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Los ingleses en La Habana

  • ago 14, 201210:45h
  • 37 comentarios

El 14 de agosto de 1762, hace exactamente 250 años, La Habana se rendía formalmente a los ingleses. Así empezaba ese capítulo de la historia cubana que conocemos por dominación británica, una dominación que sólo se extendió de Mariel a Matanzas durante once meses y que, no obstante, puede verse como uno de los más importantes puntos de inflexión en el desarrollo de nuestra identidad nacional.

La toma de La Habana no fue más que uno de los últimos episodios de la guerra de los Siete Años (1756-1763), que algunos historiadores han llegado a llamar la primera guerra mundial, por tratarse de una contienda que se libró en todos los mares y continentes, principalmente entre Inglaterra y Francia, a la que España vendría a sumarse casi al final gracias al “Pacto de Familia”, alianza ofensiva y defensiva suscrita entre ambas dinastías borbónicas.

Cuando la posibilidad de entrar en el conflicto se fue haciendo evidente para la corte española, la posición estratégica de Cuba —cercana a las posesiones británicas del Caribe y a las Trece Colonias de Norteamérica— hizo temer al gobierno de Carlos III por su seguridad. A pesar de su fama como “antemural de las Indias”, La Habana distaba de ser una ciudad inexpugnable: las murallas eran bastante bajas y de poco espesor y, con excepción del Morro, los otros castillos que la guarnecían eran pequeños y débiles. Además, la loma de La Cabaña, que dominaba toda la ciudad desde el otro lado de la bahía, seguía sin fortificar casi dos siglos después de que Juan Bautista Antonelli señalara su importancia para la protección o dominio del enclave colonial.

Teniendo en mente estos peligros, en enero de 1761 es enviado a Cuba, como gobernador, Don Juan de Prado y Portocarrero, cuya incompetencia habría de pasar a los libros de historia. Su misión era mejorar sustancialmente las defensas de la ciudad y apercibirlas contra una agresión británica en caso de que España se viera arrastrada a la guerra.

Aunque dueña aún de un vasto imperio que se extendía desde Oregón hasta la Patagonia, España era un país en decadencia, cuyo aparato militar no podía igualarse, para entonces, a los de Francia —la primera potencia continental—, Austria, Prusia o Rusia, ni tampoco al poderío marítimo de Inglaterra. Esta última, por su parte, al tanto de los preparativos españoles, decidió tomar la delantera y le declaró la guerra a España el 4 de enero de 1762. Para esa fecha, la decisión de apoderarse de La Habana al parecer ya había sido tomada. Esto se deduce de la celeridad con que los ingleses despachan la más formidable armada que hasta ese momento hubiera cruzado el Atlántico: doscientas naves tripuladas por más de ocho mil marinos y doce mil soldados (sin contar dos mil negros de servicio y sesenta médicos y enfermeros de campaña). Gran Bretaña parecía decidida a infligirle un golpe decisivo a España en el mismo centro neurálgico de su sistema mercantil.

En los libros de historia que estudiamos de niños solían resaltar siempre la sorpresa que se llevó el gobernador Prado, y los habaneros en general, con la súbita aparición de la flota británica frente al Morro. Lo que no nos explicaban con claridad es que la costa norte de Cuba había sido por siglos una ruta casi cerrada a la navegación; de suerte que los barcos que venían de España, incluida la flota de Indias, luego de pasar o tocar Puerto Rico y Santo Domingo, llegaban a La Habana recorriendo enteramente la costa sur de Cuba y doblando por el cabo de San Antonio. Ése era el trayecto obligado y el que los españoles vigilaban. Suponían que cualquier ataque a La Habana de parte de los ingleses tenía que provenir de Jamaica y acercarse a la ciudad desde Vuelta Abajo (Pinar de Río).

Sabedores de esto, los ingleses le confiaron a Sir George Pocock, un almirante experto, que hiciera pasar la inmensa flota a través del Canal Viejo de Bahamas; algo a lo que muy pocos se habrían atrevido en ese tiempo, ya que esa ruta —de más de 500 millas, que corre paralela a la costa norte de Cuba, entre los cayos de Jardines del Rey y el banco de Gran Bahama— abunda en bajos que habían hecho encallar a infinidad de embarcaciones. Sin embargo, el Primer Lord del Almirantazgo estaba en posesión de un antiguo mapa español, de minucioso trazado, que lo llevó a pensar que un buen marino, con los prácticos necesarios, podría hacer la travesía y salir casi frente a Matanzas sin ser notado. Valiéndose de este mapa, así como del auxilio de pilotos contrabandistas que estaban familiarizados con el canal y de los resultados de una investigación llevada a cabo por el capitán Elphinstone —que había recorrido con la fragata Richmond todo el trayecto y hecho las anotaciones oportunas— los ingleses se decidieron por esa vía y el 6 de junio el enorme convoy se presentaba frente a La Habana.

