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Un caricaturista danés, visto por un cubano

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    Editor Jefe
  • jul 18, 201212:04h
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Por Nelson Taylor Sol

Mi encuentro con Kurt Westergaard fue una experiencia inolvidable. Fue un gran honor poder estrechar su mano y compartir más de tres horas con él.

Pero para mí, exiliado cubano, representó mucho más que conocer a Westergaard. A través de él tuve la oportunidad de materializar una amistad con Dinamarca que tiene ya 6 años. Todo comenzó en las calles de Toronto, Canadá, con la “marcha por Dinamarca”.

Transcurría el 2006 cuando, en ejercicio del más fundamental de los derechos, la libertad de expresión, se desató un verdadero infierno para este tranquilo país debido a una caricatura del profeta Mahoma. Mientras banderas y embajadas danesas eran incendiadas por turbas enardecidas y los productos rotulados con “hecho en Dinamarca” boicoteados, para mí y mis amigos de la Fundación Cubano Canadiense, permanecer en silencio era simplemente inaceptable. De repente, Dinamarca dejó de ser ese país escandinavo sin mayores exabruptos, más conocido por sus exorbitantes impuestos y el afamado autor Hans Christian Andersen. El país pasó a ser el nuevo Israel, atacado por muchos, apoyado por pocos y cayendo en picada hacia la categoría de estado paria. Así que nos unimos a la marcha organizada por la Coalición Canadiense para la Democracia, para demostrar el apoyo de Canadá.

Durante semanas y hasta aquel instante, la única forma que encontré de contribuir a contrarrestar la drástica disminución de las exportaciones danesas fue bebiendo exclusivamente cerveza Tuborg. Así que un grupo quijotesco de cubanos hicimos acto de presencia en el centro de Toronto, enarbolando banderas cubanas, canadienses y danesas, mientras escuchábamos las arengas de los organizadores del evento. En retrospectiva, supongo, debimos parecer pintorescos a los equipos de filmación de la televisión que cubrían la manifestación, especialmente para aquella reportera que se me aproximó micrófono en mano, seguida de un camarógrafo. Inicialmente me intimidó su pregunta a boca de jarro: ¿por qué es esto importante para ustedes, los cubanos? Algo paranoico, enmudecí al principio. ¿Será una agente de los servicios de inteligencia cubana enviada a rastrearnos? Los cubanos hemos desarrollado una especie de reflejo de Pavlov luego de décadas de represión, y de algún modo todos llevamos nuestra dosis de paranoia. Luego de algunos segundos, todo lo que se me ocurrió responder fue que si la humanidad era una, igualmente es sólo una la libertad en el mundo. Todos somos menos libres cada vez que se silencia a un individuo. Para mí era tan obvio, que me asombró la simplicidad de tal pregunta.

Ahora heme aquí, a 6 años de aquellos sucesos, y luego de haber pasado el riguroso chequeo de seguridad para encontrarme con el hombre que lo desencadenó todo. Vestido de guayabera y comunicándose impresionantemente bien en español, Westergaard mostró no sólo la generosidad danesa, sino también al gran ser humano que está detrás de las caricaturas. Hablamos sobre su pasado, su difícil presente y el impacto que tuvieron las caricaturas en el mundo y, en especial, en la sociedad danesa. Pero también intercambiamos algunos chistes. Después de todo, el choteo es todo lo que queda a los cubanos en Cuba para ejercer su libertad de expresión, y siempre hemos sido buenos en eso de burlarnos de nosotros mismos. Esa es una de las vías de escape favoritas para liberar la tensión y reafirmar nuestra humanidad en medio de una existencia opresiva.

He aquí la ironía: en Cuba el gobierno arroja la gente a la cárcel por atreverse a decir la verdad, mientras la mayor parte del mundo lo ignora a sabiendas, o sencillamente contribuye a prolongar el sufrimiento apuntalando al régimen. Miles han purgado décadas en las prisiones cubanas (algunos hasta 30 años de condena, muchos de ellos en celdas tapiadas) o han sido simplemente fusilados por cuestionar el orden de cosas. Por el contrario, este valiente ciudadano danés es protegido por las leyes de su país y el gobierno le garantiza la seguridad por todos los medios disponibles.

Y eso supongo que explica la conexión instantánea establecida con Dinamarca por muchos cubanos.

* La versión original de este artículo, en inglés, fue publicada en Canada Free Press. Se reproduce aquí con la autorización de su autor.

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