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Reflejar la imagen del pueblo

  • jul 17, 201217:58h
  • 2 comentarios

La infelicidad también puede conducir a la renuncia de la libertad.

Confieso que me dieron ganas de rendirme. Pasar a ser algo así como la encargada del edificio. Feliz. Complacida con la seguridad que le ofrece este estado de cosas. Ya me veía buscando trabajo. Supuse que sería el que una amiga me ofreció gestionarme. Con “acceso a la divisa” —según sus propias palabras, tan desinfectadas que rehúsan decir: dinero. Y me vi uniformada, levantándome temprano por nada… por ganar el dinerito del mes y comprar un sucedáneo de felicidad.

Tranquila, sin buscarme problemas, en uno de esos trabajos privilegiados como el que mi amiga prometió intentar conseguirme sin oír de mí ni un sí ni un no; entonces sí empezaría a envejecer. Todavía navegando por esa pesadilla sin poder responder. En esas horas pensaba que todo se había movido, el planeta entero, y yo vagaba por el vacío sin poder afincarme en ninguna parte.

Para aumentar la dosis de surrealismo, mientras caminaba pasé por un lugar donde había una inmensa pancarta que decía: “Las FAR: imagen del pueblo”. Y me desternillé de la risa. Ahora sí me sentía acosada por todas partes: por un lado, esa horrible sensación de pérdida que estaba padeciendo, y del otro la promesa de la felicidad en el Socialismo. Donde lo único que importa es no buscarse problemas, comprar todo lo que pueda ser comprado. (Es sólo por eso que quieren levantar el embargo económico, para consumir mientras se duplican en el dictado).

Éste sería el otro extremo de aquel post que titulé “Vigilia de la balanza”, donde yo creía que era feliz y también eso podía conducirme a la renuncia. Llegué a pensar que si acaso tuviera que volver a meterme dentro la voz, ello significaría volver a dejar de existir. Porque solamente saliendo de la cosmovisión socialista del mundo —siempre lo he dicho— se puede tocar la verdadera aldaba del destino. ¿Qué es la bestia del Apocalipsis sino la imagen del totalitarismo: “y nadie podía comprar ni vender si no llevaba el cuño de la bestia”?

¿Por qué no abandono el Blog de Jerónimo y me busco un trabajo manteniendo la boca cerrada? Entonces me acuerdo de John Malkovich en Amistades Peligrosas y asumo que responder por el testimonio desde mi blog “Its beyond my control”. ¿Acaso la horrible situación en la que subjetivamente me siento ahora podría hacerme exclamar ¡a la mierda con el Blog de Jerónimo!, remedando aquella de Rimbaud: “¡A la mierda con la poesía!”?

“Ya no puedo, ah olas, bañada por vuestras languideces, seguir la estela de los cargueros de algodón. Ni hacerme al orgullo de las banderas, ni los gallardetes. Ni nadar bajo los horribles ojos de los pontones.”

Claro que también quiero tener un trabajo, pero necesito no regresar a la servidumbre. Tampoco me gusta estar en la casa sin horario, haciendo lo que me dé la gana con el tiempo, escribiendo a ratos, leyendo, esperando no sé qué. A lo mejor hasta me aceptarían en un trabajo estatal, o una cafetería perteneciente al “Sindicato Nacional de Trabajadores por Cuenta Propia”, pero aunque eso fuera posible inevitablemente conduciría a la doble vida, a eso que hace en Cuba casi todo el mundo.

Yo quiero emplearme en oponerme a los falsificadores de la felicidad, a los sádicos que amenazan con meternos presos si se diera una coyuntura mundial propicia, que al amparo de la indolencia del resto del mundo, que tampoco está en la piel del cubano, no tienen claros los límites del poder político o religioso frente a la imagen y semejanza de Dios… para no tener que pensar nunca más que la seguridad consiste en la única clase de felicidad posible en Cuba ahora, que pasa por el uniforme y la tranquila huella dactilar que te mancha la boca; y que, por supuesto, termina desternillándome de la risa.

Lilianne Ruiz
La Habana

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2 respuestas
Comentarios

  • Cloro Díaz Epóxido dice:

    Lo que más me gustó fue lo de “la verdadera aldaba del destino”. Voy a prenderla ahora.

  • Fidel.Gusano dice:

    Así se habla..!!!
    Alto y claro y con la frente apuntando al Sol o tal vez a Dios porque el Sol está tán lejos…con la autoestima henchida a toda vela, impudorosa, insolente, surcando el ether…Lilianne.