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Esplendor entre la pobreza: noches de galería con la élite dorada de Cuba (II)

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    Editor Jefe
  • sep 08, 201211:44h
  • 3 comentarios

Por Lois Farrow Parshley

(…)

Casi se puede escuchar a Karl Marx preguntar desde su tumba: ‘¿Cómo es que un país supuestamente comunista llegó a estar tan fracturado por las desigualdades?’ La respuesta más sencilla podría ser que la lucha por el poder de Fidel Castro nunca fue en realidad una “revolución campesina”.

El joven Fidel se afilió al Partido Ortodoxo, una agrupación política anticomunista. En 1959 la CIA le dijo al Senado de los EE UU.: “no creemos que Castro milite en el Partido Comunista”; y, en fecha tan tardía como 1961, los politólogos norteamericanos seguían discutiendo sobre sus inclinaciones comunistas. El propio Castro negó en varias ocasiones tal filiación durante su ascenso al poder. No fue sino hasta después que el presidente estadounidense Eisenhower se negara a apoyar la presidencia de Castro, que éste comenzó a desarrollar una relación con la Unión Soviética. A pesar de que medio siglo de retórica políticamente cargada y política retóricamente defendida han oscurecido la historia, el interés de Fidel Castro en la política nunca fue realmente marxista.

Antes de tomar el poder, Fidel se refirió a la nacionalización como un “instrumento engorroso”, y se comprometió a no nacionalizar la industria azucarera. Incluso escribió en la revista Coronet en 1958 que él estaba luchando por un ” genuino gobierno representativo”. Pero después de asumir el poder, no demoró mucho en cambiar el tono. Inmediatamente después de la huída de Fulgencio Batista, el presidente apoyado por Estados Unidos, Fidel, aparentemente preocupado por consolidar su posición, ordenó arrestar a algunos entre los más importantes de sus antiguos compañeros de armas. Su ex cuñado Rafael Díaz Balart, describió por entonces las motivaciones de Castro con estas palabras: “Fue justo en ese momento que se convirtió en un líder oportunista interesado en promoverse a sí mismo”.

* * *

Medio siglo más tarde, los Castro todavía están aquí, firmes en la casta superior de la clase dominante. En cuanto a las fotos de Dweck, está claro que la revolución gloriosa dejó a la sociedad sin clases cubana con unas cuantas personas en la cúspide del montón. La noche de la inauguración de la exposición de Michael Dweck, Alex Castro —y también Camilo Guevara, el hijo del Che— subió con algunos guardaespaldas armados a la galería donde le esperaba su foto. Más tarde, otro de los hijos de Fidel Castro, Alejandro, le dijo bromeando a Dweck: “Gracias por hacerme famoso”.

El título de la muestra era “Habana Libre”, una ironía que puso a reir entre dientes a algunos de los asistentes. Pero Dweck insistió en nunca se había propuesto un proyecto político. Él dice perseguir como artista lo seductor y Cuba —como podría decirle cualquier avezado en las metáforas de las noches habaneras— es un lugar retorcido y sensual. Dweck captó escenas de un romance nostálgico, un atisbo simplificado de un mundo aristocrático que, como sabe cualquiera que haya observado a los aristócratas ingleses de la época eduardiana en Downton Abbey, puede ser perturbadoramente fácil de glorificar. Tal vez fue la sinceridad de Dweck en este proceso lo que le permitió ganarse la amistad y la confianza en medio de esas alturas. (Una interpretación más cínica sería que los Castro simplemente se sienten felices de tener por fin un poco de buena publicidad). Pero en un país donde la mayoría de la gente se niega a declarar su desprecio por el régimen, por temor a represalias, un proyecto como el suyo no puede escapar de la política.

“Los artistas cubanos acomodados que he conocido y fotografiado me parecían la encarnación de las esperanzas de sus vecinos más pobres”, escribió Dweck en una reciente columna de opinión en el Huffington Post. “Sé lo que está pensando: que eso sería como decir que las Kardashian ‘señalan la ruta de la recuperación de Estados Unidos’. Pero esto es diferente”, afirma Dweck, porque sus sujetos muestran lo que la isla pudiera ser, lo cual de cierto modo es todavía más trágico. “Muestro a cubanos talentosos y privilegiados”, dice. “Les doy algo de lo que pueden sentirse orgullosos”. Aunque elogiado en el mundo del arte, el libro de Dweck ha provocado críticas por la ausencia manifiesta en sus páginas de la Cuba “real”, en la que, como señaló un crítico en Amazon, “nadie es libre”

En la concurrida inauguración, después que los camareros repartieran 700 rondas de vasitos de gazpacho y muchas más de licor, las luces parpadearon, en uno de los frecuentes apagones de La Habana. Pero la fiesta continuó como si nada en penumbras. “Esto es Cuba”, dijo alguien riendo.

En una entrevista, Viviana Limpias, representante adjunta del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia en Cuba, le dijo a Dweck: “La clase privilegiada tiene muy pocas cosas que todos los demás no tengan, excepto dinero”. Después del cierre de la galería, todos se retiraron a una extensión de la fiesta en el penthouse de un edificio de cuatro pisos. Hombres en trajes de lino, calzados con zapatos blancos de piel de cocodrilo, se reunieron alrededor de la mesa de billar. Jack Bruce, el bajista de la banda de rock británica Cream de la década de los 60, encontró los hors d’oeuvres (quise preguntarle, pero no lo hice, si sabía que Fidel había ilegalizado una vez a los Beatles). Las modelos se apilaron sobre una hamaca forrada en terciopelo. Para el momento en que los camareros de corbatín negro servían el segundo plato y nosotros encendíamos una nueva ronda de cigarrillos, yo no estaba muy segura de que Viviana tuviera razón. Como le diría el propio Dweck, una parte importante del encuadre de la foto que quieres tomar consiste en saber qué vas a dejar fuera.

* Publicado originalmente en The Atlantic. Traducción de Rolando Cartaya

PD: Esplendor entre la pobreza: noches de galería con la élite dorada de Cuba (I).

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3 respuestas
Comentarios

  • TOMAS dice:

    Era inevitable que Fidel terminara comunista, pues es la unica plataforma (esta basura no se puede llamar filosofia) que le permite lo que el siempre quiso: control absoluto. Este hombre tiene locura con dominar todo, sea del reino animal o vegetal. No existe otro sistema que le asegure ese nivel de poder.

  • Carlos Tellez Gil dice:

    Esto es simplemente morboso. Digo esto para no ponerme grosero.

  • Otello dice:

    Realmente no le encontré sentido a esa expo. Fui a la inauguración, mucho ron eso sí, borrachera, ect.
    Pero las fotos eran un pastishe de publicidad cubana pre-comunista.
    En Cuba NO existe esa clase social. Que se hayan sentido Hemingway por unos minutos, no quiere decir que sea verdad.
    Lamentablemente en este país el glamour no acompaña la riqueza.