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La recesión del periodismo en la era de internet

  • May 15, 201216:55h
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Han transcurrido apenas 12 años del siglo XXI y el mundo del periodismo tradicional, los teletipos y el facsímil que gobernó la comunicación masiva del siglo XX nos parece ya tan lejano como obsoleto. La aldea global que obsesionó a Marshall McLuhan suele resultarnos una concepción demasiado incompleta, rezagada ante el empuje de la internet, las comunicaciones satelitales, el skype y el iPhone. Vivimos en una era de vértigo y recambio de los contenidos y sus soportes, e incluso de los conceptos habitualmente aceptados para relacionarnos en el ámbito de la información. Para comprobarlo, basta repasar en la memoria los objetos y útiles de trabajo que nos rodeaban y facilitaban nuestro trabajo como profesionales del periodismo en el año 2000.

Desde entonces hemos visto, a nivel global, cambios acelerados en el periodismo y una verdadera explosión en las redes sociales. Lo periódico del periodismo se ha transformado en lo instantáneo, que se recicla en consecutivas versiones casi simultáneas al acontecer de la realidad. Las transformaciones han sido realmente vertiginosas y apenas permiten pensar en estrategias para hacer más efectiva la producción y emisión de información.

¿Cuál es el mapa que presenta hoy el periodismo internacional? ¿Hasta dónde la crisis de las empresas periodísticas está motivada por la irrupción de internet? ¿Conciernen o no estos problemas globales al caso cubano y a la información que se difunde sobre y desde Cuba?

Ciertamente la devaluación de los contenidos periodísticos en los diarios y revistas, la simplificación del ejercicio profesional y el sometimiento de las redacciones a las fluctuaciones de la publicidad, comenzaron mucho antes que la proliferación de los sitios digitales y los blogs. Los grandes proyectos periodísticos que alguna vez habían dictado la pauta en cuanto a la información y las investigaciones de fondo se dejaron imponer la lógica de un mercado insaciable. El proceso fue gradual, pero aplastante. Para finales de la década de los 80, no era nada inusual que los consorcios periodísticos pusieran a capitanear sus publicaciones a ejecutivos provenientes del sector de las finanzas, abogados agresivos en los negocios, hombres de empresa y contadores. La tendencia implicó tanto a la prensa escrita como a los medios electrónicos. El periodismo se hizo mucho más dependiente de las ganancias, los anuncios y los raitings, y la visión mercantil terminó imponiéndose a la periodística. Cuando las ganancias no fueron suficientes, comenzaron los recortes, los despidos y las contrataciones de bajos salarios.

Concentrados en la publicidad y el crecimiento de las ganancias, los ejecutivos del periodismo perdieron la exigencia por el producto informativo. El irrespeto por el contenido fue ganando terreno, porque, en definitiva, lo periodístico pasó a ser parte del relleno de la mercancía. De manera que, como ha expresado el periodista David Simon, ex reportero investigativo de The Baltimore Sun y hoy guionista de popularísimas series televisivas como The Wire (HBO), “los periódicos comenzaron a destriparse antes de que apareciera internet”.

Las coberturas de la prensa internacional sobre Cuba y Venezuela —un país de creciente interés para los cubanos por obvios motivos— están también resentidas por esa recesión profesional. Las pesquisas periodísticas dedicadas al tema cubano son cada vez menos frecuentes, y suele imponerse un tipo de reportaje naive, cargado en una dirección preconcebida y malamente politizado. La televisión sigue con frecuencia la agenda informativa que pautan las publicaciones impresas, pero la noticia suele resignificarse como entretenimiento o morbo político. En cuanto a las agencias y publicaciones con corresponsales dentro de Cuba, ya sabemos las mediaciones que se interponen para cumplir el ejercicio periodístico. Cuidar la corresponsalía es un superobjetivo que resulta paralizante y ofrece pocas oportunidades de desarrollar un periodismo que se salga de la costumbre del despacho diario.

La internet y la avalancha de páginas digitales, portales informativos y blogs ha favorecido una democratización del periodismo y la información. Y ha creado también un reto para las instituciones periodísticas tradicionales, pero a la vez ha generado una ilusión de falsa profesionalidad. Si ciertamente la entidad periodística convencional está devaluada y económicamente deteriorada, las publicaciones digitales no llegan aún a constituirse en un remplazo sostenido. Se trata de un mapa en recomposición, en el que las fronteras se desdibujan con rapidez y tratan de reinstalarse a tono con las exigencias de una audiencia mucho más participativa. No quedan dudas que la internet será el soporte de distribución noticiosa del futuro, pero queda un trecho largo antes de configurar definitivamente la plataforma cibernética del periodismo: conformación de las redacciones digitales, uso apropiado de fuentes, creación de cartas de estilo digital, sistematicidad de la producción noticiosa, ejercicio investigativo, en fin, más información y menos opinión. No tengo dudas de que el periodismo sobrevivirá como necesidad social, pero serán distintos los modos de ejecutarlo y hacerlo llegar a la audiencia.

