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Las reformas de Raúl Castro se estancan (The Economist)

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    Editor Jefe
  • sep 14, 201211:48h
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Cuando Raúl Castro, presidente de Cuba, dio su último gran discurso en una reunión de la Asamblea Nacional en julio, repitió su respuesta habitual a los que le instan a avanzar más rápido con las reformas para superar el estancamiento de la economía estatal de su país. Cambio, dijo, sería el progreso “sin prisa, pero sin pausa”. Pero muchos en la isla se preguntan si las reformas —oficialmente llamadas “actualización del modelo”—, han hecho una pausa.

Los cambios que Raúl ha propiciado desde que en 2006 tomó el relevo de su hermano enfermo, Fidel Castro, son significativos. Numerosas restricciones a la empresa privada, algunas de los cuales habían estado en vigor desde 1960, se han levantado. Los cubanos ahora pueden comprar y vender casas y autos, y emplear personas. Más de 200.000 de ellos se han convertido en trabajadores por cuenta propia desde octubre de 2010. Los agricultores pueden arrendar tierras ociosas al Estado. Los comedores privados o paladares son ahora libres para servir lo que quieran a todos los comensales que lo deseen, lo que lleva a cientos de aperturas de nuevos restaurantes. Los residentes más ricos de La Habana están volviendo a descubrir un placer olvidado desde hacía mucho tiempo: probar un nuevo lugar para comer.

Pero aún hay un montón de pegas. Los cubanos sólo pueden comprar coches de segunda mano, los concesionarios de autos nuevos no están permitidos. Las normas relativas a la adquisición de una vivienda están demostrando ser tan complicadas que muchas personas siguen haciendo lo que siempre han hecho: permutar las casas y pagarse los unos a los otros por debajo de la mesa. Tal vez el mayor obstáculo es que la promesa de los mercados privados al por mayor, largamente anunciada, aún no se ha concretado. Así que los restaurantes y otros negocios tienen que comprar sus suministros a precios al por menor en supermercados o, más a menudo, el mercado negro. Las 181 categorías permitidas de trabajo por cuenta propia incluyen el comercio y diversos oficios como la plomería, pero todavía excluye muchas profesiones. El Estado sigue siendo el único importador de alimentos. La producción agrícola se mantiene por debajo del nivel del 2007. Proyectos emblemáticos relacionados con la inversión extranjera, como varios campos de golf, han sido puestos en suspenso.

Además, ha habido algunas drásticas vueltas en U en el camino hacia una economía más libre. Una medida particularmente impopular, impuesta el 3 de septiembre, aumentó drásticamente el pago por exceso de equipaje (por encima de un límite de 30 kg por persona). Este impuesto se pagaba en pesos cubanos, la moneda local. Ahora se debe pagar en pesos convertibles, que vale 24 veces más. De modo que el costo de traer productos como televisores y equipos de música se ha disparado desde unos pocos dólares a cientos de dólares.

El gobierno dice que el cambio es para reducir las colas y aumentar la eficiencia. Ciertamente, desde que en 2009 el presidente Barack Obama eliminó casi todas las restricciones a las visitas a la isla de los cubano-americanos, el aeropuerto de La Habana ha tenido problemas para hacer frente a la media docena de vuelos diarios que ahora llegan de los Estados Unidos. Los carruseles de equipaje crujen bajo el peso de todo lo que Cuba no tiene: muebles, juguetes, televisores LCD, juegos de ordenador, etc. Muchas de las importaciones son traídas por profesionales o “mulas”, por lo general cubano-americanos que viajan de ida y vuelta desde la Florida varias veces a la semana. Es —o era— un negocio rentable.

El aumento de los impuestos perjudicará a las empresas privadas, cuyos propietarios —habían asegurado los medios estatales— son una parte bienvenida de la nueva economía cubana, a diferencia de lo que sucedía bajo Fidel Castro. Muchos dependen de las importaciones. “Nada existe en Cuba, ¿y qué se supone que debemos hacer?”, se queja Walter, quien obtuvo una licencia de “electricista de autos” el año pasado, y tiene un negocio floreciente de instalación de sistemas de música importados en los automóviles. Él dice que va a tratar de encontrar una manera de evitar los elevados pagos de aduana, pero si no, va a devolver su licencia.

“Todo parece en suspenso”, dice un hombre de negocios europeo con sede en La Habana. Una de las teorías detrás del impasse es que Raúl Castro, con 81 años, carece de la energía necesaria para vencer la resistencia al cambio dentro del gobernante Partido Comunista. La presencia fantasmal de Fidel Castro sigue siendo un obstáculo para la reforma. Y la salud de Fidel es de nuevo objeto de especulación. Sus previamente verbosas “Reflexiones” sobre temas de actualidad publicadas en los medios estatales cayeron a unas pocas frases, algo tangenciales, antes de diluirse por completo en junio. No se le ha visto en público desde marzo.

La campaña de Raúl Castro contra la corrupción es otro amortiguador. Negligencia y fraude se han descubierto en todos los sectores examinados por los investigadores. Decenas de cubanos y varios extranjeros han sido encarcelados. El último caso, en el que el hijo del presidente, Alejandro Castro, jugó un papel importante, tiene que ver con un proyecto de ampliación de una planta de procesamiento de níquel, una joint-venture con la canadiense Sherritt International. Después de un breve juicio, 12 funcionarios, entre ellos tres viceministros, fueron encarcelados el pasado mes. En su defensa, los funcionarios dijeron que todas sus conversaciones con socios extranjeros se celebraron abiertamente. Como prueba, Sherritt mostró varios contratos, algunos firmados por Fidel Castro.

Uno de los acusados, Antonio Orizón de los Reyes, quien se desempeñó como viceministro de la industria durante 19 años, dio un apasionado discurso ante el tribunal argumentando no ser más que un chivo expiatorio, y diciendo que era inconcebible que sus superiores no conocieran los detalles de todas las ofertas. Su discurso fue recibido con un aplauso espontáneo. Fue condenado a ocho años de cárcel. “En este ambiente, todo el mundo evita problemas”, dice el empresario extranjero. “Nadie toma decisiones.” Pero alimentar las esperanzas de cambio sólo para aplastarlas puede resultar una tarea peligrosa para el régimen.

Publicado en The Economist.

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1 respuestas
Comentarios

  • Cubañol dice:

    Como mucho las restricciónes aduaneras duraran 6 meses a lo mas,lo digo por que incluso la excusa de su imposición es absurda y fuera de sentido común ,dice una técnica responsable en una entrevista que su fin es favorecer a las clases mas humildes evitando que las diferencias de clase no sean tan pronunciadas,se da. Por hecho que las mulas y vendedores por cuenta propia pagan patentes y impuestos ,ya sea al entrar por la aduana como en los negocios declarados,la única justificación real es que se quieren cargar con esta norma el poco negocio que ha florecido en estos meses de permisividad ,teniendo en cuenta que han dejado de fiscalizar dos millones de dólares y las importadoras oficiales y tiendas no vende ni la mitad que vendían antes de permitir el cuenta propismo ,sin una red mayorista que pueda sumistrar productos y equipos ,la avalancha que se les avecina de entregas de licencias será morrocotuda ,y la gente volverá al invento y robara lo que se pueda para venderlo y sobrevivir,la cartilla de racionamiento ya no la pueden ni sostener retirando cada dia mas y mas productos básicos ,antes de oír las caceroladas en las calles volverán a permitir el mercadeo de las mulas no les queda otra.

  • matronize