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Me dan pena los burócratas vencidos

  • jul 17, 201217:48h
  • 4 comentarios

No me dan pena los burgueses vencidos.
Y cuando pienso que me van a dar pena,
Aprieto bien los dientes y cierro bien los ojos…

Nicolás Guillén

Hace años que no lo veo. Casi un lustro. Habíamos ido juntos al cine cuando yo tenía diecisiete y ponían en la gran pantalla del “Yara” el filme JFK. Las primeras notas que salieron de su guitarra sonaron en la sala de nuestra casa, un día del que aún tengo el recuerdo. Lo evoco también en aquellos años duros, recogiendo colillas del suelo para construirse un cigarrillo envuelto en el fino papel de las guías telefónicas. Reíamos, pues aunque eran tiempos de poco ?—de muy poco— teníamos el lujo de formar parte de un grupo increíble de amigos, todos creativos, solidarios… rebeldes. Después, nuestros caminos se bifurcaron, como tantas veces ocurre. Su padre estaba bien ubicado en el poder y a la familia no le gustaban para nada estos “locos contestatarios del piso 14”. La última vez que lo encontré, manejaba un auto de marca y ya vivía en el Vedado.

Hace unos días llamó. Afable y cariñoso como siempre, trató de acercar con la palabra una amistad que la distancia y la falta de contactos han debilitado. Contó que su padre fue defenestrado en una de esas purgas anticorrupción. No lo llevaron a la cárcel, pero lo hicieron jubilarse con premura antes de terminar en un tribunal. Todo el entramado de influencias y relaciones, cultivado durante años de codearse con funcionarios y embajadores, se le vino abajo. Quien había sido un hombre confiable cayó en una crisis emocional; algunos vecinos le retiraron el saludo y los colegas del Ministerio le viraron la espalda. Dejó de ser el cederista estrella de su Comité de Defensa de la Revolución para convertirse en el objetivo a controlar por el jefe de vigilancia.

Como si no fueran pocas las desgracias, nuestro antiguo amigo nos narró que a su padre le diagnosticaron —en medio de todo este torbellino— un cáncer. Ahora está en tratamiento y “tiene que hacer la cola para los citostáticos como cualquier paciente… nada de privilegios ya”, nos confirmó la voz al otro lado del teléfono. Apenas si tiene dinero para la gasolina y a su esposa le han caído todos los años de golpe. Me sentí mal por su familia, triste, pero reflexioné en que ahora están viviendo en carne propia —?y por razones bien distintas— lo que estos “locos del piso 14” llevan años padeciendo: la estigmatización, la mirada por sobre el hombro, la risita cáustica de los delatores, la indefensión. Nada, que a mí sí me dan pena los burócratas vencidos, lo confieso.

Yoani Sánchez
La Habana

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4 respuestas
Comentarios

  • OyeTu!!! dice:

    JEJEJE lo que jode lo que da lastima es que al final perdieron el tiempo…..se vendieron por un plato de lentejas como dice el tirano…le hicieron el juego se sacrificaron por quien destimbalo a Cuba…y lo hicieron en su momento con la alegria y pasion revolucionarias de los comemierdas o los hijos de puta…hoy cuando todo lo han perdido todavia no piensan que lo que hicieron mal estaba mal hecho sino que piensan que han tenido mala suerte despues de todos sus sacrificios y perradas…JEJEJE…..

  • Fidel.Gusano dice:

    Y a mi también, pena pero además vergüenza ajena y lástima también porque yo no voy a apretar los dientes ni cierrar los ojos como Guillén el malo..como le decía Neruda.
    Veo y aunque no disfruto la desgracia del adversario me reconforta haber sido también un loco “del piso 14″ toda mi vida…!!!!!
    Para que te voy a decir una cosa por otra, aunque se metieran nuestras vidas en un bolsillo y sin remdio..
    Ahí los tienes. Unos se quejan, otros aguantan callados…

  • Anonimo Standard dice:

    Si, asi funciona. A mi me dan pena los burgueses derrotados y los defenestrados…

    Gracias a esa “impaciencia del corazón”, mandamos dinero y se va la vida en preocupaciones y guanajerías.

    Mientras, un gordiflón sigue engordando.

    Pena deberíamos tener, pero poca -muy poca- del pueblo cubano que los engendra a todos: burgueses, defenestrados, revolucionarios et al.

  • Rolando Pulido dice:

    Si, entiendo a Yoani.
    También entiendo que a personas así, nos llaman pendejos.
    Pero eso es precisamente lo que nos diferencia de esa gentuza, odiosa, malvada e intolerante, llamados revolucionarios.