Desde pequeño me gustaba imaginar ese instante de nuestra historia en el que todo se detiene, paralizados los actores de ambos bandos por la sorpresa: los ingleses, que se asoman por primera vez a esa legendaria ciudad del Nuevo Mundo codiciada en su día por Sir Francis Drake; y los habaneros que miran incrédulos la portentosa armada que se ha materializado de repente ante la ciudad; momento deslumbrante —que antecede al inicio de las hostilidades— en que los contendientes se miran y se miden.

Así como fue un acierto la elección del almirante Pocock como jefe de la Armada, el poner a la cabeza del ejército y de la operación militar a George Keppel, tercer conde de Albemarle, hombre sin ninguna auténtica experiencia de guerra, fue un desaguisado que Gran Bretaña pagaría con la vida de muchos hombres. Por una curiosa simetría, España contaba también, en la defensa de La Habana, con un marino excepcional, Luis Vicente Velasco —que defendió con valor y temeridad el castillo del Morro y murió a causa de las heridas recibidas en el asalto a la fortaleza— y con un jefe de probada impericia. Juan de Prado y Portocarrero era la idónea contraparte de Albemarle.

El sitio duró más de dos meses por el empecinamiento de Albemarle de tomar el Morro antes de asaltar la ciudad, y en el ínterin la fiebre amarilla y otras enfermedades tropicales causaron serios estragos en las tropas sitiadoras. Centenares de solados ingleses dejaron sus huesos en las inmediaciones de La Habana sin que esta calamidad moviera la estulta rigidez de Albemarle, apegado a las lecciones de la academia militar de su tiempo, que prescribían la necesidad de tomar primero la ciudadela de cualquier plaza sitiada. Por su parte, el gobernador español hizo hundir tres navíos de línea en la boca del puerto para evitar la entrada de los buques ingleses, al tiempo que dejaba encerrados en la bahía —y por tanto inútiles— a trece naves de guerra que le habrían servido para enfrentar, o distraer al menos, a la flota enemiga. Esta medida, que tenía por objeto, además, poder usar a los marinos en la defensa de la ciudad, privó a España de la única fuerza naval significativa que contaba en la zona y, en consecuencia, dejó a los ingleses como dueños absolutos del mar.

Así pasaron dos meses de un verano agobiante para sitiados y sitiadores. Al fin, vencida la resistencia del Morro, que tuvo como secuela la muerte del insigne Velazco el 31 de julio (en cuyo honor los contendientes decretaron un día de tregua), extenuados y sin municiones, los españoles izaron banderas blancas a mediodía del jueves 12 de agosto, en las mismas fortalezas de las que apenas un día antes, con arrogancia que nos es conocida, respondieran al llamado de Albemarle a la rendición con una andanada de malas palabras. El viernes 13 se firmaría el acta de capitulación, y la entrega formal de la plaza tuvo lugar el sábado 14 cuando el ejército invasor entró en la ciudad.

Durante más de 200 años, desde el saqueo e incendio de que fuera objeto por el corsario francés Jacques de Sores en julio de 1555, La Habana había sido una indisputada posesión española; tiempo en el cual, la ciudad, punto de confluencia de la flota de Indias, se había convertido en un recinto amurallado y guarnecido. Ahora, por primera vez, había sido víctima de un asedio en toda regla que, tras dos meses de horror, se entregaba a un enemigo que hablaba otra lengua y profesaba otra versión del cristianismo.

La inconformidad de los vecinos ante la ocupación fue notoria, aunque Albemarle se mostró diligente en evitar saqueos e innecesarias humillaciones. Sin embargo, al encuentro con otra cultura, donde primaba la libertad de comercio y el ideal del progreso, no fueron inmunes los habaneros que, sujetos hasta entonces al monopolio comercial que imponía España, se vieron de repente visitados por innumerables barcos mercantes e inundados de productos de todas partes, provenientes muchos de ellos de las vecinas colonias que dos décadas después se convertirían en los Estados Unidos. Pese a los expolios y tributos de guerra que los ingleses le impusieron a la ciudad vencida, la ocupación dio lugar a un período tal de prosperidad que algunos ilustres habaneros solicitaron directamente a Londres que no devolvieran la plaza. El impacto de la dominación británica en La Habana puede juzgarse como una auténtica conmoción cultural que daría frutos a corto y largo plazo.

Uno de los resultados inmediatos fue la mayor atención que el gobierno de Carlos III le prestó a Cuba luego de la restauración española. Aunque se reimpuso el odioso monopolio comercial (habría de durar hasta 1793), las ideas de la Ilustración que primaban en la metrópoli tuvieron mayor repercusión en la isla a partir de entonces, gracias, entre otras cosas, al gobierno de algunos notables magistrados (el conde de Ricla, Bucarely, el marqués de La Torre, el conde de Santa Clara, Luis de las Casas) que van a llenar ese último tercio del siglo XVIII en el que aparecen las primeras instituciones con las que empieza a surgir el perfil de nuestra nacionalidad. Otro fue el inicio de una relación —comercial, cultural y más tarde política— con nuestros vecinos del Norte que sólo habría de acrecentarse con el paso del tiempo y que influiría decisivamente en nuestra idiosincrasia.

