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Batistianos (y nostalgias)

  • may 08, 201221:11h
  • 38 comentarios

Es curioso, después de veinte años de residir allí, no recuerdo apenas batistianos en Miami. Debía de haberlos porque la noche de fin de año, cuando el General se fue de la Isla, quienes lo acompañaron estuvieron entre los primeros exilados del castrismo. Y de hecho conocí y traté mínimamente a tres o cuatro. Quiero decir, a tres o cuatro batistianos, no a tres o cuatro acompañantes de Batista, aquella noche de fin de año y tantas otras cosas. Y recuerdo vagamente haber oído historias de peleas entre los primeros batistianos que siguieron al General y los primeros exilados cubanos de Miami, que estaban allí —y mucha gente lo olvida— porque habían huido de Batista. Algo sé también de las diferencias entre estos primeros exiliados anticastristas y otros posteriores, auténticos, ortodoxos, apolíticos o… ¿qué grupo no se ha ido al exilio? Recuerdo incluso haber visto a algunos viejos ortodoxos desfilar (escoba incluida) en las concentraciones anticastristas a las que acudí, mayores en edad, menores en número, con respecto a otros grupos, por ejemplo la Fundación. Pero no recuerdo haber visto batistianos organizados en esas concentraciones. Siempre fueron piezas sueltas en el mosaico del exilio cubano.

Llegué a Miami como muchos de los españoles de mi generación, ignorante de que entre los partidarios de Batista y los de Fidel había una inmensa mayoría de cubanos que estuvieron en contra de ambos. A pesar de toda la prosopopeya verbosa sobre la Madre Patria que pueda leerse al respecto, los españoles de mi generación sabíamos de Cuba tan poco como cualquier norteamericano de North Carolina o Delaware. Para muchos españoles, de forma simplista, Batista era como Franco —aunque Batista hubiera sido antifranquista en tiempos de la Guerra Civil, por lo cual Franco nunca le permitió instalarse en España—, de la misma manera que Fidel nos parecía el anti-Franco por excelencia —a pesar de que Franco nunca retirase ningún embajador de La Habana y se burlara del embargo norteamericano.

La primera batistiana que conocí, y la única que traté de forma regular, fue mi casera, a la que en su día dediqué una columna. Una mujer de tierra adentro que asimilaba la pobreza y el hambre con los tiempos de Machado, en los que le había tocado crecer, y los tiempos de Fidel, en los que había visto a miembros de su familia ser encarcelados y perseguidos por el nuevo régimen. Por el contrario, vinculaba la prosperidad, duramente ganada día a día, con los años de Batista. Dudo que mi casera hiciera grandes análisis políticos y para ella Batista fue sinónimo primero del fin del descontrol que sucedió a la expulsión de Machado en los años treinta y después de aquel tiempo de bonanza azucarera en que Cuba permaneció al margen de la Guerra Mundial y el país, bien que mal, creció y prosperó de forma quizás injusta y desigual (pero ¿cuándo había crecido de otra manera la Isla tal y como ella la conocía?). De alguna manera, todas esas diferencias entre el primer Batista, progresista, amigo de Alicia Alonso y elogiado por Neruda, y el segundo Batista, el del golpe, se perdían para ella. Para ella tan Batista era el que había tomado el poder y acabado con los tiroteos entre “abecedarios” y comunistas en 1933, o el que había acabado con la violencia bonchista en 1952. Para ella Batista era el político que la había dejado trabajar en paz —y a un político no se le podía pedir nada más.

Mi casera nunca pasó por mi lugar de empleo, donde se hubiera podido pelear con María, mi primera compañera de trabajo en la librería en que estuve empleado, que sí militó contra Batista desde las filas del “Veintiséis”. En la célula del Vedado, para ser más exacto. Sin embargo, María se llevaba bien con Rubén, el hijo de Batista y con Guillermo de Zéndegui, que “fue batistiano pero es una persona decente y culta”.

En realidad era difícil llevarse mal con el hijo de Batista porque era un hombre amable, honrado y generoso, que nunca heredó las ambiciones políticas de su padre, de la misma manera que nunca trató de excusar sus errores. Rubén Fulgencio Batista era tranquilo y educado. Compraba regularmente los libros que aparecían sobre su padre, incluso cuando hablaban mal del mismo. Recuerdo que República angelical, un libro publicado en Cuba por Rolando Rodríguez, le pareció, en su descripción de “la rebelión de los sargentos”, objetivo y bien informado a pesar de la inclinación izquierdista del autor. Una vez estuvo a punto de coincidir con la “hija rebelde” de Fidel en la tienda. Es lo que tiene estar en una librería en una ciudad en la que apenas hay librerías.

