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Una canción de Caetano Veloso

  • dic 04, 201223:15h
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Un joven exiliado brasileño despierta una mañana en Londres cantando una canción de The Beatles. La melodía da vueltas en su cabeza, pero en vez de tranquilizarlo acaba colocándolo en un estado cercano al paroxismo. La melodía ha servido, en realidad, como detonante para extraños recuerdos, como de pesadilla, y la balada acaba convertida en el resumen de “un largo camino” donde se descubre que es absurdo tratar de escapar de la memoria y del lenguaje. En el extremo opuesto de una nostalgia apacible, esta progresión enfebrecida hacia los orígenes.

Así, justo un minuto después de tararear la balada anglo, la percusión crece como una especie de tumor alojado en el subconsciente. I hear my voice among others/ In the break of day… Y la canción, entonces, empieza a sumar voces e instrumentos, a superponer capas de sonido y sentido.

Entre todos los cantantes brasileños de su generación, Caetano es el de más exacerbada conciencia lingüística. Curioso que todavía haya quienes lo consideran meloso, un cantante del amor o “sentimental”, cuando toda su obra se debe leer, realmente, desde la perspectiva de una búsqueda formalista llevada al extremo: una historia perenne de amor con la Forma y el Lenguaje.

En Transa (1972), el disco que marca el regreso de su exilio londinense, están resueltas todas las preguntas que preocupaban al joven cantante de Tropicalia: el falso dilema identitario trascendido por un plano glosolálico: cómo usar un idioma para hablar otro. Es decir, cómo usar los recursos de la lengua inglesa para mostrar el portugués —y transcender la división de las lenguas con el proto-idioma esencial de la música.

Tras hundirse en el mundo hippie londinense y en la psicodelia musical de esos años, Caetano sale fortalecido en el reencuentro con una especie de subconsciente bahiano que aparece en esta canción a manera de tentación fónica: el estribillo que da título a la canción se repite hipnóticamente hasta descomponer su sentido y preparar el escenario para la irrupción del sertón: esas cuartetas en portugués, fragmentos de “Sodade, meu bem, sodade”, de Zé do Norte, que van encajando cíclicamente, como pecios llevados por el oleaje instrumental, en el cuerpo musical previo. Ironía y conciencia metalingüística: Caetano responde con esos versos de una figura emblemática de la música tradicional a quienes lo acusaban de haberse “alejado de Brasil”: “yo reniego de quien dice/ que nuestro amor se acabó/ él ahora está más firme/ que cuando comenzó”…

¿Cómo contar una alucinación lingüística? ¿Cómo mostrar un trance musical? A partir de los tres minutos ya esta canción se ha convertido en un viaje de regreso, tal es el “long way” al que se alude en el título. Viajamos entonces en un rotundo crescendo palatal hasta llegar al clímax, lleno de connotaciones sexuales, pero montado con recursos mínimos, hipnótico y fascinante como los “ojos de cobra verde” de los que habla el poeta del sertón.

Caetano deja atrás con una autenticidad envidiable toda la polémica sobre las esencias musicales nacionales, y monta un mestizaje fónico vanguardista donde el inglés sirve para hablar en brasileño (experimento que repetirá ocasionalmente muchos años después —en canciones como “How Beautiful Could A Being Be“).

Ernesto Hernández Busto
Barcelona

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