Más de una vez he oído a cubanos decir, “¡si los ingleses no se hubieran ido, cuán distintos seríamos!”. Tan distintos que, simplemente, no seríamos. Si la soberanía española no hubiese regresado a Cuba en 1763, ninguno de los cubanos actuales (y particularmente los cubanos blancos) existiría, porque aún los que tenemos antepasados que llegaron a Cuba antes de la restauración, somos el resultado de numerosos enlaces de inmigrantes españoles venidos después, que nunca se habrían aventurado a ir a nuestro país de haber sido colonia inglesa. Desde luego, la historia hubiese sido completamente distinta, como distintos hubiesen sido sus protagonistas; basta señalar que a esa Cuba ni Mariano Martí ni Ángel Castro jamás hubieran ido a servir de soldados ni a fundar sus familias. Lo que sí no habría variado sería el destino de Cuba como gigantesca plantación azucarera y sitio de importación y exportación de africanos (si bien la prohibición de trata, que Inglaterra suprimió en 1807, se habría visto menos vulnerada). En la actualidad, nuestro país sería otra nación negra del Caribe, semejante a Jamaica, a la que Gran Bretaña le habría concedido su independencia sin derramamiento de sangre.

Pero, en ánimo de especular, otras secuelas de mayor trascendencia podrían haberse derivado si La Habana no hubiera sido devuelta a España. Por ejemplo, cuando poco más de una década después empezara la guerra de Independencia en las Trece Colonias, La Habana no habría podido convertirse en un centro de aprovisionamiento de los rebeldes americanos, ni las damas habaneras habrían vendido o empeñado sus joyas para reunir 1.200.000 libras tornesas como adelanto para la tropas de Washington cerca de la decisiva batalla de Yorktown. De no haber contado con ese oportuno socorro, es muy probable que Washington hubiera perdido la batalla, y con ella la guerra, y en la actualidad, en lugar de ser el héroe nacional de Estados Unidos, sería una nota al pie de página sobre un militar americano que los ingleses ahorcaron por traidor. Y posiblemente, de no contar con la base de operaciones que La Habana ofrecía, Francia tampoco se hubiera empeñado tanto (por puro odio a Inglaterra) en su ayuda a los americanos y, en consecuencia, tal vez no se habría presentado la crisis económica que produjo la convocación de los Estados Generales y el asalto a la Bastilla por una turba hambrienta. Sin La Habana en manos de España, tal vez no habría habido Revolución Francesa ni, por supuesto, Napoleón Bonaparte, ni guerras napoleónicas ni Estado moderno… Así de importantes pueden ser los hechos históricos.

Pero la historia no es lo que pudo haber sido, sino lo que fue, y nosotros los cubanos de hoy somos necesariamente los herederos de estos últimos 250 años de historia como resultado ininterrumpido de causas y efectos, como es el escribir esta nota conmemorativa desde el exilio, mientras nuestro país se hunde en el envilecimiento y la ineficacia y ciertas zonas de La Habana parecieran recién bombardeadas por la marina inglesa, y Rufus Keppel, décimo conde de Albemarle, diseña camisas en una tienda neoyorquina.

Vicente Echerri
Nueva York

Ilustraciones: La flota inglesa entrando a La Habana; Armas de época: pistola de chispa y espadín, Colección del Museo de la Ciudad.

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37 respuestas
Comentarios

  • Cagüentó y Ptolomeo dice:

    Soy Martiano 100% y como Él, en mi sangre corre sangre española por ambas descendencias pero amo a la Cuba de antes y tambien admiro con vehemencia a los EE.UU.
    Como todo lo que aprendo de las conductas de los españoles me es repulsivo, reacciono de esa manera cuando me tropiezo con algo referente.

  • Fidel.Gusano dice:

    Pensandolo bien después de mi anterior comment, puede que C y P mire desde la perspectiva afro cubana y tenga incrustada en sus genes una visión diferente al del cubano “blanco” (que el q no tiene de congo, tiene de carabalí..) y cultive ese resentimiento anti español a beneficio de los británicos a los que sus genes perciben menos crueles, menos bandidos en ese ya antiguo escenario que afortunadamente ha desaparecido….
    El tema tiene “tela” marinera..!!!!