A Guillermo de Zéndegui le traté como cliente durante años. Publicó un libro en la editorial donde yo trabajaba, y distribuyó con nosotros su libro sobre La Habana, en realidad el catálogo que hizo para una exposición sobre la Habana del Museo Cubano de Arte y Cultura de Miami. Zéndegui era un señor a la antigua, vestido correctamente (de corbata) incluso dentro del largo verano miamiense. Estuve demasiados años en aquel trabajo y a la larga desarrollé con él la suficiente confianza como para repetirle un chiste que habían hecho a expensas suyas y de Batista: “¿Conoce usted la historia que cuentan sobre usted y Batista?” —le pregunté un día que la tienda estaba vacía. A nadie en Miami le gusta ese comienzo de conversación, pero él fue lo bastante amable como para oírme hasta el final. Era un chiste viejo en el que Zéndegui recorría una exposición de arte moderno en La Habana, asesorando en voz baja a Batista, indicándole qué decir ante cada pieza, hasta que llegan frente a un retrato abstracto, y Zéndegui susurrando, le indica, “Qué cara, qué gesto,” y Batista, en voz alta repite “¿Qué carajo es esto?” Tras un momento de duda, realmente breve, Zéndegui se echo a reír y me dijo: “¿De verdad cuentan eso de nosotros? Chico, los cubanos somos del diablo…” Aunque es posible que Zéndegui sí hubiera dado más de un consejo de arte a Batista a juzgar por la colección que éste dejó en Daytona, y que incluye piezas de Víctor Manuel, Amelia Peláez, Mario Carreño, René Portocarrero y Daniel Serra-Badué, entre otros.

Mi otro “batistiano” fue el security del banco en el que cambiaba mi cheque. Un señor ya mayor, acumulando sus últimos años de trabajo en espera del Medicare y el Medicaid. Trabajaba para la agencia de Ventura y llevaba en la mano un gran anillo con una cabeza de indio. (Lo cual era en homenaje precisamente a Batista, que era oriental, y al que algunos llamaron “el Indio”, pero también un recordatorio del raro sincretismo aparecido a principios del siglo XX entre espiritismo cardekiano y algunas formas de la santería cubana). Nunca se lo pregunté, pero si fue policía en La Habana seguro que estuvo en la Quinta Estación. Yo iba a deshoras, cuando aquello estaba medio vacío y a veces tomé con él una de esas coladas regeneradoras que todavía extraño.

¿Alguien más? ¿Alguien más —que además dicte la política del exilio? No. Al menos en el Miami que yo recuerdo. Pero reconozco que puede existir más de un Miami y que el mío no es el único posible. No constato ninguna resurrección del batistato en el exilio, más allá de los artículos provocadores, y siempre inteligentísimos, de Néstor Díaz de Villegas.

Todo esto viene a cuento ante la supuesta nostalgia histórica de Batista, que no ha traído consigo ni la reaparición del Partido Acción Progresista —sí, ese era el nombre del partido del “Hombre”—, ni nada parecido a un manifiesto. Al parecer el General, en realidad suboficial taquígrafo del ejército, ha resucitado en alas de una nostalgia más vital que política, que lo identifica menos con su política que con su glamoroso escenario: la Habana anterior a la revolución castrista, con unos años de progreso que hubieran sido iguales bajo cualquier otro gobierno, ortodoxo o auténtico, que hubiera dejado en paz a la clase comercial cubana, pero que coincidieron en el tiempo con su segundo periodo.

