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Mis diez libros del 2012

  • dic 17, 201207:37h
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Diez libros leídos a retazos en el 2012:

Illness as Metaphor, de Súpersusan Sontag. Lo vengo leyendo desde adolescente porque “illness is the night-side of life”. Este año su nocturnidad se adueñó de mis seres queridos y tal vez no me quedó otro remedio que justificar las acciones de esos enfermos que me rodeaban: “…recall the Old West legend of Doc Holliday, the tubercular gunfighter released from moral restraints by the ravages of his disease.”

Si Dios contigo, ¿quién contra ti?, de María Elvira Salazar. Lectura forzadísima en una congelada biblioteca pública —tratando de justificar otra vez a los enfermos y la absoluta bobería que nos rodea—, provocada por mi tonta preocupación por el “periodismo” actual, donde quienes deben ser observadores neutrales “hacen” biografías y confiesan creencias religiosas como ostia en misa, a diario y varias veces al día. No me lo terminé, vale decir.

Molière, crítico apasionado de la naturaleza humana, de Georges Bordonove. Me lo encontré en una mesita del Au bon pain del Mercy Hospital, en serio. Y qué mejor lugar, me dije, para quien murió personificando a un hipocondríaco. Lo leí a ratos, pero la verdad, lo dejé a medias porque en el hospital y en la televisión me sobraban ejemplos de la degenerada condición humana. Se lo regalé a una enfermera que me trataba de usted, la única.

Tebeos de Mafalda, una y otra vez, una tira por aquí y otra por allá. Porque ya no soy la protestona e impertinente joven de melena negra y ojos frescos que tanto jodió en su momento, sólo su versión temba. Y mis huesos, mis ojos, mis órganos la extrañan, mientras que la ingenua de Mafalda no envejece, jamás.

Loveless Love, de Luigi Pirandello. “A collection of sterile, frozen, chilling love,” read the jacket. “Just my cup of bitter tea,” said I and stole the booklet from the stand, y nadie me vio. Ah, the rush of the stolen kiss… Confieso que disfruté de la parquedad de esos fragmentos de lectura robada, pero luego devolví el libro because I am a thief, but not a hoarder. Y que lo verifiquen las cámaras de seguridad del Barnes and Noble que había en la Clark y la Broadway.

La elegancia del erizo, de Muriel Burberry. Me lo recomendó una amiga porque decía que yo le recordaba a la portera. La debí mandar pa´l carajo, porque eso fue insulto disfrazado de piropo, pero como me lo prestó, lo leí y no se lo devolví. Hay versión en filme, para los que prefieren esos atajos, pero el libro está mejor, para leer en aviones y hospitales, con muchas interrupciones.

Viaje a La Habana, de Reinaldo Arenas, varias veces al mes porque cada vez que leo este fragmento, entre otros, me meo de la risa y me siento libre: “Los dos, divinos. Así, durante toda aquella temporada de carnaval seguimos imitando, con éxitos rotundos, a todos los grandes personajes. Tú caracterizaste al Coronel Choladisa; yo, a tu lado, con una falda larga y estrecha, era la viva estampa de la Duquesa Sonrisa, Lorenzo y Pepita, Tobi y Anita la Huerfanita, Drácula, Juana la Loca y el Papa, Marvila la Mujer Maravillosa, King Kong y hasta Supermán, con su gran capa azul vitral salpicada de tachuelas. Todos, todos estos personajes fabulosos desfilaron en El Prado sepultados por las serpentinas y la mar de aplausos de un pueblo que nos aclamaba”.

Coños, de Juan Manuel de Prada. Regalo de cumpleaños de hace cuatro años, esta vieja colección de coños de todas las nacionalidades y para todos los gustos fue best-seller en la España de 1995 y ha sido reimpreso múltiples veces desde entonces. Aún no me he leído todos los coños que ofrece, que por lo general el autor describe a lo machista; a veces inspirado y divertido: “El coño de alquiler es un coño mercenario”. Gertrudis —persojinetera de El coño de las cubanas— “tiene el coño importante, criollo, y sobre él gravita el resto de su cuerpo, un coño que, como la manigua, puede llegar a oprimir con su maleza al viajero inadvertido”. Y bueno, a falta de casabe, coños…

Just Kids, de Patti Smith. Memorias de la relación de la Smith con Robert Mapplethorpe, personajes importantes ambos de mi años mozos de fotopoeta. Smith ganó el National Book Award en 2010 con este libro. Vale la pena interrumpir la lectura y ponerse a oír canciones de Smith y mirar fotos de los penes negros y las flores blancas de Mapplethorpe. Entonces vuelves a la lectura y sabes de qué van estos versos de Smith de la época: “The spirits that are mentioned / The myths that have been shorn / Everything we’ve been through / And the colors worn / Every chasm entered / Every story wound / And wild leaves are falling / Falling to the ground”.

De noche vienes, de Elena Poniatowska. Regalo de un amigo que colecciona libros autografiados por los autores. “A … , con el cariño mexicano de EP… Amor…”. Como yo nunca pido autógrafos, los libros autografiados que mi amigo me regala me hacen gracia. Son cuentos sobre mujeres al borde de lo mero-mismo-de-siempre, pero contado en letra muy pequeña y líneas apretadísimas. Me lo medio leí con mucha dificultad ocular entre aviones y hospitales, con escalas y pausas. A lo mexicano.

Om Ulloa
Chicago

Foto: Patti Smith and Robert Mapplethorpe.

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