  • Fidel.Gusano dice:

    Coño C y P…qué te han hecho los gaitos a los que tanto aborreces viejo…?
    No hay dos pueblos en el mundo entero que se parezcan más que los de Cuba y España…definitivamente. Yo gozo con eso y me alimento de mis profundas raices ibericas….aunque vivo en Miami y adore a USA…y que nadie negará que es una “salvajada” de país…!!!
    Pasiones a un lado Caguentó,que no traen nada bueno, Ptolomeo…
    Un poquito de flema inglesa no nos vendría nada mal…
    Y por qué no ?…

  • Cagüentó y Ptolomeo dice:

    Tamargo se despide sin reconocer que la tal “falacia” no es tal. Los ingleses aun siguen en el Caribe en pleno siglo XXI. Y eso es el tema de este espacio, no el alarde cultural con que trata de rebartirme.
    Los españoles estan volviendo a la America pero esta vez haciendo inversiones en la isla cautiva y con el simio indigena de Chavez para tratar de adelantarseles a los yankis que tanto envidian y vilipendian. Por ser tan gilipollas la presidenta argentina ya les mangó hace poquito y todavia siguen en su terquedad de hacer negocios con la mafia en detrimento de los criollos.

  • manuel dice:

    Vicente: como siempre tus articulos, Te felicito M Garcia

  • Comprueba, Quantumleap, en la entrada anterior a la tuya, cuán condicionados estamos por nuestras lecturas. Por eso decía que, ante ellas, como ante nuestra propia vida, somos los únicos responsables… La física teórica… hace mucho que no entró ahí, pero me parece muy excitante. Siento haber puesto en cuarentena tu pregunta anterior. No supe ver que estaba al margen de toda ironía. En cualquier caso, estamos ya lejos del asunto que nos trajo aquí. Creo, ciertamente, que cada uno debe celebrar lo que quiera. Y ya con todo dicho por mi parte, te saludo y me despido.

  • QuantumLeap dice:

    No, a decir verdad, no había nada irónico en mi pregunta. La hice por la frase de tu post, “Eso sí, celebremos lo que celebremos, por favor, leamos.”
    Antes leía de todo y estaba muy interesado en la filosofía pero de un tiempo a esta parte, solo leo prácticamente cosas que tienen que ver con la fisica teórica.

  • Cagüentó y Ptolomeo dice:

    Esta afirmacion del mediteraneofilo EstaAmargo es para carcajerase:
    “Que los ingleses se establecían por más tiempo en el Caribe que los españoles, tampoco es una opinión, es una falacia, tan clara, que no merece más contestación.”
    Aun hor la presencia Britanica en el Caribe es un hecho. Lean:
    La descolonización gradual del Caribe británico respondió a una manifiesta disposición
    de Gran Bretaña de ceder su influencia en la región a favor de su aliado norteamericano,
    como consecuencia de la crisis económica por la que atravesaba en la
    posguerra y la progresiva pérdida de interés económico y estratégico en el área1.
    Sin embargo, la descolonización siguió un ritmo gradual, que garantizó la consolida-
    ción en el poder político de los nuevos Estados emergentes de una élite fuertemente
    imbuida en los valores británicos y el establecimiento de culturas politicas y
    sistemas parlamentarios inspirados en el modelo de Westminster.
    Esta estrategia se desarrolló sin tropiezos y, luego del frustrado intento de creación
    de la Federación de las Indias Occidentales, entre 1958 y 1962, llevó a la independencia
    política al grueso de los territorios británicos en el Caribe. En este marco, la
    única excepción estuvo constituida por el caso de Guayana Británica, donde la
    emergencia de un amplio movimiento de liberación nacional encabezado por el Peoples
    Progressive Party de Cheddi Jagan dio lugar a reiteradas intervenciones británicas
    para evitar la independencia del territorio bajo un gobierno marxista.
    En el contexto de la creciente preocupación norteamericana por el surgimiento de
    una «nueva Cuba» en la región, luego de la revolución cubana, el caso de Guyana
    marca asimismo el primer hito de la intervención norteamericana en el Caribe anglófono,
    cuando entre 1963 y 1964 los Estados Unidos contribuyeron, en conjunción
    con Gran Bretaña, a desestabilizar el gobierno de Jagan, elegido por una amplia
    mayoria popular.
    1Cfr. el reciente libro de Porter, 8.: Britain, Europe and the World 1850-1986. Delusions of Grandeur,
    George AlIen and Vnwin, Londres, 1987.