El gran fallo de los “hombres fuertes” cubanos es no saber retirarse a tiempo. Si Machado no se hubiera hecho reelegir a despecho de la Constitución, serían muchos los que lo recordarían como el mejor constructor de Cuba; si Fidel hubiera convocado elecciones en los años sesenta todo le habría sido perdonado; si Batista no hubiera tomado el poder ilegalmente por segunda vez sería recordado como un dirigente progresista, partidario del New Deal, que aplicó a Cuba las mismas políticas de Franklin D. Roosevelt en Estados Unidos. Se discuten ahora las diferencias entre el primer Batista que tomó el poder en los años treinta, progresista, amigo de la Norteamérica del New Deal, legalizador del Partido Comunista, que incluso sentó a un comunista entre sus ministros (a uno que, todos lo sabemos, después volvió a ser ministro con Fidel) y fue homenajeado por buena parte de los intelectuales de la isla; y un segundo Batista que tomó el poder el 10 de marzo, más gordo, más rapaz, más conservador, amigo del senador McCarthy, anticomunista en un país de raros y aburguesados comunistas. Personalmente, no creo que sean tantas.

¿Nostalgia por Batista? Es comprensible que la haya por su época. Porque cuando alguien, incluso un simpatizante de Fidel (o un enemigo de Batista), quiere retratar en la ficción cinematográfica o televisiva, una Habana glamorosa y próspera, o al menos sin ruinas en cada esquina, siempre vuelve a los últimos años del General —perdón, del sargento taquígrafo devenido General. Por lo que podríamos deducir que la supuesta nostalgia por Batista es en realidad una nostalgia hacia una Habana que construía grandes rascacielos, recibía turismo de lujo, donde los hombres vestían dril cien, se creaba la mejor música bailable del mundo y los carros americanos del año llegaban antes que a muchas ciudades del interior de Estados Unidos. Es el espejo invertido de una prosperidad que el cubano sigue anhelando entre sus ruinas.

¿Nostalgia por Batista? Pues sí. Pero habría que ver en qué consiste exactamente. En la televisión norteamericana se acaba de estrenar Magic City, una serie que juega con la nostalgia del periodo. Es el mismo tipo de nostalgia que provocó que cuando hace diez o doce años se reimprimió la Guía telefónica de La Habana en 1959 este libro, de trama insignificante y lectura repetitiva, fuese todo un best seller en Miami. Y lo mismo pudo decirse del ejemplar facsimilar del Libro del Siglo y Cuarto del Diario de la Marina, que un miembro de la familia Rivero decidió reimprimir. Es injusto comparar las dos ediciones, porque en la del Diario de la Marina colaboraron algunos de los mejores periodistas de la Isla, pero en ambas el motivo de la compra fue volver a ver los anuncios, revivir la Habana de finales de los cincuenta. Una ciudad perdida, como bien sabía Cabrera Infante.

¿Cómo no sentirse nostálgico de aquella Cuba? ¿Cómo no asimilarla de alguna manera a su líder? Incluso si lo único bueno que puede decirse de Fulgencio Batista en cuestiones de política económica es que no tuvo ninguna y permitió que el azúcar siguiera en manos de magnates azucareros como Lobo, el tabaco en manos de los tabaqueros y el ron en las manos de Pepín Bosch, porque nuestro “hombre” creía que en mejores manos no podían estar.

Nostalgias aparte, creo que Batista no va a volver, como no volverán el traje dril cien, ni los anillos en forma de cabeza de indio ni la década del cincuenta. Lo que sí puede llegar, con otro nombre, con otras formas, es una nueva dictadura, más inteligente que la de Batista o la de Fidel. Una dictadura sin doctrina, sin credos ideológicos que le impidan adaptarse a la realidad. Una dictadura donde el dictador deje de parecerlo por el simple sistema —que ya Batista conoció y Fidel despreció— de permitir que la gente se enriquezca, dentro de ciertos límites. El mundo moderno ya conoce otros países en los que hay capitalismo sin liberalismo, capitalismo sin democracia, e incluso capitalismo con Partido Comunista como único usufructuario del poder (el caso de la República Popular China). Quién sabe si el próximo dictador de Cuba —que esperemos nunca llegue— sea lo suficientemente listo como para permitir un destape cubano, un carnaval de todas las ganas de prosperidad acumuladas en estas cinco décadas de socialismo con pachanga y capitalismo (vulgar) con eufemismos. Todo es posible y me temo que serían muchos los que podrían ver ese advenimiento de un dictador que simplemente limitase la política pero liberalizase la economía como una liberación.

Juan Carlos Castillón
Barcelona

38 respuestas
Comentarios

  • Cuando salió en Miami la réplica de la guía telefónica cubana me compré una copia y se la regalé a mi padre. Solo quería ver y que el viera la entrada sencilla de su negocio de alquiler y ventas de bicicletas, Cuba 8.

