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Laura conmigo

  • jul 03, 201203:36h
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Todavía amanece en Cuba. El resistente ciclo natural de nacer y morir es la burla a la ideología, al poder. Muestra el paño con el que borrará a los actores de este drama infernal.

Recientemente supe por una amiga veterana Dama de Blanco que unos días antes de ingresar en el hospital “Calixto García”, Laura Pollán fue herida con algún instrumento cortante saliendo de su casa, por una de las mujeres en turba que les pone el DSE a las Damas de Blanco en los actos de repudio. Inmediatamente después de recibir la herida empezó a quejarse de sentirse muy mal. La amiga común que fue a verla enseguida dice que la encontró débil y enferma y “ella no era de las que se dejaba amilanar”.

No fue el primer atentado contra Laura Pollán el que probablemente le causó la muerte. Hay una película documental, Soy la otra Cuba, del realizador italiano Pierantonio Maria Micciarelli. Muestra en tiempo real, porque ocurrió durante una entrevista, cómo el carro donde iba Laura fue embestido misteriosamente por otro carro que alcanzó a sacarlo del carril.

Si los cubanos anticastristas tuvieran un 1 % del dinero que le achacan los trabajadores del aparato, yo votaría porque se financiara una enorme campaña mediática, tan grande y costosa como la de los Cinco Espías, para exigir una investigación internacional por la misteriosa muerte de Laura Pollán. Muerte probablemente organizada por los colegas de los Cinco Espías. Claro que no lograrían entrar al país los encargados de investigar el probable crimen, y el mundo se tragaría la lengua una vez más ante las arbitrariedades del gobierno de la Isla. Puto mundo que se equivoca tanto y tan gravemente, casi siempre. A propósito, si alguno de nosotros, cubanos que habitamos la Isla, organizáramos un Club de Solidaridad con Alan Gross, ciudadano norteamericano preso en las cárceles castristas por el dudoso cargo de haber comprado en las tiendas más ordinarias de tecnología en el mundo actual —desfasada la Isla de esa actualidad— equipos, instrumentos, herramientas de comunicación que luego habría entrado a este país con algún destino independiente del Estado y su sagrado control, ¿la policía política sería más respetuosa con mi hipotético Club de Solidaridad con Alan Gross, tanto como que en los Estados Unidos se cuelgan vallas y se organizan marchas de solidaridad, de cuatro gatos pagados con el dinero que no alcanza para las necesidades de los cubanos que tienen que ser administrados por el padrecito Estado en la cantidad de hambre que se puede pasar en un día en Cuba? Equipos, los del pecado de Alan Gross, repito, que cualquier persona en el mundo puede comprar y que no tienen ninguna relación con armas de destrucción masiva ni espionaje de alto perfil pero supondría conexión, comunicación, que es delito en Cuba y sobre todo una buena carnada para sacar del apuro a los cinco agentes del MININT.

¿Saben qué? Recomiendo devolver a los espías —lo digo con mi profundo respeto al dolor del hermano sobreviviente de la organización “Hermanos al Rescate”, que salvaba cubanos en alta mar que se lanzaron al mar huyendo de las condiciones de vida en la Isla— porque ésta ha sido una cochinada más del castrismo y el pobre norteamericano no merece estar sufriendo en la cárcel.

Cómo expresar ahora que empecé a escribir este post a partir del malestar que me causó leer un artículo de El Nuevo Herald del 27 de junio pasado sobre la visita a los Estados Unidos de Mariela Castro de cuyo nombre y el de toda su familia no quisiera acordarme, de veras. La vida pública de mi país ocupada por semejante clan es una verdadera pesadilla. Su cinismo que parece hereditario escandaliza a cualquiera que conozca los macabros detalles de la verdad sobre Cuba.

La señora Castro dice pertenecer a la Sociedad Civil por ser la directora del CENESEX. La verdadera Sociedad Civil en Cuba es perseguida por los esbirros de la familia a la que pertenece la intolerable señora. La Sociedad Civil ha de ser independiente del poder del Estado, una alternativa al poder político, así que esa señora es cualquier cosa menos representante de la Sociedad Civil.

En Cuba los hombres y mujeres que celebran el Día del orgullo gay lo hacen bajo amenaza de detención y golpiza policial, porque ella —que parece mentira que siga todo estando en manos de una persona— sólo acepta que se pueda celebrar el “día mundial contra la homofobia”, una manifestación más organizada desde una institución del Estado. No es ninguna clase de Sociedad Civil dicho CENESEX. Parece más fácil de controlar cómo ondea la bandera multicolor aislándola del resto de los representantes de esa bandera en el mundo, e imponerle la línea de lo políticamente permitido. Yo tengo esperanza de que la comunidad LGBT, con tantos siglos de resistencia, sea tan contestataria como ha sido obligada a serlo por toda clase de represores, y continúe sin dejarse uniformar. Porque lo que pretende la directora del CENESEX, hija y sobrina de sangrientos tiranos, siempre a la caza del sentido del momento histórico, es alinear también a los gays y hacerse con la simpatía de ese grupo social creciente en Cuba y en el mundo. Quizá sobre todo en el mundo porque aquí la gente no se cree mucho el cuento. Como la FMC, para aglutinar y controlar mejor a las mujeres en Cuba, con ese sistema de trasmisión que no tolera la libertad.

Tampoco se puede desconocer, para que el público simpatice o no con Mariela Castro, que ella ha sido la encargada de proponer el canje de prisioneros, desconociendo el dolor de los cubanos oprimidos por el complejo aparato represivo que asegura el poder a su familia, y el de los norteamericanos que estén al tanto de los detalles del caso de Alan Gross. En semejante tierra de nadie todos deberíamos abuchearla.

El discurso de “disidente del poder hegemónico mundial” de la Primera Dama del castrismo es el mismo de la familia que ha querido hacerse con las aspiraciones de millones de personas en el mundo de ser libres de los poderes que les oprimen, para estrechar la misma red donde cazaron a los cubanos y les robaron el alma antes de condenarlos al hambre y la necesidad.

Lilianne Ruiz
La Habana

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1 respuestas
Comentarios

  • cubana dice:

    Estoy en desacuerdo en canjear los espias por el Sr Alan Gross . El Sr Alan Gross no penso como muchos todavia en el mundo que miran la dictadura de Cuba como el paraiso y el eden y los gobiernos demogratas como los imperialistas brutales y sanguinarios que el llevaria computadoras y otras cosas para la informacion de los judios en la isla y no pasaria nada porque el gobierno lo miraria como gran hombre que rompio el embargo y llevo a la isla computadoras y enseres a los pobres cubanos bloqueados por el imperialismo yanki Y el pobre probo de la misma medicina de los disidentes cubanos fue utilizado por el Castrimo como intrumento politico para canjearlo por los espias.Pero los espias traicionaron la generocidad que todavia gozamos los cubanos de las leyes imigratorias y vivieron entre nosotros nos espiaron nos vijilaron yu no les basto se metieron en unidades militares para segir escalando en su sucia labor .Por eso nada de cambio Alan Gross me da mucha pena pero eso te paso por tonto y los espias cuando cumplan su condena que lo manden para cuba