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Fortuna, emperatriz del mundo

  • ago 24, 201212:00h
  • 7 comentarios

Saliendo de la casa cualquier mañana indiferenciable, en el segundo banco del parque, un grupo de vecinos. Jubilados felices.

No es que estén felices por haber aprehendido alguna clase de revelación existencial en el otoño de sus vidas. No sería imposible, aunque me aventuro a creerlo difícil. Sobre todo después de haberse entrenado toda la vida en desoír las sirenas interiores para así lograr acatar la voz de un máximo líder.

Los hijos viven en el extranjero. Trabajan y son buenos ciudadanos. Les proporcionan la infinita alegría de no sentirse al borde de la muerte por desnutrición, ni verse reducidos a la más espantosa miseria. De manera más filosófica: conocen la alegría que ha proporcionado la civilización al corregirnos la propia fragilidad y la contemplación de la propia miseria. Pero en otros lugares de la Habana otros ancianos no han corrido con la misma suerte. Cuba no es un lugar completamente civilizado.

Los adultos mayores del banco del edificio de Transporte son revolucionarios confesos, al menos los que esta mañana ha reunido. Han sido así toda la vida. Debo aclarar que no albergo hacia ellos ningún mal sentimiento.

En mi barrio son frecuentes los adultos mayores que mantienen una tranquila aquiescencia con el régimen. Y, curiosamente, la mayoría tiene un hijo que le envía una remesa. Todavía recuerdo cómo Teresa me salió al paso para defender la Revolución pocos meses después de haber ido a los Estados Unidos, que no le negó la visa para ir a ver a su hija, ciudadana norteamericana, que le permite pagarse el capricho de ser una de las más activas cederistas del edificio. Ellos son la imagen más acabada de la felicidad a través de la historia de la Revolución. Nunca han estado presos por protestar contra el gobierno sin elecciones. Nunca se han metido en problemas. Han acatado plenamente y en todo momento la disciplina a nivel nacional impuesta por el Jefe de Estado, y a cambio han conseguido vivir con toda la seguridad de que es capaz una sociedad sometida al control totalitario.

En dicha sociedad las personas se han librado de ese “monstruo” que son las instituciones independientes del Estado. Se han visto libres del vacío de una vida sin ideología, impulsada por un gobierno permanente. Sobre todo, se han visto libres de la libertad.

En un sistema realmente competitivo, por encima de ellos estaría cualquier marginal (de esos que todavía no han alcanzado el carácter disidente), que no logró adaptarse a la misma disciplina donde ellos han dado frutos y han conseguido hacer pie en medio de una sociedad que se hunde todos los días. Donde la regla ha sido la más completa mediocridad, ellos son los mejores exponentes de lo bien que ésta premia a sus adeptos.

A pesar de haber enseñado a sus hijos que sólo el Estado es bueno —protector de los pobres y de los recursos naturales— y que los hombres que forman el Estado son la vanguardia del valor supremo que es la Revolución, los muchachos han preferido emigrar. Pero, para que nadie se confunda, los padres dicen que la razón fue el problema económico, que si no hubiera embargo económico ellos se habrían quedado trabajando para el Estado benefactor que le corta las uñas a nuestras bajas pasiones y a los vicios de la democracia y el capitalismo (los vicios de la libertad), que carece de esos grandes mesías de la Justicia Social, que conciben a la humanidad como un bloque ingente, una pizarra humana que proyecta figuras en contra del capitalismo y la hegemonía de Occidente encabezada por los Estados Unidos; y que intervienen como jueces colocados por una indescifrable providencia nuestro egoísmo, sacrificando la libertad de nuestra expresión en aras de alcanzar objetivos colectivos por el bien y la paz de la Humanidad.

Ciertamente, mis felices vecinos no conocen a Charito. Quizá si la conocieran… Charito es una Dama de Blanco. De las Damas de Blanco sólo conocen lo que dice la televisión. No les interesa averiguar quiénes son porque sienten la mano invisible que les detendría el paso señalándoles lo prohibido. Si acaso de pronto enloquecieran y les diera por la solidaridad —no entre los pueblos sino entre los más próximos— y por buscar la verdad… Pero esa santa candidez que se empeñan en padecer les haría participar de la cumbancha de un acto de repudio.

A Charito, la Dama de Blanco, todo lo que vendía en su puestecito de ventas le fue confiscado por la policía. Y ésta le puso una multa inmensa: de 1200 pesos. Ella no tiene para pagar la multa y se plantó fuera de la Estación: sola.

Los hijos de L, de C, y de T y hasta de la Encargada fundamentalista que tiene al hijastro en Estados Unidos, disfrutando de todos los derechos y libertades como tienen fuera de Cuba, todavía no hacen el favor de explicarles a sus padres por qué protesta Charito.

Lilianne Ruiz
La Habana

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7 respuestas
Comentarios

  • Juan Afonso dice:

    Así es la cosa la doble moral , para sobrevivir en esa brutal dictadura y nosotros manteniendo a nuestras familias , por eso les refresco la mente a mi mamá y a los míos que protesten porque hay mil manera de hacerlo y demostrar la inconformidad y ser solidarios con los que le han puesto el pecho a las balas lanzadas desde la ofensiva castrista.
    De esas viejas hipócritas , comunistas y mantenidas por sus hijos del extranjero y ahora con ciudadanía española y pasaporte de la comunidad europea están llenas nuestras cuadras, que vergüenza.
    Morirán en paz con Dios estas viejas hipócritas, y que quede claro empiezo por mi madre.
    Cuantas madres no han llorado la muerte ya sea por fusilamiento, o devorado por tiburones o muertos en guerra a miles de km , que no nos pertenecían y luego le traían al niño en un ataúd o si logro pasar aqueLpeligro vive alcoholizado y mísero esperando la pipa de cerveza que es el opio de las ciudades cubanas.

  • xxx dice:

    por lo demas estoy de acuerdo, transporte es un edificio de comunistas, o mejor dicho de oportunistas

  • xxx dice:

    Lilianne la hija de teresa esta en Italia no en USA, debes informarte mejor

  • buaff dice:

    Mi vecina era tremenda chivatona hasta que se empató con un carnicero judío, el cambio fue rotundo, lo que tenía era anemia la pobre.

  • ADVIL PM dice:

    Lilianne Ruiz es tambien de las que se superan a si mismas.

  • paco el jutia dice:

    lilianne, como diria un general espanol sobre antonio maceo….. si tuviesemos 3 mas que escribieran como tu la maldicion roboilusionaria no existiria en cuba….. gracias.

  • El Niño Atómico dice:

    Parece que es verdad aquello de “los pueblos tienen los gobernantes que se merecen”.

  • matronize