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Navidades por cuenta propia

  • dic 18, 201213:53h
  • 4 comentarios

Árboles pequeñitos de plástico asoman por aquí y por allá, con guirnaldas guardadas de otros años y una estrella de alambre en la punta. Coníferas soberbias y repletas de detalles colocadas en el lobby de algún gran hotel o en la sala de las residencias de Miramar. Luces, colores, melodías que comienzan —una y otra vez— nada más terminarse. En una calle de Nuevo Vedado, los vecinos compiten a ver quién pone los adornos más llamativos sobre la balaustrada de sus balcones o en los setos del jardín. Pero también casas y casas, miles de ellas, sin un solo detalle que refiera a las fiestas de este diciembre. Quizás por ateísmo, por falta de recursos o por simple apatía para celebrar. ¿Celebrar qué? dirían muchos de ellos si se les preguntara.

Estas Navidades, los trabajadores por cuenta propia han hecho suyos los festejos de fin de año. En los timbiriches de comida, en las salas diminutas donde se venden baratijas y en los restaurantes particulares de La Habana, hay una intención de engalanar los espacios con imágenes de Santa Claus, bolas de cristal y lucecitas titilantes. Explosión de colores y villancicos que en el sector privado de los servicios marca una gran diferencia con su contraparte estatal. Como si el exceso de detalles y ornamentación fuera otra manera de distanciarse de la despersonalización de muchos sitios regentados por ministerios o instituciones. Estos excesos visuales de hoy muy probablemente son la respuesta popular a todas aquellas Nochebuenas en voz baja o totalmente pasadas por alto, en las que tener un árbol con un Nacimiento constituía una evidencia de “desviaciones ideológicas”.

También queda el recuerdo de una circular, adjudicada al hoy vicepresidente José Ramón Machado Ventura, que prohibía los árboles de Navidad en sitios públicos. Intento fallido de seguir regulando hasta la forma en que nos despedíamos del año y que —por suerte— no pudo sostenerse por mucho tiempo. Aquellos excesos de proscripciones y falsa austeridad han derivado en la exuberancia actual. Muchos quieren tener la imagen de la Virgen y el bebé en las salas de sus casas, aunque no sepan siquiera si poner heno o nieve a los pies del pesebre. Por todos lados hay florones de rojo encendido, luces que parpadean y rostros regordetes rematados por un sombrero puntiagudo. Tantos diciembres entre los vaivenes del “no se puede” o el “sí se puede” han alimentado este furor navideño. Ahora pocos quieren dejar las guirnaldas guardadas en sus cajas o la estrella de alambre, con sus cinco puntas, en alguna gaveta.

Yoani Sánchez
La Habana

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4 respuestas
Comentarios

  • 100 % Gusan@ dice:

    Para mi, esta es la mejor época del año. Desde el olor a pino, los nacimientos grandes en los edificios de oficinas, los arbolitos gigantescos de Coca Cola con la fiesta del encendido con artistas y juegos.

    Cada vez que llega esta época y veo las casas de ricos y pobres y los comercios grandes y chiquitos adornados y oigo esos villancicos que no paran, me pregunto ¿por qué nos prohibieron la navidad?

    Un día le tuve que explicar a mi hijo que en Cuba cuando yo era niña no había navidad. Se sorprendió muchísimo y me preguntó que por qué. Y le dije: “Bah, es que había un viejo loco que lo prohibió”.

  • azel shyts dice:

    realmente x muchos anos sino era prohibido era oficialmente en la practica si lo era,pero ya a finales d los 80′s comenzaron timidamente a aparecer algunas cosa si hoy esta asi,al carajo la prohibicion,las fiestas d navidad son bonitas si su parte religiosa asi q nadie se debe sentir excluido,pienso yo,la familia ,los amigos,los comestibles y bebestibles ya vale la pena

  • Gabriel dice:

    Ernesto,

    Elaine Díaz volvió y con un post interesante.

  • Carlos Díaz dice:

    La Historia puede a veces ser ralentizada, pero nunca puede ser detenida totalmente. Lástima de aquellos cuya existencia se pierde estérilmente en el transcurso de esos períodos malogrados de la Historia. Culpables, por cómplices, somos todos los que coexistimos en esos tiempos sin hacer nada por cambiarlos.