    Cuando fui a Cuba en el 1995 pedí en el hotel que por favor me facilitaran una copia de la guía telefónica para ver ubicarme y ver si quizás podía encontrar o ubicar a algún amigo. El personal del hotel me indicó que la guíano estaba disponible “por motivos de seguridad”.

    Gracias por el interesante artículo.

  • nilda dice:

    Siempre me ha gustado cuando alguien que no sea cubano, pero que ha vivido entre nosotros y se indentifica y nos entiende, analice nuestros pasado, presente y caracter nacional. Me da curiosidad y me sorprende el verme reflejada en el espejo de un espanol/miamense/acubanado.

    No creo que Cuba volvera a los tiempos de los 50, simplemente porque la sociedad en general sigue evolucionando, con dictadores o sin ellos. Por ejemplo, hoy no se puede hablar de la bella y alegre Venezuela de los 1970, eso es solo un recuerdo. En ese pais nada va a ser igual que antes, aun cuando Chavez muera. Al paso de las decadas todo se transforma, nuestras necesidades y tolerancia cambian. Los de las generaciones anteriores muchas veces nos cuesta trabajo asimilarlo. Quien hubiera podido adivinar que en EU fuese elegido, en nuestra epoca, un presidente negro.

    La epoca de Batista queda hoy como referencia en libros de historia y nada mas. Con la de Fidel pasara lo mismo. Cuando muera Fidel presiento que Raul se ira a disfrutar con sus nietos lo que se han robado. Entonces se reparara la Habana y a toda Cuba, con la ayuda de los empresarios cubanos/americanos. Eso cambiara la cara de las ciudades. Cuba una vez mas sera exitosa; no obstante, el caracter nacional con su jubilo y decoro no volvera a ser el mismo. No solamente porque la sociedad ha evolucionado, como es normal, pero porque los Castros se han encargado de destruir la moral, el decoro–jineteras–y la alegria de una sociedad que sabia reir y hasta burlarse sanamente de si misma–el semanario humorista Zig-Zag es un ejemplo. Publicaciones que en el tiempo de los otros dictadores o gebernantes nunca faltaron.

    El periodista Eladio Secades, que escribia para Zig-Zag, decia que “El cubano le exige más honradez al umpire de beisbol que al Ministro de Hacienda”. Quizas todo esto que sucedio en Cuba con Machado, Batista y el peor de todos, Castro, es debido a esa irresponsabilidad.

  • scrutinizer dice:

    Sí, como no. Es también políticamente correcto decir que canosa es un troll hablamierda.

  • oscar canosa dice:

    Es politicamente correcto decir que la Homosexualidad no es un trastorno genetico, mas no es Verdad. Pertenece Ella a la gama de enfermedades Mentales. Si Se~or.

  • scrutinizer dice:

    Como bien dice Veroco, “la Delgadita” es un troll…como también lo es “canosa”. Pero sobre todo este último, un troll que además no sabe ni lo que escribe, el muy idiota.

  • oscar canosa dice:

    Que, tambien hay que ense~arles a discriminar entre una cosa y otra?

  • oscar canosa dice:

    Sharpshooter, see my commentary in Castillon’s English version of this same article.

  • Francotirador dice:

    Canosa,
    Cuando Ud. habla hay que sacar una maquina para interpretar lo que escribe.
    No creo que Ud. habia nacido cuando Batista era el que mandaba en Cuba pues si supiera algo de esa epoca por haberlo visto con sus propios ojos, no hubiera escrito tal cosa. Existia una republica que necesitaba cambios y de alguien que pusiera fin a la corrupcion pero no era un totalitarismo total como ha ocurrido en la epoca de los comunistas donde todo se ha destrozado y la economia se ha arruinado totalmente y es un desastre total.
    Si habia bienestar y mucha comida, ropas, las tiendas llenas , la mayoria de la gente estaba bien vestida y los cubanos no tenian ninguna limitacion para ser exitosos y podian salir del pais sin pedirle permiso a nadie. Habia necesidades de cambiar muchas cosas como en todos los paises del mundo pero habia bienestar y si uno trabajaba, estudiaba y ahorraba, podia abrir un negocio y prosperar. Donde ho ha habido mas bienestar y mucha necesidad desde 1959 es en la Cuba comunista.
    Informese mejor antes de escribir lo que no sabe.