¿Tienen relación estos temas con la realidad cubana, donde reina desde hace 50 años un periodismo de propaganda ideológica, centralizado e instrumental, ajeno a reclamos de mercado? Definitivamente sí, porque Cuba dejó de ser la sociedad cerrada que fue hasta la ola de la internet y el uso masivo de las nuevas tecnologías. Y por mucho que el gobierno intente controlar y subordinar los usos tecnológicos a los intereses de conducción política, la realidad resulta siempre mucho más terca que la obstinación totalitaria. La masificación de la tecnología audiovisual ha posibilitado el nacimiento de un cine joven independiente que ha logrado emplazar las cámaras en lugares y frente a personajes del acontecer cubano que antes eran tabú o motivo de reprimenda oficial. Hace apenas cinco años era impensable que imágenes de actos y protestas del movimiento disidente se grabaran y difundieran en la televisión de Miami con diferencia de horas. Los gritos de libertad de mujeres en el Capitolio o en el mercado de Cuatro Caminos en La Habana le dieron la vuelta al mundo, algo que tiempo atrás hubiera quedado reducido acaso al relato telefónico de un testimoniante. La proliferación de la telefonía celular ha creado nuevas vías de comunicación hacia el mundo exterior. Aunque el índice de conectividad a la internet de la población cubana es uno de los más bajos de América Latina (un 7 %), los cubanos se las han arreglado para obtener acceso a la red, como mismo han creado un mercado clandestino que ofrece servicios de televisión satelital, con una oferta de canales de Miami.

También se multiplican los espacios alternativos para expresarse y ejercer el disenso social o artístico. La acción puede ser en un apartamento de Alamar o en la playa abierta para el Festival Rotilla. Los rostros de la represión son filmados por primera vez en primeros planos. Los vigilantes empiezan a ser vigilados. La inconformidad de creadores por el tratamiento a sus obras en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana se refleja cáusticamente en blogs o en mensajes electrónicos, en franco desafío a instituciones y directivos que resultaban intocables años atrás. La retórica oficialista sigue en pie, creyéndose a sí misma una capacidad persuasiva y movilizadora que forma parte del pasado. Pero la gente, el cubano de a pie, disidente o discrepante silencioso, ha hallado una nueva forma de relacionarse con el mundo que hasta ayer le parecía distante y quimérico.

De ahí que las formas para informarse y establecer nexos comunicativos estén también sufriendo una transformación. Sucede que lo olvidamos en innumerables ocasiones y tratamos de hacer llegar mensajes desfasados, pensando en una Cuba que no existe.

Que 357,000 personas estén incorporadas al trabajo por cuenta propia y que otros tantos miles de empleados de servicios comunales pasen a la esfera privada durante el 2012 significa que habrá más personas más independientes de la égida estatal. Menos control implica menos dependencia, mayor autonomía en las decisiones y en los comportamientos. El gobierno lo sabe y trata de aminorar el efecto liberalizador de la medida mediante compromisos sindicales que a nadie interesan. Y tendrá que ejercer su influencia y monitoreo tradicionales de otra manera, si es que lo logra.

El gobierno cubano sabe de los nuevos retos que enfrenta. En el acto inaugural de la XII Convención y Expo Internacional Informática 2007, el entonces ministro de Informática y Comunicaciones, Ramiro Valdés, lo expresó con una frase que encierra la visión reduccionista de la élite gubernamental sobre los peligros de la era cibernética: “El potro salvaje de las nuevas tecnologías puede y debe ser dominado (…) Será imprescindible encontrar las alianzas estratégicas para hacer frente a los intentos hegemonistas en este nuevo campo de batalla”.

Obviamente se trata de una estrategia de guerra que el régimen se dispone a librar con todas los recursos disponibles. La definición “campo de batalla” no es gratuita. El 8 de junio del 2010, hablando en un seminario para altos oficiales del Ministerio del Interior, el especialista cibernético de la contrainteligencia Eduardo Fontes Suárez expresó con idénticas palabras el enfrentamiento en marcha a través de la internet y las redes sociales: “Esto es una dinámica de combate permanente, y no podemos perder la perspectiva de que internet es el campo de batalla y el enemigo tiene puestas sus tropas. Y nosotros no podemos salirnos del campo de batalla, tenemos que entrar con la fuerza y el conocimiento de nuestra gente a combatir”.

Su charla es una respuesta evidente al caso del contratista estadounidense Alan Gross, apenas meses después de su detención por introducir equipos para crear redes inalámbricas en la comunidad judía de la isla.