    Todavia permanecen. Lean aqui:
    En el caso de Gran Bretaña, el ritmo de descolonización impulsado en las dos décadas
    precedentes se ha detenido completamente. Los seis Estados asociados de Gran
    Bretaña en la región -Montserrat, Turcos y Caicos, Caimán, Anguilla, las Islas Vírgenes
    británicas y Bermuda-, cuya población total no supera los 60.000 habitantes,
    esparcidos en todos los confines del Caribe insular, se resisten a abandonar los beneficios
    de la asistencia económica y de la defensa británica para caer en los avatares
    de una existencia independiente14. Pero tampoco está clara la disposición británica
    de abandonar sus baluartes coloniales en el Caribe.
    Esta disposición está condicionada, por un lado, por los graves casos de corrupción
    administrativa y de vinculación con el narcotráfico que han afectado a los gobiernos
    de algunas de ellas (como la que motivó una intervención de la metrópoli en
    Turcos y Caicos en 1986), como así también, por otra parte, por la persistencia de
    sus intereses estratégicos en el Atlántico, especialmente en relación a las Malvinas.
    De hecho, en el último lustro, la presencia naval británica en la región se ha incrementado,
    aprovechando los puertos amigos de los Estados de la CARICOM y de
    sus propios Estados asociados , mientras se mantiene una fuerte presencia militar
    en Belice, con el pretexto de un efecto disuasivo sobre cualquier acción guatemalteca
    vinculada a la reclamación territorial15.
    Asimismo, pese al decaimiento del intercambio comercial con la región en los últimos
    años, recientemente Gran Bretaña ha reactivado sus inversiones y su asistencia
    económica a los Estados de la CARICOM16. A este cuadro se agrega una cre-
    14Thorndíke, T.: «The Brítísh Assocíated Terrítories of the Caribbeam>, ponencia al Coloquío Geopolitica
    del Caribe Oriental, Maíson Francaíse, Oxford, enero de 1988.
    15
    (15) A. Payne señala que la presencia militar británica en Belice sólo implica la permanencia de
    1.800 efectivos, cuatro jets Harrier, helicópteros Puma y Gazelle, tanques, un sistema de defensa basado
    enmisiles Rapier, y una fragata de la Marina Real. En este sentido, sólo es superada, en términos
    de presencia militar extranjera en Centroamérica, por las bases norteamericanas en Honduras
    (Payne, A.: «The Belize Triangle: Relations with Britain, Guatemala and the United States», ponencia
    a la 46a. Reunión de Americanistas, Amsterdam, julio de 1988.
    16Espíndola, Roberto: «British links with the Caribbeam>, ponencia en ibidem.

  • QUANTUMLEAP, con la lectura pasa como con la vida, somos los máximos responsables ante ella. Si le preguntaras eso al santo (Agustín) te remitiría a los textos bíblicos en primera instancia; pero yo, que de santo no tengo nada, sin saber cuánto hay de ironía en tu demanda, te pregunto a ti: ¿Has leído lo que el santo leyó antes de serlo? ¿Te has leído el teatro griego, por ejemplo? Creo que fue Heidegger quien dijo que había que leerlo todo, todo, pero ¡cuidado!, sólo hasta Platón. En fin, siendo cautelosamente pragmático, te digo que, si queremos hablar con propiedad del tema en cuestión, qué menos que, después de leerlo TODO en términos de Heidegger, y claro, sin detenernos donde él dice, leer todo Fernando Ortiz, por ejemplo, y todo Moreno Fraginals, y luego no vendría mal leer a Humboldt, sobre todo a ese Humboldt que llamaba a La Habana “colonia y metrópoli a la vez”, que veía en el Caribe la recreación del Mediterráneo. Hombre, debíamos leer a Irene Wright, claro, y a Weiss… A pesar de Heidegger, es muy importante, creo yo, que leamos todo lo que el TODO preplatónico hizo posible. Desde la filosofía helenística hasta el idealismo alemán. Y claro, haciendo escalas imprescindibles en Virgilio, Ovidio, Horacio, Séneca, Cicerón, Dante, Petrarca, Góngora, Quevedo, Cervantes, Shakespeare, Goethe, Baudelaire, Dickinson, Lezama… Sí, Lezama… y Homero. No estaría mal empezar por el segundo y terminar por el primero. Ya ves, no pude sugerirte un título, pero…

  • QuantumLeap dice:

    Caguentó hablando de estadística, o sea, la misma retórica de los partidos nazis de aquí donde vivo.
    Así es, Tamargo, celebremos lo que nos dé la gana. Y a propósito de lectura, ¿podrías sugerirnos algun título interesante?

