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Mis diez libros del 2012

  • dic 18, 201206:46h
  • 1 comentarios

-Cuentos completos, de Virgilio Piñera (Letras Cubanas, 2011). Mejores que sus novelas, estos cuentos reunidos le suben el crédito al más incómodo de nuestros autores. Yo diría que hasta en sus caídas, que no son muchas, Virgilio se sabe redimir. Esta suma de cuatro colecciones exquisitas, más algunos cuentos no recogidos en libro, es para la cabecera: quien la posea, no sabrá desprenderse de ella. Es usual que se mencionen “El caramelo”, “El viaje”, “En el insomnio”… Pero aquí destaco “Un jesuita de la literatura”, entre otros textos inclasificables. ¿Habrá mayor elogio que inclasificable?

-Virgilio Piñera en persona, de Carlos Espinosa (Ediciones Unión, 2011). Hubiera preferido más voces testimoniantes, pero me dicen que existe otra edición fuera de Cuba, que incluye otras personas del círculo virgiliano. De todas maneras, sabemos que ese círculo era bastante reducido, sobre todo en sus últimos años. Funciona muy bien el péndulo oscilante que va desde Luisa (salve, Luz Marina), hasta Arrufat: la hermana especial y el albacea meticuloso; y en off (pero no menos elocuente) el sujeto en cuestión. Y vaya sujeto, que nos hace soltar el libro, mirar el techo y respirar hondo para seguir adelante.

-Cerval, de Carlos Augusto Alfonso (Letras Cubanas, 2004). Llevaba años cazando algún ejemplar de este cuaderno, y me encuentro al poeta en una especie de peak expresivo, todos los recovecos y combinaciones posibles, asedio semántico al verbo, y luego la palabra arrastrada sobre el puente tendido, derrotada al fin.

-Fray Candil, de Elías Entralgo (Letras Cubanas, 1989): Este año me he leído casi todos los libros de Emilio Bobadilla, cuya personalidad podría interesar más que su literatura; y dejé para el final estos dos discursos académicos, que pretendieron en su momento rescatar para la memoria del país a un autor ya descartado por entonces. Fray Candil, polemista obsesivo y culto, me parece referencia obligada para entender el tono subjetivo de nuestra tradición crítica. He querido imaginarme a Bobadilla, reencarnado hoy en varios frecuentadores de lo Virtual, en bloggers y comentaristas implacables que dan vida a nuestro páramo preferido: la cultura cubana.

-Otros filos del fuego, de Heriberto Hernández (Ediciones Avondale, 2012). Un cuaderno que tuve que releer varias veces, tras la muerte del poeta, y que me respondió las preguntas que no me atreví a hacerle en vida.

-Frasquito, de José de Armas y Céspedes (Imprenta de Ruiz y Hermano, 1894) Toda la literatura cubana que ignoré en la isla, por perseguir ideales anglosajones, me asedia ahora como curiosidad y una pizca de nostalgia (nostalgia del siglo XIX, valga la aclaración); y de esta novela, me satisface el hallazgo de Dionisio Vives, alguien de quien seguimos conociendo poco, pues si bien sofocó un par de buenas conspiraciones, también nos abrió el primer manicomio.

-Siempre nos quedará Madrid, de Enrique del Risco (Sudaquia Editores, 2012). Ya he hablado y escrito sobre estas memorias, pero es válido insistir. Es la respuesta ideal a aquello de: “Esto hay que escribirlo”.

-Asídesencillo. Cinco poetas cubanos en USA (Editorial Silueta, 2012). Excelente prólogo de José Prats Sariol. Reúne a José Kozer, Alejandro Fonseca, Rolando Jorge, Michael H. Miranda y Pablo de Cuba Soria. Libros como éste son preferibles a cualquier antología con pretensiones exhaustivas y panorámicas. Por encima de cualquier afinidad o particularidad de registro, estos poetas se resisten a ilustrar las tesis del conferencista de turno, o del próximo que venga. No se deben a, no se apartan de. Literatura sin mapa, que no anda con preceptivas a cuestas, que no sigue guiones aprovechables. Disfruté este libro porque se basta a sí mismo: poetas y poesía, ningún margen para entomólogos.

-Severo Sarduy: alcances de una novelística y otros ensayos, de Johan Gotera (Monte Ávila, 2005). Casi todo el libro ocupa a Sarduy, textos breves que describen la derrota del círculo y el sacudimiento de la espiral, otro de nuestros autores incómodos mostrado en sus puntos focales, la inversión, la caída, el neobarroco…

-The mysterious flame of Queen Loana, de Umberto Eco (Harcourt, 2006). El gastado tema del protagonista que pierde la memoria y es incapaz de reconocer a nadie. Pero Eco se sirve de su erudición y gracia narrativa para convencernos de seguir adelante. El desmemoriado librero (demasiado parecido al propio Eco), sólo recuerda los volúmenes que leyó, incluyendo poemas enteros, y se obliga a buscar en el desván de su casa paterna, para reencontrarse. Un volumen donde las ilustraciones juegan un papel significativo: historietas, portadas de revistas y libros juveniles… Lectura light, pero que no nos hace sentir culpables.

Manuel Sosa
Atlanta

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1 respuestas
Comentarios

  • Ivonne Núñez dice:

    Leer este balance de gustos, da gusto .Me ocurre con la literatura cubana lo mismo que con la música, hay zonas que recién redescubro, con nostalgia unas veces y otras hasta con culpa. En cuanto a mi libro del 2012, está en esa lista y es “Otros filos del fuego”,de Heriberto Hernández Medina. Excelente cuaderno que, además de poder ofrecer respuestas a quien no las tuviese y ya eso es suficiente para acercársele ; es obra de autor maduro que sabiéndose dueño de la palabra se ofrece sin pudor a través de recuerdos , dudas, miedos y ansias hasta mostrar al hombre tras la piel del Poeta .Son textos con” bomba” que ,–en mi caso- es el mayor halago que se me ocurre para un libro de poesía.