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Castroniria

  • ago 10, 201200:38h
  • 4 comentarios

Soleida Ríos acaba de publicar por Ediciones Unión un cuaderno donde
antologa los sueños de ciertos personajes cubanos, desde un Premio
Nacional de Literatura hasta un campeón de boxeo (este último mucho
más creativo que el primero, por cierto). Un librito poético, por
supuesto, con demasiadas citas culturales como para incidir de verdad
sobre la masa informe de lo real.

Pero la idea no deja de ser tentadora. ¿Cada cubano sueña al azar o
existe cierto consenso espontáneo a la hora de soñar, de estar solos
con nuestra mente, acaso con nuestra muerte? ¿Existirá o no esa base
de datos imaginaria e hiperreal, ese concepto o canon de un “soñar en
cubano”: es decir, de soñar en privado la Revolución? (Hay un título
de Nivaria Tejera que lo intenta, por desgracia con eficacia muy
limitada.)

Debe ser difícil soñar. Hace al menos un par de décadas que nadie a mi
alrededor me cuenta las visiones súbitas de su última madrugada, sean
eróticas o terroríficas. Dicen que lo olvidan todo al despertarse. Que
a estas alturas de la historia tampoco vale la pena el esfuerzo de
retener una imagen. De hecho, no están seguros si sueñan aún. Ni
siquiera de si descansan al dormir o duermen para descansar. Nuestro
siglo XXI post-revolucionario es de algún modo esa vigilia
desesperada, ese presente precario pero perpetuo, ese estar sin ser
del que nadie en sus sanos cabales podría esperar ya nada. La locura
como última fuente de significado de la que es muy peligroso beber.

Sin embargo, soñamos. O podemos fingir que soñamos, pues se supone que no somos culpables de ese territorio al margen del totalitarismo
diario. El poder despótico que padece este país hace 50 o 500 años,
dadas sus pretensiones de modernidad occidentalista, hoy no puede
imponer su desierto demagógico en un simple sueño de sus ciudadanos.
De ahí lo interesante de compilar sueños. De ahí lo subversivo de
semejante plebiscito onírico. Somos libres de soñar que soñamos,
incluso de simularlo.

¿No tienen los generales sueños de mariquitas con cinco estrellas,
cañón de tanque culo adentro incluido? ¿No sueñan los activistas
demócratas lucir en sus guayaberas las insignias obsoletas de un
neo-comandante en jefe? ¿El exiliado paladea en su propia salsa su
culpa migratoria original? ¿El que pide refugio no se sueña como un
tramposo que todo lo calculó desde el inicio, sólo para acceder a ese
status de refugiabilidad? ¿La virgen no es una arrebatada horizontal
patiabierta? ¿El católico no lee a un diablo subconsciente de noche?
¿No son adultos los niños antes de la salida del sol? ¿No rejuvenecen
los viejos y se arrepienten de sus biografías de mierda, de miedo, de
mezquina mediocridad? ¿Lloramos en sueños, extrañamos a algún cubano? ¿El asesino a sueldo no sueña con la última expresión de sus víctimas antes del timonazo o la inyección sedante criminal?

Ah, soñar es un placer, un padecer.

Si tan sólo cada cubano se atreviera a poner por escrito algún sueño,
tal vez recuperaríamos al despertar nuestra tan nociva noción de
nación. Tal vez tendríamos derecho a un nicho colectivo llamado Cuba
(la cama que Cuba todavía nos tiende), con densidad de cosa
contemporánea, con alma de almohada libre, sin dictaduras diurnas ni
fantasmas fidelísimos de un Freud socializado.

Sin tan sólo tuviéramos tiempo y memoria para poner en palabras algún
sueño efímero o incesante, algo que nos pasa por dentro y que no
controlamos, una impresión íntima o intimidante, sería sorprendente la
sumatoria de esos millones de energías mentales. Puede que de
semejante catálogo renazca la patria por la que pataleamos y pateamos
sin saber ya cómo o por qué. Ojalá. Lo peor sería si, como en una
novela sobrecogedora de Guillermo Rosales, de esa gelatina de
pesadillas vuelve a emerger estadísticamente el triunfo fatuo de un
tirano: vivos o muertos, despiertos o en duermevela, “¿ya ven que con
esto tampoco se resuelve nada?”

Cuba no tanto como cadalso, sino como ubicuidad.

Orlando Luis Pardo Lazo
La Habana

Publicado en
4 respuestas
Comentarios

  • Jacobo dice:

    Muy bueno tu artículo, como siempre, OLPL. Y el tema original. Si todos los cubanos pudiéramos soñar sincronizados de forma que todos soñáramos lo mismo. La dictadura se apoderaría de tal mecanisdmo del sueño.
    ¡Que clase de intrumento para la Batalla de Ideas.”
    Genial el sueño de las mariquitas de cinco estrellas con cañón incluído.

    Te asalta la duda de Hamlet:

    “Morir…, dormir; no más ¡Y pensar que con un sueño damos fin al pesar del corazón y al los mil naturales conflictos que constituyen la herencia de la carne! ¡He aquí un término devotamente apetecible! ¡Morir… dormir, tal vez soñar! ¡Si, ahí está el obstáculo! Pues es forzoso que nos detenga el considerar qué sueños pueden sobrevivir en ese sueño de la muerte, cuando nos hayamos liberado del torbellino de la vida.”

    Saludos, Jacobo

  • los sueños, sueños son dice:

    En uno de los últimos libros que leí en Cuba, Raúl Rivero cuenta la historia de un preso de Boniato al que llamaban el soñador. El tipo estaba jalando cana por salida ilegal del país y la única prueba en su contra en el juicio era que había contado en el parque un sueño en el que se iba pa la yuma en una lancha…

    Hasta más de un año después de salir de Cuba tuve un sueño recurrente (más bien una pesadilla) en el que me veía preso en un calabozo en la Isla. Que alivio cada vez que despertaba en LIBERTAD….

    Mi mujer todavía sueña a cada rato que va allá y se enredan unos papeles y no puede salir otra vez y se agobia porque va a perder el trabajo, etc. etc.

    Vivimos en España hace más de 6 años, nunca hemos vuelto…. y ni pa cuando…

  • Fidel.Gusano dice:

    Cuidado con la mata o la cáscara e plátano…!!!