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Temas por cuenta propia

  • Jun 01, 201222:40h
  • 2 comentarios

¡Soy tan vaga para salir! Pero no me arrepiento de haber ido ayer a la cita de los últimos jueves de cada mes de la revista Temas. El tema era el trabajo por cuenta propia. Mucho público, incluso 24 estudiantes de Comunicación de una universidad del sur de California. Amplié mis horizontes de ama de casa. Me enteré de que los artistas y los pastores religiosos también son “cuentapropistas”, y que los trabajadores de esta categoría pronto se convertirán en el 20% de la fuerza laboral. También supe de un muestreo con 600 trabajadores por cuenta propia, que demostró que éstos ganan como promedio seis veces más que en su antiguo empleo estatal (¿el concepto de “explotación del hombre por el hombre” caerá en desuso?). Hubo quien salió en defensa de los denostados carretilleros, que han sido cogidos pa’l trajín, como si fueran los responsables de la poca variedad y el alto precio de los vegetales. Aunque en la mesa alguno todavía empleaba un lenguaje arcaico (sobre todo el único “cuentapropista” del panel), en general se habló del impacto positivo de este sector emergente en la recuperación del valor del trabajo y de la necesidad de cambiar la mentalidad social que ve esta forma de trabajo como reprobable —olvidando señalar que es una reacción natural a medio siglo de estigma a la iniciativa privada y al enriquecimiento personal por parte del gobierno.

La mejor parte vino con los comentarios. Se abogó por un marco regulatorio claro y por estadísticas públicas acerca de este nuevo renglón laboral; se habló de las cooperativas en el trasporte, (los más viejos recordarán la COA). El escritor Yoss planteó un problema teórico: si todo poder económico genera poder político, ¿el estado se resigna a la posibilidad de perder su poder? Luego abordó un tema que atañe a lo legal: sería mejor prohibir puntualmente lo que NO se puede, en vez de aprobar lo que sí. El compañero cuentapropista del panel dejó claro que, en contra de lo que nos enseñaron los manuales de economía política, los cambios económicos no traerán cambios políticos, y el Partido seguirá al mando de manera única y exclusiva. El moderador del panel bromeó con la ciencia ficción, género literario favorito de Yoss, pero él también debe haber recordado, como casi todos los que hemos estudiado en Cuba, el tema de los cambios, una pregunta de examen.

Alguien sugirió que se revisara en la guía telefónica de 1960 los clasificados de productos de factura nacional que hoy se importan por la supresión del trabajo privado. Se instó a los académicos a definir cuáles son los medios fundamentales de producción, por el aquello de que según las leyes, deben estar en manos del Estado.

Los jóvenes, como siempre, con luz larga. Uno habló sobre eliminar el miedo a la realidad de los cambios, otro preguntó si se podrá importar y exportar, si podrán usarse servicios estatales como SEPSA, si las tarjetas de crédito funcionarán. Otro más recordó que el papel del sindicato es defender al trabajador, no informarle las malas noticias a través de un órgano de prensa del Partido. Otro joven profesor universitario expuso su experiencia como cuentapropista y abogó porque las medidas se regularicen antes de implementarse y no a la inversa.

Salí de allí con el ánimo mejorado. No somos ni brutos, ni vagos. Lo que falta es libertad.

Regina Coyula
La Habana

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2 respuestas
Comentarios

  • Rafael dice:

    Nada que comentar porque aqui no se dice nada que valga la pena.

  • Alfredo Torres Villafruela dice:

    Lo que falta es la libertad 100% de acuerdo. El sistema cortó alas, cerro caminos, esterilizó las esperanzas, pero no logró eliminar la raíz emprendedora del cubano.