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Sobrevivir

  • sep 17, 201216:05h
  • 5 comentarios

La luz es tenue, el cuarto estrecho y el murmullo de Santo Suárez se cuela a través de las paredes. Sobre la cama hay una mujer delgada hasta los huesos, con las manos tremendamente frías y la voz apenas audible. Martha Beatriz Roque se ha declarado en huelga de hambre hace una semana. Yo he llegado hasta ella envuelta en el apresuramiento de la cotidianidad y en la prisa de la información; pero su rostro tiene la calma que da el tiempo, la experiencia. Allí está, tan frágil como una niña pequeña que de tan leve podría cargar y arrullar sobre mis piernas. Me sorprende su claridad, la manera categórica con que me explica por qué se niega a probar alimentos. Cada palabra que logra pronunciar —de tan intensa— no parece salir de aquel cuerpo disminuido por el ayuno.

Pensé que nunca más iba a tener que estar ante el lecho de un huelguista de hambre. El falso optimismo de que todo tiempo futuro tiene que ser mejor, me había hecho creer que Guillermo Fariñas con su costillar afuera y su boca reseca, sería el último disidente que apelaría a la inanición como arma de demanda ciudadana. Pero dos años después de aquellos 134 días sin probar bocado, vuelvo a ver las cuencas hundidas y el color cetrino del que se niega a comer. Esta vez suman ya 28 personas a lo largo de todo el país y el motivo vuelve a ser la indefensión del individuo ante una legalidad demasiado marcada por la ideología. Debido a la ausencia de otros caminos para requerirle al gobierno, los intestinos vacíos se erigen como un método de exigencia y rebeldía. Triste, que sólo nos hayan dejado la piel, los huesos y las paredes del estómago para hacernos escuchar.

Antes de salir de casa de Martha Beatriz le aconsejé “tienes que sobrevivir, a este tipo de regímenes hay que sobrevivirlos”. Y me fui hacia la calle, envuelta en esa culpa y en esa responsabilidad que debería sentir cada cubano ante un hecho tan triste. “Sobrevivir, sobrevivir” seguí pensando, cuando conversé con la familia de Jorge Vázquez Chaviano que debió ser liberado el 9 de septiembre y cuya inmediata excarcelación exigen los ayunantes. “Sobrevivir, sobrevivir”, todavía me repetía al recibir los reportes del deterioro físico de los otros huelguistas. “Sobrevivir, sobrevivir”, me dije al ver en el televisor los rostros de quienes en este país han convertido la discrepancia en un delito y la protesta cívica en una traición. “Sobrevivir, sobrevivir, sobrevivirlos”, me prometí. Pero quizás ya sea demasiado tarde para lograrlo.

Yoani Sánchez
La Habana

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5 respuestas
Comentarios

  • Fidel.Gusano dice:

    Y Sobrevivió…!!!
    Sobrevivió, Sobrevivió…!
    Sobrevivieron, Sobrevivieron, Sobrevivieron…!
    A Dios gracias..!!!

  • QuantumLeap dice:

    Se ve en el post del nick ADRA esa mala leche, mala intención y malos sentimientos. Yo sí estoy de acuerdo con Trelles en todo lo que escribió. Y fue bastante generoso porque yo, en cambio, a esa forma de lucha le llamo, no ingenuidad, sino más bien tremenda estupidez.
    Esa será su forma de lucha pero… es una forma de lucha estúpida y tonta.

  • ADVIL PM dice:

    El doloroso pesimismo narrado por Yoani es el retrato de la sociedad cubana devastada por los tiranos.

  • Adra dice:

    Al mismo trelles, cuando ves esa desesperación
    O salida, así sea con el hambre y el abandono
    De su ser , es porque agoto sus energía en ese
    Dicho q decimos q tirarle piedras al morro, ella
    Lucha a su manera o se abandona por la
    Solidaridad con otros, vos como yo abandonamos
    El barco y deberíamos ser los últimos en opinar
    Y determinar algo en aquella Isla y menos llamarle ingenuidad
    Y poca capacidad política , uy estamos frente
    Al nuevo titán pero exiliado igual

  • // ¿Sobrevivir? Ingenuidad y poca capacidad política //

    ¿Sobrevivir? Ingenuidad extrema que los lleva a pensar que si Fariñas sobrevivió ellos también.

    Cuba necesita políticos, futuros gobernantes, ciudadanos,
    que sepan respetar y hacerse repetar en defensa de los principios democráticos para el funcionamiento de la sociedad. Es numeroso lo que se puede hacer y hay que hacer para sacar a la sociedad cubana del desastre en que se encuentra y echarla adelante bien, pero no se hace. Sin embargo se intentan una y otra vez esfuerzos desesperados innecesarios de autoflagelación para apelar a una sensibilidad inexistente en el régimen ¡para que cambie algo! O en espera de que terceros se motiven para ejercer presión y lograr… ¡que el régimen cambie algo!

    Así no se encamina una sociedad, así se demuestra gran falta de capacidad política.

    Y es asombrosa la postura que parece ser unánime entre “disidentes” y otros contestatarios al régimen ante esa práctica tan preocupante de las huelgas de hambre como activismo social. No oigo a nadie llamando a la cordura y la sensatez polìtica. No veo acción firme alguna para sacarlos del error y el riesgo casi inútil. Muchos se limitan a decir que “no aprueban” esas acciones, pero todos “la apoyan”. Mi impresión es no les importa que *otros* se revienten con tal de ver “si pasa algo” importante desfavorable al régimen.

    Con esas actitudes tibias, ligeras y de conveniencia demuestran, además de poca capacidad política, poca sensibilidad humana.