  • Mira, quien-seas, que los españoles llegaban a América y se quedaban en un porcentaje inmensamente mayor que cualquier otro pretendiente a colonizador en el Caribe, no es una opinión, es un dato. Claro, los datos se encuentran en los libros y pueden parecer opiniones para quien no los abre. Que los ingleses se establecían por más tiempo en el Caribe que los españoles, tampoco es una opinión, es una falacia, tan clara, que no merece más contestación. No me interesa en lo absoluto defender aquí a los españoles. España se defiende sola, pues, como nación contemporánea, tiene 543 años de historia; como realidad sociocultural (con su magnífica diversidad) tiene más de 3000 años de historia; como espacio habitado por el hombre, tiene una prehistoria que se pierde en los anales del tiempo… Pero lo que sí pongo en valor, frente a la excluyente fascinación por lo anglosajón que adorna a muchos compatriotas, es la feliz estirpe mediterránea de lo habanero. La Habana fue una suerte de ciudad-estado con ascendencia mediterránea. Una maravilla resultante del impulso civilizador del hombre culto, del hombre que condensa gracia y eco, no regalados, sino ganados en los avatares de la historia. Ese portento de cultura que fue La Habana, ese agraciado lugar donde el poso mediterráneo era más que evidente, habría quebrado si los ingleses hubieran puesto número y artilugio donde había mucho más que eso. La Habana fue un prodigio del eco humano, un sitio donde parecían convenirse y complacerse todos los dioses; un sitio con suficiente linaje para exigir al ábaco industrial la necesaria carta de ciudadanía. Duró mientras el determinismo, el pragmatismo y el empirismo, que yacían y subyacían en el positivismo europeo decimonónico (nada mediterráneo, por cierto, y sí muy anglo y muy sajón), se mezclaron con el apasionado carácter mediterráneo hasta doblegarlo en dirección a la más estúpida utopía. Lo español puso su gusto por la hazaña quijotesca, pero el insulso y reducido horizonte lo trazó el pragmatismo integrista, y ése, lo quieran o no los anglofascinados, es más british que la reina… Entonces, celebremos cada uno lo que nos apetezca. De eso se trata. Yo celebro que aquella joya, aquel portento de civilización que ya era La Habana de finales del XVIII, haya sido canjeada (por cierto, no sin mucho pesar en buena parte de la inteligencia inglesa) por aquellos incultos pantanales del continente. Sí, una jugada maestra de la “torpe” diplomacia española. Celebro que su onda mediterránea se haya ensanchado hasta el siglo XX y me haya tocado, colmado como lo hizo. Eso sí, celebremos lo que celebremos, por favor, leamos. Por que si bien las lecturas enloquecieron a Alonso Quijano, la falta de ellas plantó en el kilómetro cero a Castro. Celebremos lo que nos dé la gana, pero escuchemos a San Agustín: “Toma y lee, toma y lee…”

  • Fidel.Gusano dice:

    Ahh..y me disculpa plis…
    Como dicen varios comentaristas más adelante..Y que se hizo de Pepe Antonio ?
    Tal vez fué tan “insignificante” que no pudo aparecer en los “viejos” tratados de aquellas antiguas batallas..se fué por el “tragante de la Historia”…o qué?
    Con un parrafito dedicado a PA le hubiese quedado genial…pero entonces, qué dirían mis amigos ingleses de la Embajada..? !!!

  • Fidel.Gusano dice:

    No es fácil especular de eventos pasados..Echerri nos regala una aproximación interesante, especulativa, de una huella apenas perceptible de aquellos días, convoca a la imaginación entusiasta con la provocadora llegada de Martí y Castro después….
    A pesar de la llegada de Angel el demonio, me quedo eternamente agradecido de la llegada de Mariano Martí, hasta la muerte seré descendiente agradecido de mi madre patria española, con sus defectos y virtudes, igualito, estoy seguro, que millones de cubanos.
    De cubanos ingleses no hablemos Don. Echerri…ud. es “español” aunque con todo derecho admira esa grandiosa Isla de la Gran Britania..UK, yo también.

  • Cagüentó y Ptolomeo dice:

    Miren las estadisticas criminales y saquen conclusiones.

  • QuantumLeap dice:

    Yo también le iba a responder a Tamargo pero mi paciencia no me da para más de 3 líneas.
    Sería bueno, no obstante, si no le es molestia, que CAGÜENTÓ nos explicara mejor en qué consiste ese supuesto “error” que menciona en su post.
    Gracias de antemano.

  • Cagüentó y Ptolomeo dice:

    Discrepo con lo que opina Jorge Tamargo cuando afirma que los españoles llegaban para quedarse. Los mayores saqueadores de las riquezas de lo que hoy convirtieron en America Letrina fueron ellos. La corrupcion gubernamental la heredamos de ellos. Cuando algun español era nombrado por el Rey de turno en algun cargo de Virrey, Gobernador,etc. en Las Indias -asi nos llamaron por mucho tiempo- éste les cobraba por adelantado por el nombramiento y le exigia luego que siguiera mandando hacia la metropoli lo maximo que pudiera explotar por lo que el susodicho escatimaba un tanto para él para cuando regresara enriquecido a la peninsula. Hay que ver las casas que todavia existen en Asturias y Galicia que construyeron los repatriados con el oro robado de AL.
    Los ingleses y franceses empezaron por piratearles esos envios y luego parte de los territorios y de ahi surgio el gran conflicto europeo de esa epoca. Todavia hoy son tan descarados que cuando algun emprendedor se gasta el dinero y el tiempo en encontrar uno de esos barcos hundidos con tesoros, los gaitos exigen que se lo entreguen y se olvidan de donde coño y como lo sacaron.
    Los ingleses en las colonias hacian lo mismo pero aun sin mezclarse mucho con la poblacion indigena, se establecian mas tiempo tambien y desarrolban las infraestructuras para su propia convenencia.
    El error de los tres imperios fue cuando empezaron a negociar con los propios esclavistas negros africanos para traer la mano de obra que necesitaban para sustituir a los exterminados indigenas americanos. Por lo unico que los perdono es por su mejor invento: La Mulata.
    Para aclararles: soy hijo y nieto de asturianos, isleños y cantabricos.