  • Maniel Rodriguez. dice:

    El nivel de vida alcanzado por los cubanos en la década de los 50 en pocos países se podía disfrutar, media Europa la envidiaba y de América Latina ni hablar.

  • oscar canosa dice:

    Prosperidad, no es = a, Bienestar.Y jamas hubo Bienestar en Cuba despues del 10 de Marzo de 1952.

  • Maniel Rodriguez. dice:

    Hay una gran generación de cubanos que crecimos escuchando la propaganda del régimen castrista, que al emigrar y poder leer, escuchar y ver imagenes del pasado nos damos cuenta que todas las grandes infraestructuras de la isla fueron construidas en el periodo de mandato de batista, cuando ves unas imagenes de la habana del 50-59 te dan ganas de llorar cuanta prosperidad, cuanta gente elegante bien vestida, que clase media trabajadora mas buena, demás esta decir que no todo fue color de rosa pero nos olvidamos que era la decada del 50-59 y medio mundo estaba comiendo de lo que picaba el pollo, es mas los cubanos-españoles tenían que ser los que mandaban comida para la madre patria para que sustieran aquí.
    Recuerdo como mi abuelo invirtió poco a poco sus ahorros para hacerse una casa lo que hoy seria una cooperativa pero llego el comandante y mando a parar.

    Respecto a Juan Carlos Castillón solo agradecerle el interés que demuestra hacia la situación cubana que hemos vivido en los últimos años y como bien dice un barbaro mas abajo merece sentirse un cubano más, más que esos bembones que hacen del. as ere y consorte una seña de identidad y patriotismo, esos que se tiran besos en claro signo de guapería pero que son incapaces de posicionar se claramente aunque hallan tenido que vender las nalgas para salir de Cuba.

    Nostalgia si que siento de esa Cuba que no pude vivir y disfrutar con sus logros y miserias pero que con el paso de los años se ha visto que fue mejor que lo que ahora tenemos.

    Juan Carlos moltes gracies.

  • oscar canosa dice:

    Ud. es Historiador, Castillon(por si no lo sabia, Ud lo es) y por tanto, objetivo. Nosotros no.

  • oscar canosa dice:

    Nostalgia? Y de prosperidad? Dolor es lo que nos causan los hijoepu-as.

  • Veroco dice:

    Flaca, tú eres un troll. Lo que se te diga, cualquier cosa, vale.

  • Juan Carlos dice:

    Me gustó mucho este trabajo de Castillón. Muy apegado a la verdad. Lo que dice de Batista, y de ese período, es muy cierto.

  • la flaca dice:

    Anónimo,

    La verdad que Ud. es un tanto arrogante e insulta gratuitamente y con frecuencia. No escribí para insultar a Castillón ni a Ud. ni a nadie. Ud. no ha conversado conmigo ni sabe lo que he leído o no. Quizás he leído mucho más sobre la tragedia cubana de los últimos 50 años que muchos que por aquí “descargan.”

    Mi punto de vista que es tan mío como el de Ud. es suyo. Simplemente a mi forma de ver las cosas hay ciertos puntos de vista que son difíciles de entender, explicar y desarrollar para una persona que no haya nacido y vivido el dolor de lo que ha brotado y salido de la Isla por ya más de medio siglo.

    Por mucho que simpatizo con los negros americanos y lo que les pasa a diario debido a la discriminación racial que todavía existe en este país, no soy negra y hay cosas que no puedo ni sentir, ni vivir, ni pensar de la misma forma. Le sugiero que mire un poquito a sus propias imperfecciones antes de entrarle a patadas al prójimo por cualquier cosa.

  • Anonimo dice:

    @Flaca,
    u comentario es una tontería máxima. Así que de Cuba solo pueden hablar los cubanos? No es eso provincialismo y estrechez mental? Castillón es tan cubano como miles y miles cubanos no nacidos en Cuba, escritores como Lino Novas Calvo, nacido el también español, pero que usted no ha leído claro ni sabe que existe porque vive hace tanto tiempo en USA que Disney le ha sorbido el seso. Cubanos eran también el dominicano Máximo Gómez y otros tantos. Por si no lo sabe, en los paises normales existe el procedimiento de hacerse ciudadano. Claro está que Castillón (a quien no conozco personalmente, pero leo con deleite) es un cubano honorífico a quien en su momento se le dará la ciudadanía con todos los honores y recepción en oficial. A él y a muchos otros.
    Flaca le convendría a usted romper su reticencia y su odio al gobierno y viajar a Cuba a reconectarse con su país. Cuidado que Castillón no sea más cubano que usted, tan desinformada y tan estrecha de mente.

