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Mis diez libros del 2012

  • dic 21, 201218:34h
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Antes de la aurora (Miami: Ediciones Malecón, Linkgua USA, 2012) de Francisco García González. Es la novela que me hubiera gustado escribir pero ser lector de ella no es mala alternativa. Combina historia, horror (valga la redundancia), sentido del humor, imaginación desatada sin caer en los malos vicios del realismo mágico, guerrilleros atolondrados, fantasmas con complejos de culpa, vampiros sedientos de sangre, psicópatas no menos sedientos de gloria o poder, algunos con bastante fortuna en los libros de texto del pasado siglo o en las camisetas de este. La vieja épica de las guerrillas de la Sierra Maestra y la insurrección contra Batista como nunca se ha contado ni se va a contar. De esos libros que luego de terminados siguen acompañándolo a uno por un buen rato.

Piñera de vuelta y vuelta. Correspondencia 1932-1978 (La Habana: Ediciones Unión, 2011). Se le puede achacar a la edición abundantes chapucerías y la ausencia de un montón de cartas que hace que las de 1932 a 1958 ocupen 200 páginas mientras que de 1959 a 1979 quepan en apenas 33. No se le puede negar sin embargo su calidad de lectura intensa pese a los vacíos o las repeticiones: en esas cartas se describe la forja de la personalidad de un escritor a veces mezquino o pérfido pero siempre directa o aviesamente transparente, siempre agudo y sensible. Se lee como una novela, la novela de alguien que lo pretendió todo, que despreció a todos y al final de su vida cuando —a la hora del disfrute de la gloria acumulada— más oscura se le hace la existencia, cuando ya se le han agotado las esperanzas, descubre, súbitamente, la ternura.

Cheating on Canasta (en español “Una relación perfecta” editado por Ediciones Salamandra) de William Trevor. El irlandés Trevor es, ya se ha dicho bastante, heredero de la línea maestra del cuento que recorre el siglo XX de Chéjov a Hemingway a Carver, la de la penetración en lo esencial humano y de la contención. No se puede decir que acreciente en mucho esta herencia pero tampoco la dilapida en estos cuentos otoñales y sin estridencias pero contundentes línea a línea. Asómense si no a relatos como “The Dressmaker’s Child” (“La hija de la modista”) “Men of Ireland” (“Hombres de Irlanda”), “Cheating on Canasta” (“Trampa jugando a la canasta”) y “A Perfect Relationship” (“Una relación perfecta”).

Cuna del pintor desconocido (Valencia: Aduana Vieja, 2011) de Néstor Díaz de Villegas. Un libro que tiene todos los ingredientes para provocar rechazo en lectores que asocian la poesía a cierta idea de decoro. Cada verso lleva la fuerza y la desfachatez de un insulto o una escupida. Cada poema chorrea algo: sangre, sudor, mierda, lágrimas o semen. Pero sobre todo vida y poesía dura y magnífica. Un clásico del que quizás todavía estemos demasiado cerca para notar sus componentes más nobles.

Letters (New York: Viking, 2010) de Saul Bellow. El epistolario de uno de los grandes escritores norteamericanos del siglo XX (aunque debe recordarse que llegó a Chicago con nueve años, como inmigrante ilegal, desde Canadá) que se extiende por más de seis décadas, por libros en preparación, frustraciones editoriales, becas, éxitos de crítica y de público, amores, divorcios, amistades y rencores. La honestidad de Below, tanto en sus cartas privadas como en las públicas, conmueve tanto como la elegancia aguda de su prosa. Se niega a participar en un homenaje póstumo a Isaac Bashevis Singer por lealtad al distanciamiento que mantuvieron en vida. Tampoco duda en rechazar una petición para que saquen a Ezra Pound del manicomio donde estaba internado: “If sane he should be tried again as a traitor; if insane he ought not to be released merely because he is a poet. Pound advocated in his poems and in his broadcasts enmity to the Jews and preached hatred and murder. Do you mean to ask me to join you in honoring a man who called for the destruction of my kinsmen?”.