  • Veroco dice:

    Si Cuba hubiera sido inglesa, hoy seríamos Jamaica o Barbados, no Nueva Zelanda ni Canadá. A todo meter, seríamos Louisiana.

  • Francotirador dice:

    Sorry. Donde dice vizrey deberia decir virrey.

  • Francotirador, ante una diana tan movida y extensa como la tuya, pudieran inhibirse, incluso, Eros y Apolo… En fin, porque lo deseen algunos, la historia no se rebanará las piernas. La Habana del XVIII era ya un prodigio del eco y de la gracia. En su bahía habrían podido leer mundo todas las flotas posibles. Porque los españoles llevaban el morral mediado de inquisición y contrarreforma, sí, pero en la mitad que más importa llevaban la semilla mediterránea, ésa, tan volandera, que llegó hasta las tierras bárbaras para que ahora presuman de cánones, tratados, “pentateucos” y compendios jurídicos como si fueran de cosecha propia. Esa semilla, la mediterránea, que acarreaba el plancton del Egeo, el Jónico, el Adriático; que había probado sustrato desde Irán a Cartago, desde Egipto a Cádiz; que por obra de Alejandro había incorporado la capacidad ecléctica de fructificar en (para) Oriente y Occidente; esa semilla, digo, fue plantada en La Habana desde el mismo siglo XVI. Y fueron los españoles, sí, pero eso es lo que menos importa, porque los españoles sólo eran agentes ocasionales. Las semillas pueden ser tan llevadas por el viento como protegidas en los excrementos vacunos, pero en cualquier caso, su carga germinal es innegable. Cuando ingleses, franceses, belgas, daneses y holandeses, vieron en América un regalo geográfico para activar libros de cuentas; cuando éstos llegaban, se apropiaban, estructuraban una plantación, nombraban capataz y se marchaban; los españoles completaban su similar avaricia con un esencial cargamento cultural. Los españoles llegaban y se apropiaban, pero después edificaban, urbanizaban, fortificaban, se mezclaban, se quedaban… Insisto, lo de menos es que lo hicieran los españoles, lo importante es que con ellos viajaban el eco y la gracia del mar eterno; ellos llevaban la redoma y el ánfora, y estaban dispuestos (obligados) a destaparlas. Entonces, ante una urbe tan refinada y promisoria como La Habana del postrero XVIII, ante una bahía tan esencial como aquélla, con tanto pasado y presente heredados, condensados, potenciados, la imagen de la flota inglesa con sus cañones disparando (sólo) un futuro de dudoso pedigrí, debió resultar penosa y grotesca. Claro que a todo se le puede (y se le debe) sacar provecho. La Habana lo hizo con aquellos once meses de apertura comercial. Pero el habanero nunca dio el beso definitivo al mago del futuro. Y no lo hizo tal vez, quién sabe, por la engañosa y aburrida asepsia de sus labios, por la falta de peso que traía su palabra. Lo que pasó después podemos cargarlo en cualquier cuenta. Pero si tenemos que llegar a los Castro, cosa que me produce una gran repugnancia y una mayor pereza, habría que hablar de un carácter hispano armado de un pragmatismo puramente anglosajón. Vaya mezcla. Puede que los ingleses se hayan quedado en La Habana más de lo que cuenta la historia.

  • Francotirador dice:

    Creo que para muestra solo hace falta un boton. O como se diria en USA: “the proof is in the pudding”.
    Los paises que heredaron la cultura inglesa en su mayoria son paises exitosos y bastante estables.
    Hong Kong, Malasia, Singapore, Nueva Zelanda y Australia, son ejemplos. Los que tuvieron sus origenes y crecieron en la epoca colonial en la herencia cultural española ya no se puede decir lo mismo.
    Somos españoles de origen pero no debemos de ser ciegos. Se puede estar orgulloso/a de la cultura española y siendo hijos de españoles lo estoy, pero no se pueden obviar las diferencias en asuntos de la politica cultural. No concibo algo en materia de politica y contrato social como el sistema politico norteamericano, saliendo del cerebro de españoles.
    No he leido sobre ningun documento comparable con el Bill of Rights, o leyes de los derechos, originado en la cultura española por citar un ejemplo.
    Nuestra cultura lleva en la sangre la ideologia del capitan general , el vizrey, el caudillo, el maximo lider, el lider carismatico, que mueve a las masas con su verborrea.
    Por eso no tengo ninguna esperanza para la Cuba del futuro, porque creo que del desastre de la hecatombe cubana, me temo que de entre nosotros saldra otro lider parecido a los Castros. Solo que esta vez enarbolara otra bandera que no sera izquierdista.
    Si solo por una vez aprendieramos a vivir en la democracia y pudieramos lograr la transferencia de gobierno de un partido a otro sin tener que recurrir a la violencia y a la intimidacion y los largos miserables gobiernos que tenemos.