  • la flaca dice:

    Castillón, Aunque hay veces que me irrita lo que escribes en calidad de no cubano hablando sobre lo que nos tiene que doler a nosotros mucho más que a ti… he apreciado este escrito tanto, tanto, tanto… que me lo he leído tres veces para no desperdiciar ni una gota de su jugo. ¡Gracias!

  • Veroco dice:

    No se preocupe, Castillón, yo entendí su postura desde el mismo artículo. El que no entendió o entendió mal, es porque no leyó bien, no quiso o no supo leer bien.

  • Mariano dice:

    La verdad es que de quien tenemos nostalgia es de Fidel. No ese Fidel del madero, sino el que anduvo en la mar.

  • juan carlos castillon dice:

    Cada día me explico peor. Lo que no deja de ser triste en alguien que en algunos momentos ha soñado en vivir de la palabra escrita.

    Por puntos. Yo quería hablar de la nostalgía por Batista, no participar de un movimiento a favor de esa nostalgía. Para ello analizaba los motivos de la misma, la identificación de aquel Presidente –lo fue constitucional durante un tiempo aunque muchos lo olviden– con un periodo de bonanza económica que hubiera sido igual de evidente con otros gobernantes. y señalaba hacia el final del artículo que “… lo único bueno que puede decirse de Fulgencio Batista en cuestiones de política económica es que no tuvo ninguna y permitió que el azúcar siguiera en manos de magnates azucareros como Lobo, el tabaco en manos de los tabaqueros y el ron en las manos de Pepín Bosch, porque nuestro “Hombre” creía que en mejores manos no podían estar.”
    Es decir que Batista fue lo suficientemente inteligente como para no tocas las cosas que hacían de Cuba un país rico y lo suficientemente humilde como para saber que no sabe de todo y tratar de imponer politicas económicas propias sin saber de economía, que es lo que pasó después con el siguiente dictador de la Isla. Que es un hombre que aparentemente lo sabe todo sobre todos los temas y así le va a su régimen…

    Parecería sin embargo en algunos momentos que yo trato de justificar el batistato. Y no es así.
    Los primeros años de Batista como hombre en la sombra detrás del poder que le llevaron, legalmente al poder en las elecciones de 1940, fueron buenos, o tuvieron al menos mucho de bueno, para las clases populares que ascendieron y vieron romperse muchas fronteras raciales de la mano de un líder al que muchos despreciaron no en virtud de sus actos sino de su origen étnico y social. Fueron buenos para el país porque el regreso del Orden Público en Cuba coincidió con el regreso de la actividad ecónomica en Estados Unidos y el ázucar volvió a fluir hacia el Norte. Negarle su parte a Batista en eso es necio.
    Pero el segundo batistato es uno de los peores errores de la historia de Cuba. Comienza con un golpe de Estado dado cuando ya llegaban unas elecciones que muy probablemente hubieran sacado del poder a un Partido que sin ser malo en sus orígenes se había dejado corromper.
    Sin diez de marzo no hay veintiseis de julio… Sin el segundo, y en gran parte innecesario batistato, no habría llegado el castrato… y la castración de toda una sociedad. De nuevo Batista fue afortunado en lo económico. de nuevo su llegada al poder fue seguida por una relativa bonanza económica. pero esa bonanza habría llegado también de manos de un gobierno ortodoxo o auténtico sin los traumas que causó el alzamiento de Castro y su victoria.

    Sin el diez de marzo Batista habría muerto viejo en La Habana y Daytona y hubiera sido recordado por sus primeros años como aquel obrero del ferrocarril que llegó a la Presidencia estudiando de noche, dando clase de taquigrafía. Con el golpe de Estado del diez de marzo es recordado como el inicio de todos los males posteriores.
    Su sucesor, sin embargo, ha sido tan desgraciado en el cargo, a pesar de toda la adoración internacional, que ha provocado que cualquier comparación entre ambas dictaduras sea favorable finalmente a la de Batista, estadística en mano.