Muerte y resurrección de Tokio. Arquitectura y urbanismo, 1868-1930 (México D.F.: El Colegio de México, 1998) de Emilio García Montiel. Aquí se recoge la doble reconstrucción de la capital japonesa: la parcial que sucedió a los impulsos modernizantes de la era Meiji a finales del siglo XIX y la que siguió a la devastación del terrible terremoto de Kantô. Las tensiones entre tradición y modernidad, el choque entre la sensibilidad asiática y la occidental, las disyuntivas de la arquitectura y la urbanización como reordenamiento social, propuesta estética y símbolo político recogidos en un libro claro y conciso. (Para tener una idea de la correlación japonesa entre urbanismo y sociedad: en el informe oficial del Buró de Reconstrucción se dice de un terremoto que cobró tantas vidas como la bomba de Hiroshima que “fue incuestionablemente una gran calamidad, pero en cuanto a realizar los proyectos municipales, ello revistió una rara oportunidad” que “no hubo en cientos de años para permitir un ajuste de los límites territoriales”, ajustes que deben tomarse “como la más alegre medida para revertir una calamidad en bendición”). Los casi perfectos ignorantes de la historia japonesa, como es mi caso, pueden leerse como complemento “The Making of Modern Japan” de Marius B. Cansen.

Yo Publio (La Habana: Editorial Letras Cubanas, 2007) de Raúl Martínez: Las memorias fragmentarias del pintor cubano Raúl Martínez —zurcidas con soltura por su amante, el dramaturgo Abelardo Estorino— es un libro que recomendaría no sin prevención: le sobran pretensiones que no acierta a cumplir. Sin embargo es una muestra de cómo la arrogancia y el exhibicionismo pueden ser buenos substitutos de la valentía a la hora de contar cosas que un ser más pudoroso preferiría callar. Como cuando su colega Raúl Milián lo llama oportunista y traidor. “Me acusaba de ser el responsable de la mediocridad de la pintura que había en este país; de la falta de perspectiva que tenían los jóvenes por culpa de mi talento malogrado desde el momento en que dejé la abstracción y me puse a pintar a Martí y aquellos otros mamarrachos”. Aunque no se acerca a Elapso tempore, las magníficas memorias de su compañero de generación Hugo Consuegra, y esté lleno de páginas prescindibles entrega un buen panorama de los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, tan importantes en el devenir cubano, tal y como se imprimió en la carne de un artista devenido en diseñador de carteles, una suerte de Andy Warhol a la inversa.

Apuntes Históricos: Propaganda y Movimientos Revolucionarios Cubanos En Los Estados Unidos Desde Enero de 1880 Hasta Febrero de 1895 (Imprenta “El Porvenir” Nueva Cork,1896) de Enrique Trujillo. Escrito por el que los historiadores perezosos han etiquetado como el Judas de la emigración cubana en el siglo XIX a cuenta de unos cuantos tropezones de Martí sirve para llevarnos una idea más terrenal de lo que fue aquél exilio en Estados Unidos y sobre todo en Nueva York en los años previos a la última guerra de independencia. Rencillas personales aparte —de las que trata de distanciarse con una elegancia que hoy resulta extrañísima— Trujillo ofrece información abundante y argumenta sus principales objeciones al proyecto martiano: su personalismo excesivo y su falta de transparencia. La vigencia de este libro es tan evidente como penosa. No es difícil acceder a éste a través de Google Books.

Roberto Bolaño por sí mismo. Entrevistas escogidas (Santiago de Chile: Editorial Universidad Diego Portales, 2006). Este libro de magníficas entrevistas sirve (junto a su poesía reunida en La universidad desconocida o los ensayos y artículos de Entre paréntesis) a conformar una imagen más o menos coherente del Bolaño narrativo. Muy bien escritas (es tan obvio en muchos casos que no se trata de entrevistas orales como su voluntad de estilo) y mejor pensadas no rehuye hablar de temas que aborda en su narrativa de manera más o menos sesgada. “El mundo está vivo y nada vivo tiene remedio” es el título de una de las entrevistas como puede ser el de toda su obra.

Distintos modos de evitar a un poeta. Antología de Poesía Cubana del Siglo XXI (Guayaquil: El Quirófano Ediciones, 2012): No mucho se puede sopesar de cualquier poeta incluido en una antología breve como esta. Sin embargo el conjunto permite detectar nuevos tonos en la poesía cubana, nuevas inquietudes y hasta un mundo que se esfuerza por nacer. Se nota —con alivio— el abandono de ciertos complejos, de viejas manías retóricas y sobre todo la pérdida —de cualquiera de estos poetas y de la generación en la que se les incluye— del miedo a ser ellos mismos, a no darse valor sintiéndose parte de otra cosa llámese Patria, Época, Generación o incluso Poesía.

Enrique del Risco
New Jersey

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