víctor Gallego: Lev Tolstói, 1828-1910; prólogo de José María Guelbenzu (Ediciones Singulares, San Lorenzo del Escorial, 2009)

Este breve volumen de la colección “Los escritores y la música” fue para mí una lectura muy divertida, pues Gallego expone en su ensayo los juicios y actitudes poco conocidos del autor de La guerra y la paz, en lo que respecta a la música que se escuchaba en su época y los compositores que la creaban. Ante algunas de las obras musicales que conoció, Tolstói sentía una admiración delirante, pero ante otras, en cambio, una aversión casi patológica lo dominaba. Al leer el diáfano ensayo de Gallego, vamos descubriendo que uno de los mayores genios literarios que han existido debe de haber sido bastante insoportable en su vida diaria, pues tenía ideas religiosas, sociales y estéticas muy extremas y hasta demenciales, que expresaba de manera obsesiva y no siempre coherente. En el libro se citan muchas opiniones discutibles e insólitas del gran novelista ruso, pero casi todas resultan encantadoras en su extremismo, como por ejemplo: “La depravación musical comenzó con la Novena Sinfonía (de Beethoven)”. Al igual que los demás volúmenes de esta colección, este viene acompañado de un disco compacto con ejemplos de las obras de los compositores; hay también varias páginas con fotografías.

7. Klaus Mann: Cambio de rumbo (Alba Editorial, Barcelona, 2007)

Aunque el hijo de Thomas Mann no heredó, obviamente, el extraordinario talento de narrador que tenía su padre, ni manejaba las sutilezas estéticas o ideológicas que este logró exponer en sus obras, esta evocación resulta muy convincente. El libro comienza con la infancia en Munich, donde Klaus nació en 1906, pinta un panorama bastante lúcido de las relaciones en el seno de la familia Mann, donde la presencia omnímoda del padre lo definía todo, y luego describe el ascenso del nazismo y los años de la guerra y los posteriores. Hay escenas extraordinarias, como aquella en que los Mann descubren que la criada más querida de la casa, dominada de súbito por las ideas nazis, les había robado, y la confrontan, tras lo cual ella corre a la policía a denunciarlos como burgueses que la maltrataban, etc. Poco a poco, la narración se va centrando en el propio Klaus y en sus experiencias personales, sus viajes, su vida desarraigada, hasta que se instaló después de la guerra en Estados Unidos. Sus dos obras más destacadas como novelista fueron Mefisto (1936) y El volcán (1939); pero después de 1945 no escribió nada de gran valor, a excepción de estas memorias. Se suicidó en 1949, con una sobredosis de somníferos.

Reinaldo García Ramos
Miami

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2 respuestas
Comentarios

  • scrutinizer dice:

    La depravación musical comenzó con la 9na sinfonía y terminó con el…reguetón.

  • Isis Wirth dice:

    El juicio de Tolstoi de que la depravación musical comenzó con la Novena de Beethoven, puede ser extremo, sin duda, pero en realidad la “depravación” comenzó con la obra de Beethoven, y no solamente con la Novena. Beethoven alteró profundamente un antiguo orden de “cosas”. Gracias.