    Al hombre de clase humilde que logró hacer avanzar la causa de las clases populares e integrar en el ejército y la administración pública a los nietos de los esclavos, le sucedió en el poder un niño bitongo que no ha trabajado un sólo día de su vida, que ha logrado que ahora todo el mundo en la Isla viva, independientemente de su origen y educación, tan mal como un esclavo en tiempos de la colonia, y en algunos casos peor.

    Una cosa sin embargo no justifica la otra. Y los crímenes de hoy no deben justificar los de ayer, so pretexto de que fueron menos graves. O al menos no fue esa mi intención cuando escribí un post aparentemente batistiano.

  • Amadeus dice:

    @Polo
    Pues eso que usted apunta correctamente sería la consecuencia de la llamada “transición pacífica” que propugnan los López levy, los “cafeteros” y demás jinigüanos: la putinización.

    Ningún régimen a salido por la buenas del poder, que no quiere decir que se utilice la violencia (lo cual es en la mayoría de los casos la mejor opción), sino a través de la presión popular y el coraje civil.

  • cundejo cojo dice:

    almenos bastista era un dictador de prosperidad,no de miseria y hambre como ay esta hoy cuba deja eso……

  • PolO dice:

    La singularidad cubiche llega al extremo de la paradoja ¿insoluble?, porque creo que casi imposible construir una nación libre y democrática con un pueblo envilecido y lobotomizado, y “ex”-comunistas maquillados y reacomodados en el poder político y económico.

    Así, o nos sentamos otros 50 años a esperar que mueran las generaciones enfermas (rezando que no contagien sus “pinitos nuevos”), o empujamos por un período transicional de “democracia” impuesta manu militari que barra con la porquería comuñángara, y nos permita arrancar de cero.

    Por supuesto que esto no sucederá, y terminaremos como otros ex-satélites soviéticos; controlados por mafias de “ex”-comunistas y segurosos: Putinización le llaman.

  • LECTOR dice:

    Además, si Batista no te gustaba, sacabas tu pasaje y te montabas en un avión de PanAm sin tener que pedirle ni permiso ni tarjeta blanca a nadie, y luego nadie expropiaba tus propiedades por haberte marchado del país. Otra gran diferencia.

  • Francotirador dice:

    De acuerdo con Pedro Julio Suarez. Antes del desembarco de Castro por Oriente las cosas eran tranquilas en Cuba. No habia el tipo de libertad como en USA para los partidos de oposicion, pero estos funcionaban y hasta llevaron candidatos a las elecciones de 1954. Y en 1958 cuando se convoco a las elecciones presidenciales otra vez, volvieron a tener la oportunidad de llevar sus candidatos. Muchos olvidan que quienes boicotiaron las elecciones y prohibieron al pueblo asistir a las elecciones fueron los del 26 de Julio.
    Despues de haber experimentado la tirania de Los Castro comunistas por mas de medio Siglo, la dictadura de Batista es un paraiso en comparacion.

  • Ay dice:

    cualquiera diria que Nestor Diaz de Villegas es pretencioso….

  • Pedro Julio Suarez dice:

    Lo felicito Sr. Juan Carlos por este articulo. Yo si vivi la dictablanda – comparandola con la dictadura de Fidel – de Batista, siendo muy joven, hoy tengo 69 anos. El golpe de estado del 10 de Marzo, no tiene justificacion, no es defendible, no se que es ser batistiano. Ahora bien, esta dictadura se volvio sanguinaria a finales del 56, cuando ocurre el desembarco de Fidel, que es cuando comienza una fuerte oposicion al regimen. Antes de esta fecha, ocurrieron los hechos del cuartel Moncada, conocido por todos. Siempre me he preguntado, cual seria el castigo que recibirian un grupo de cubanos que osaran atacar una unidad militar en la dictadura de Castro?, los que quedaran vivos cumplirian solo 15 meses de prision, como cumplieron ellos en una dictadura tan sanguinaria como las describen los castristas?. Que hizo el castrismo, dicto leyes que le permitia sancionar a sus opositores, hasta con la pena de muerte. Batista no podia legalmente condenar a pena de muerte, no existia la pena de muerte, sus Ventura, Carratala, Pilar Garcia, hacian el trabajo sucio. Cuantos fusilaron los fidelistas en la sierra por sospecha de traicion a la revolucion?. Como decia mi madre, Batista era un nino de teta comparado con Fidel.