  • Bueno, el Caribe nació a la historia con vocación mediterránea. El Mediterráneo se prolongó en él con todas sus resonancias. El Mediterráneo es un mar que resuena, sí, más que un mar es un prodigio del eco. Claro, en el mar del norte los vikingos nunca se oyeron más que a sí mismos, algo parecido les pasó a los celtas que nunca se asomaron al mar eterno, sobre todo, cuando hicieron isla al norte del mundo. La bahía de La Habana en 1762 era ya un fabuloso germen de Mediterráneo que construía mar hacia el golfo de México, hacia el Caribe todo; era un portento del eco. Es normal que todos quisieran participar de aquella gracia, especialmente los vikingos y los celtas que no la tuvieron hasta entonces. Al fin podían hacer pie en el mundo sin haber nadado en su centro. Pero la gracia no se comercia, no se tasa en libras esterlinas netas, se intercambia en redomas de tiempo, en ánforas de humanidad. Puede que los habaneros hayan aprendido mucho de los ingleses en cuanto a contabilidad y cacharrería, pero ¿cuánto aprendieron los ingleses de los habaneros? A ver, contables de la historia, ¿dónde está el interruptor que acciona la gracia, que hace audible el eco? Cuando lo descubran cuéntenlo en la City, y digan allí que tanto el eco como la gracia fugan en main street y vibran en la plaza.

  • ADVIL PM dice:

    Que bien nos veriamos diciendo: “Save the Queen!”

    Quien sabe, a lo mejor las Olimpiadas en vez de Londres, hubiesen sido en la Habana.

    A pleasure to read you Sir Echerri.

    @ Sonora, avisa cuando encuentres el llamamiento a firmar. Voy en esa!

  • Anónimo dice:

    Otro texto , my parecido a otro escrito por Guillermo Cabrera Infante , en su libro Vidas para leerlas , y que va siempre al mismo lugar , especular sobre el camino de la Historia. Una cosa se olvida Vicente Echerri , del papel del alcalade de la Villa de Guanabacoa Pepe Antonio , que fue unos de los principales hostigadores a punta de machete sobre las tropas Inglesas.

  • dorremifasolo dice:

    ¡petulante! grita nada menos que………..Amadeus. ay, no puedo, en serio que no puedo más

  • Maniel Rod. dice:

    Tomaríamos té a las 5:00 de la tarde finamente y cogeríamos el buele a las 10:00 de la noche con el chispatren,bajate el blume, azuquín, caguín, alcohol de 90%, patricruzado,guayabita del pinar y un largo etc.

  • Amadeus dice:

    Echerri siempre ameno e instructivo. Muy bueno.

    @NNDV:
    Qué petulancia la suya!!! Por Dios!!!

  • cuco dice:

    Bien hubieramos podido ser otra Australia o Nueva Zelanda, por que no?

  • Observador dice:

    A mi siempre me enseñaron que: “La cupa fue de Pepe Antonio”

  • Miguel Iturralde dice:

    ¡Excelente! muchísimas gracias sr. Echerri. Saludos.

  • sonora y matancera dice:

    ay, a pesar de mi malaleche de hoy, he disfrutado este fino recuento a la Echerri. pero dígame, D. Vicente… ¿dónde, qué nuevo llamamiento tengo que firmar para votar por esa Cuba adonde Mariano Martí ni Ángel Castro jamás hubieran ido a servir de soldados ni a fundar sus familias?

  • janczeck dice:

    Ellos son los unicos culpables de tener a Fidel en el poder,si ellos no cambian La Habana hoy no viviria en Estados Unidos ni tuviera que aprender ingles,seriamos ingleses hablando excelente el ingles,aquello fue un error

  • NDDV dice:

    “…con excepción del Morro, los otros castillos…”, creo que en esta oración sobra la palabra “otros”. A “importantes” le falta la “s” en el primer párrafo y la “l” a “flota” en la nota al pie. Por lo demás, da escalofríos pensar en Cuba como “otra Saint-Domingue”, ese eterno temor de los cubanos de caer en el Dark Side. ¡Otra Jamaica! Brrrrr…

  • el hermano de cain dice:

    que bien siempre viene leer a echerri.

  • Cagüentó y Ptolomeo dice:

    Yo cambio el no haber tenido que recibir al ladron de Angel Castro, padre adultero de la bestia, con tal de ser hoy los campeones de 100 y 200 metros planos como Jamaica.

  • La Rata dice:

    mil gracias Ernesto por este esclarecedor post,
    en los libros de historia de Cuba solo se habla de Pepe Antonio el de Guanabacoa, jamas mencionar nada relacionado con prosperidad, etc…

  • EL BOBO DE LA YUCA dice:

    Muy bueno.

    Sólo me pregunto por qué el autor olvida a Pepe Antonio: siempre nos lo presentaron como ejemplo de heroismo en la defensa de la ciudad.

  • [...] En PD. El 14 de agosto de 1762 La Habana se rindió a los ingleses. Me gusta:Me gustaBe the first to like this. Dejar un comentario [...]

  • matronize