Esa lógica combativa implica la conformación de un ejército de guerreros cibernéticos, listos para entrar en acción en Twitter y Facebook. El eufemismo del “uso social de la internet” esconde el temor por las consecuencias de acceder a una red sin restricciones. La intranet, los círculos de computación, la enciclopedia EcuRed y los intentos por establecer redes sociales apartadas de la “contaminación externa” expresan con absoluta nitidez los miedos crecientes del gobierno ante un fenómeno que no pueden dominar a fuerza de consignas y portazos, como estaban acostumbrados. Si volvemos sobre la charla del ciberpolicía Fontes, filtrada justamente a través de la internet, veremos la alerta respecto a los jóvenes y los posibles vínculos que pueden forjarse entre gente de adentro y afuera a partir de temas, sensibilidades, coincidencias y valores despojados de todo contenido político-ideológico.

Pero esta dinámica de twitteros oficialistas y usuarios de Facebook con instrucciones de combate resulta un arma de doble filo para la propia misión gubernamental. Entrar al campo de batalla implica una interacción con los presuntos antagonistas y sus propuestas. De hecho, el intercambio, la confrontación de ideas y el debate de la información forman parte de un proceso de influencias mutuas en el que las fuerzas progubernamentales están expuestos también a recibir la información del contrario, procesarla y rebatirla con los medios a su alcance. Y en ese enfrentamiento hay, en no pocos casos, retribuciones para ambas partes.

A la luz de tales proyecciones, repensar los modos y contenidos de la comunicación que reclama la sociedad cubana hoy es una tarea de suma trascendencia en este particular momento de reajustes económicos, modificaciones legales y cambios estructurales en el país. Me parece que la restauración democrática de la nación —que comporta la restauración de un espacio público con libertad informativa— quedaría trunca si no comenzamos a cuestionarnos desde ahora la manera en que nos estamos relacionando (los mensajes que enviamos, las posturas que reclamamos, el diálogo que pretendemos, los comportamientos que aspiramos) con los cubanos de adentro. Es una misión fundamental para comenzar a moldear una Cuba del futuro.

Wilfredo Cancio Isla
Miami

* Intervención leída en el conversatorio “Los retos de la información en la era digital”, auspiciada por la Asociación Nacional de Educadores Cubanoamericanos. Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos (ICCAS) de la Universidad de Miami, el 10 de mayo de 2012.

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5 respuestas
Comentarios

  • El Lapón Libre dice:

    Estimado profesor. Usted, como siempre, dando en lel clavo y con !Qué arte! Por favor, si algún día logra hacer el periódico de sus sueños, Téngame en cuenta porque ese el Periodismo con que deseo hacer también, pues fue el que usted y otros buenos profesores en la Facultad de Periodismo, me enseñaron. Un abrazo desde el norte europeo.

  • LECTOR dice:

    A la hora de las estadísticas, hay que dejar bien claro cuáles son los parámetros de conexión en Cuba. Lo que se permite es una “Intranet” para consumo interno y para el exterior lo que hay básicamente es e-mail y todo a paso de tortuga pues la conexión es de velocidad de dial-up. Esto también limita a los pocos que se hayan agenciado tener verdadera Internet ya que bajar cualquier cosa tomaría horas y el acceso de banda ancha está restringido a círculos y organismos de dirigencia (además, claro está, de algunos hoteles y servicios a extranjeros). Tampoco se imaginen que quien ha podido conseguir un acceso lo tiene las 24 horas del día como lo tenemos en el resto de los países civilizados. Me resulta difícil pensar que un 7% de la población tenga acceso a Internet (como dice Cancio sin definir los límites) puesto que esto sería 770,000 personas de los 11 millones de población, número que me parece totalmente excesivo en un país donde hasta el otro día estaba prohibido poseer una computadora por si sola y donde no se puede aún hoy, adquirir libremente una conexión privada de Internet de cualquier tipo.

  • Cagüento y Ptolomeo   dice:

    El hecho de que ahora los esbirros estan siendo vigilados y sus rostros filmados – me imagino que esas pruebas luego serviran para juzgarlos- me hace pensar que muy pronto esos malos cubanos empezaran a cubrirse el rostro como lo hacen las fuerzas de seguridad en España -cosa esta que me choca pues de niño cuando jugaba a los policias y ladrones,los malos eran los que se emcapuchaban o usaban antifaz-

  • Gabriel dice:

    El nuevo periodismo no vendrá de las empresas tradicionales de periodismo. Tienen un problema: han adquirido un montón de experiencia en el pasado, lo cual hace que estén magníficamente preparadas para encarar los problemas del pasado, pero no los actuales.

    Porque cuando las cosas cambias muy aprisa, la experiencia se convierte en un problema, al indicar soluciones para un tiempo que ya no existe.

    Ahora mismo alguien —sin ninguna experiencia en periodismo— está sacando un nuevo medio de prensa, bajo principios completamente erróneos para los expertos, que será el germen del nuevo periodismo.

    No tenemos ni idea de como será ese nuevo periodismo de éxito. Si lo supiésemos, meteríamos dinero en él y nos haríamos millonarios.

    En cuanto esa idea triunfe todo el mundo dirá que era obvia. Mientras tanto no dejarán de criticarla.