  • Braulio dice:

    Molt be !! Fidel e4nseno al pueblo Cubano que solo habia dos Cubas, la de el y la de Batista y la de Batista era sangrienta, abusiva, vendida a la mafia norteamericana, vicios y prostitucion. Para todos los cubanos menores de 60 annos es la unica realidad que conocen. Sucede que con el tiempo y la tecnologia, esos cuibanos ha visto otra realidad, una Cuba elegante, glamorosa, una Habana deslumbrante de dia y de noche de gente trabajadora y de poder economico. Por eso Juan Carlos tiene razon, el resurgimiento de Batista (al cual combati) no es el resurgimiento de un hombre sino de la epoca que reprenseto y en la comparacion, no hay duda que la epoca anterior (Batista o no Batista) sale ganado.

  • NDDV dice:

    Este artículo mío, del 2001, puso el asunto de Batista sobre el tapete, marcó un hito en la reevaluación del legado batistiano, puede considerarse el “Incipit” de todo lo que vino (y lo que vendrá) después. Marca el kilómetro cero de el revival batistiano:

    http://www.cubanet.org/CNews/y01/jul01/06o4.htm

  • Amadeus dice:

    Hay varias generaciones de cubanos que la única imágen histórica de Batista es la versión que les han contado los Castros como argumento para legitimizar todas la barbaridades que cometieron después. ¿Pero es realmente cierto “todo” lo que se ha dicho de Batista?

    Nadie discute que Batista haya sido un dictador. Que haya matado a 20.000 cubanos según el alegato de Fidel, es completamente falso. Como apunta bien Castillón, a Batista habrá que asociarlo con la Habana que aún sobrevive en la arquitectura y en la grandeza de su modernidad incluso para esta época. A Fidel Castro nadie lo va a recordar por nada palpable, al contrario, a destruído al país y lo que deja son ruinas, no sólo arquitéctonicas, sino económicas y morales. Esa es la diferencia.

    No creo que haya una nostalgía por Batista, lo que existe son los hechos y el reconocimiento de verdades, que el castrismo ha tenido a bien evitar y censurar a toda costa para no verse revelado y descubierto. A César lo que es del César…

  • [...] Muy buen artículo, muy justo. Aunque debo precisar que si mal no recuerdo el primer artículo que p… [...]

  • castillon dice:

    Deberías ir a un experto para lo del Indio y la cosa cardekiana porque yo ahí confieso hablar de oidas. Pero el indio , que además no era un indio del Caribe sino la imagen de un indio de las llanuras americanas, es algo así como un representante de la tierra, un espíritu del lugar y sus estatuas, esto me lo explicó el dueño de una botánica, entraron en las botanicas de la mano de espiritismo y los libros de Alan Cardek.

  • Gabriel dice:

    No creo que Cuba pueda seguir siendo una dictadura en cuanto se mueran los Castro. Es lo malo del culto a la personalidad. En cuanto se muere la personalidad colapsa todo, como pasó con la Yugoslavia de Tito. Muerto el dictador la cosa no duró nada.

  • Fidel.Gusano dice:

    Nananina….ni uno más Sr. Castillón.
    Nostalgias aparte, hay muchos muertos anti batistianos y anti castristas y lo peor aún es que a quienes más ha dañado esa saga política cubana es a una mayoría que quedó en el limbo de una suerte de “guerra fria” doméstica y domesticada, que los dejó al margen de cualquier postura realista y merced de la verdadera “guerra fria” de los poderosos….
    Si vienes al Miami de hoy lo te vas a encontrar son los rastrojos de una cubanía venida a menos…vengan de donde vengan.
    Hay una minoría venida a más y los felicito pero tampoco cuentan ni les interesa..
    Al igual que ud. no me ilusiona una Cuba próspera, no la veo

  • Anónimo dice:

    Sin embargo, hay otros –en la Academia– que ahora mismo manifiestan una nostalgia por Stalin, gustan de los populismos latinoamericanos, teorizan a favor del neo-comunismo…

  • Anónimo dice:

    esto es muy bueno!!!!

  • solabaya dice:

    Castellon, muy buen articulo, con testigos y todo.
    No entiendo cuando dices que la cabeza de indio
    dera un ejemplo ‘del raro sincretismo aparecido a principios del siglo XX entre espiritismo cardekiano y algunas formas de la santería cubana” que tiene que ver una cosa con otra? el indio con Allan kardec?