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¿Democracia postcastrista?

  • jul 16, 201217:50h
  • 3 comentarios

¿Un cambio nos traerá democracia? El cambio está en proceso, aunque haya quien no vea moverse una hoja, pero hacia dónde nos lleva ese cambio es la incógnita, y cuando veo a nuestro General-Presidente de visita por Vietnam, China y Rusia, siento un escalofrío involuntario.

A los asiáticos de socialistas sólo les queda el nombre; mucho capitalismo rudo, allí nadie oye hablar de dictadura del proletariado; la dictadura es del partido único bien pragmático que le dice a sus ciudadanos: —Enriquécete si puedes, que yo me ocupo de la política. Reprimen con bajo perfil a sus disidentes y todo el mundo contento.

Los rusos “se quitaron la careta” hace rato, pero como ellos están afanados en recuperar hegemonismo, le llevan la contraria a los Estados Unidos, y, es lugar común, los enemigos de mis enemigos, son mis amigos. O mis aliados, que a lo mejor no hay que exagerar.

Y mientras, ¿qué pasa en casa? Es como en La Comedia Silente: el policía de Keystone vigila la puerta principal, y los ladrones se escabullen con el botín por el fondo. Aquí Marino Murillo con su economía de podar el bonsái del trabajo privado para que no crezca, mientras los gerentes, directores y toda esa fauna diversa arrima la sardina para el día después, y los más impacientes, para el ahora mismo, pero lejos.

“Nuestro pueblo trabajador” como le encanta decir a la propaganda oficial, está condicionado por la manipulación informativa. Se le ha inculcado el miedo a un cambio en el que siempre su situación empeora. En estos días en que he viajado en ómnibus, en almendrones, que he pedido botella; que he conversado con médicos, enfermeros, técnicos, enfermos, acompañantes, vendedores legales e ilegales; he palpado el agotamiento ante una situación de excepción que para la mayoría es toda su vida, pero también he palpado una cautela rayana en miedo para señalar responsables o para verbalizar el deseo de un cambio. Nadie tuvo lo que antes se conocía como “una actitud combativa”, ni siquiera tropecé con algún creyente de las reformas raulistas, de esos que con el entusiasmo del primer día afirman que ahora sí.

Pareciera que me alejo del tema de la democracia, pero la democracia no se crea por generación espontánea. Personas que no serán capaces de hacer suya una demanda social espontánea, personas que creerán estéril cualquier movilización, personas que se sienten dispuestas a quebrantar la ley por ventajas económicas pero no por mejoras políticas. No me gusta, pero es lo que veo. Por eso, el reducto de valores que pueda existir en la familia, en la sociedad civil, en ciertos centros de enseñanza o de trabajo está en franca desventaja con esa moral de supervivencia más propia de la postguerra que de la construcción de una sociedad mejor.

Regreso a mi preocupación inicial. A la china o a la rusa, habrá cambio, pero no democracia. Aunque siempre existe el imponderable.

Regina Coyula
La Habana

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3 respuestas
Comentarios

  • Teresa Cruz dice:

    Tristemente cierto.

  • Cagüentó y Ptolomeo dice:

    Aquí Marino Murillo con su economía de podar el bonsái del trabajo privado para que no crezca, mientras los gerentes, directores y toda esa fauna diversa arrima la sardina para el día después, y los más impacientes, para el ahora mismo, pero lejos.
    Ernesto, en mi opinion esta deberia ser la frase del dia.

  • ¿Dónde están los *polìticos* para el cambio hacia lo que el País necesita? ¿Qué se hace para desarrollarlos?

    Polìticos que sirvan, claro. Pero es que de oposición ¡no los tenemos ni de los que no sirven!

  • matronize